BdR - El Blog de Reven http://reven-entertainment.lacoctelera.net <a href=''><img src='http://fotos.subefotos.com/c4ec5a43826644beb5e553c9ee6c0527o.jpg' border='0' alt='Image Hosted by ImageShack.us'/></a><br/> es-es Cine the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Posible mudanza del blog http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2012/04/06/posible-mudanza-del-blog 2012-04-06T16:09:30+00:00 La Coctelera se me ha quedado desfasada. El blog se ha trasladado casi por completo a Twitter, sí. Pero aparte de que no tenga inspiración ni ganas por escribir, también es verdad que la interfaz de La Coctelera me parece cada vez más limitada, especialmente en el diseño. Y el blog ya se había hecho demasiado grande como para dejarlo atado a una plantilla esquemática. Además, he de confesar que no tengo buenas sensaciones con el servicio técnico, que se mueve más bien poco. Y me gustaría tener un nuevo blog que me ofrezca una conectividad completa con otras redes sociales (con mi Twitter sería fundamental).

Por eso mismo, esoy planteándome seriamente un traslado casi total a un nuevo servidor. Dudo entre Blogger y Wordpress: por ahora, esoy probando con Blogger. Y en cuanto al diseño me está encantando: es el lavado de cara fresco y dinámico que el blog necesitaba, y la accesibilidad a los artículos es mucho más sencilla y vistosa (sí, esoy hablando de las vistas dinámicas).

El problema que tengo es que aún me peleo con su código de programación HTML y CSS (mis conocimientos en ello son muy, muy limitados), y tengo que estar consultando tutoriales continuamente. Pero una vez resueltos esos problemas, el blog podría quedar muy, muy curioso.

El otro GRAN problema es la mudanza en sí. No sé si trasladar todo el blog de La Coctelera al nuevo: hay artículos que no merecen la pena, pero otros que sí; en concreto, me gustaría mantener los Ciclos, Monográficos y Especiales. Con el blog antiguo (el de Blogspot.es; joder, qué malo que era) no hice casi ningún traslado; son ya artículos demasiado viejos, simples e "infantiles". Pero con el nuevo... pues hay artículos de esta "segunda etapa" que me gustaría rescatar, aunque sea con un previo lavado de cara y una revisión completa.

¿Qué es lo que ocurre? Que aunque La Coctelera te permite obtener una copia de recuperación del blog para poder trasladarlo, lo hace en un archivo .txt. Y ningún otro servicio de alojamiento soporta importaciones de blogs en txt. Vamos, que los de La Coctelera son muy listos ofreciéndote un archivo que luego no te servirá de nada. Así, normal que nos veamos obligados a quedarnos aquí.

En fin... seguramente acabe haciendo mudanza de artículos concretos. Y, quién sabe, esto me ha devuelto las ganas de publicar. Pero no me gusta esto de dejar un archivo de todas mis publicaciones blogueras repartido en tres blogs distintos...

Estad atentos a las novedades. Pronto, si todo va bien, El Blog de Reven inicia una nueva etapa.

Un saludo.

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Seguidme en Twitter http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2012/03/30/seguidme-twitter 2012-03-30T16:50:40+00:00 El blog está casi muerto. Pero es que llevo ya estos dos años de sequía en otra parte. Me he pasado a Twitter.

Así que, si aún quedaba algún lector despistado por ahí, que me siga mejor por Twitter. Ahí publico diariamente chorradas varias, y muchas opiniones breves de música, cine, sociedad, etc, etc.

(Qué le vamos a hacer, si esto de los mensajes instantáneos es más fácil, rápido y cómodo).

Algún día acabaré los artículos pendientes del blog... pero es que ahora no tengo ninguna gana de escribir mis habituales parrafadas. Lo seguiré dejando abierto, para cuando lo necesite, como apoyo. Pero ahora esoy muho más a gusto en Twitter.

En fin... ¡nos leemos!

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¿Para qué prestarles atención? http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2012/02/27/para-prestarles-atencion 2012-02-27T22:18:50+00:00

Primera vez en cinco años en que no hago un seguimiento a los Oscar. Pero, sinceramente, ¿para qué?

No es solo cuestión de esta apatía que me ha llevado a dejar abandonado el blog, mezcla tanto de no disponer de tiempo como de no tener ganas ni inspiración para escribir. Los artículos se me acumulan, pero no me apetece ponerme con ellos a regañadientes, obligándome a terminarlos.

Esa es la base. La realidad es que los Oscar no tienen ningún mérito; no, cuando uno que esté lo suficientemente puesto en la actualidad cinematográfica puede predecirlos con una probabilidad del 90%; o puede que incluso más.

Porque vamos a dejarlo claro: los Oscar no premian lo mejor del año; premian lo que unos académicos con una media de edad de 62 años (ojo al dato) consideran que es lo mejor entre lo que las productoras les han vendido durante el último trimestre.

Lo cual es descorazonador, si lo miramos friamente.

Los Oscar no son sino un gran escaparate. Las productoras ponen su capital en películas hechas por y para la temporada de premios que arranca al terminar el verano: a veces surgen sorpresas, películas en las que no confiaban y que, por una especie de milagro, logran el beneplácito crítico y taquillero; otras veces, los fracasos son sonadísimos, y ni el mejor reparto de Hollywood puede salvar un fiasco.

De modo que tenemos a varias productoras que publicitan sus productos (pues no son más que eso) en numerosos festivales. Y ante las reacciones críticas comienzan a filtrar cuáles pueden ser las más jugosas para la gran fiesta final de la Academia, en febrero, y actúan en consecuencia, potenciando las campañas de promoción de las que consiguen buenas impresiones y condenando al ostracismo a las rechazadas.

Y a partir de ahí solo tenemos un gran entretenimiento que a los que estamos pegado a toda novedad cinematográfica nos tiene pegados a la pantalla durante casi seis meses. Los festivales y premios de la crítica se suceden, se postulan quiénes son los favoritos, y las películas se alzan o caen con enorme facilidad. Pisamos terreno resbaladizo y traicionero. Los premios de los críticos de cada ciudad, los festivales de cine independiente, los premios de los sindicatos, los Globos de Oro (auténtica pasarela de la frivolidad), los BAFTA... lo único que crean de cara a los Oscar es una probabilidad. Y los Oscar últimamente se construyen sobre esa probabilidad. ¿Emoción? Ninguna.

A los académicos les llegan con tiempo copias enviadas por las productoras pertinentes con las películas que quieren promocionar de cara a los premios. "For your consideration", las llaman. "Para su consideración". Y a partir de ellas, dichos académicos elaboran la lista de nominadas. Así que decidme, ¿cómo van los Oscar a representar lo mejor del año cuando los ganadores se eligen sobre una lista que los académicos han elaborado sobre las películas que una productora ha escogido (y, no olvidemos, les ha ofrecido con una etiqueta de "tenednos en cuenta") no por motivos de calidad sino de rendimiento publicitario?

Y no olvidemos la edad media de los académicos. 62 años. Se dice pronto. Eso solo nos lleva a conservadurismo puro, a miradas al pasado incomprensibles, a desconocimiento de la industria y los gustos actuales. Se trata de vivir en un Hollywood soñado que se aleja de lo que el público elige. No hace falta que os recuerde que el año pasado La red social fue la favorita de la crítica, pero la Academia eligió a la menos arriesgada El discurso del rey: y ninguna de las dos fue la que consiguió, paradójicamente, el aplauso unánime de la crítica en 2010 (¿alguien ha dicho Toy Story 3?). Un divorcio cada vez más fuerte entre la comodidad y el riesgo. Bien, el riesgo. ¿De verdad hace falta recordar que si una película apela al espíritu nostálgico o clasicista de los académicos se llevará todos los honores, y las productoras potenciarán a la mimada de turno por medio de brutales (y no exagero) campañas de publicidad? Existe el chiste de que si una película reúne los requisitos de "independiente / extranjera / discapacidad / biopic / segunda guerra mundial / potente reparto / buenas intenciones + (elemento que sirva para que la Academia aparente su progresismo)" será la gran triunfadora: bien, hagan repaso de las últimas vencedoras. No hace falta decir más.

