Publicidad:
La Coctelera

Cine

La respuesta del Sr. Mann

Ayer, 8 de julio, a las 15:00, el director Michael Mann participó en un Encuentro Digital en El Mundo, contestando a las preguntas de los lectores sobre su nueva película Enemigos Públicos, protagonizada por Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard.

Le envié dos preguntas, a ver si tenía suerte y me las respondía. Al final, las dos salieron elegidas y el Sr. Mann me las respondió.

Estas son las dos preguntas y sus respuestas:

Buenos días, Sr. Mann. Cuando me enteré del gran reparto que iba a trabajar con usted en Enemigos Públicos aluciné. ¿Cómo fue trabajar con actores con tanto éxito y tan consagrados como Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard? ¿Supone esa responsabilidad mucha presión, o ellos mismos ayudaron a realizar un rodaje más agradable? Muchas gracias.

Depende del actor. Cuando me acerco a un actor voy a lo que puede hacer, no a que sea una estrella de cine, me da igual que sea Johny Deep o Will Smith. CUando rodaba con Deep siempre había muchas jovencitas histéricas, lo que la verdad es que complicaba el rodaje.

Hola, Sr. Mann. Mi pregunta es: es muchos foros y páginas de Internet se criticó su decisión de rodar esta película con cámaras HD, lo que le da más realismo a las escenas. Aún no he visto esta película, ¿pero cree que esta técnica es adecuada para el tono del film, una cinta de un género encasillado en algunos tópicos en la mente de público como es el de gangsters? Puedo asegurar que esta novedad ha causado extrañeza en internet, y me gustaría saber su opinión.

Precisamente lo rodé en digital para que no tengas la sensación de que no estás viendo una película histórica o de un tipo de género porque viendo la película así tendría la sensación de ser un observador y mi ambición aquí es meter al espectador dentro de la película, como si estuviera ocurriendo en ese momento. Por eso el digital.

Un orgullo ser contestado por el director de una de las películas más esperadas por mí del año.

Cine Crítica Especial: "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: "El Retorno del Rey"

Épico, espectacular y emotivo final de la saga

 

NOTA: Esta crítica se realiza sobre la versión extendida de la película.

Recuerdo claramente la noche anterior a la Gala de los Oscars del 2004. Se hablaba de quién podría ganar, qué películas serían las grandes perdedoras y toda la parafernalia propia de la Alfombra Roja. Y en boca de todos estaba una película: El Retorno del Rey. Para la mayoría podría ser la gran perdedora: no en vano las dos anterior consiguieron un total de 6 Oscars, cuando estuvieron nominadas en total a 20. El Retorno del Rey recibió 11 nominaciones, precedida de un espectacular éxito de crítica, pero le pesaba la etiqueta de "plícula fantástica".Claro que los premios técnicos eran suyos, y muchos programas bien lo airearon esa noche previa a la Gala, pero poco más se esperaba.

A la mañana siguiente, recibí la noticia: El Retorno del Rey había hecho historia.

11 Oscars de 11 nominaciones. Un auténtico récord, a la altura de films como Titanic y Ben-Hur. Y toda la polémica siguiente. Pese a todas las críticas y alabanzas posteriores, nada podrá quitar el aplastante triunfo de la saga de Jackson y su lugar en la Historia del Cine.

Yo también pienso que fue un triunfo exagerado, pero justo si lo vemos como premios que no se dieron a una película sola, sino a toda una saga ninguneada anteriormente. El Retorno del Rey presenta fallos, como toda película, y no es la mejor de la trilogía (honor que corresponde a La Comunidad del Anillo). Pero sí que mejora a Las Dos Torres. Y, sí, es una película realmente buena.

Claro está, no me voy a dedicar a sumir en alabanzas a una película que en su tiempo entró en mi lista de películas favoritas para luego salir, porque con el tiempo le veo errores. Comenzando por lo argumental y rescatando el gran error de la película anterior: el montaje de historias paralelas.

Parece que aprendieron la lección, y en esta parte las tres historias que componen la trama (Frodo, Sam y Gollum camino a Mordor; Gandalf y Pippin en Minas Tirith; Aragorn en Rohan) comienzan muy bien intercaladas unas con otras, de manera que en un principio no se logra el tedioso aburrimiento de Las Dos Torres que suponía ver tres tramas insoportablemente vacías que no contaban absolutamente nada interesante. Ahora hay interés desde el mismísimo principio, con la aterradora historia de Gollum (excelente prólogo, he de decir) y el final de Saruman (y me pregunto, ¿cómo demonios ni la incluyeron en la versión cinematográfica? ¿cómo querían darle coherencia al guión sin esa escena?). Poco después la historia de Frodo acaba desapareciendo prácticamente, con apariciones esporádicas, pero po suerte, y aunque la echamos en falta, las dos restantes cumplen de sobra. Por un lado, Gandalf en Minas Torith en silenciosas y embriagantes escenas que nos preparan para la batalla posterior; por otro, Aragorn junto a Théoden y entrando en la Gruta de los Muertos.

Volvemos a encontrarnos entonces con el viejo problema de una trama que aparece poco y no interesa, pero por suerte las otras dos son lo bastante amenas e interesantes para que la atención no decaiga. Un punto negativo para la historia del Anillo, si a eso sumamos que Gollum en un principio es más un bufón que la criatura patética de Las Dos Torres: su discurso reflejado en la laguna es ridículo. Si lo analizamos bien, vemos cómo en las dos otras historias hay un personaje o un aspecto que no cuadra (olvidad a un Frodo que directamente no convence desde el comienzo, y cuya caída a la oscuridad no convence tampoco hasta esta película): Arwen en esta parte es un personaje de relleno, cuya enfermedad es ilógica e incoherente por mal explicada, y la forja de la espada de Isildur no tiene apenas fuerza; y la sub-trama de Sauron creyendo que Pippin es el poseedor del Anillo es también chocante por no volver a mencionarla o desarrollarla en toda la película.

