Publicidad:
La Coctelera

Adiós, Coctelera

Definitivo. Me mudo de La Coctelera. A día de hoy, el servicio técnico no me ha explicado aún cómo mudar el contenido de este blog a otro servidor distinto. Así que, cortamos por lo sano.

Empiezo de cero desde un nuevo blog. Este se quedará aquí, conservando todas las publicaciones de estos últimos cuatro años.

A partir de ahora, podréis leerme aquí:

elblogdereven.blogspot.com.es

Aprovecho también para hacer un poco de autobombo; he abierto un blog nuevo, dedicado únicamente a la opinión y a la reflexión de temas variados. Es algo que siempre he querido hacer, y que ya practiqué en pocas ocasiones durante el tiempo que he estado aquí. Su nombre, Descendiendo desde Orión:

descendiendoorion.wordpress.com

Gente, ha sido un auténtico placer estar estos cuatro años aquí. Son muchos posts, muchos recuerdos, mucho que se deja atrás. Pero La Coctelera ya hace mucho que dejó de ser el sitio lleno de vida en el que entré. A veces, es hora de empezar de nuevo, con ganas renovadas.

Espero seguir leyéndoos desde Blogger y Wordpress. Gracias por todo. ¡Nos vemos!

compártelo Tags: blog, mudanza, blogger, wordpress

Posible mudanza del blog

La Coctelera se me ha quedado desfasada. El blog se ha trasladado casi por completo a Twitter, sí. Pero aparte de que no tenga inspiración ni ganas por escribir, también es verdad que la interfaz de La Coctelera me parece cada vez más limitada, especialmente en el diseño. Y el blog ya se había hecho demasiado grande como para dejarlo atado a una plantilla esquemática. Además, he de confesar que no tengo buenas sensaciones con el servicio técnico, que se mueve más bien poco. Y me gustaría tener un nuevo blog que me ofrezca una conectividad completa con otras redes sociales (con mi Twitter sería fundamental).

Por eso mismo, esoy planteándome seriamente un traslado casi total a un nuevo servidor. Dudo entre Blogger y Wordpress: por ahora, esoy probando con Blogger. Y en cuanto al diseño me está encantando: es el lavado de cara fresco y dinámico que el blog necesitaba, y la accesibilidad a los artículos es mucho más sencilla y vistosa (sí, esoy hablando de las vistas dinámicas).

El problema que tengo es que aún me peleo con su código de programación HTML y CSS (mis conocimientos en ello son muy, muy limitados), y tengo que estar consultando tutoriales continuamente. Pero una vez resueltos esos problemas, el blog podría quedar muy, muy curioso.

El otro GRAN problema es la mudanza en sí. No sé si trasladar todo el blog de La Coctelera al nuevo: hay artículos que no merecen la pena, pero otros que sí; en concreto, me gustaría mantener los Ciclos, Monográficos y Especiales. Con el blog antiguo (el de Blogspot.es; joder, qué malo que era) no hice casi ningún traslado; son ya artículos demasiado viejos, simples e "infantiles". Pero con el nuevo... pues hay artículos de esta "segunda etapa" que me gustaría rescatar, aunque sea con un previo lavado de cara y una revisión completa.

¿Qué es lo que ocurre? Que aunque La Coctelera te permite obtener una copia de recuperación del blog para poder trasladarlo, lo hace en un archivo .txt. Y ningún otro servicio de alojamiento soporta importaciones de blogs en txt. Vamos, que los de La Coctelera son muy listos ofreciéndote un archivo que luego no te servirá de nada. Así, normal que nos veamos obligados a quedarnos aquí.

En fin... seguramente acabe haciendo mudanza de artículos concretos. Y, quién sabe, esto me ha devuelto las ganas de publicar. Pero no me gusta esto de dejar un archivo de todas mis publicaciones blogueras repartido en tres blogs distintos...

Estad atentos a las novedades. Pronto, si todo va bien, El Blog de Reven inicia una nueva etapa.

Un saludo.

compártelo Tags: noticia, blog, mudanza

Seguidme en Twitter

El blog está casi muerto. Pero es que llevo ya estos dos años de sequía en otra parte. Me he pasado a Twitter.

Así que, si aún quedaba algún lector despistado por ahí, que me siga mejor por Twitter. Ahí publico diariamente chorradas varias, y muchas opiniones breves de música, cine, sociedad, etc, etc.