Lo verdaderamente arriesgado y novedoso queda fuera de los circuitos de promoción porque las productoras saben que a los académicos no les va a interesar; y los académicos no prestan atención a las pocas películas arriesgadas que pasen al circuito del "For your consideration". Aunque una película soberbia tenga el apoyo crítico, si su productora no apuesta por ella de cara a los Oscar no tiene nada que hacer: este año, Shame, Drive y El topo se han quedado fuera por esa misma razón, pero hace unos tres años lo mismo le pasó a Moon: y de El topo hablan maravillas (y Goldman, uno de los mejores actores vivos, nominado por primera vez por este papel, ojo al dato, se ha ido de vacío a casa), pero Drive me pareció una apuesta diferente e hipnótica con un Ryan Gosling frío y estremecedor, y a Shame no le han valido de nada las alabanzas críticas (las malas lenguas hablan de boicot en la Academia por su temática sexual; en fin...). Podría poner más ejemplos. Pero después toca poner buena cara para aparentar aceptación de lo nuevo: y si toca premiar a una directora, o a un actor negro, o a un guión independiente, pues se premia; pero los premios importantes quedarán para la película "amable" del año.

Este año me alegro por los Oscar a Meryl Streep (un monstruo de la actuación, lo mire por donde lo mire), y sobre todo a Christopher Plummer (que ya era hora). Pero en el resto todo estaba ya repartido desde hacía ya un mes (aunque en Fotografía y Actriz me haya llevado una pequeña sorpresa; sí, aunque Meryl era la favorita, creí que a última hora cambiarían a Viola Davis). Y no es por hacerle el feo a The Artist: ya hablaré de ella, pero es una película muy agradable y que resulta una gozada en los aspectos visual y emocional. El problema está en que la Academia lleva ya mucho tiempo anquilosada en el "agradable" y el "bonito" como sinónimos de "digno de consideración". Y lleva así, ojo, décadas. Que se dice pronto. ¿O hace falta que recuerde que durante la corriente renovadora del cine norteamericano en los 70 se alejó de ella premiando a películas más agradables como Kramer contra Kramer o Rocky frente a Apocalypse Now o Taxi Driver, y que cuando por fin reaccionó y premió a El cazador ya era demasiado tarde y los ingenuos años 80 ya habían llegado?

El tiempo pone a cada película en su lugar, y los Oscar ya sabemos que no indican nada realmente. Pero ahí están. Y otro año más se han convertido en una divertida, aunque insustancial, apuesta por probabilidad. He acertado casi todas, por cierto; no es por echarme flores, pero es que cada año voy mejorando. Señal de que en estos premios todo, aunque no lo parezca, es terriblemente predecible. Aunque, claro está, debo de ser masoquista o algo por el estilo, porque cada año caigo de nuevo en la trampa y me dejo llevar por las apuestas, las quinielas y el desarrollo de los acontecimientos, llenando Twitter y otros medios de premoniciones personales. Luego es verdad que soy consciente de la enorme frivolidad de estos premios. Pero, aun así, ahí estoy, dándolo todo. El mundo está loco.

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Feliz 2012 http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/12/31/feliz-2012 2011-12-31T20:42:42+00:00 Como todos los años, me paso por aquí para felicitaros.

Disfrutad de esta noche, y que, como siempre, el nuevo año os traiga lo mejor: especialmente, muchas risas, mucha música, mucho cine y mucho que leer. Y que sigamos por aquí para leernos y comentar; en este abandonadillo blog, pero que, bueno, sigue en pie y dando guerra.

Por los 366 días que vienen por delante, bien cargados de sorpresas.

Un abrazo a todos. Gracias por seguir ahí.

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FELIZ NAVIDAD http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/12/24/feliz-navidad 2011-12-24T22:18:26+00:00

Que paséis una

FELIZ NAVIDAD

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LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/11/02/las-aventuras-tint-n-secreto-del-unicornio 2011-11-02T22:20:20+00:00

Para mí, Tintín es uno de los cómics de mi infancia (y con infancia me refiero a los 6-8 años). Aquellos tebeos que leía como simples historias de aventuras (pero qué pedazo de historias) luego demostraron tener un trasfondo político-social tan profundo que no lo he ido descubriendo hasta hace muy poco; y aún me queda. Pero Tintín no es de mis favoritos por eso (lo que no quita que ese trasfondo político me parezca la principal razón de que sea un tebeo clave para la historia del cómic europeo y, me atrevo a decirlo, mundial); lo es porque sus aventuras me calaron muy hondo: historias exóticas y atractivas, personajes carismáticos, muchísimo humor... Tintín lo tenía todo. Y llevo esperando la prometida adaptación de Spielberg desde hace años, cuando se anunciaba para el 2006 y se fue retrasando año tras año hasta que, bajo la producción de Peter Jackson (en una de esas uniones cinematográficas explosivas) y tras problemas de financiación varios, ha llegado a nuestras pantallas. Y han tirado la casa por la ventana; no solo por el riesgo que supone el estreno en EEUU (que apenas conoce a Tintín), sino por los medios utilizados, siguiendo las últimas tecnologías. Solo por eso queda claro que Spielberg se ha dedicado con pasión, cariño y, sobre todo, muchísima confianza en este proyecto. Las aventuras de Tintín por fin están aquí, y a lo grande.

A priori, la animación por captura de movimientos elegida por Spielberg y Jackson me causaba rechazo. Es una tecnología que no ha llegado a despegar a pesar del esfuerzo de algunos, en especial Robert Zemeckis: aunque presenta muchas múltiples posibilidades, la captura de movimientos parecía destinada al olvido. Y no es para menos: centrándonos en Zemeckis (y aun sin haber visto Beowulf), Polar Express y Cuento de Navidad podían ser películas de encomiable acabado técnico, pero argumentalmente dejaban mucho (o muchísimo) que desear, y Zemeckis se obsesionaba demasiado con el efectismo barato y sin sentido para justificar los efectos en 3D; aparte, era una tecnología aún por depurar, que no acababa de pasar del límite de "monigotes inexpresivos y grimosos". No es de extrañar que sus múltiples propuestas, todas anunciadas como revolucionarias, se hayan saldado con sonoros fracasos en taquilla: el gigantesco batacazo de Marte necesita madres ha terminado por enterrar el sueño de Zemeckis; pues bien, ahora Zemeckis debe de estar tirándose de los pelos, preguntándose qué hizo mal.

Esas primeras impresiones mías no son nada buenas. Esta película no tiene nada que ver con los experimentos de Zemeckis. La diferencia está en que, en esta ocasión, detrás de esta tecnología ya dada por perdida se sitúa un profesional como Spielberg con el apoyo de una de las mejores y más innovadoras empresas de efectos especiales del momento: WETA. Detrás de Tintín han trabajado manos maestras a años luz de Zemeckis. Y se nota: el salto cualitativo es enorme.

Por fin, señores, podemos decir que la técnica evoluciona por buen camino. Los monigotes digitales aún siguen dando algo de grima, lo reconozco (en especial determinadas sonrisas de Tintín), y les falta un ligero pulido a la hora de transmitir sentimientos. Pero son minucias. Porque Spielberg viene a demostrar que no eligió rodar la película como animación por azar, sino porque es perfecta para la película: permite que todo sea posible, y, lo más importante, por eso mismo nos lo creemos (no como ocurría en las cintas de Astérix, donde los efectos resultaban demasiado paródicos junto a actores de carne y hueso); pero, al mismo tiempo, la tecnología de captura nos hace esa animación mucho más cercana porque otorga a los personajes un increíble acabado realista sin alejarse nunca que son caricaturas. Así, los de WETA se superan una vez más en este complicado reto: visualmente, Las aventuras de Tintín es una sorpresa detrás de otra; no solo porque por primera vez me crea a estos monigotes, sino también porque el realismo logrado en las texturas de los paisajes es sobrecogedor. ¡Y estamos hablando de una película que nunca pierde su faceta de cinta animada!