Y, de nuevo, a partir de un momento justo la película mejora enormemente: este momento es la batalla de Minas Tirith. A partir de entonces la historia de Frodo y el Anillo adquiere milagrosamente toda la fuerza que tuvo que tener a lo largo de toda la trilogía, sobretodo a partir de la traición de un Gollum que asusta en su lado traicionero y de una parte en la Guarida de Ella-la-araña realmente escalofriante. La batalla es realmente impresionante, en ejecución y efectos especiales. Tengo que admitir que se flipan por momentos (esos ejércitos imposibles y esos planos aéreos que se repiten una y otra vez, así como frases grandilocuentes e irónicamente vanas), pero momentos como la carga de Rohan, la defensa de la ciudad, la llegada de los Espectrosy la lucha contra los Olifantes tiene una carga de espectacularidad inédita en la saga: si se hubiesen eliminado esos detalles tan exagerados diría que es una batalla mejor resuelta que la del Abismo de Helm, pero he de decir que la de Minas Tirith me gusta más precisamente por ese lado espectacular, que no escatima ni en recursos ni en sucesos: y sí, me gusta el ataque de Legolas al Olifante. Juntad a una batalla realemente colosal, donde la crudeza de la guerra aparece en imágenes de campos llenos de muertos que sobrecogen, a un Senescal realmente escalofriante y a un score épico hasta más no poder, con fragmentos ralmente colosales, y tenemos una de las batallas fantásticas más memorables de esta década y de la historia del cien fantástico.

A partir de ahí la calidad sigue en su línea: el montaje de tramas convence y mantiene el interés tras la colosal batalla anterior, y poco a poco se nos prepara para el desenlace. Un desenlace, a mi juicio, excepcional.

Si la película comenzó siendo interesante, y poco a poco fue mejorando, todo el final es excepcional, y el desenlace es una obra maestra. Poco a poco se presentan las piezas del tablero, se prepara la batalla final, y Frodo y Sam se encaminan al Monte del Destino. Y ahora sí los errores de toda la trilogía se subsanan: ¿por qué es ahora cuando la historia de Frodo y su destino realmente me llegan, me convencen, está bien contado? ¿Por qué Aragorn realmente es un buen personaje y un buen rey en la batalla de la Puerta Negra? ¿Dónde estaba esa calidad, ese ingenio en las dos partes anteriores? Todo es emoción pura: la batalla en sí, realmente desesperada y llena de arrojo y fuerza, y los diálogos entre un Frodo agotado y un Sam rendido, cargados de sentimiento y pena, donde la amistad entre ambos es realmente sobrecogedora; y así debió ser desde mucho antes, donde la ruptura entre ambos no me dolió para nada, sus confesiones de dolor y nostalgia me llegan. Claro que Suron es un Ojo estúpido por no darse cuenta de que un par de Hobbits disfrazados han entrado con su Anillo (¿disfrazados? joder...), pero tampoco ha sido el villano remarcable que debió ser. Así hasta llegar al regreso de un Gollum cargado de maldad y odio como nunca antes (ahora sí vemos toda su maldad), en los fuegos del Monte del Destino. A partir de ahí la épica se acrecienta, la posesión de Frodo es más real que nunca, la escena de la destrucción del Anillo es fantastica (y Gollum se asegura en ese momento su condición de personaje mítico) y la victoria de Gondor (en una pelea que contiene auténtica garra y fuerza, auténtica y emocionante épica) y posterior descanso para el espectador logran agotar los últimos coletazos de espectacularidad para la película más cargada de ella de toda la trilogía.

Todo lo restante, sosiego, felicidad, paz y emoción pura. Tras la coronación (beso hollywoodense incluido), desde la llegada a la cercana Comarca, que echábamos de menos, hasta el triste y melancólico final en los Puertos Grises, que sobrecogen, asistimos a toda la emoción que cabía esperar en el desenlace de esta saga, y de ningún otro modo puede ser. Un final realmente maravilloso, al compas de la banda sonora en la que Shore utiliza todo el sentimiento posible. Y, por fin, la trilogía acaba, y descubrimos que estamos en silencio, que estos últimos minutos han sido realmente magníficos y que, por primera vez, sentimos pena a la vez que una extraña satisfacción. Into the West, sin duda la mejor y más emotivacanción de la trilogía y colofón insuperable, se encarga de poner las últimas y emocionantes notas a este mágico, triste y sosegado desenlace.

Este desenlace contiene por sí mismo todo lo bueno de lo que carecieron las anteriores, este desenlace no cae en sus errores, este desenlace de por sí es una obra maestra. Claro que ya no se pueden salvar los errores anteriores de El Retorno del Rey: su elevado ego, sus pretensiones a veces insoportables, sus coreografías repetitivas, sus exageraciones en múltiples aspectos, sus fallos a la hora de contar historias como Frodo o Arwen... pero sí se eleva el listón.

Mención aparte tienen los ya de por sí estupendos efectos especiales, dirección artística y vestuario, que merecen todas las alabanzas y honores porque logran crear un entorno realmente evocador, en especial en Minas Tirith, ciudad y entorno que me encantan (buen apunte el contraste blanco y negro). Y por Howard Shore, componiendo la mejor Banda Sonora de la trilogía, capaz de aportar más a escenas como el ataque de Legolas al Olifante, Sam cargando en brazos a Frodo, el final en los Puertos Grises, la carga de Rohan... una auténtica maravilla. Peter Jackson sigue con una labor en la misma tónica que la anterior, volviendo a caer en escenas videocliperas que le restan calidad al conjunto, pero consiguiendo otras bastante buenas, y aportando su labor a la espectacularidad de las batallas.

Así acaba la trilogía, con un capítulo final que ofrece lo esperado y que pudo ser mejor, pero que concluye con un tramo final realmente emocionante y maravilloso, créditos finales incluidos. La saga ha terminado. El viaje ha llegado a su fin. ¿11 Oscars? Exagerado. Pero sirvieron de premio a una saga a la que tuvieron que ponerle mucha valentía, de reconocimiento a sus partícipes y de colofón a un final más que convincente.

De modo que El Retorno del Rey, sin ser una obra maestra, sí goza de espectacularidad por todas partes y un final inmejorable, que logra subir la nota; lástima que los ya consabidos errores no hagan que una película que debió ser redonda en su total lo sea.

El viaje concluye entonces, y tal y como yo me esperaba y recordaba: atrás quedaron los tiempos en los que El Retorno del Rey era de mis películas favoritas, pero puedo alegrarme de que, en lo que se refiere a calidad, para mí no haya perdido.

 

TOTAL:

 

 

Cine Crítica Especial: "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: "Las Dos Torres"

Tediosa, insuficiente y, finalmente, satisfactoria continuación del viaje

 

NOTA: Esta crítica se realiza sobre la versión extendida de la película.

Menudo bajón.