(Qué le vamos a hacer, si esto de los mensajes instantáneos es más fácil, rápido y cómodo).

Algún día acabaré los artículos pendientes del blog... pero es que ahora no tengo ninguna gana de escribir mis habituales parrafadas. Lo seguiré dejando abierto, para cuando lo necesite, como apoyo. Pero ahora esoy muho más a gusto en Twitter.

En fin... ¡nos leemos!

compártelo Tags: twitter, blog, noticia

¿Para qué prestarles atención?

Primera vez en cinco años en que no hago un seguimiento a los Oscar. Pero, sinceramente, ¿para qué?

No es solo cuestión de esta apatía que me ha llevado a dejar abandonado el blog, mezcla tanto de no disponer de tiempo como de no tener ganas ni inspiración para escribir. Los artículos se me acumulan, pero no me apetece ponerme con ellos a regañadientes, obligándome a terminarlos.

Esa es la base. La realidad es que los Oscar no tienen ningún mérito; no, cuando uno que esté lo suficientemente puesto en la actualidad cinematográfica puede predecirlos con una probabilidad del 90%; o puede que incluso más.

Porque vamos a dejarlo claro: los Oscar no premian lo mejor del año; premian lo que unos académicos con una media de edad de 62 años (ojo al dato) consideran que es lo mejor entre lo que las productoras les han vendido durante el último trimestre.

Lo cual es descorazonador, si lo miramos friamente.

Los Oscar no son sino un gran escaparate. Las productoras ponen su capital en películas hechas por y para la temporada de premios que arranca al terminar el verano: a veces surgen sorpresas, películas en las que no confiaban y que, por una especie de milagro, logran el beneplácito crítico y taquillero; otras veces, los fracasos son sonadísimos, y ni el mejor reparto de Hollywood puede salvar un fiasco.

De modo que tenemos a varias productoras que publicitan sus productos (pues no son más que eso) en numerosos festivales. Y ante las reacciones críticas comienzan a filtrar cuáles pueden ser las más jugosas para la gran fiesta final de la Academia, en febrero, y actúan en consecuencia, potenciando las campañas de promoción de las que consiguen buenas impresiones y condenando al ostracismo a las rechazadas.

Y a partir de ahí solo tenemos un gran entretenimiento que a los que estamos pegado a toda novedad cinematográfica nos tiene pegados a la pantalla durante casi seis meses. Los festivales y premios de la crítica se suceden, se postulan quiénes son los favoritos, y las películas se alzan o caen con enorme facilidad. Pisamos terreno resbaladizo y traicionero. Los premios de los críticos de cada ciudad, los festivales de cine independiente, los premios de los sindicatos, los Globos de Oro (auténtica pasarela de la frivolidad), los BAFTA... lo único que crean de cara a los Oscar es una probabilidad. Y los Oscar últimamente se construyen sobre esa probabilidad. ¿Emoción? Ninguna.

A los académicos les llegan con tiempo copias enviadas por las productoras pertinentes con las películas que quieren promocionar de cara a los premios. "For your consideration", las llaman. "Para su consideración". Y a partir de ellas, dichos académicos elaboran la lista de nominadas. Así que decidme, ¿cómo van los Oscar a representar lo mejor del año cuando los ganadores se eligen sobre una lista que los académicos han elaborado sobre las películas que una productora ha escogido (y, no olvidemos, les ha ofrecido con una etiqueta de "tenednos en cuenta") no por motivos de calidad sino de rendimiento publicitario?

Y no olvidemos la edad media de los académicos. 62 años. Se dice pronto. Eso solo nos lleva a conservadurismo puro, a miradas al pasado incomprensibles, a desconocimiento de la industria y los gustos actuales. Se trata de vivir en un Hollywood soñado que se aleja de lo que el público elige. No hace falta que os recuerde que el año pasado La red social fue la favorita de la crítica, pero la Academia eligió a la menos arriesgada El discurso del rey: y ninguna de las dos fue la que consiguió, paradójicamente, el aplauso unánime de la crítica en 2010 (¿alguien ha dicho Toy Story 3?). Un divorcio cada vez más fuerte entre la comodidad y el riesgo. Bien, el riesgo. ¿De verdad hace falta recordar que si una película apela al espíritu nostálgico o clasicista de los académicos se llevará todos los honores, y las productoras potenciarán a la mimada de turno por medio de brutales (y no exagero) campañas de publicidad? Existe el chiste de que si una película reúne los requisitos de "independiente / extranjera / discapacidad / biopic / segunda guerra mundial / potente reparto / buenas intenciones + (elemento que sirva para que la Academia aparente su progresismo)" será la gran triunfadora: bien, hagan repaso de las últimas vencedoras. No hace falta decir más.