Así, marcando un hito al moverse con estilo sobre la temible cuerda floja entre la animación 3D (que ha evolucionado hasta lo más alto en la última década) y el cine de imagen real, Spielberg ha podido hacer lo que le ha venido en gana. Utiliza la tecnología y no al revés (ESA es la diferencia clave con Zemeckis): no es este un recital de efectos digitales maravillosos sin trasfondo alguno, sino que toda esa capacidad técnica le ha venido genial para conseguir una espectacularidad que no hubiese sido alcanzar de otro modo, y que supone un "plus" impagable a la fuerza implícita de esta historia de aventuras, y para filmar unos planos imposibles con total libertad de movimiento de cámara. Está desatado, y firma todo tipo de virguerías: solo degustad el flashback del relato del caballero de Hadoque o el colosal plano secuencia de Marruecos para daros cuenta de que Spielberg tiene auténtico cine corriendo por sus venas y que sabe mejor que ninguno cómo planificar el espectáculo de una escena regalándonos imágenes poderosísimas (la entrada del Unicornio en el desierto es mi favorita) y utilizando con sumo talento recursos narrativos (las transiciones entre el relato y la realidad, por ejemplo), dotando a toda la película de un ritmo perfecto. Todos las "manías" de Spielberg están aquí, y hacen de esta película una de las más reconocibles de su filmografía. No os extrañe, por tanto, recordar a Indiana Jones en más de una ocasión (sobre todo, cuando Tintín y Haddock llegar a Baggar). La acción puede ser exagerada, sí, pero sin salir ni del clasicismo propio de las historias originales de Tintín ni de su carácter caricaturesco como cómic que es.

Y os doy una buena noticia: es fiel al cómic. Logra unir con maestría las tramas de los tres cómics que han servido de principal inspiración (El secreto del Unicornio mayormente, elementos de El cangrejo de las pinzas de oro para presentar a Haddock y detalles de El tesoro de Rackham el Rojo) con los homenajes de rigor sin dejarse fagocitar por ellos (los créditos, el cameo de Hergé, los recortes de periódico en casa de Tintín y otros guiños sueltos). Y, lo más importante, respeta el espíritu de la obra de Hergé: su ingenuidad, su gusto por la aventura imposible, su detallismo (característica del dibujo de Hergé que encuentra su equivalente perfecto en Spielberg), sus paisajes exóticos, su plantel coral de personajes carismáticos... Tintín es el personaje moralista y cargante que también es en los cómics; es bueno al 100%, pero si hubiesen cambiado ese aspecto en la adaptación ya no tendríamos a Tintín en pantalla. Haddock es un divertidísimo y gamberro borracho, el eje carismático y argumental de la cinta. Hernández y Fernández funcionan como contrapunto cómico. Y Shakarine, villano nuevo pero resultado de la mezcla de varios personajes del cómic, es un buen antagonista, encontrando un equilibrio entre maldad y elegancia. No es momento para sacar de la chistera todo el mensaje de denuncia política que fue marca de Hergé durante muchos álbumes de la saga: si han escogido la historia del Unicornio es porque es la más "inofensiva" de todos los cómics, la que no tiene ninguna carga política y sí muchas dosis de aventura clásica: la aventura viene implícita, la acción ya la pone Spielberg.

Esta adaptación funciona porque se apoya en un guión hecho para el disfrute continuo: cada detalle funciona dentro del total de la película, y explica cada punto clave sin dejar nada al azar. La película comienza sin rodeos: presenta las situaciones y los personajes en unos pocos minutos y pasa a la acción enseguida pero de forma progresiva: de hecho, la película no despega definitivamente hasta que Haddock no aparece en escena y sus chistes y los gestos de un Andy Serkis completamente entregado a la caracterización digital de su personaje devoran por completo nuestra atención (y alivia lo encrespante que empezaba a ser Tintín). Y ahí, sin más, comienza el gran espectáculo, sin un momento de descanso. Estamos ante una película (comercial, al fin y al cabo), y este es un medio muy distinto al cómic: Spielberg y su equipo han tomado conciencia de ello y, por tanto, han realizado una de las mejores adaptaciones que recuerdo: el espíritu se mantiene pero se prepara con un llamativo envoltorio de entretenimiento típico de acción. Spielberg bebe del cómic pero no se deja dominar por él (impagable ese giro "realista" a los "pájaros en la cabeza"), y la película es rocambolesca e imposible cuando debe serlo porque se mueve en un universo rocambolesco e imposible, pero no se deja llevar por ello hasta la parodia. Las aventuras de Tintín está conducida con seriedad y con un gusto exquisito.

¿Puntos flacos? El final. Aunque fiel al cómic y coherente con el desarrollo de la película (es un enfrentamiento final y el esperado descubrimiento del tesoro), supone un bajón tras la brutal inyección de adrenalina de todo el nudo de la película (aproximadamente, desde la aparición de Haddock hasta el fin de toda la parte de Marruecos). Aparte, porque aquí a la película solo le queda una trama de venganza a través de los siglos que para mi gusto es la más floja del guión: no es necesaria; simplemente sirve de excusa para un enfrentamiento final cara a cara, pero una excusa es muy pobre cuando dicho enfrentamiento podría haberse producido sin ella. Y eso es un defecto importante en un guión calculado con tanto cuidado. La acción incluso se pasa de exagerada (esa pelea entre grúas, por favor). Y el desenlace, aunque fiel al cómic, deja un regusto soso. Igualmente, no nos libramos de algo de moralina marca de la casa (ese discursillo de Haddock a Tintín sobre el fracaso). Y me hubiese gustado que la efectiva banda sonora de Williams me hubiese dado un tema propio para Tintín que hubiese silbado alegremente al salir del cine: el maestro últimamente cumple, pero perdiéndose poco a poco.

Aun así, he de decir que he disfrutado mucho de Tintín, que no me la he podido quitar de la cabeza en estos días y que a medida que la recordaba lo hacía con una sonrisa cada vez más grande, valorándola aún más. Spielberg sí que ha realizado una auténtica revolución que, si me apuráis, quedará como referente de aquí a unos años: no perderá su calidad al mismo tiempo que su técnica envejecerá. Las expectativas se han visto cumplidas: el regreso de Spielberg a la aventura de verdad se ha saldado con una estupenda película que demuestra que el genio sigue vivo y en plena forma (y, por tanto, que Indiana Jones IV fue culpa de George Lucas; el Spielberg de Tintín tiene toda la energía que no mostró en el último Indy). Y, sinceramente, me han abierto el apetito de una segunda parte que puede ser aún mejor. Yo voto por El tesoro de Rackham el Rojo (¡y la aparición de Tornasol, al que eché de menos!), con elementos del binomio Las 7 bolas de cristal y El templo del Sol y, si me apuráis, introduciendo, aunque sea levemente, a Alcázar y Tapioca. ¿Demasiada ambición? Tal vez. Pero la ley de la "escalada" solo permite ir más arriba, y con esta pedazo de primera parte la que viene tendrá que ser casi colosal. Bueno. Yo ya deposité mi confianza con esta, y la prestaré de nuevo gustoso para la siguiente.

Las aventuras de Tintín por fin están aquí, y a lo grande.

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NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/10/11/no-habr-paz-los-malvados 2011-10-11T18:05:51+00:00

DESTRIPO TODA LA PELÍCULA.

Más que una crítica, esto es una pequeña reflexión. Está bien; reconozco que una crítica, en primera instancia, no es más que una reflexión del propio crítico hacia aquello que es susceptible de ser criticado (estoy siendo redundante a conciencia). Pero esta no va a ser una crítica al uso como las que suelo postear aquí. No va a haber puntuación final, por ejemplo.

Simplemente, posteo esto porque me apetece ser de las pocas voces contrarias que no ven ni de lejos a la última producción patria como la obra maestra que los críticos unánimemente han visto. Es que, señoras y señores, no lo entiendo. No entiendo cómo una propuesta tan vacía y fría ha conseguido encandilar a tantos profesionales.

¿Maniobra de márketing engañosa, producto difícil de digerir, muestra de profesionalidad poco vista en el cine patrio, propuesta diferente? ¿Cómo califico a No habrá paz para los malvados? ¿Es que no cumplió mis expectativas? ¿Es que en el fondo esperaba una cinta de acción y me encontré con un drama pausado y muy detallista? ¿Es eso, que no seguí el juego, absorbido como estoy por mi aficción a la casquería y al artificio barato? ¿O es que nos han dado gato por liebre a miles de espectadores que nos esperábamos ese drama? ¿O es que, sencillamente, esperaba una cinta de tensión, tuviese o no acción, y que me mantuviese clavado al asiento y, lo más importante, interesado hacia lo que veía en la pantalla, y no me encontré nada de eso? ¿Y por qué la palabra "estafa" no aparece, ni aparecerá, en esta crítica? ¿Qué demonios tendrá esta película para haberme provocado unas sensaciones tan encontradas? ¿Cómo, pregunto de nuevo, califico a No habrá paz para los malvados?

Vamos a ver, señores. Seamos claros, directos y sinceros desde un principio: la película es aburrida.