Al criticar hace dos días La Comunidad del Anillo deseaba que las siguientes partes me sorprendiesen tanto como aquella, una película que seguía manteniéndose novedosa y era una de las mejores películas de aventuras de la década.

La última vez que vi Las Dos Torres fue hace seis o siete años; mucho tiempo. Entonces me pareció aburrida, y la batalla en el Abismo de Helm me dio pesadillas toda la noche.

Es curioso, pero mi opinión años después no ha variado demasiado. Las Dos Torres es una película mucho peor que su antecesora, y todo porque simplemente es aburrida. ¿Mala? No, por suerte acaba mejorando a medida que avanza, pero el bajón cualitativo es enorme.

Que conste que no me he leído el libro, pero ello no tiene porqué modificar mi opinión sobre un guión cinematográfico terriblemente tedioso y mal construido. Porque eso es lo que es: si en la primera alababa cómo las historias paralelas se intercalaban con éxito, no sé qué demonios les pasó a los guionistas que en esta fracasan precisamente en eso.

De entrada, comienza mal, con una presentación a manos de Frodo, Sam y Gollum realmente aburrida y absurda (¿y esa pena repentina de Frodo por Gollum?), en el que el verdadero foco de atención es Gollum y no un Frodo pánfilo y un Sam desaprovechado. Después, un rimbombante y falsamente amenazador discurso de Saruman. Y ya ha pasado media hora.

Por suerte poco después llega el turno de Aragorn, Legolas y Gimli en busca de Merry y Pippin, y por lo menos esto es algo más interesante: hay buen ritmo, la búsqueda es algo amena y la aparición de Rohan se convierte en un pilar del guión aún por desarrollar. De modo que el guión nos presenta tres tramas diferentes: Frodo, Sam y Gollum camino de Mordor; Merry y Pippin secuestrados por los orcos y luego con los Ents; y Aragorn, Gimli y Légolas en busca de los hobbits, para luego reencontrarse con Gandalf y posteriormente apoyar a Rohan en la Guerra.

El problema es que de las tres historias dos de ellas no son ni un mínimo interesantes. No solo por una desesperante falta de momentos emocionantes que reducen más de la mitad de la película a una sucesión de aburridas conversaciones y momentos de exagerada espectacularidad, sino porque el propio montaje de las tres historias no está ni de lejos bien elaborado.

Porque el tiempo destinado a cada una no está equilibrado con el resto, no se corta en clímax verdaderamente elaborados y la duración de cada uno de ellas es exagerado. Lo único que tenemos son fragmentos de las tres historias más o menos largos que se intercalan unos con otros casi al azar, sin formar un conjunto que mantenga el interés. Por poner ejemplos, la trama de Rohan es la más interesante, pero sus partes duran demasiado tiempo y se cortan bruscamente para pasar a fragmentos tremendamente cortos del aburrido viaje de los Hobbits con el Anillo, para luego pasar a la desaprovechada trama de los Ents que aparece simplemente aquí y allá.

Es decir, el montaje en paralelo de las tres historias es falto de un auténtico ritmo que no condene al tedio a algunas de ellas, y un interés que las haga mínimamente amenas. ¿De veras sorprende o emociona la insípida historia de Frodo? Porque a mí no. ¿De veras interesa la historia de los Ents, que perfectamente aparecen en pocas ocasiones contadas?

A la hora de escribir un guión de tantas tramas paralelas, hay que procurar que se intercalen unas con otras de manera que formen un conjunto homogéneo, en el que se salte de unas a otras en los momentos justos para mantener el interés, y conseguir que todas ellas sean entretenidas para que el público no pierda el interés. Pero aquí no pasa. Es un puzzle embarullado en el que unas partes duran demasiado, otras demasiado poco, no se respetan unos clímax necesarios, en algunos momentos no se cuenta nada y el espectador pierde el interés, que ni el hilo de la historia, por unos personajes que pueden llevar demasiado tiempo sin aparecer.

No solo tenemos que asistir a un guión mal construido, sino a personajes que sueltan en momentos determinados frases grandilocuentes que no consiguen emocionar (y esto es particularmente insufrible), o a regreso de personajes que no aportan nada y que salen en un par de momentos. Sí, me refiero a un Gandalf que vuelve de la nada sin explicaciones para que todo vuelva a ser como antes, él suelte un par de discursos falsamente épicos y acabe resultando un personaje propio de videojuego, que únicamente sube de nivel para obtener nuevos poderes.

Vamos, una primera mitad aburrida y hasta desesperante.

Pero hete aquí que los guionistas sueltan su mayor broma pesada y su gran jugada. Y es que la segunda mitad de la película es casi un prodigio. Malditos sean.

Porque es en esa segunda mitad cuando las tres historias pasan a tener coherencia entre sí, cuando adquieren ritmo, cuando les dedican el tiempo justo para que las anteriores no pierdan interés. Y a medida que se acerca el clímax el ritmo es mejor, la épica está muy lograda, las batallas adquieren auténtica emoción y Las Dos Torres milagrosamente funciona. Tarde, pero funciona.

Así hasta llegar al asalto en Osgiliath, donde aunque Frodo siga estando falto de profundidad, por lo menos su historia es un poco menos aburrida; al convenio de los Ents, donde su lentitud es cómica y desesperante y aparecen con más frecuencia que en toda la mitad anterior, y lo que es más importante, contando algo; y en la estupenda batalla del Abismo de Helm.

Porque además de ser emocionante (esos niños en batalla, esa sensación de derrota), Peter Jackson juega aquí con un sentido de la épica nada exagerado, totalmente adecuado, sin fliparse demasiado (salvo en la rivalidad Legolas y Gimli y en la escena de Legolas bajando sobre el escudo por las escaleras. LEGOLAS. EN. MONOPATÍN) y dándole a la escena un ritmo realmente entretenido, creando una batalla perfecta tanto en su desarrollo, como en sus momentos clave, su acción, su realismo y su sentido de una batalla épica sin ser exagerada, contenida sin perder espectacularidad. La preciosa carga de los Rohirrim de Éomer es un desenlace perfecto a una batalla realmente espectacular y prodigiosa en lo técnico.

Un tirón de orejas deberían llevarse los guionistas y una felicitación por dejar todo el trabajo bien hecho, de calidad e interesante en el final. Esto hace que la película llegue al aprobado alto, pero la deja muy por debajo de lo esperado.

