
Fascinante, prometedor y conmovedor comienzo del viaje
NOTA: Esta crítica se realiza sobre la versión extendida de la película, no sobre su versión cinematográfica.
Cuando me propuse volver a ver y criticar la trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos sabía perfectamente que me enfrentaba a películas importantes en mi infancia. Sabréis sin duda a qué me refiero; hay películas que de pequeños nos han marcado, han condicionado nuestra visión del cine y, sorprendentemente, han formado parte de nuestras vidas. No puedo decir que El Señor de los Anillos sea una película fundamental en mi vida, pero sí que fue la primera de la que puedo afirmar que fue el primer gran espectáculo cinematográfico del que tengo memoria, la primera superproducción épica que vi. Y ni siquiera en un cine; tenía diez años.
Suele pasar que las películas vistas entonces pierden admiración con los años. El criterio de un niño no dura mucho, madura. Y duele ver cómo películas tan queridas de niños las detestamos o ignoramos de mayores. En ocasiones la nostalgia es tan fuerte que nos negamos a criticarlas, pero otras no corren tanta suerte.
Tenía miedo entonces a que la trilogía la viese con malos ojos. Y por ahora suspiro tranquilo, porque con La Comunidad del Anillo no ha sido así. Es más, es sorprendente lo bien que ha envejecido.
En el año 2001 impresionó por sus espectaculares efectos especiales, llegando incluso a ganar el Oscar en ese aspecto. A día de hoy siguen conservando la misma calidad: claro está que en los modelos CGI la industria ha avanzado mucho (no hay más que ver el acabado del Troll de las Cavernas), y que los chroma cantan ya demasiado. Pero a la hora de recrear paisajes y emplazamientos o grandes batallas con multitudes de enemigos siguen manteniendo un estándar de calidad altísimo. No solo eso, sino que su gran baza reside en que, aunque casi omnipresentes, son totalmente necesarios para la historia. No es posible llevar a la pantalla de epopeya de Tolkien sin una buena base en efectos especiales. La Comunidad del Anillo no hace alarde de ellos: simplemente los usa porque los necesita, porque sin ellos la película no sería posible.
Pero no solo en los efectos especiales sigue siendo sorprendente: el vestuario, el maquillaje, el atrezzo, los escenarios... Todo responde a un mismo objetivo: hay que hacer real la obra de Tolkien cueste lo que cueste.
Y lo consigue sin que, hasta la fecha, haya leído ningún comentario en contra. Las Minas de Moria siguen siendo igual de claustrofóbicas y angustiosas. Lothlòrien es exactamente el mismo rincón mágico que se describe en las páginas. En Rivendel se respira serenidad. En la Comarca reina la paz. En los bosques se esconde un halo de misterio y sosiego, de sobrecogimiento. Los paisajes de Nueva Zelanda resultaron ser excelentes, pero no solo es gracias a ellos es gracias a un equipo que supo plasmar las sensaciones que transmitían en el libro en la pantalla. Especialmente destacable es el caso de los elfos, donde sin duda su evocadora aura mágica y misteriosa casi se respira, transmiten calma y serenidad en todas sus apariciones. Es, para mí, el escenario mejor contruído y acabado de toda la película.
El maquillaje sigue pareciéndome prácticamente insuperable, luciéndose en los orcos, trasgos y demás criaturas de Mordon e Isengard. A la hora de calificar vestuario y atrezzo, son dos elementos más que importantes a la hora de recrear la Tierra Media: aportan a la misma una estética cuidada, fría y distante en el caso de los Hombres y Elfos, pero cálida y acogedora en el caso de los Hobbits. Muchos critican el aspecto de que la decandencia de los Hombres no se manifiesta en su aspecto, que en la película se magnifica y se hace más majestuosa. Y no les quito razón, pero todo se reduce a puntos de vista, siendo el de Jackson tolerable. A mí, personalmente, no me desagrada del todo. Pese a esto, lo cierto es que, como decía antes, la recreación ha sido fabulosa y lo que se ve en pantalla no es ni más ni menos que la Tierra Media en sí, tal y como cabía imaginarse.
Vamos, que en lo técnico y visual la película es insuperable, magnífica. Merece todas y cada una de las alabanzas posibles, porque el mimo y esfuerzo en crear un mundo fantástico de ese calibre ofrecen un resultado espectacular. Y no solo porque de por sí tengan una calidad sorbesaliente, sino porque recrean casi a la perfección la magia y la fuerza del mundo de Tolkien en lo visual.