Lo verdaderamente arriesgado y novedoso queda fuera de los circuitos de promoción porque las productoras saben que a los académicos no les va a interesar; y los académicos no prestan atención a las pocas películas arriesgadas que pasen al circuito del "For your consideration". Aunque una película soberbia tenga el apoyo crítico, si su productora no apuesta por ella de cara a los Oscar no tiene nada que hacer: este año, Shame, Drive y El topo se han quedado fuera por esa misma razón, pero hace unos tres años lo mismo le pasó a Moon: y de El topo hablan maravillas (y Goldman, uno de los mejores actores vivos, nominado por primera vez por este papel, ojo al dato, se ha ido de vacío a casa), pero Drive me pareció una apuesta diferente e hipnótica con un Ryan Gosling frío y estremecedor, y a Shame no le han valido de nada las alabanzas críticas (las malas lenguas hablan de boicot en la Academia por su temática sexual; en fin...). Podría poner más ejemplos. Pero después toca poner buena cara para aparentar aceptación de lo nuevo: y si toca premiar a una directora, o a un actor negro, o a un guión independiente, pues se premia; pero los premios importantes quedarán para la película "amable" del año.

Este año me alegro por los Oscar a Meryl Streep (un monstruo de la actuación, lo mire por donde lo mire), y sobre todo a Christopher Plummer (que ya era hora). Pero en el resto todo estaba ya repartido desde hacía ya un mes (aunque en Fotografía y Actriz me haya llevado una pequeña sorpresa; sí, aunque Meryl era la favorita, creí que a última hora cambiarían a Viola Davis). Y no es por hacerle el feo a The Artist: ya hablaré de ella, pero es una película muy agradable y que resulta una gozada en los aspectos visual y emocional. El problema está en que la Academia lleva ya mucho tiempo anquilosada en el "agradable" y el "bonito" como sinónimos de "digno de consideración". Y lleva así, ojo, décadas. Que se dice pronto. ¿O hace falta que recuerde que durante la corriente renovadora del cine norteamericano en los 70 se alejó de ella premiando a películas más agradables como Kramer contra Kramer o Rocky frente a Apocalypse Now o Taxi Driver, y que cuando por fin reaccionó y premió a El cazador ya era demasiado tarde y los ingenuos años 80 ya habían llegado?

El tiempo pone a cada película en su lugar, y los Oscar ya sabemos que no indican nada realmente. Pero ahí están. Y otro año más se han convertido en una divertida, aunque insustancial, apuesta por probabilidad. He acertado casi todas, por cierto; no es por echarme flores, pero es que cada año voy mejorando. Señal de que en estos premios todo, aunque no lo parezca, es terriblemente predecible. Aunque, claro está, debo de ser masoquista o algo por el estilo, porque cada año caigo de nuevo en la trampa y me dejo llevar por las apuestas, las quinielas y el desarrollo de los acontecimientos, llenando Twitter y otros medios de premoniciones personales. Luego es verdad que soy consciente de la enorme frivolidad de estos premios. Pero, aun así, ahí estoy, dándolo todo. El mundo está loco.

compártelo Tags: oscar, opinion, cine

Feliz 2012

Como todos los años, me paso por aquí para felicitaros.

Disfrutad de esta noche, y que, como siempre, el nuevo año os traiga lo mejor: especialmente, muchas risas, mucha música, mucho cine y mucho que leer. Y que sigamos por aquí para leernos y comentar; en este abandonadillo blog, pero que, bueno, sigue en pie y dando guerra.

Por los 366 días que vienen por delante, bien cargados de sorpresas.