Y no porque no tenga acción, o porque sea lenta, o porque no haya apenas diálogos. No me voy a ir a esas excusas. No habrá paz para los malvados tiene un problema muchísimo mayor que la simple falta de tiros, persecuciones y palabras. Simplemente, que es una película que no interesa. Ni lo más mínimo.

Comienza bien. Demonios; comienza genial. Un prólogo pausado, contenido, realista, que va cargándose de tensión poco a poco, hasta que explota de forma visceral y contundente. Y, así, en todo el prólogo ya nos han presentado un contexto palpable, sucio y opresor como es la noche de los bajos fondos de Madrid (y gusta ver un entorno tan familiar pero reconvertido en algo oscuro que apenas conocemos pero sentimos terriblemente cercano), un personaje enormemente carismático con muy pocas palabras y muchos gestos (borracho, inconsciente, impulsivo, violento, desesperado, que abusa de su autoridad) y el conflicto sobre el que se moverá toda la película (el testigo fugado).

Pero ahí se queda la calidad de la película: en un prólogo sublime, con un ritmo perfecto in crescendo y que coloca con verdadero talento las piezas que construyen la base del nudo; en la actuación de Coronado, que no necesita diálogos para imponer y plasmar su carisma (aunque no hubiesen estado de más); y en la conseguida atmósfera, tan cercana (es Madrid...) y lejana a la vez (... pero no lo reconocemos en esta vertiente tan sórdida y perfectamente posible).

Se nos vende la película como una carrera contrarreloj: Santos Trinidad (interpretado por Coronado) deberá encontrar al único testigo de su triple asesinato y eliminarlo, antes de que una jueza logre atraparle; al mismo tiempo, se descubrirá una trama oculta relacionada con un atentado fundamentalista islámico. A priori, la premisa es impagable, y da para dos horas clavados al asiento. Craso error: no hay tensión, no hay emoción, no hay un desarrollo que enganche. En primer lugar, porque la trama de la investigación policial interesa menos que nada. No solo porque Helena Miquel en el papel de jueza esté pésima, forzada y para nada creíble (y leo alabanzas de todos los medios hacia ella, y tampoco las entiendo). El principal problema es que Urbizu, director y guionista, no llega a plasmar el espíritu trepidante de semejante carrera contrarreloj: la jueza SIEMPRE va un paso por detrás de Trinidad, llega a conclusiones y averigua pistas que nosotros ya conocemos, y su peso en la trama es mínimo ya que nunca llega a ser una amenaza creíble.

Y, luego, tenemos a Santos Trinidad. Y aunque sea un personaje carismático y Coronado se coma la pantalla cada vez que sale, también falla. Y mucho. Porque hay dos posibles salidas en esta película: o Santos Trinidad se redime finalmente, o acaba condenado por su terrible crimen. Es un antihéroe, y como tal se tambalea entre el bien y el mal. Contra eso no tengo ninguna pega. Pero Urbizu se muestra demasiado ambiguo: Trinidad, sencillamente, es un policía cabrón, una bala perdida, un buen hombre corrompido y que ha tocado fondo. No merece nuestra compasión. Urbizu ha podido aprovechar para que la trama policial le pusiese contra las cuerdas, y fuésemos testigos de la desesperación de un policía arruinado que ya no tiene nada que perder, pero que piensa cumplir con su obsesiva venganza contra el testigo. Y ahí, señores, sí tendríamos un detonante de tensión e interés hacia la historia.

Pero No habrá paz para los malvados es muy torpe en ese sentido. Lo único que tenemos durante dos horas de metraje es puro desarrollo de la historia, y nada más. Las bases están sentadas, se desarrolla la compleja historia (todo hay que decirlo, y en hilar tan enrevesada historia Urbizu muestra mucho talento y, ante todo, conocimiento de lo que está contando) y esperamos a que, simplemente, ocurra algo. Pero solo obtenemos dos horas de Trinidad investigando, hablando, entrando en escenarios distintos, sigue de un lado para otro, sigue interrogando, sigue visitando nuevos escenarios; y la jueza y los policías, imitando cada maldito paso de Trinidad, sin que ocurra nada más, sin que de verdad sintamos el peligro de que se están acercando cada vez más a la verdad. Y, si Trinidad no está en la cuerda floja, nosotros como espectadores no nos vemos agobiados, ya sea porque queremos que escape de la justicia para redimirse o que sea atrapado para que se le condene. Dicho mal y pronto, Trinidad es un aburrido, y la jueza una inútil. Así, la película no es más que monótono y nada interesante nudo, en el que no hay ni giros, ni clímax, ni puntos de inflexión, ni situaciones límite.

Si el espectador se acostumbra a que la policía va a ir siempre por detrás de Trinidad, entonces esa sub-trama deja de interesarle. Y si encima nos damos cuenta de que la amenaza de la justicia sobre Trinidad no será palpable en toda la película porque avanza el metraje y la policía sigue lejos de él, y que este policía corrupto y asesino seguirá impune al menos mientras dure la película, entonces la tensión argumental en general se viene abajo. Luego, como una especie de broma pesada, en los últimos momentos sí que hay emoción: pero ya nos da igual que hayan pillado a Trinidad, que este cumpla su sangriento objetivo y que por fin haya alguna escena más movida, porque la película ya ha acabado y todo lo que debió aparecer hace una hora se concentra en diez minutos.

¿Y la sub-trama del atentado islamista? Pues Urbizu toca la tecla correcta, porque sabe que, aunque sea inverosímil, producirá incomodidad en el espectador español, que está envuelto en el horror del terrorismo y que sufrió la barbarie del 11-M. Lo que yo me pregunto es: ¿y de qué sirve a la historia? En serio, ¿es que nadie ve que no es más que un pegote que podría haber sido sustituido por cualquier otro atentado? ¿Habría alguna diferencia si en lugar de islámicos hubiesen sido etarras? ¿O anti-sistemas contra la cumbre del G20 que tanto mencionan pero tampoco sirve para nada? ¿Y hubiese mejorado la historia si Urbizu hubiese desechado una trama tan inútil y se hubiese centrado en los narcotraficantes colombianos, lo que hubiese dado muchísimo más juego puesto que la película comienza con ellos?

Al final, irónicamente, Trinidad acaba con la posibilidad del atentado por puro azar, sin haberlo descubierto siquiera, en medio de su acción última de venganza y ocultación de pruebas, cuando ya no tiene nada que perder porque ya ha sido descubierto. En los últimos minutos de película. Un final, como digo, irónico; que el personaje principal acabe redimido porque impide fortuitamente con una matanza que ni siquiera conocía. Pero, ¿de verdad hacía falta? ¿A un personaje tan moralmente discutible como Trinidad pero al que no llegas a odiar porque no provoca empatía alguna en el espectador? Si no le hemos visto con el agua al cuello en toda la película como consecuencia de su crimen, ¿de verdad nos importa que Urbizu lo redima o lo condene? Trinidad no descubre el atentado, por lo que no es un héroe consciente; tampoco es un héroe inconsciente, porque solo actuaba obsesionado con callar una boca que, paradójicamente, no le iba a delatar. Urbizu no puede ni condenarle ni santificarle. Tal vez quería jugar con la ambigüedad y con cierto pesimismo casi nihilista, porque en el fondo da igual qué acabe siendo de Trinidad: el antihéroe que se convierte en salvador involuntario. Pero, sencillamente, después de dos horas insustanciales, me da igual.

No sé qué habrá querido ofrecer Urbizu: si era una película de cine negro pausada y que acumulase emoción in crescendo, falla; si era una cinta de tensión e investigaciones a contrarreloj, falla; si era una denuncia al burocratizado sistema policial y jurídico español, falla. Al final, No habrá paz para los malvados no es más que un conjunto de sorpresillas aisladas en un mar de indiferencia y aburrimiento.

Y, además, terriblemente sobrevalorado.