Porque lo visul en la novela quedaba en la imaginación propia del lector, pero en las palabras se encontraba el auténtico espíritu de la historia. La pregunta no era si la estética iba a satisfacer; era si la adaptación iba a merecer la pena.
Solo me he terminado el libro de La Comunidad del Anillo y he empezado el de Las Dos Torres. Me costó leerlo, confieso, pero el resultado final fue uno de los mejores libros fantásticos que había leído, totalmente diferente al resto, una epopeya fantástica increíble al nivel de detalles y ambientación en un mundo con historia, razas, geografía, lenguas y costumbres propias. Me pareció una obra enorme a todos los niveles.
Claro está, la adaptación no era sencilla, y había mucho que eliminar.
Centrándonos por ahora en lo que se dice el guión cinematográfico, independiente de la novela, como tal cumple con creces. Consta de una línea argumental clara y con un uso inteligente de los montajes paralelos. Presenta un elaborado relato de viaje con inicio, meta y fin, intercalándose diversas sorpresas y complicaciones en él. Hay mucho que contar y se puede caer fácilmente en un ritmo apresurado y mal llevado, pero éste no es el caso: los personajes entran y salen cuando deben, sin brusquedades, añadiéndose a la trama. Cierto es que ésta es complicada en su entramado de traiciones, linajes reales y sentimientos, pero en conjunto es fácil de entender si uno presta atención y obvia los numerosos nombres geográficos. Mantiene bastante bien los clímax, el interés no decae en ningún momento y guarda numerosas sorpresas. Un fbuloso relato de aventuras con todos los ingredientes necesarios en cuanto a personajes (héroes, villanos y compañeros), situaciones (clímax, peleas amenas y trepidantes) y desarrollo (tramas paralelas que acaban uniéndose; complejización en cuanto al número de personajes y elementos; introducción, nudo y desenlace bien presentados y llevados).
Claro, todo ello si lo tomamos como un guión independiente. Pero si lo comparamos con el libro hay que matizar algunas cosas.
En general es una buena adaptación. Pero tiene variaciones, y todas ellas comprensibles en una adaptación que busca resumir sin que se pierda coherencia ni interés. Claro que un buen trozo del viaje de los hobbits se elimina, Tom Bombadil, para ser más exactos, pero no cuadraba con el tono sobrio de la película. ¿Os imagináis a Tom bailando y cantando, para una hora después mostrar la siniestra Mina de Moria? En el libro el personaje enternece, pero en la película hubiese sobrado.Cambios como el que los cuatro hobbits sean aún jóvenes se entienden si se quiere transformarlos en personajes aún por madurar o, en el caso de Merry y Pippin, convertirlos en personajes cómicos (algo demsiado hollywoodense, lamentablemente). Arwen tiene más protagonismo para realzar más el romance con Aragorn, y así meter una trama romántica también propia del género y más comercial. Los detalles más generales el libro, lo que queda en tu memoria tras terminarlo, está ahí, en la película; resumido, claro está, pero conservando lo básico y necesario.
Ello significa que la sabiduría y los comentarios cómicos sin ser burdos de los hobbits ya envejecidos se pierden, que la poesía de Tolkien ya no está porque no conviene al desarrollo ni a la apariencia de la película o que en ocasiones se flipan demasiado en la representación de ciertas escenas (el caso de Galadriel en el espejo es el más sangrante). No se trata solo de adaptar la trama y hacerla guión (y adaptarla, por tanto, a un desarrollo más ameno y entretenido), sino hacerlo más comercial y vistoso. Como adaptación de la historia en sí cumple con creces, y un libro de 600 páginas se convierte en un guión de aventuras realmente bueno y que conserva lo necesario para el desarrollo, sin que nada sobre ni se noten huecos en el mismo. Pero hay una diferencia entre las páginas y la película, y es que la sobria solemnidad de algunos personajes y pasajes del libro contrasta con la imagen majestuosa de los mismos de la película. Es decir, se trata de una adaptación muy respetuosa con la trama en sí, pero que obvia toda esa originalidad y personalidad de las canciones, poemas y versos que se recitaban en el libro y que le aportaban un aspecto interesante y novedoso (por lo menos para mí y para la literatura fantástica que he leído), y de la propia personalidad de algunos personajes. Gimli y Aragorn son los más quejados: el primero por convertirse en un enano gruñón y hasta bufón, el segundo por ser mucho más blando que en el libro (de hecho, cuando leía el libro, no me imaginaba a Mortensen como Aragorn).