Por lo demás, mención aparte para el genial Gollum. No sólo como personaje, sino como logro del CGI que aún a día de hoy sigue siendo base de todos los personajes realizados por esa técnica. La expresividad de su rostro y acciones, su interacción con el entorno, su patética historia... conforman un personaje muy logrado.

Por lo demás, todo sigue igual: la excelente BSO de Howard Shore (añadiendo un magnífico tema de Rohan), la dirección artística (que deja la magia élfica y la solemnidad de los paisajes para la sobriedad y la decadencia de Rohan), las actuaciones (salvo un Elijah Wood algo pasado de rosca y con un doblaje pésimo; atención al siempre escalofriante Christopher Lee), elementos propiamente hollywoodenses (la creciente historia de amor entre Arwen y Aragorn, peleas vistosas por su espectacularidad y no por su fondo, comedia a veces graciosa y a veces innecesaria), los magníficos efectos especiales y un Peter Jackson en la dirección más contenido.

De modo que la decepción es enorme, pero en el final descubrimos cómo tuvo que ser la película: un paso de una primera parte genial a un clímax que se espera fabuloso. Por desgracia, mis esperanzas sobre El Retorno del Rey han menguado, y solo espero que sea una película más que decente, per no la maravilla que promete ser. Si en la primera el viaje servía para ofrecer una sucesión de magia y espectacularidad, aquí la historia solo sirve para ofrecer aburrimiento, nada que interese. Las Dos Torres es una película desigual, fallida en gran parte pero satisfactoria en su final, aunque ya sea tarde. Por ahora, y sin ser mala, la peor de la trilogía, una continuación que no está a la altura de las expectativas.

Ahora llega el momento de El Retorno del Rey, la más famosa de las tres películas y la supuesta joya de la corona. Esperemos.

 

TOTAL:

 

 

Cine Crítica Especial: "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: "La Comunidad del Anillo"

Fascinante, prometedor y conmovedor comienzo del viaje

 

NOTA: Esta crítica se realiza sobre la versión extendida de la película, no sobre su versión cinematográfica.

Cuando me propuse volver a ver y criticar la trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos sabía perfectamente que me enfrentaba a películas importantes en mi infancia. Sabréis sin duda a qué me refiero; hay películas que de pequeños nos han marcado, han condicionado nuestra visión del cine y, sorprendentemente, han formado parte de nuestras vidas. No puedo decir que El Señor de los Anillos sea una película fundamental en mi vida, pero sí que fue la primera de la que puedo afirmar que fue el primer gran espectáculo cinematográfico del que tengo memoria, la primera superproducción épica que vi. Y ni siquiera en un cine; tenía diez años.

Suele pasar que las películas vistas entonces pierden admiración con los años. El criterio de un niño no dura mucho, madura. Y duele ver cómo películas tan queridas de niños las detestamos o ignoramos de mayores. En ocasiones la nostalgia es tan fuerte que nos negamos a criticarlas, pero otras no corren tanta suerte.

Tenía miedo entonces a que la trilogía la viese con malos ojos. Y por ahora suspiro tranquilo, porque con La Comunidad del Anillo no ha sido así. Es más, es sorprendente lo bien que ha envejecido.

En el año 2001 impresionó por sus espectaculares efectos especiales, llegando incluso a ganar el Oscar en ese aspecto. A día de hoy siguen conservando la misma calidad: claro está que en los modelos CGI la industria ha avanzado mucho (no hay más que ver el acabado del Troll de las Cavernas), y que los chroma cantan ya demasiado. Pero a la hora de recrear paisajes y emplazamientos o grandes batallas con multitudes de enemigos siguen manteniendo un estándar de calidad altísimo. No solo eso, sino que su gran baza reside en que, aunque casi omnipresentes, son totalmente necesarios para la historia. No es posible llevar a la pantalla de epopeya de Tolkien sin una buena base en efectos especiales. La Comunidad del Anillo no hace alarde de ellos: simplemente los usa porque los necesita, porque sin ellos la película no sería posible.

Pero no solo en los efectos especiales sigue siendo sorprendente: el vestuario, el maquillaje, el atrezzo, los escenarios... Todo responde a un mismo objetivo: hay que hacer real la obra de Tolkien cueste lo que cueste.

Y lo consigue sin que, hasta la fecha, haya leído ningún comentario en contra. Las Minas de Moria siguen siendo igual de claustrofóbicas y angustiosas. Lothlòrien es exactamente el mismo rincón mágico que se describe en las páginas. En Rivendel se respira serenidad. En la Comarca reina la paz. En los bosques se esconde un halo de misterio y sosiego, de sobrecogimiento. Los paisajes de Nueva Zelanda resultaron ser excelentes, pero no solo es gracias a ellos es gracias a un equipo que supo plasmar las sensaciones que transmitían en el libro en la pantalla. Especialmente destacable es el caso de los elfos, donde sin duda su evocadora aura mágica y misteriosa casi se respira, transmiten calma y serenidad en todas sus apariciones. Es, para mí, el escenario mejor contruído y acabado de toda la película.

El maquillaje sigue pareciéndome prácticamente insuperable, luciéndose en los orcos, trasgos y demás criaturas de Mordon e Isengard. A la hora de calificar vestuario y atrezzo, son dos elementos más que importantes a la hora de recrear la Tierra Media: aportan a la misma una estética cuidada, fría y distante en el caso de los Hombres y Elfos, pero cálida y acogedora en el caso de los Hobbits. Muchos critican el aspecto de que la decandencia de los Hombres no se manifiesta en su aspecto, que en la película se magnifica y se hace más majestuosa. Y no les quito razón, pero todo se reduce a puntos de vista, siendo el de Jackson tolerable. A mí, personalmente, no me desagrada del todo. Pese a esto, lo cierto es que, como decía antes, la recreación ha sido fabulosa y lo que se ve en pantalla no es ni más ni menos que la Tierra Media en sí, tal y como cabía imaginarse.

Vamos, que en lo técnico y visual la película es insuperable, magnífica. Merece todas y cada una de las alabanzas posibles, porque el mimo y esfuerzo en crear un mundo fantástico de ese calibre ofrecen un resultado espectacular. Y no solo porque de por sí tengan una calidad sorbesaliente, sino porque recrean casi a la perfección la magia y la fuerza del mundo de Tolkien en lo visual.

Porque lo visul en la novela quedaba en la imaginación propia del lector, pero en las palabras se encontraba el auténtico espíritu de la historia. La pregunta no era si la estética iba a satisfacer; era si la adaptación iba a merecer la pena.