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Mike Oldfield: 1994-1999, irregulares experimentos http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/09/18/mike-oldfield-1994-1999-irregulares-experimentos 2011-09-18T23:00:19+00:00 (Continúa del post anterior)

Los años noventa fueron cruciales en el campo de las "nuevas músicas". El término, muy vago, recoge infinidad de géneros que, en la forma, se alejaban de la música popular, y que en esta década recibieron una acogida tremenda. La música new age, la instrumental, la celta, el folk, la electrónica, el chill-out... todo sonaba a nuevo, aunque no lo fuese, y calaba por ello en el oyente; de ahí el nombre "nuevas músicas", pues a finales de los setenta y toda la década de los ochenta todos estos géneros destacaban entre un panorama dominado por el rock (entre todas sus variantes) y el synth-pop. Fue una eclosión de artistas que, por primera vez, podían hacerse famosos con una música diferente que, aun así, bebía de multitud de influencias (donde influyeron mucho la electrónica y la "world music"): Enya y su estilo único, Loreena McKennitt y su evolución hacia una música multicultural, Chris Spheeris y su vertiente tradicional, Karl Jenkins y su proyecto Adiemus, los inclasificables Dead Can Dance, Yanni como autor autodidacta, Himekami mezclando la tradición japonesa con la electrónica, Kitaro como representante multi-instrumental japonés, Michael Cretu y su proyecto Enigma como experto en el uso de samples... y otras decenas de artistas con mayor o menor fortuna.

Esta música calaba en el oyente y le envolvía en atmósferas atractivas gracias al uso de sugerentes juegos de sintetizadores, voces y multitud de instrumentos exóticos. Obviamente, solo unos pocos lograban el estrellato, pero por lo general esta música estaba de moda, y se ganó un público fiel que la consumía continuamente a través, primero, de circuitos de venta limitados, y luego, a medida que esta moda se fue consolidando, en grandes superficies comerciales. Fueron éxitos continuos; las "nuevas músicas" copaban anuncios de radio y televisión a lo largo de la década de los noventa, y compartían los primeros puestos de ventas junto a artistas del pop más comercial; incluso quienes no tuvieron esa suerte, se ganaron el calificativo de "músicos de culto" o tenían éxito en pequeñas discográficas especializadas en esta música que afloraron entonces (como las míticas Narada o Windham Hill).

Obviamente, en cuanto la comercialidad envenenó a las "nuevas músicas" estas comenzaron a caer y se convirtieron solo en una moda pasajera y, a la larga, molesta. Así, nos encontrábamos con decenas de artistas que creyeron que con cuatro efectismos baratos y algunos sonidos evocadores con "slow motion" eran artistas de éxito. Los álbumes de chill-out insustancial y de new age tramposo comenzaron a multiplicarse y el género se agotó rápido, fruto de la hartura de un público que se vio saturado. Lo que empezó siendo algo nuevo y llamativo acabó por convertirse en una música vacía, aburrida y falsamente exquisita. Y muchos de los antiguos artistas que estuvieron en lo más alto cayeron en multitud de vicios y se encasillaron en trabajos de poca calidad, perdiendo o desaprovechando su talento.

Casi todos los músicos de la época quisieron probar a aplicar a sus trabajos los sonidos y estilos de las "nuevas músicas", con mayor o menor fortuna. Entre ellos encontramos a Mike Oldfield; esta larga introducción sirve como explicación a por qué un genio de su categoría desaparece en apenas cinco años, entre una serie de discos en los que intentó explorar multitud de géneros sin tener en cuenta su personalidad y desperdiciando su talento. Con excepciones, claro está, pero ha de quedar claro que el Mike Oldfield de esta etapa ya no es el mismo que el de los 80: es un Oldfield acomodado, que no quiere demostrar nada a nadie ni tiene que hacerlo; un Oldfield asombrado por esa explosión de géneros y que se cree con capacidad de poder aportar su huella en cada uno de ellos. Y el talento nunca le ha faltado a Mike Oldfield, pero esta etapa necesitó de más experiencia y, sobre todo, muchísimas más ganas.

En 1994, Mike Oldfield sorprendió a todos al anunciar que iba a realizar su primer disco compuesto íntegramente con sonidos sintetizados y computerizados, empleando las últimas técnicas no solo sonoras sino también audiovisuales, e inspirándose en el libro de Arthur C. Clarke "Cánticos de la lejana Tierra". Así nació The Songs of Distant Earth, el álbum que rompió con todo el estilo de Oldfield de antaño; del rock sinfónico y multi-instrumental y el pop pasamos a la música electrónica. Fue un cambio tan brusco que dividió a los fans. Sin embargo, Mike estaba en uno de sus mejores momentos profesionales: Tubular Bells II y la posterior gira había sido un colosal éxito que le había devuelto a lo más alto; así que el músico de Reading pudo permitirse este capricho. El paso del tiempo ha confirmado a The Songs of Distant Earth como el capricho que ha salido mejor parado de todos los que realizó Mike Oldfield en esta etapa: es un disco que ha envejecido muy bien en el colectivo de fans de Oldfield, ya que, con mayor o menor fuerza, caló en él como pocos álbumes del inglés. Es un disco que llegó en el momento justo.

Y es que, tras el éxito de Tubular Bells II, el mundo esperaba expectante qué sería lo nuevo de Oldfield, de modo que The Songs of Distant Earth contaría con el apoyo mediático nada más salir a la venta. Fue el disco que afianzó a nuevas generaciones que habían descubierto a Oldfield dos años antes (no en vano, Tubular Bells II y este disco han iniciado a muchos en la música de Mike; yo incluido); fue, en este ambiente de "nuevas músicas", la mejor aportación que realizó un músico ya consagrado como Mike Oldfield a este género. Sin ser un disco perfecto, pero sí más que decente. En esta época, en la que los sonidos de las "nuevas músicas" copaban el mercado, los dos últimos trabajos de Mike fueron un éxito merecido y lógico, dadas las circunstancias.

Escuché este disco a los doce años. No puedo realizar una crítica demasiado objetiva de él: en una época en la que había escuchado poca música, este álbum de Oldfield fue para mí el descubrimiento de algo nuevo que me cautivó por completo. El evocador y absorbente comienzo (con In the Begginning y Let there be Light) es una maravilla, y Supernova no se queda atrás (aún se me ponen los pelos de punta cuando lo escucho). A partir de Magellan el disco comienza a decaer, y se convierte en música relajante con poco atractivo, música ambiental en el que los paisajes sonoros apenas cambian y Oldfield nos ofrece algunos detalles que otros grupos abordaron con mayor suerte (Enigma, en particular, experimentó con sonidos en los que claramente se inspiró Oldfield, pero consiguió discos más completos): guitarras ocasionales, coros gregorianos o tribales, pianos, sonidos espaciales, efectos de sonido naturales... No hay apenas progresión hasta que llegan The Chamber e Hibernaculum y logran aumentar ligeramente el interés. Tubular World es una reinterpretación de la melodía tubular, consiguiendo una nueva melodía muy pegadiza. The Shining Ones es una preciosa melodía muy pegadiza y agradable que nos lleva de nuevo a los sonidos relajantes con Crystal Clear. The Sunken Forest es un tema hipnótico, misterioso y tranquilo. Y el clímax lo encontramos con Ascension, una especie de remezca de los mejores momentos del disco a la que le falta un poquito más de épica, pero que no desmerece en absoluto. Finalmente, A New Beginning como curiosidad y correcto final al disco en el que Oldfield, sin ser maestro de la música electrónica, consiguió ofrecer un trabajo muy decente y que, para bien o para mal, envuelve a quien lo escucha y lo traslada a mundos espaciales al instante.

A partir de aquí, los tumbos de Mike son constantes. No consigo explicarme cómo después de años de buenos trabajos pudo crear algo como Voyager. Este disco, publicado en 1996, es otro resultado de la experimentación de Oldfield con la música que estaba de moda entonces y que tanto le había cautivado; solo que, esta vez, el resultado no fue nada bueno. Mike se trasladó a vivir a Ibiza y, bajo el pretexto de que por sus venas corría sangre irlandesa, decidió crear un disco de música celta (moda del momento). Pero si The Songs of Distant Earth fue un experimentado afortunado, Voyager no lo fue.