Un abrazo a todos. Gracias por seguir ahí.

compártelo Tags: ano nuevo, blog, personal

FELIZ NAVIDAD

Que paséis una

FELIZ NAVIDAD

compártelo Tags: blog, yo, navidad, felicitacion

LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO

Para mí, Tintín es uno de los cómics de mi infancia (y con infancia me refiero a los 6-8 años). Aquellos tebeos que leía como simples historias de aventuras (pero qué pedazo de historias) luego demostraron tener un trasfondo político-social tan profundo que no lo he ido descubriendo hasta hace muy poco; y aún me queda. Pero Tintín no es de mis favoritos por eso (lo que no quita que ese trasfondo político me parezca la principal razón de que sea un tebeo clave para la historia del cómic europeo y, me atrevo a decirlo, mundial); lo es porque sus aventuras me calaron muy hondo: historias exóticas y atractivas, personajes carismáticos, muchísimo humor... Tintín lo tenía todo. Y llevo esperando la prometida adaptación de Spielberg desde hace años, cuando se anunciaba para el 2006 y se fue retrasando año tras año hasta que, bajo la producción de Peter Jackson (en una de esas uniones cinematográficas explosivas) y tras problemas de financiación varios, ha llegado a nuestras pantallas. Y han tirado la casa por la ventana; no solo por el riesgo que supone el estreno en EEUU (que apenas conoce a Tintín), sino por los medios utilizados, siguiendo las últimas tecnologías. Solo por eso queda claro que Spielberg se ha dedicado con pasión, cariño y, sobre todo, muchísima confianza en este proyecto. Las aventuras de Tintín por fin están aquí, y a lo grande.

A priori, la animación por captura de movimientos elegida por Spielberg y Jackson me causaba rechazo. Es una tecnología que no ha llegado a despegar a pesar del esfuerzo de algunos, en especial Robert Zemeckis: aunque presenta muchas múltiples posibilidades, la captura de movimientos parecía destinada al olvido. Y no es para menos: centrándonos en Zemeckis (y aun sin haber visto Beowulf), Polar Express y Cuento de Navidad podían ser películas de encomiable acabado técnico, pero argumentalmente dejaban mucho (o muchísimo) que desear, y Zemeckis se obsesionaba demasiado con el efectismo barato y sin sentido para justificar los efectos en 3D; aparte, era una tecnología aún por depurar, que no acababa de pasar del límite de "monigotes inexpresivos y grimosos". No es de extrañar que sus múltiples propuestas, todas anunciadas como revolucionarias, se hayan saldado con sonoros fracasos en taquilla: el gigantesco batacazo de Marte necesita madres ha terminado por enterrar el sueño de Zemeckis; pues bien, ahora Zemeckis debe de estar tirándose de los pelos, preguntándose qué hizo mal.

Esas primeras impresiones mías no son nada buenas. Esta película no tiene nada que ver con los experimentos de Zemeckis. La diferencia está en que, en esta ocasión, detrás de esta tecnología ya dada por perdida se sitúa un profesional como Spielberg con el apoyo de una de las mejores y más innovadoras empresas de efectos especiales del momento: WETA. Detrás de Tintín han trabajado manos maestras a años luz de Zemeckis. Y se nota: el salto cualitativo es enorme.

Por fin, señores, podemos decir que la técnica evoluciona por buen camino. Los monigotes digitales aún siguen dando algo de grima, lo reconozco (en especial determinadas sonrisas de Tintín), y les falta un ligero pulido a la hora de transmitir sentimientos. Pero son minucias. Porque Spielberg viene a demostrar que no eligió rodar la película como animación por azar, sino porque es perfecta para la película: permite que todo sea posible, y, lo más importante, por eso mismo nos lo creemos (no como ocurría en las cintas de Astérix, donde los efectos resultaban demasiado paródicos junto a actores de carne y hueso); pero, al mismo tiempo, la tecnología de captura nos hace esa animación mucho más cercana porque otorga a los personajes un increíble acabado realista sin alejarse nunca que son caricaturas. Así, los de WETA se superan una vez más en este complicado reto: visualmente, Las aventuras de Tintín es una sorpresa detrás de otra; no solo porque por primera vez me crea a estos monigotes, sino también porque el realismo logrado en las texturas de los paisajes es sobrecogedor. ¡Y estamos hablando de una película que nunca pierde su faceta de cinta animada!