Solo me he terminado el libro de La Comunidad del Anillo y he empezado el de Las Dos Torres. Me costó leerlo, confieso, pero el resultado final fue uno de los mejores libros fantásticos que había leído, totalmente diferente al resto, una epopeya fantástica increíble al nivel de detalles y ambientación en un mundo con historia, razas, geografía, lenguas y costumbres propias. Me pareció una obra enorme a todos los niveles.

Claro está, la adaptación no era sencilla, y había mucho que eliminar.

Centrándonos por ahora en lo que se dice el guión cinematográfico, independiente de la novela, como tal cumple con creces. Consta de una línea argumental clara y con un uso inteligente de los montajes paralelos. Presenta un elaborado relato de viaje con inicio, meta y fin, intercalándose diversas sorpresas y complicaciones en él. Hay mucho que contar y se puede caer fácilmente en un ritmo apresurado y mal llevado, pero éste no es el caso: los personajes entran y salen cuando deben, sin brusquedades, añadiéndose a la trama. Cierto es que ésta es complicada en su entramado de traiciones, linajes reales y sentimientos, pero en conjunto es fácil de entender si uno presta atención y obvia los numerosos nombres geográficos. Mantiene bastante bien los clímax, el interés no decae en ningún momento y guarda numerosas sorpresas. Un fbuloso relato de aventuras con todos los ingredientes necesarios en cuanto a personajes (héroes, villanos y compañeros), situaciones (clímax, peleas amenas y trepidantes) y desarrollo (tramas paralelas que acaban uniéndose; complejización en cuanto al número de personajes y elementos; introducción, nudo y desenlace bien presentados y llevados).

Claro, todo ello si lo tomamos como un guión independiente. Pero si lo comparamos con el libro hay que matizar algunas cosas.

En general es una buena adaptación. Pero tiene variaciones, y todas ellas comprensibles en una adaptación que busca resumir sin que se pierda coherencia ni interés. Claro que un buen trozo del viaje de los hobbits se elimina, Tom Bombadil, para ser más exactos, pero no cuadraba con el tono sobrio de la película. ¿Os imagináis a Tom bailando y cantando, para una hora después mostrar la siniestra Mina de Moria? En el libro el personaje enternece, pero en la película hubiese sobrado.Cambios como el que los cuatro hobbits sean aún jóvenes se entienden si se quiere transformarlos en personajes aún por madurar o, en el caso de Merry y Pippin, convertirlos en personajes cómicos (algo demsiado hollywoodense, lamentablemente). Arwen tiene más protagonismo para realzar más el romance con Aragorn, y así meter una trama romántica también propia del género y más comercial. Los detalles más generales el libro, lo que queda en tu memoria tras terminarlo, está ahí, en la película; resumido, claro está, pero conservando lo básico y necesario.

Ello significa que la sabiduría y los comentarios cómicos sin ser burdos de los hobbits ya envejecidos se pierden, que la poesía de Tolkien ya no está porque no conviene al desarrollo ni a la apariencia de la película o que en ocasiones se flipan demasiado en la representación de ciertas escenas (el caso de Galadriel en el espejo es el más sangrante). No se trata solo de adaptar la trama y hacerla guión (y adaptarla, por tanto, a un desarrollo más ameno y entretenido), sino hacerlo más comercial y vistoso. Como adaptación de la historia en sí cumple con creces, y un libro de 600 páginas se convierte en un guión de aventuras realmente bueno y que conserva lo necesario para el desarrollo, sin que nada sobre ni se noten huecos en el mismo. Pero hay una diferencia entre las páginas y la película, y es que la sobria solemnidad de algunos personajes y pasajes del libro contrasta con la imagen majestuosa de los mismos de la película. Es decir, se trata de una adaptación muy respetuosa con la trama en sí, pero que obvia toda esa originalidad y personalidad de las canciones, poemas y versos que se recitaban en el libro y que le aportaban un aspecto interesante y novedoso (por lo menos para mí y para la literatura fantástica que he leído), y de la propia personalidad de algunos personajes. Gimli y Aragorn son los más quejados: el primero por convertirse en un enano gruñón y hasta bufón, el segundo por ser mucho más blando que en el libro (de hecho, cuando leía el libro, no me imaginaba a Mortensen como Aragorn).

Pero claro, estamos hablando de cine. Y si El Señor de los Anillos es una historia que para hacerse realidad necesitaba ser una superproducción, es normal que la película sea tal en todos sus aspectos. No aportaría nada a la propia comercialidad y éxito de la película el añadir los numerosos poemas, o un estilo más austero en las localizaciones, o unos personajes que no respeten los cánones actuales. Simplemente no harían a la película tan llamativa. Aceptar que El Señor de los Anillos es también una película es aceptar que su propia esencia debe cambiar para adaptarse al propio mercado cinematográfico, nos guste o no. Queda ahí la propia opinión del lector y/o cinéfilo.

Dejándonos este detalle, lo cierto es que como adaptación recurren también al ya básico truco de añadir muchos guiños y detalles que pretenden ir directos al lector. En este caso, además, enriquecen la trama: los trolls de El Hobbit en el bosque, los Elfos marchando al Oeste, Gandalf hablando del Míthril, Sam intentando componer un poema sobre Gandalf, un comienzo que recuerda al propio comienzo de El Hobbit, Galadriel entregando a la Compañía sus regalos... En este caso estos pequeños añadidos ayudan a la propia fluidez de la película, y le aportan una nueva dimensión más completa.

Debo dejar para el final las actuaciones, la música y la labor de Peter Jackson. En el 2001 el reparto era más o menos conocido, aunque hay que admitir que esta película fue decisiva para las carreras de todos los actores e impulsó definitivamente su éxito. Por lo general, todos cumplen en sus respectivos papeles, destacando Viggo Mortensen, aunque su personaje no sea exactamente igual que en el libro, Ian McKellen como un perfecto Gandalf y Cate Blanchett, enigmática y misteriosa, la perfecta Galadriel.

Sobre el score de Howard Shore, creo que ya se ha dicho todo. Sin duda de las grandes Bandas Sonoras de la década, capaz de darnos no uno, sino varios temas memorables y que se graban a fuego en la mente del espectador. ¿Cuántas Bandas Sionoras han conseguido eso últimamente? Pocas, a decir verdad.