Porque no tiene perdón que, con un material tradicional y folclórico tan rico y complejo como el que utilizó para el disco (porque de los diez temas que lo componen casi todos son tradicionales del folk mal llamado "celta"), crease un trabajo tan aburrido e insustancial. Voyager no es más que un disco a lo new age, poco trabajado, anodino, carente de fuerza. The Song of the Sun es una versión de un tema de Luar Na Lubre (O son do ar), bajo el que palidece. Celtic Rain funciona como tema relajante, pero nada más. The Hero se salva, aunque no permanece, gracias a un clímax forzado aunque efectivo. Women of Ireland es innecesariamente largo y repetitivo. The Voyager es pegadizo, y tal vez por eso también se salva de la quema. No perdono el desastre que realiza con She Moves Through the Fair, uno de mis temas tradicionales irlandeses favoritos, en el que Mike no sabe aprovechar la fuerza subyacente a una melodía calmada y romántica como esta. Dark Island al menos no aburre, pero Mike introduce una improvisación entre medias que corta con un "fade" y que rompe con la progresión del tema. Wild Goose Flaps its Wings es un tema lento que encaja con la triste melancolía de la melodía, aunque le falta algo más de épica que la anodina guitarra de Mike no llega a imprimir. Flowers of the Forest es una despedida decente para lo flojo que es el disco; incluye voz, gaitas, piano y guitarras, es decir, todo lo necesario para finalizar un disco de música celta de forma previsible y por todo lo alto. Por último, Mount St. Michel, al que dejo aparte no solo por ser un tema orquestal, sino también porque es el mejor del disco: épico, poderoso, evocador, mágico. Da pena pensar lo que hubiese sido Voyager si Mike hubiese dedicado sobre los nueve temas restantes el mismo esfuerzo que con este último, si la belleza de este Mount St. Michel se hubiese repetido a lo largo de un disco terriblemente fallido.

Guitarras aburridas, sonido falso y efectista y repleto de ecos y atmósferas en apariencia relajantes pero en realidad asfixiantes, poco o nulo trabajo, autocomplaciencia. Uno de los discos de Mike Oldfield que menos me gustan. Cuenta con el atractivo de ser temas tradicionales, y eso ni siquiera Mike podía cargarse; eso sí, era la interpretación de los mismos lo que de verdad se valoraría, y ahí falló estrepitosamente. Voyager fue el disco que enseguida tuvo éxito y fue, sorprendentemente, bien acogido por los fans; hoy en día, está completamente desfasado y ha envejecido muy mal.

En 1997 Mike anunció, por sorpresa, una tercera parte de su famosa saga Tubular Bells. La noticia, sin duda, tuvo que sorprender: apenas cinco años antes la segunda parte había llegado a las tiendas, arrasando con las listas de éxitos. Mike, por entonces, aún conservaba el tirón que había recuperado a principios de los noventa. ¿Para qué una tercera parte? El tiempo nos dio la respuesta: para nada; en primer lugar, porque Tubular Bells III no es un Tubular Bells. Eso sí, se convirtió en un gran éxito, concierto en Londres incluido.

La estancia en Ibiza acabó afectando a Oldfield más de lo que podía imaginar. No solo a nivel personal (la fiesta ibicenca le hizo volver al alcohol y a algunas drogas, sufriendo incluso un accidente de coche), sino también musical: Ibiza le hizo conocer la música 'tecno'. Y, así, el Oldfield de los noventa da un paso adelante en esta etapa de continua experimentación: de la música electrónica a la celta-new age, y ahora un disco con algunos ritmos tecno que, por desgracia, recibió el título que nunca debió tener; Mike abandona, aunque no del todo, el camino de la música ambiental, e intenta retomar una música más viva, más fuerte. Tubular Bells III es un disco que no es hermano de los anteriores desde el momento en el que no sigue el esquema de estos; pero no es mal disco, en mi opinión, aunque el título le pesa mucho. Suelo dividirlo en tres partes: antes de la tormenta, la tormenta y después de la tormenta (basándome en los efectos de sonido que Mike introduce aquí y allá por todo el disco).

The Source of Secrets es una reinterpretación de la melodía tubular que no aporta nada; en ocasiones me gusta, en otras me produce indiferencia. The Watchfull Eye es un tema que no me dice absolutamente nada, más que nada porque es solo una transición relajante hacia Jewel in the Crown, pegadizo y correcto tema que es, sin duda, lo mejor de la primera parte del disco. A continuación, Outcast con un poderoso juego de guitarras eléctricas (aunque a siglos de los de los grandes Opus, que quedan muy atrás) y The Inner Child, un triste tema donde la gallega Rosa Cedrón deslumbra con su potente voz. Comienza la lluvia con el ecuador del disco en Man in the Rain, pegadizo y estupendo tema pop al estilo de los que Oldfield nos ofrecía en los ochenta (compuesto en realidad en aquella época), similar a Moonlight Shadow. La tormenta empieza con The Top of the Morning, con un piano desatado en un tema algo largo, pero que perdura. Moonwatch tampoco me dice nada, aunque veo un ligero toque Oldfield en el final. Y el clímax final que introduce Secrets (un refrito innecesario del primer tema) es Far Above the Clouds: sencillamente colosal; este sí es heredero de la saga Tubular Bells. Las campanas suenan con total fuerza, Oldfield se entrega a la guitarra como no había hecho en años y las percusiones (sampleadas de Ommadawn) rematan un conjunto magistral, una explosión de rabia y genialidad en un Mike que ya no tenía nada que ver con el joven de los 70 y los 80, pero que de vez en cuando nos podía sorprender con alguna joyita. Tubular Bells III, el disco que no mereció ese nombre, resulta, pues, entretenido de escuchar, con todas sus carencias: Mike podía haber dado más de sí.

Y 1999 quedó como el año en el que Mike Oldfield lo dio todo pero, a la vez, no ofreció lo que se esperaba. Al igual que en 1984, donde conjugó el lanzamiento de Discovery y su gira con la composición de la BSO de Los gritos del silencio, en 1999 aparecieron dos nuevos álbumes del músico inglés, que se embarcó además en una multitudinaria gira y en un concierto en Berlín para celebrar el final del milenio. Guitars fue el primero de estos dos álbumes. Ya el propio título lo indica todo: Mike se propuso realizar un curioso experimento que, a la larga, se ha convertido en uno de sus discos menos conocidos, en uno de sus trabajos menores, cuando ya desde el mismo concepto del mismo está destinado a ser un punto de referencia por su originalidad (la calidad es un asunto aparte); Guitars es un disco realizado única y exclusivamente con guitarras, incluso las pistas de percusión, que Mike consiguió manipulando el sonido de las cuerdas con programas de ordenador.

El talento de Mike a la guitarra se había perdido con los años. No es que sea un virtuoso en el sentido estricto de la palabra, pero sí que consiguió un sonido característico dentro de lo que es: un compositor multi-instrumental excepcional, que utilizaba la guitarra más como un medio de expresión de sentimientos e ideas que como herramienta con la que extraer solos enrevesados y retorcidos. Ese talento, como digo, ya no estaba, de modo que los excepcionales solos del pasado no se repiten en Guitars. Pero en Guitars Mike explora sus otras facetas: como productor (él solo se encarga de la producción del disco) y como compositor y creador de melodías. Y ahí es donde triunfa Guitars, aun con altibajos.

Guitars comienza con Muse, sin duda uno de los temas más bellos que Oldfield nos ha ofrecido actualmente: un tema acústico, repleto de sentimiento, y que da un inicio inmejorable al disco. Cochise, sin embargo, me deja algo frío: es una variación de la melodía de Jewel in the Crown, de Tubular Bells III, pero, aunque su acabado es potente, no termina de entusiasmarme; lo veo demasiado largo, algo sobrecargado y reiterativo. Embers es un experimento de música más ambiental, con una bonita melodía. Aunque Summit Day, el siguiente tema, tiene una estructura clásica de introducción, desarrollo y clímax fácil, no por ello deja de ser un tema apasionado, emocionante y precioso. Out of Sight me aburre ligeramente; no le veo un desarrollo interesante, ni garra ni originalidad. Lo mismo me ocurre con B. Blues; no dejan de resultarme temas tópicos, poco arriesgados y vacíos. Pero aunque Four Winds tampoco es una maravilla, sí lo pongo por encima de la media del disco porque me gusta mucho la mezcla entre los cuatro géneros con los que Mike experimenta (rock, blues, música oriental y música del Oeste). Enigmatism es otro tema en la línea ambiental, bonito sin más. Out of Mind es, sin duda, el mejor del disco: rock puro, una melodía terriblemente sencilla pero a la que MIke le extrae toda la fuerza posible con unas guitarras desbocadas y unas percusiones que, aunque falsas, suenan estupendamente. Y From the Ashes cierra el disco recuperando la melodía de Embers, aunque con variaciones curiosas.

Guitars, posiblemente uno de los álbumes más sencillos y personales de Mike, es también uno de los mejor recordados con el paso del tiempo: aunque no es un álbum remarcable, en general es un trabajo bueno y digno.