Así, marcando un hito al moverse con estilo sobre la temible cuerda floja entre la animación 3D (que ha evolucionado hasta lo más alto en la última década) y el cine de imagen real, Spielberg ha podido hacer lo que le ha venido en gana. Utiliza la tecnología y no al revés (ESA es la diferencia clave con Zemeckis): no es este un recital de efectos digitales maravillosos sin trasfondo alguno, sino que toda esa capacidad técnica le ha venido genial para conseguir una espectacularidad que no hubiese sido alcanzar de otro modo, y que supone un "plus" impagable a la fuerza implícita de esta historia de aventuras, y para filmar unos planos imposibles con total libertad de movimiento de cámara. Está desatado, y firma todo tipo de virguerías: solo degustad el flashback del relato del caballero de Hadoque o el colosal plano secuencia de Marruecos para daros cuenta de que Spielberg tiene auténtico cine corriendo por sus venas y que sabe mejor que ninguno cómo planificar el espectáculo de una escena regalándonos imágenes poderosísimas (la entrada del Unicornio en el desierto es mi favorita) y utilizando con sumo talento recursos narrativos (las transiciones entre el relato y la realidad, por ejemplo), dotando a toda la película de un ritmo perfecto. Todos las "manías" de Spielberg están aquí, y hacen de esta película una de las más reconocibles de su filmografía. No os extrañe, por tanto, recordar a Indiana Jones en más de una ocasión (sobre todo, cuando Tintín y Haddock llegar a Baggar). La acción puede ser exagerada, sí, pero sin salir ni del clasicismo propio de las historias originales de Tintín ni de su carácter caricaturesco como cómic que es.

Y os doy una buena noticia: es fiel al cómic. Logra unir con maestría las tramas de los tres cómics que han servido de principal inspiración (El secreto del Unicornio mayormente, elementos de El cangrejo de las pinzas de oro para presentar a Haddock y detalles de El tesoro de Rackham el Rojo) con los homenajes de rigor sin dejarse fagocitar por ellos (los créditos, el cameo de Hergé, los recortes de periódico en casa de Tintín y otros guiños sueltos). Y, lo más importante, respeta el espíritu de la obra de Hergé: su ingenuidad, su gusto por la aventura imposible, su detallismo (característica del dibujo de Hergé que encuentra su equivalente perfecto en Spielberg), sus paisajes exóticos, su plantel coral de personajes carismáticos... Tintín es el personaje moralista y cargante que también es en los cómics; es bueno al 100%, pero si hubiesen cambiado ese aspecto en la adaptación ya no tendríamos a Tintín en pantalla. Haddock es un divertidísimo y gamberro borracho, el eje carismático y argumental de la cinta. Hernández y Fernández funcionan como contrapunto cómico. Y Shakarine, villano nuevo pero resultado de la mezcla de varios personajes del cómic, es un buen antagonista, encontrando un equilibrio entre maldad y elegancia. No es momento para sacar de la chistera todo el mensaje de denuncia política que fue marca de Hergé durante muchos álbumes de la saga: si han escogido la historia del Unicornio es porque es la más "inofensiva" de todos los cómics, la que no tiene ninguna carga política y sí muchas dosis de aventura clásica: la aventura viene implícita, la acción ya la pone Spielberg.

Esta adaptación funciona porque se apoya en un guión hecho para el disfrute continuo: cada detalle funciona dentro del total de la película, y explica cada punto clave sin dejar nada al azar. La película comienza sin rodeos: presenta las situaciones y los personajes en unos pocos minutos y pasa a la acción enseguida pero de forma progresiva: de hecho, la película no despega definitivamente hasta que Haddock no aparece en escena y sus chistes y los gestos de un Andy Serkis completamente entregado a la caracterización digital de su personaje devoran por completo nuestra atención (y alivia lo encrespante que empezaba a ser Tintín). Y ahí, sin más, comienza el gran espectáculo, sin un momento de descanso. Estamos ante una película (comercial, al fin y al cabo), y este es un medio muy distinto al cómic: Spielberg y su equipo han tomado conciencia de ello y, por tanto, han realizado una de las mejores adaptaciones que recuerdo: el espíritu se mantiene pero se prepara con un llamativo envoltorio de entretenimiento típico de acción. Spielberg bebe del cómic pero no se deja dominar por él (impagable ese giro "realista" a los "pájaros en la cabeza"), y la película es rocambolesca e imposible cuando debe serlo porque se mueve en un universo rocambolesco e imposible, pero no se deja llevar por ello hasta la parodia. Las aventuras de Tintín está conducida con seriedad y con un gusto exquisito.