Sobre la dirección, en general Jackson cumple: a la hora de sacar partido a la ambientación y a la propia fuerza de las escenas protagonizadas por los personajes más enigmáticos del relato (véase magos o elfos) es impecable; increíble, por ejemplo, el plano de Saruman sobre la Torre invocando la ventisca en el paso de Caradrhas, en medio de una ambientación tormentosa, potente y gris que me encanta. Pero a la hora de rodar la acción, en algunos momentos no termina de cuadrar: saltos de ángulo lamentables, planos torcidos, realización más propia de videoclip... Jackson no llega a realizar una labor en las escenas de acción del todo limpia, libre de un montaje frenético y lleno de planos. Claro que se entiende perfectamente y que no se trata de un resultado ininteligible, pero es posible crear un reaultado más sencillo y efectivo. Es particularmente irritante cómo intenta aumentar la épica del relato cuando en este caso es la película más sencilla de la trilogía.

Con este aspecto acabo: terminé de ver la película y me quedó una sensación satisfactoria. Esta es una película a mi juicio excelente: no solo a nivel de realización técnica, sino que como adaptación cumple aportando lo necesario para crear una trama puramente cinematográfica y sencilla y donde la mayoría de los cambios están jsutificados. Pequeños fallos no la convierten en una obra maestra, pero subjetivamente a mí me lo parece. Es la más sencilla en acabado e intenciones que las dos siguientes, que se exceden demasiado en imposibles batallas. Aquí la acción es la justa, los efectos especiales se apoyan firmemente en el relato y los momentos épicos son terriblemente sobrecogedores porque no necesitan ni deben excederse.

Esa es la principal virtud de la película: una relativa sencilles, una sensación final de épica contenida, de emotividad aún por salir y que espero qeu surja a flor de piel en los créditos finales de El Retorno del Rey a ritmo de Into the West. Por ahora, La Comunidad del Anillo se cierra con la melancólica May it Be, dándonos la sensación de que ésto aún no ha acabado; solo acaba de comenzar. Solo espero que no defraude, porque en sí La Comunidad del Anillo, pese a sus fallos, es una película realmente excelente, de lo mejor del cine de aventuras de los últimos años.

El viaje sólo acaba de comenzar.

 

TOTAL:

 

 

Cine

Mis escenas de cine: EL SHOW DE TRUMAN

Fue toda una sorpresa para mí cuando la vi en la televisión hace ya dos años.

Instantáneamente se convirtió para mí en una obra maestra y en una de mis películas favoritas. Me llegó, me emocionó, me atrapó. Terminó la película y no pude encontrarle nada negativo. Simplemente El Show de Truman estaba ahí, me había enganchado y encandilado, me había enamorado.

Jamás pensé que esa película de la que tanto había oído hablar causase en mí una admiración enorme hacia ella. La suelo ver de vez en cuando, maravillándome ante sus detalles y ante la profundamente emocional y compleja historia vestida con aparente sencilez.

Pero esta es mi secuencia favorita: el final.

Llevamos hora y media sufriendo con Truman (¿sólo hora y media? ¡quiero más!), y esperamos que por fin sea libre. Christof ha estado a punt de matarle, Truman no es más que un producto en un mundo aparentemente feliz pero que ha suprimido la libertad. La condición humana ya no existe, o da asco. Muy pocos sienten remordimientos.

Y ahí está Truman, superando una fobia que no tiiene sentido desde el momento en que su falso padre aparece y él comprende que tal resurrección es tan burda que no tiene lógica. Y llega al fin del mundo, su mundo.

Es entonces cuando se pruoduce la analogía, la metáfora más brutal que he visto en una película de este tipo: Dios habla con su creación.

¿Una metáfora anti-religiosa? Christof (fabuloso Ed Harris) habla con Truman (un Jim Carrey en estado de gracia) cual rayos de Sol divinos y le intenta convencer para que no deje un programa que le dará felicidad, al igual que se la da a millones de espectadores. Parémonos a pensar: Christof (¿comparación con Cristo?) en su papel de Dios intenta convencer a Truman, el hombre, para que no abandone la utopía que ha diseñado para él, en la que todos participan ciegamente e intentan que nadie intente rebelarse contra ella (ningún habitante del pueblo deja que Truman se marche).

Y Truman toma la decisión más difícil de todas: renuncia a una vida cómoda que le priva de su libertad. Decide sufrir y abandonar una felicidad falsa, porque le aísla del mundo y le reprime. Acepta el dolor porque es lo que le hace humano. Es decir, niega a Dios y a la religión, en apariencia una simple excusa para vivir en un aparente estado de falsa felicidad. Y se marcha: es libre, es feliz, es un hombre.

Me asombra. ¿Comparto esa opinión? Para nada, pero esta metáfora es realmente asombrosa. Más cuando ella, la mujer que ha apoyado a Truman en la distancia y su amor secreto, reza a Dios para que Truman se marche. ¿Rezar a un Dios del que acabas de negar? Eso me hace pensar que el Dios de Christof perfectamente puede ser otro dios cruel, un dios bajo una apariencia de falso costumbrismo, el dios de una Humanidad consumista.

El dios opresor al que Truman se rebela en un final emotivo, la brocha final para una película fantástica.

Incluso dejándonos de metáforas metafísicas, tomándonos la escena como la liberación de un hombre que quiere ser libre y vivir como él quiere sigue siendo una escena colosal, al ritmo de una banda sonora perfecta y en el que los planos, la dirección y el escenario toman carácter propio. Qué extraño es que la salida sea una simple escalera, y qué tonto resulta criticar eso cuando no hace falta complicarlo más para contar el mismo mensaje. Se produce lo que todos esperábamos, Truman es libre y te sientes feliz. El que una película te emocione tanto, y esto es algo que defiendo a ultranza, se llama cine.

Un final que deja huella. Un final que solo se puede calificar de obra maestra.

Cine Crítica

TRANSFORMERS: LA VENGANZA DE LOS CAÍDOS

Jesús...

Hace dos años dije que Sean Connery me hubiese pegado una bofetada por soltar esta "blasfemia" en su papel de Henry Jones.

Ahora creo que simplemente asentiría, dándome la razón.

Transformers fue para mí de lo mejor que nos ofreció el 2007. Pongámonos en situación: era un verano que prometía auténticos peliculones, blockbusters de una espectacularidad y calidad asombrosas. Y el repertorio era bueno: Harry Potter y la Orden del Fénix, Shrek Tercero, Spiderman 3, Piratas del Caribe - En el Fin del Mundo, Los Simpson, Ocean's 13...