No puedo decir lo mismo de The Millennium Bell, su segundo álbum de 1999. Y es que, aunque creo que soy uno de los pocos defensores de este trabajo, he de reconocer que no es un buen disco. Efectivamente, The Millennium Bell ha sido, hasta hace poco, el disco peor considerado de Oldfield. Personalmente, lo escucho alguna que otra vez, y encuentro en él algunas cosas buenas. Pero, siendo objetivo, y, más aún, analizándolo desde una perspectiva más amplia dentro de la discografía de Oldfield, es un álbum enormemente limitado y mediocre, muy mediocre. Por gustarme, me gusta la portada, tan despreciada por los fans de Mike, aunque esa campana sobraba: y es que ese es el principal problema del álbum, el recuperar la campana tubular únicamente con fines comerciales. Ese, y que The Millennium Bell aqueja una falta de trabajo alarmante.

Y eso que la idea de partida, aunque arriesgada e imposible, era excepcional: realizar un recorrido a través de dos mil años de historia, explorando diferentes géneros musicales. Un proyecto colosal que hubiese requerido muchísimo más trabajo y una duración mucho mayor para abarcar tantísimo. Y eso que las ideas musicales de las que partía Mike eran buenas, y que un álbum de buena 'world music' de la mano de un compositor multi-instrumental tan original como él hubiese sido una auténtica maravilla si hubiese contado, además, con colaboradores de renombre. Pero Mike arrastraba unos terribles vicios desde hacía muchos años, y las prisas acabaron por hundir un trabajo que tenía que estar listo para el Concierto del Milenio de Berlín de la Nochevieja de 1999; un trabajo en el que la obsesión de Mike por el new age fue el mayor lastre y en el que los colaboradores, salvo excepciones puntuales, no supieron estar a la altura. Solo eso puede explicar que la demo de Saqsaywaman, título original para el disco, haya acabado siendo una rareza con una calidad mayor que el disco terminado (sin ser tampoco una maravilla); y si llegamos al punto de que una demo es mejor que el trabajo terminado, tenemos un problema.

Comenzamos con Peace on Earth,  un agradable tema basado en el nacimiento de Cristo, muy blando, pero bonito al fin y al cabo. Continúa con Pacha Mama, un tema directamente heredero de la música world music tan de moda por entonces, que incluye percusiones étnicas, coros y muy tímidas guitarras. Santa Maria es, sin más, un aburridísimo plagio de la música de Vangelis para la película 1492. Sunlight Shining Through Cloud, tema que en un principio iba a ser un rap, es una canción con una fuerza contenida en memoria de la esclavitud y en la que Pepsi, cantante pop venida a menos y polémica colaboradora de Mike, por fin se encuentra cómoda al cantar un tema especialmente hecho para ella. The Doge's Palace, quitando las machaconas percusión, es un divertido tema de inspiración renacentista. Lake Constance es un tema puramente orquestal, que evoca el Romanticismo con acierto. Mastermind es un horror, un supuesto homenaje al crimen organizado de los años 20 que no pasa de ser un vergonzoso plagio de la música de James Bond. Broad Sunlit Uplands tal vez es mi tema favorito del disco: en recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, Oldfield ofrece un tema orquestal repleto de dolor, con una armónica final que reproduce la melodía de Excalibur, tema dedicado a la leyenda artúrica que no pasó de la demo (decisión que los fans nunca hemos comprendido, porque se trataba de un poderoso tema que hubiese sido una maravilla con unos arreglos finales adecuados). Liberation recupera las percusiones de Amarok junto a fragmentos recitados del diario de Ana Frank y la guitarra de Oldfield, que, ¡sorpresa!, sonaba mejor en la demo; no es mal tema, pero pudo ser mejor. Amber Light es otro de los temas clave del disco: poderoso, fuerte, emotivo, descrito como un canto de esperanza hacia el futuro. Y concluye con The Millennium Bell, que, aunque en la demo ya iba a ser un tema de inspiración tecno ibicenca, en la versión final se convierte en un remix cutre de algunos momentos del disco de mano de un Dj venido a menos. Tal cual, como lo oyen. Al gran proyecto de Mike le faltaron épocas, estilos, inspiración, tiempo y trabajo, mucho trabajo. Una auténtica lástima: es el mejor caso en toda su discografía de buenas ideas que caen en saco roto.

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Fueron cinco intensos años, que marcaron definitivamente la deriva de Oldfield desde entonces hasta ahora. Mike Oldfield era ahora el músico que ya no tenía nada que demostrar a nadie, pero que de pronto había regresado a un estatus de estrella gracias al enorme éxito del Tubular Bells II y que quiso mantenerlo aupándose a las nuevas modas musicales. Sin embargo, aunque el talento de Mike seguía ahí, pronto se vio engullido por la autocomplaciencia, el ego crecido y el desconocimiento de lo que se quería imitar. No es cuestión de que Mike entrase en las nuevas músicas: The Songs of Distant Earth fue un comienzo prometedor después de todo. El problema está en que Mike Oldfield se acomoda en las nuevas tecnologías, pensando que ese talento le serviría para seguir en la cresta de la ola y seguir produciendo obras geniales. Y se equivocaba: no solo cayó en el olvido popular, sino que se perdió musicalmente.

A partir de aquí, el espíritu Oldfield se pierde, aunque podemos encontrar aún algunas puntadas. Aún había esperanza, sí, pero su carácter huidizo y maleable hizo un último y fortísimo estrago: la desidia. El genio de Reading acabaría perdiendo todo interés en la música. A partir de ahí, la pérdida de su talento sería irremediable.

(Continuará)

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LOS INMORTALES http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/09/15/los-inmortales 2011-09-15T20:42:50+00:00

¡Soy el único! ¡Soy el dios de la Venida del Reino! ¡DAME EL PREMIO!

Lo malo de la etiqueta "película de culto" es que en ella se agrupa fauna cinematográfica de toda clase: ahí entran películas incomprendidas que han necesitado de mucho tiempo para ser aceptadas, películas que a pesar de que envejecen terriblemente mal siguen estando bien consideradas por la nostalgia de unos cuantos, y películas cutres de Serie B (o menor categoría) que ya sea por su carisma o por lo malas que son se convierten en tema recurrente de cachondeo. Blade Runner entra en la primera categoría, Batman de Tim Burton en la segunda, y Plan 9 del Espacio Exterior o TRON en la tercera.

Si echamos un vistazo a las listas de películas de culto (hay cientos de ellas en la red), vemos cómo la mayoría de las películas que las forman pertenecen a dos décadas muy distintas: los años 50 y los años 80. Y me voy a centrar en los años 80: es la década maldita, de la que muchos reniegan pero a la que otros tantos quieren volver. Es parte de la infancia de muchísima gente, y los recuerdos de la infancia, reconozcámoslo, son muy fuertes, y nos hacen pensar que todo lo que vivimos en ella era insuperable: en una época en la que solo nos dedicamos a pasarlo bien, y en la que (y esto es lo más importante) aún podemos sorprendernos, el cine y la televisión son los medios más fuertes para impactarnos y formar unos recuerdos que no se podrán borrar y que condicionarán todo lo que veamos a continuación.

Y ahí los 80, ahora mismo, tienen muchísima fuerza. Da igual que muchísimos críticos afirmen que fue una década nefasta para el cine o la música, porque lo único que se buscaba era la comercialidad y el riesgo de la década de los 70 había desaparecido. Pero yo reivindico esa década, más que nada, porque aun así hubo talento. Jungla de cristal, Indiana Jones, Rambo, Regreso al futuro, Star Wars y otras muchas sagas tenían como objetivo conseguir una gran taquilla, pero detrás había gente con talento que de verdad quería hacer disfrutar al espectador con un trabajo bien hecho. Ahora mismo, la verdad, se ha perdido esa capacidad de impresionar, y el cine se ha vuelto algo mecánico y frío; pero entonces, bajo toda esa estética hortera y ls música electrónica había optimismo y diversión sin pretensiones, buenas historias y artesanos exprimiendo las posibilidades del cine para conseguir espectáculos palomiteros de calidad. Muchas veces digo que he nacido en la década equivocada, y que me hubiese encantado vivir (más bien sobrevivir) en los 80, el mito de los 80.