Pero claro, estamos hablando de cine. Y si El Señor de los Anillos es una historia que para hacerse realidad necesitaba ser una superproducción, es normal que la película sea tal en todos sus aspectos. No aportaría nada a la propia comercialidad y éxito de la película el añadir los numerosos poemas, o un estilo más austero en las localizaciones, o unos personajes que no respeten los cánones actuales. Simplemente no harían a la película tan llamativa. Aceptar que El Señor de los Anillos es también una película es aceptar que su propia esencia debe cambiar para adaptarse al propio mercado cinematográfico, nos guste o no. Queda ahí la propia opinión del lector y/o cinéfilo.
Dejándonos este detalle, lo cierto es que como adaptación recurren también al ya básico truco de añadir muchos guiños y detalles que pretenden ir directos al lector. En este caso, además, enriquecen la trama: los trolls de El Hobbit en el bosque, los Elfos marchando al Oeste, Gandalf hablando del Míthril, Sam intentando componer un poema sobre Gandalf, un comienzo que recuerda al propio comienzo de El Hobbit, Galadriel entregando a la Compañía sus regalos... En este caso estos pequeños añadidos ayudan a la propia fluidez de la película, y le aportan una nueva dimensión más completa.
Debo dejar para el final las actuaciones, la música y la labor de Peter Jackson. En el 2001 el reparto era más o menos conocido, aunque hay que admitir que esta película fue decisiva para las carreras de todos los actores e impulsó definitivamente su éxito. Por lo general, todos cumplen en sus respectivos papeles, destacando Viggo Mortensen, aunque su personaje no sea exactamente igual que en el libro, Ian McKellen como un perfecto Gandalf y Cate Blanchett, enigmática y misteriosa, la perfecta Galadriel.
Sobre el score de Howard Shore, creo que ya se ha dicho todo. Sin duda de las grandes Bandas Sonoras de la década, capaz de darnos no uno, sino varios temas memorables y que se graban a fuego en la mente del espectador. ¿Cuántas Bandas Sionoras han conseguido eso últimamente? Pocas, a decir verdad.
Sobre la dirección, en general Jackson cumple: a la hora de sacar partido a la ambientación y a la propia fuerza de las escenas protagonizadas por los personajes más enigmáticos del relato (véase magos o elfos) es impecable; increíble, por ejemplo, el plano de Saruman sobre la Torre invocando la ventisca en el paso de Caradrhas, en medio de una ambientación tormentosa, potente y gris que me encanta. Pero a la hora de rodar la acción, en algunos momentos no termina de cuadrar: saltos de ángulo lamentables, planos torcidos, realización más propia de videoclip... Jackson no llega a realizar una labor en las escenas de acción del todo limpia, libre de un montaje frenético y lleno de planos. Claro que se entiende perfectamente y que no se trata de un resultado ininteligible, pero es posible crear un reaultado más sencillo y efectivo. Es particularmente irritante cómo intenta aumentar la épica del relato cuando en este caso es la película más sencilla de la trilogía.
Con este aspecto acabo: terminé de ver la película y me quedó una sensación satisfactoria. Esta es una película a mi juicio excelente: no solo a nivel de realización técnica, sino que como adaptación cumple aportando lo necesario para crear una trama puramente cinematográfica y sencilla y donde la mayoría de los cambios están jsutificados. Pequeños fallos no la convierten en una obra maestra, pero subjetivamente a mí me lo parece. Es la más sencilla en acabado e intenciones que las dos siguientes, que se exceden demasiado en imposibles batallas. Aquí la acción es la justa, los efectos especiales se apoyan firmemente en el relato y los momentos épicos son terriblemente sobrecogedores porque no necesitan ni deben excederse.
Esa es la principal virtud de la película: una relativa sencilles, una sensación final de épica contenida, de emotividad aún por salir y que espero qeu surja a flor de piel en los créditos finales de El Retorno del Rey a ritmo de Into the West. Por ahora, La Comunidad del Anillo se cierra con la melancólica May it Be, dándonos la sensación de que ésto aún no ha acabado; solo acaba de comenzar. Solo espero que no defraude, porque en sí La Comunidad del Anillo, pese a sus fallos, es una película realmente excelente, de lo mejor del cine de aventuras de los últimos años.
El viaje sólo acaba de comenzar.
TOTAL: 