¿Puntos flacos? El final. Aunque fiel al cómic y coherente con el desarrollo de la película (es un enfrentamiento final y el esperado descubrimiento del tesoro), supone un bajón tras la brutal inyección de adrenalina de todo el nudo de la película (aproximadamente, desde la aparición de Haddock hasta el fin de toda la parte de Marruecos). Aparte, porque aquí a la película solo le queda una trama de venganza a través de los siglos que para mi gusto es la más floja del guión: no es necesaria; simplemente sirve de excusa para un enfrentamiento final cara a cara, pero una excusa es muy pobre cuando dicho enfrentamiento podría haberse producido sin ella. Y eso es un defecto importante en un guión calculado con tanto cuidado. La acción incluso se pasa de exagerada (esa pelea entre grúas, por favor). Y el desenlace, aunque fiel al cómic, deja un regusto soso. Igualmente, no nos libramos de algo de moralina marca de la casa (ese discursillo de Haddock a Tintín sobre el fracaso). Y me hubiese gustado que la efectiva banda sonora de Williams me hubiese dado un tema propio para Tintín que hubiese silbado alegremente al salir del cine: el maestro últimamente cumple, pero perdiéndose poco a poco.

Aun así, he de decir que he disfrutado mucho de Tintín, que no me la he podido quitar de la cabeza en estos días y que a medida que la recordaba lo hacía con una sonrisa cada vez más grande, valorándola aún más. Spielberg sí que ha realizado una auténtica revolución que, si me apuráis, quedará como referente de aquí a unos años: no perderá su calidad al mismo tiempo que su técnica envejecerá. Las expectativas se han visto cumplidas: el regreso de Spielberg a la aventura de verdad se ha saldado con una estupenda película que demuestra que el genio sigue vivo y en plena forma (y, por tanto, que Indiana Jones IV fue culpa de George Lucas; el Spielberg de Tintín tiene toda la energía que no mostró en el último Indy). Y, sinceramente, me han abierto el apetito de una segunda parte que puede ser aún mejor. Yo voto por El tesoro de Rackham el Rojo (¡y la aparición de Tornasol, al que eché de menos!), con elementos del binomio Las 7 bolas de cristal y El templo del Sol y, si me apuráis, introduciendo, aunque sea levemente, a Alcázar y Tapioca. ¿Demasiada ambición? Tal vez. Pero la ley de la "escalada" solo permite ir más arriba, y con esta pedazo de primera parte la que viene tendrá que ser casi colosal. Bueno. Yo ya deposité mi confianza con esta, y la prestaré de nuevo gustoso para la siguiente.

Las aventuras de Tintín por fin están aquí, y a lo grande.

compártelo Tags: muy buena, cine, critica, spielberg, animacion, tintin

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS

DESTRIPO TODA LA PELÍCULA.

Más que una crítica, esto es una pequeña reflexión. Está bien; reconozco que una crítica, en primera instancia, no es más que una reflexión del propio crítico hacia aquello que es susceptible de ser criticado (estoy siendo redundante a conciencia). Pero esta no va a ser una crítica al uso como las que suelo postear aquí. No va a haber puntuación final, por ejemplo.

Simplemente, posteo esto porque me apetece ser de las pocas voces contrarias que no ven ni de lejos a la última producción patria como la obra maestra que los críticos unánimemente han visto. Es que, señoras y señores, no lo entiendo. No entiendo cómo una propuesta tan vacía y fría ha conseguido encandilar a tantos profesionales.

¿Maniobra de márketing engañosa, producto difícil de digerir, muestra de profesionalidad poco vista en el cine patrio, propuesta diferente? ¿Cómo califico a No habrá paz para los malvados? ¿Es que no cumplió mis expectativas? ¿Es que en el fondo esperaba una cinta de acción y me encontré con un drama pausado y muy detallista? ¿Es eso, que no seguí el juego, absorbido como estoy por mi aficción a la casquería y al artificio barato? ¿O es que nos han dado gato por liebre a miles de espectadores que nos esperábamos ese drama? ¿O es que, sencillamente, esperaba una cinta de tensión, tuviese o no acción, y que me mantuviese clavado al asiento y, lo más importante, interesado hacia lo que veía en la pantalla, y no me encontré nada de eso? ¿Y por qué la palabra "estafa" no aparece, ni aparecerá, en esta crítica? ¿Qué demonios tendrá esta película para haberme provocado unas sensaciones tan encontradas? ¿Cómo, pregunto de nuevo, califico a No habrá paz para los malvados?