Y todos sabéis el resultado: la decepción más grande de los últimos años. Ni uno de ellos llegó a ser mínimamente espectacular, divertido, entretenido o, simplemente, bueno (tan solo Ocean's 13 fue, verdaderamente, una buena película). Claro que algunos presentaban calidad, como la correcta película de Los Simpson, pero algunos eran tan rematadamente malos que convirtieron el que era el verano más prometedor de los últimos años en una decepción mayúscula, en un coñazo enorme.

Transformers fue, en ese sentido, una sorprendete alegría. Y, ante todo, espectacular. Hace dos años era lo más espectacular que había visto nunca en un cine, me sentí como un enano y disfruté como hacía mucho que no lo había hecho. Olvidé su endeble guión y su efectivismo barato, y me centré únicamente en su espectacular y trepidante acción. Michael Bay y sus robots me habían dado la experiencia más alucinante de mi vida cinematográfica hasta entonces.

Ahora no sé si será por la edad, aunque hace exactamente un año The Dark Knight me hizo botar en el asiento y divertirme enormemente, y hace una semana Coraline me ha hecho disfrutar del todo, o porque simplemente ya no me impresiona tanto lo que ya he visto antes, pero Transformers. La venganza de los caídos me ha decepcionado del modo que en mis peores augurios esperaba.

Esta secuela vuelve a ser la mejor prueba de la era del blockbuster digital, como su antecesora, y sigue dándonos entretenimiento descerebrado y espectacular como nunca: los efectos especiales son los mejores que haya podido imaginar, los modelos CGI son colosales en todos los sentidos, su interacción con la realidad es impresionante y están perfectamente realizados. Y en un principio la película funciona estupendamente: la acción entretiene enormemente (mirad si no la espectacular escena del bosque), la comedia divierte (me partía con los dos perros, la Universidad o la madre colocada), Shia LaBeouf sigue siendo el mismo agilipollao de la primera parte, Megan Fox sigue siendo la misma chica florero aunque algo más animada que en la primera parte, se ve una historia con base y me lo estoy pasando en grande. En la sala nadie se lo toma en serio, todo es informal al máximo y puedo reírme en voz alta y hacer comentarios sin miedo. Sí... la película promete. Claro que ya no veré nada nuevo, que las circunstancias no son las mismas, que he visto películas mas entretenidas o con más cerebro y que en la espectacularidad ya no me sorprende. Pero me estoy divirtiendo.

Claro: no podía durar.

Y empiezan a pesar los minutos. Se hace larga, a veces incluso eterna. Los chistes siguen haciendo gracia, pero ya no funcionan. Se estira demasiado, sacando a nuevos personajes y situaciones a la cual más forzado y sacado de la manga. La película deriva entonces a un completo "a ver cuántos más robots podemos sacar, de qué manera destruirán más, cómo se cargarán la Tierra de forma más espectacular o cómo de grande va a ser el enemigo". Y lo malo es que nada de eso tiene sentido ni coherencia: no sé por qué aparecen de la nada 13 Decepticons que no tienen siquiera su momento, o por qué el Devastator es tan enorme e inútil y se lo cargan con una pequeña maravilla de arma QUE NO VUELVE A USARSE, o por qué esa intención de destruir el Sol en una sub-trama paupérrimamente creada, o por qué demonios la batalla final es monótona.

No hay interés. Sobra una hora de película en la que no cuentan nada que interese. Ya sé que no debería pedir sentido en una película que no lo necesita, pero esto ya es demasiado. Esto ya es pasarse: se trata de buscar el triple en todo (explosiones, enemigos, acción, disparos, patriotismo...), pero cuanto más grande y pomposo sea el conjunto cae más rápido. A Transformers 2 le basta con que pase una hora de película para llegar a una trama de búsqueda en el desierto que nadie aguanta, donde los Decepticons surgen en el mundo real sin hacer nada y sin sensación de aténtica amenaza, la muerte de personajes no entristece porque sabes perfectamente que volerán (y su ausencia hace daño al ritmo) y la presentación de nuevos e inútiles personajes no sirve de nada (véase JetFire).

No... nada importa ya, solo que al menos el espectáculo entretenga, aunque ya nada sorprenda ni me satisfaga, pero lo mínimo es que me de la sensación de que he invertido bien. Lo malo es que se me escapan un par de bostezos. Es suficiente como para saber que han fallado.

Todo para llegar a un clímax final excesivamente largo e insustancial, en el que abundan explosiones que pasan unas a otras sin que me de tiempo a digerirlas, donde veo lo que ocurre con indiferencia y sin interés, donde se buscan excusas para ofrecer siempre lo más espectacular en una absurda escalada que no funciona y donde el supuesto gran villano, The Fallen, es una piltrafa que no dura ni un asalto.

Y ya está, donde Transformers triunfó hace dos años, en ofrecer una espectacularidad tan entretenida y con un ritmo intachable que anulaba tu cerebro en el cine, La venganza de los caídos falla al querer abarcar una película mucho más grande pero excesivamente larga, que cansa y transcurre sin más.

Michael Bay seguirá siendo un artesano único en el cine de acción y creará con idea de cómo ofrecer acción limpia y perfectamente preprada y adornada con fuegos de artificio, pero ahora le ha salido el tiro por la culata.

Y suerte que ahí está John Turturro, porque si no esa gran parte de la película que no se sostiene sería un plomazo insorportable. Y los robots, que por lo menos dan algo ameno aunque vacío. Se llama entretenimiento para masas, y era algo que ambas películas ofrecen. Lo malo es que la primera de verdad gustaba, pero esta segunda repite la fórmula descaradamente y a lo grande y ya hasta parece una tomadura de pelo.

 

TOTAL:

 

PD: Ah, y tiene momentos muy frikis. Esa chica Transformer no servirá de nada y su presencia no se justfica, pero qué WTF más grande cuando enseña su lengua robótica que acaba en la punta con una lengua de verdad... xDD

 

 

Cine Crítica

TERMINATOR SALVATION

¿Salvación? Ni de coña


SPOILERS

No he visto las dos primeras partes de Terminator, aunque las tengo ya grabadas en un DVD estos días de vacaciones. Lo único que he visto fue la tercera parte, que me pareció un simple espectáculo. Ni la noticia del relanzamiento de la saga, ni el fichaje de Christian Bale, ni el tráiler me llamaron la atención. Sólo me esperaba, en el caso de que la viese, una película mediocre de acción.