Bromas aparte, Los Inmortales entra en ese juego. Película de culto, más relacionada últimamente con subproductos de serie B pero que forma parte de la memoria de muchos a los que marcó de niños y que la han elevado a una categoría privilegiada. La pregunta es: ¿de verdad Los Inmortales es una película que merezca la pena, más allá de sus limitaciones, o estamos ante el enésimo caso de cinta cutre y sobrevalorada quién sabe por qué? ¿Aguanta un visionado hoy en día?

De modo que enfrentarse a esta película sin haberla vivido en su momento es algo muy peliagudo, lo reconozco. Los Inmortales me habría hecho 'flipar' muchísimo hace veinte años, pero ahora las cosas han cambiado, y sus fallos son muy evidentes (algunos también lo eran hasta en 1986).

Fallos como las peleas. Joder. Las peleas. Que podrán ser impactantes, sí, pero es que no aguantan ningún visionado crítico. Qué cosa más mala. Cabriolas, volteretas, florituras exageradas, chispas por todas partes, acero que es capaz de destrozar cualquier cosa, poses de guardia exageradas, golpes increíblemente falsos... Todo muy vistoso, sí... ¡pero también terriblemente cutre! También Russel Mulcahy. Director de la película y máximo responsable. E insuficiente con la cámara en mano. No es por la realización videoclipera, que a eso uno se acostumbra y pega en cierto modo con el ambiente de la película. Es por el montaje apresurado y mediocre, y porque no termina de dar la talla tras la cámara. Demuestra en varias ocasiones que sabe qué quiere contar (esa preciosa escena al son de "Who wants to live forever", o algunas impresionantes transiciones entre épocas), pero en general se deja llevar por efectismos sin venir a cuento (¿pero cuántos planos habrá de la mirada cabreada de Christopher Lambert?). Tampoco ayuda, dicho sea de paso, algunas horteradas en la estética de la película, que tiran por tierra todo rigor: esa excesiva obsesión por meter en la historia todo tipo de culturas y razas, dando como resultado a un espadachín de la corte española de Carlos I vestido con una capa de plumas de pavo real y armado con una katana, por ejemplo. En Los Inmortales cabe todo: a McLeod con gabardina y katana, a Kurgan vestido a la moda punk y empuñando ¡una espada montable!, o a un espadachín acróbata con un sable español. En una maniobra bastante pueril, como la película va de guerreros medievales al son de la música de Queen, pues todo vale, y se flipa demasiado: escenas de éxtasis cuando muere un inmortal, poses exageradas y chulescas, chispas durante las batallas, destrucción masiva (¡si es que no queda ni un decorado en pie!), todas las épocas posibles, paisajes espectaculares, rayos y luces por todas partes, frases rimbombantes... Porque sí. Porque mola.

Pero es que mola, y mucho. Aunque sea algo exagerado. Aunque la historia sea una excusa vaga para meternos un cóctel hipertrofiado de fuegos artificiales y todo tipo de influencias sin sutileza alguna, y encima ligeramente pretencioso (como si fuese la historia épica medieval a través del tiempo definitiva). A pesar de todo ello, Los Inmortales sí que merece ser una película de culto.

Porque tiene una historia de base increíble. Guerreros inmortales que están destinados a luchar entre sí a través de los siglos hasta que solo quede uno. Y no hace falta más. No hay que comerse la cabeza buscando razones, porque no son necesarias. Y la premisa funciona: tiene muchísima fuerza como para crear una historia épica. Porque la película aprovecha muchas de las opciones que abre semejante base: el héroe que descubre su condición de inmortal, el entrenamiento a manos de la figura típica de maestro paternal, el rechazo a lo diferente, la historia de amor a través de los años imposible por culpa de la vejez, el verse destinado a luchar sin poderse oponer, la preparación para una batalla final que llegará inevitablemente, el enemigo que representa todo lo contrario a ti y que es más poderoso que tú...

La premisa de Los Inmortales da para una mitología impresionante. Las posteriores secuelas y series de televisión han acabado hundiéndola, convirtiéndola en material friki marginado o en carnaza de serie B. Pero si nos quedamos con la primera película, el resultado merece mucho. Porque no sabemos quiénes son los inmortales, pero sí que hay fuerzas que los controlan, como si fuese un juego cósmico en el que son simples piezas. Y esa mitología se hace más y más grande, pudiendo abarcar infinidad de épocas y culturas. A fin de cuentas, esa extraña amalgama en la que "todo vale" tiene sentido, y hace más interesante la historia. Una historia típica de héroes contra villanos, pero con un añadido como es el de la inmortalidad que le añade un plus extra, con un potencial enorme que la película sabe aprovechar. Con matices: ese inmortal negro sobra, no es necesario que Kurgan secuestre a la chica cuando la batalla final se va a realizar sí o sí, que no me creo que dos inmortales vayan a ser amigos cuando saben que tienen que darse caza por instinto, que no se aprovechen del todo los espacios sagrados (que actúan como "tierra de nadie"), o que finalmente McLeod consiga poderes nuevos cuando ya no es necesario porque la película ha acabado, o que lo de que haya que detener a Kurgan porque si sobrevive la Tierra vivirá sumida en el caos eterno sea una excusa muy tópica. Pero, fuera de los matices, Los Inmortales sabe qué clase de premisa tiene entre manos, y la aprovecha muy bien. Es un universo que da para muchísimas historias más.

¿Que hay gente que se queja de su poco presupuesto? No es necesario demasiado si hay talento y ganas. Y talento tal vez faltó, pero no la intención. Con recursos cutres, todo hay que decirlo, Mulcahy monta una película que, en lo referente al aspecto, consigue entretener si desconectamos el cerebro y aceptamos todo lo que vemos sin quejarnos demasiado. A todo ayuda, hay que decirlo, la impagable estética de la película. Y sí, reconozco que me dejo llevar por mi gusto hacia los 80. Paso por alto sus fallos estéticos, sí. Pero estamos hablando de cine, de un asunto muy sujeto a los gustos de cada uno. Y a mí, que me encanta toda la estética ochentera, esta película me ha encantado en ese aspecto: en la iluminación azulada, en el vestuario, en los efectos especiales. Y, sobre todo, en dos cosas: en los impresionantes paisajes, que aumentan la épica de la historia aunque sea de una manera algo burda; y en la Banda Sonora de Queen, que es toda una gozada a lo largo de las dos horas de película.

Así que Christopher Lambert puede ser un cara de palo y Russel Mulcahy un inexperto dirigiendo; en la estética habrá envejecido muchísimo; la historia podría haberse aprovechado algo más; y la película podría haberse ahorrado muchas fantasmadas. Pero Los Inmortales, detrás de todos esos fallos, esconde algo que no todos ven, en mi opinión: una entretenidísima película de aventuras, tal vez demasiado grande para lo que se podía conseguir con pocos medios, pero ahí reside su ventaja. Tiene, de fondo, una historia verdaderamente buena. Y al ritmo del Queen más desfasado y cargado de sonidos electrónicos. No engaña a nadie: quien espere ver una película excelente, que busque en otra parte; quien quiera, por el contrario, una buena película de culto que hace honor a su título y con la que poder fliparse durante mucho tiempo, es bienvenido. Sus fallos ahí están: el resto, cuestión de gustos.

 

TOTAL:

 

 

 

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Hoy recomiendo... "Sultans of Swing" http://reven-entertainment.lacoctelera.net/post/2011/09/11/hoy-recomiendo-sultans-of-swing 2011-09-11T17:00:49+00:00

O "cómo me rendí definitivamente ante Mark Knopfler y Dire Straits".

La primera vez que escuché este temazo (para algo os enlazo la versión en directo del LP Alchemy; es infinitamente mejor que el ya de por sí clásico de estudio) no podía dar crédito a lo que estaba oyendo: disfruté todos y cada uno de sus casi once minutos de puro placer musical, un clímax que me dejó paralizado en la silla mientras que el tema seguía con más y más fuerza, sin darme un segundo de respiro. Y descubrí a uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, capaz de ponerme los pelos de punta con esos maravillosos punteos que alcanzaban cotas imposibles. Aquello que estaba escuchando no podía ser real, pero por fortuna lo era.

Como solo puede conseguir la música: fascinarme, emocionarme, capturarme durante el tiempo que sea necesario con sonidos que no parecen de este mundo. Maravillarme.

Hoy, esa sensación ya no la puedo repetir. Lo que no quita que siga disfrutando como un enano del fabuloso virtuosismo de Knopfler.

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