Vamos a ver, señores. Seamos claros, directos y sinceros desde un principio: la película es aburrida.

Y no porque no tenga acción, o porque sea lenta, o porque no haya apenas diálogos. No me voy a ir a esas excusas. No habrá paz para los malvados tiene un problema muchísimo mayor que la simple falta de tiros, persecuciones y palabras. Simplemente, que es una película que no interesa. Ni lo más mínimo.

Comienza bien. Demonios; comienza genial. Un prólogo pausado, contenido, realista, que va cargándose de tensión poco a poco, hasta que explota de forma visceral y contundente. Y, así, en todo el prólogo ya nos han presentado un contexto palpable, sucio y opresor como es la noche de los bajos fondos de Madrid (y gusta ver un entorno tan familiar pero reconvertido en algo oscuro que apenas conocemos pero sentimos terriblemente cercano), un personaje enormemente carismático con muy pocas palabras y muchos gestos (borracho, inconsciente, impulsivo, violento, desesperado, que abusa de su autoridad) y el conflicto sobre el que se moverá toda la película (el testigo fugado).

Pero ahí se queda la calidad de la película: en un prólogo sublime, con un ritmo perfecto in crescendo y que coloca con verdadero talento las piezas que construyen la base del nudo; en la actuación de Coronado, que no necesita diálogos para imponer y plasmar su carisma (aunque no hubiesen estado de más); y en la conseguida atmósfera, tan cercana (es Madrid...) y lejana a la vez (... pero no lo reconocemos en esta vertiente tan sórdida y perfectamente posible).

Se nos vende la película como una carrera contrarreloj: Santos Trinidad (interpretado por Coronado) deberá encontrar al único testigo de su triple asesinato y eliminarlo, antes de que una jueza logre atraparle; al mismo tiempo, se descubrirá una trama oculta relacionada con un atentado fundamentalista islámico. A priori, la premisa es impagable, y da para dos horas clavados al asiento. Craso error: no hay tensión, no hay emoción, no hay un desarrollo que enganche. En primer lugar, porque la trama de la investigación policial interesa menos que nada. No solo porque Helena Miquel en el papel de jueza esté pésima, forzada y para nada creíble (y leo alabanzas de todos los medios hacia ella, y tampoco las entiendo). El principal problema es que Urbizu, director y guionista, no llega a plasmar el espíritu trepidante de semejante carrera contrarreloj: la jueza SIEMPRE va un paso por detrás de Trinidad, llega a conclusiones y averigua pistas que nosotros ya conocemos, y su peso en la trama es mínimo ya que nunca llega a ser una amenaza creíble.

Y, luego, tenemos a Santos Trinidad. Y aunque sea un personaje carismático y Coronado se coma la pantalla cada vez que sale, también falla. Y mucho. Porque hay dos posibles salidas en esta película: o Santos Trinidad se redime finalmente, o acaba condenado por su terrible crimen. Es un antihéroe, y como tal se tambalea entre el bien y el mal. Contra eso no tengo ninguna pega. Pero Urbizu se muestra demasiado ambiguo: Trinidad, sencillamente, es un policía cabrón, una bala perdida, un buen hombre corrompido y que ha tocado fondo. No merece nuestra compasión. Urbizu ha podido aprovechar para que la trama policial le pusiese contra las cuerdas, y fuésemos testigos de la desesperación de un policía arruinado que ya no tiene nada que perder, pero que piensa cumplir con su obsesiva venganza contra el testigo. Y ahí, señores, sí tendríamos un detonante de tensión e interés hacia la historia.