Justamente lo que me he encontrado.

Y gracias a Dios por la Fiesta del Cine, ya que la entrada me costó dos euros.

No lo niego: impresionante, llena de sorbesalientes efectos especiales y secuencias espectaculares. Explosiones, persecuciones, tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo... Como producto de accion actual cumple dando lo básico, es decir, violencia descafeinada junto a una apariencia a la vista trepidante y espectacular.

Pero no nos metamos en el guión, porque aunque en su desarrollo la historia está bien construída, es una película que no cuenta nada interesante. ¿Qué podemos decir de la trama? Pues que versa sobre la lucha de los humanos, liderados por Connor, contra Skynet, con un misterioso tipo llamado Marcus Wright de por medio.

Y es que no hay nada más. No cuenta nada. Es una historia insustancial, que pretenden estirar y llenar los huecos con las mencionadas secuencias de acción. No solo que no haya emoción (que no hay), sino que no sorprende ni llena. Muy bonito todo, muy impresionante, pero deja una sensación de vacío irremediable, de "nada interesante contado". Y es que su simple historia pudo haberse completado con elemenos más interesantes que narrar una simple batalla: UNA SIMPLE BATALLA que alargan innecesariamente, con prisas.

Esta Terminator Salvation no puede tampoco evitar caer en lo típico, desde su tramo final (donde las revelaciones no causan ninguna sorpresa, las muertes son las esperadas, hay muchísimos fallos y gazapos y nos encontramos con un desenlace asquerosamente lacrimógeno y paródicamente épico) hasta la decepcionante Banda Sonora del maestro en horas bajas Danny Elfman, cuyo trabajo es increíblemente tópico.

Al final tenemos una película triste, vacía, pasable, insustancial y, sorprendentemente, larga. No, no aburre, pero tampoco satisface. Ahí está el director, MCG, ofrecienco unos pocos planos secuencias sorprendentemente bien montados y realizados y, de lejos, lo mejor y más llamativo de a película. Y sí, los efectos especiales cumplen de sobra. Pero poco más. Ni siquiera una ambientación gris, sucia, oscura y tediosa llama la atención.

Suerte que ahí está Sam Worthington con un personaje que se come con patatas (perdón por una comaración tan cutre) a Christian Bale y su John Connor. Es el único personaje de toda la película que interesa, que construyen y presentan estupendamente y que capta la atención por sí solo: el único que demuestra haber sido trabajado, pese a que sus motivaciones nunca estén del todo claras.

Y van y se lo cargan, y a partir de ahí sé que las futuras secuelas ya no van a conseguir mejorar a un producto taquillero que, en los tiempos que corren, no ha arriesgado nada, a una Salvación que no llega y no creo que llegue.

 

TOTAL:

 

Cine Crítica

ÁNGELES Y DEMONIOS

Iluminando lo que se creía perdido

La polémica hace mucho bien. Y si no, que se lo digan a El Código DaVinci, una película tan aburrida y mediocre que recibió una atención desorbitada provocada por toda la polémica anterior, que irónicamente pretendió desviar la atención general hacia la película. Esa polémica al final tuvo éxito en un apartado: El Código DaVinci fue tan mala que todas las advertencias de que "era una película que no se debía ver" acertaron, porque ciertamente algo tan soso e insustancial no se podía ver.

De modo que, para mí, esta secuela a priori me parecía innecesaria. ¿Qué esperaba? Otra película aburrida y deleznable. Nada podría salvar los platos rotos de la decepción anterior.

Me equivoqué, ya que ángeles y Demonios, sin ser una maravilla, supera con creces a su antecesora.

¿Qué ofrece? Una introapresurada y sin respiro; una cinta trepidante llena de acción, tensión, búsquedas imposibles, pistas históricas, mapas, arte, tesoros ocultos, conspiraciones científicas, intrigas religiosas, romances apenas esbozados, asesinos implacables, traidores por doquier, suspense en la ciudad Papal, conflictos políticos, experimentos científicos que juegan a ser Dios, secretos no revelados, lucha entre la ciencia y la religión, revelaciones históricas, personajes del Renacimiento convertidos en traidores, polémica totalmente gratuita y una excursión por Roma completa.

Todo ello junto a un eficaz Ron Howard que saca el máximo partido a un producto tan palomitero, un Tom Hanks más despierto pero no por ello bueno, un Ewan McGregor al que le sienta como un guante tanto el hábito como el papel del Camarlengo, una ambientación que reconstruye fielmente emplazamientos de la Ciudad Eterna con tanto detalle que los amantes de la misma (como yo) lo pasarán en grande y un Hans Zimmer que vuelve a sus derroteros habituales en la banda sonora.

Ah, y un tramo final decepcionante, del que no puedo salvar absolutamente nada:

SPOILERS

Primero, que se flipan demasiado con que Patrick se salve de la explosión. Y segundo, que convierten al único clérigo "bueno" de toda la película en un traidor sin escrúpulos, en un cambio tan grotesco, irreal e inexplicable que no entiendo. Y aquçi la culpa es de Dan Brown. ¿Por qué demonios hacer que el villano sea el único sacerdte humilde y bueno después de ponerlo en contraste con una curia retrógrada y anciana (hecho a conciencia, no creáis), por qué ostrar una faceta intolerante en un personaje a priori tan abierto, y por qué meter el dedo en la llaga diciendo que un traidor va a ser santificado para mantener una mentira viva?

Cosas como esa, hechas únicamente para crear polemica por encima de la propia coherencia de la historia, sobran. ¿Tan difícil era convertirlo en un mártir y matarlo en una emotiva escena, para que finalmente el Cónclave se rwalizase con la perspectiva de que es necesario un cambio en la Curia Romana?

En fin... dos horas y diez minutos de entretenimiento fácil, asegurado ara todo aquel que desconecte y que disfrute de intrigas y misterios ocultos con alma del best-seller más sencillo. Ah, y también recomendada para aquellos amantes de Roma que quieran ver una cara oculta bastante sorprendente y entretenida, amén de totalmente fantástica. Creo que yo puedo meterme en ese grupo. La polémica me da igual y la calidad que se pide es mínima: solo interesa la diversión que Howard y compañía fácilmente nos dan.

 

TOTAL: