
Últimamente me está dando por escuchar mucha música nueva en mis momentos de estudio: saco mis libros, elijo un disco de mi colección que aún no haya escuchado y pulso el Play. Ya he escuchado de nuevo el recomendable aunque demasiado largo Adiemus de Karl Jenkins (y hoy estaba con la segunda parte), un par de discos de New Age / Meditación que tenía por ahí: Sacred Space Music y Novus Magnificat (ambos de Constance Demby; el primero curioso y bonito, aunque PROHIBIDO escucharlo detenidamente, hay que tratarlo como música ambiental; y, leches, qué buena es. Del segundo hablaré otro día, porque trae tela; el disco maldito y coñazo que no puedo dejar de rememorar, y no precisamente negativamente), The Celts de Enya (verdaderamente bueno, casi diría que una maravilla), y ahora mismo estoy escuchando The Joshua Tree de U2 (CAGOENLALECHE, discazo).
Y MCMXC a.D., de Enigma.
Detrás de este extraño título (os lo pondré fácil: significa 1990 después de Cristo. De nada. :-P) se encuentra una original propuesta de música electrónica. En él os encontraréis con 11 temas, 11 evocadores temas que fueron el origen, y a buena cuenta el cúlmen, de un nuevo sonido para aquel comienzo de la década de los 90: Michael Cretu, el compositor, preparó una curiosa mezcla de cantos gregorianos, referencias religiosas, ritmos pegadizos, letras sensuales (¡una hasta dedicada al marqués de Sade!), instrumentos exóticos y sonidos siniestros y misteriosos para un disco que no deja indiferente.
¿Obsoleto a día de hoy? Puede ser. Pero mi experiencia en este tipo de música es escasa, así que no puedo comparar con ningún otro. Y, qué demonios, MCMXC a.D. me ha gustado; no es un discazo, pero este peculiar sonido me ha cautivado: para escuchar dejándose llevar por, tal y como señalan al comienzo, "la voz de Enigma". Cierra los ojos y déjate llevar por un mundo de música, paz y espíritu. No hace falta más.
Ah, y sobre la polémica religiosa... sí, es peliagudo mezclar un "Miserere Domine" con una letra dirigida al marqués de Sade en el temazo, todo hay que decirlo, Sadeness. Pero creo que Cretu más bien pretendía utilizar el contenido religioso más bien por su msiticismo y sus extraordinarias cualidades sonoras que por hacer ofensa. Y, escuchando el disco, reconozco que dio en el clavo. Jamás los cantos gregorianos sonaron tan cercanos en el tiempo, tan amenos. Demonios, si es que hasta la portada es atractiva: encierra tras de sí un poderoso misterio musical, un evocador y sentimental enigma. Destacables el mencionado Sadeness, Way to Eternity y The Rivers of Belief, y alguno más que me dejaré por ahí y que ahora mismo no recuerdo. Ah, y la los cuatro remixes de la Edición Especial del 91 también son curiosos, aunque no aportan nada nuevo a los temas originales.