Pero No habrá paz para los malvados es muy torpe en ese sentido. Lo único que tenemos durante dos horas de metraje es puro desarrollo de la historia, y nada más. Las bases están sentadas, se desarrolla la compleja historia (todo hay que decirlo, y en hilar tan enrevesada historia Urbizu muestra mucho talento y, ante todo, conocimiento de lo que está contando) y esperamos a que, simplemente, ocurra algo. Pero solo obtenemos dos horas de Trinidad investigando, hablando, entrando en escenarios distintos, sigue de un lado para otro, sigue interrogando, sigue visitando nuevos escenarios; y la jueza y los policías, imitando cada maldito paso de Trinidad, sin que ocurra nada más, sin que de verdad sintamos el peligro de que se están acercando cada vez más a la verdad. Y, si Trinidad no está en la cuerda floja, nosotros como espectadores no nos vemos agobiados, ya sea porque queremos que escape de la justicia para redimirse o que sea atrapado para que se le condene. Dicho mal y pronto, Trinidad es un aburrido, y la jueza una inútil. Así, la película no es más que monótono y nada interesante nudo, en el que no hay ni giros, ni clímax, ni puntos de inflexión, ni situaciones límite.

Si el espectador se acostumbra a que la policía va a ir siempre por detrás de Trinidad, entonces esa sub-trama deja de interesarle. Y si encima nos damos cuenta de que la amenaza de la justicia sobre Trinidad no será palpable en toda la película porque avanza el metraje y la policía sigue lejos de él, y que este policía corrupto y asesino seguirá impune al menos mientras dure la película, entonces la tensión argumental en general se viene abajo. Luego, como una especie de broma pesada, en los últimos momentos sí que hay emoción: pero ya nos da igual que hayan pillado a Trinidad, que este cumpla su sangriento objetivo y que por fin haya alguna escena más movida, porque la película ya ha acabado y todo lo que debió aparecer hace una hora se concentra en diez minutos.

¿Y la sub-trama del atentado islamista? Pues Urbizu toca la tecla correcta, porque sabe que, aunque sea inverosímil, producirá incomodidad en el espectador español, que está envuelto en el horror del terrorismo y que sufrió la barbarie del 11-M. Lo que yo me pregunto es: ¿y de qué sirve a la historia? En serio, ¿es que nadie ve que no es más que un pegote que podría haber sido sustituido por cualquier otro atentado? ¿Habría alguna diferencia si en lugar de islámicos hubiesen sido etarras? ¿O anti-sistemas contra la cumbre del G20 que tanto mencionan pero tampoco sirve para nada? ¿Y hubiese mejorado la historia si Urbizu hubiese desechado una trama tan inútil y se hubiese centrado en los narcotraficantes colombianos, lo que hubiese dado muchísimo más juego puesto que la película comienza con ellos?

Al final, irónicamente, Trinidad acaba con la posibilidad del atentado por puro azar, sin haberlo descubierto siquiera, en medio de su acción última de venganza y ocultación de pruebas, cuando ya no tiene nada que perder porque ya ha sido descubierto. En los últimos minutos de película. Un final, como digo, irónico; que el personaje principal acabe redimido porque impide fortuitamente con una matanza que ni siquiera conocía. Pero, ¿de verdad hacía falta? ¿A un personaje tan moralmente discutible como Trinidad pero al que no llegas a odiar porque no provoca empatía alguna en el espectador? Si no le hemos visto con el agua al cuello en toda la película como consecuencia de su crimen, ¿de verdad nos importa que Urbizu lo redima o lo condene? Trinidad no descubre el atentado, por lo que no es un héroe consciente; tampoco es un héroe inconsciente, porque solo actuaba obsesionado con callar una boca que, paradójicamente, no le iba a delatar. Urbizu no puede ni condenarle ni santificarle. Tal vez quería jugar con la ambigüedad y con cierto pesimismo casi nihilista, porque en el fondo da igual qué acabe siendo de Trinidad: el antihéroe que se convierte en salvador involuntario. Pero, sencillamente, después de dos horas insustanciales, me da igual.

No sé qué habrá querido ofrecer Urbizu: si era una película de cine negro pausada y que acumulase emoción in crescendo, falla; si era una cinta de tensión e investigaciones a contrarreloj, falla; si era una denuncia al burocratizado sistema policial y jurídico español, falla. Al final, No habrá paz para los malvados no es más que un conjunto de sorpresillas aisladas en un mar de indiferencia y aburrimiento.

Y, además, terriblemente sobrevalorado.

compártelo Tags: cine, critica, espanol, sobrevalorada