No sabré mucho de James Bond, pero sé lo que me gusta.

Mi experiencia con James Bond se basa en pocos puntos: GoldenEye, Nunca digas Nunca Jamás, algo de Octopussy, Casino Royale, parodias varias y trozos de películas. Como veis mi conocimiento sobre el personaje no es muy extenso, pero el personaje de Bond no tiene una personalidad tan profunda como para que alguien no pueda conocerlo sin haber visto sus 22 películas (que se dicen pronto): un agente secreto, mujeriego, pero a la vez misógino, armado con gadgets varios, de puntería certera, coche molón, sangre fría y glamour. Un estereotipo, vamos.

Casino Royale me gustó mucho hace dos años: yo, confieso, fui uno de los que echó pestes sobre la elección de Daniel Craig. Hoy me arrepiento. Casino Royale es una buena película de acción y, ante todo, una excelente reinvencio¡ón de la franquicia. En pleno siglo XXI la gente está harta de los héroes de siempre: es por ello que las grandes franquicias han pulsado el botón de reset, y han mostrado a héroes más humanos y villanos más cabrones. Queremos ver comienzos, queremos ver a nuestros héroes volver a empezar en un mundo que ya no es solo blanco o negro. Queremos ver a nuestros héroes en dilemas morales, queremos verles dudar, queremos verles fallar, queremos verles sufrir. Deben sumergirse en un mundo cruel, donde el mal ya no podrá ser vencido con una sonrisa, donde si cumplen su objetivo siempre habrá algún "pero". La nueva moda está aquí, el mundo real se ha metido en el cine de acción.

James Bond no se quedó al margen hace dos años. Ahora, vuelve en su vigésimosegunda película, de título indescifrable (aunque algunas fuenets señalan que podría significar "Cantidad de cariño", o algo así) e indudablemente hortera (¿solo a mí me recuerda a Calgonit Quantum?): Quantum of Solace.

En esta entrega, continuación directa de Casino Royale, Bond persigue a los asesinos de su amada Vesper mientras descubre una organización ecologista que planea ayudar a un dictador a imponer un golpe de Estado en Bolivia. Bond, al margen de sus superiores, tratará de desbaratar esos planes mientras busca la verdad.


Vuelve James Bond con una película repleta de explosiones y acción marca de la casa, pero que no llega a ser producto relevante.


Quantum of Solace no malgasta el tiempo en introducciones y explicaciones: va directamente al grano. Si tuviese que elegir un ejemplo, sería muy claro: una montaña rusa. Tiene momentos trepidantes, de emoción absoluta, seguidos de pequeñas paradas que te auguras nuevas experiencias al otro lado de la cima, hasta que la atracción llega el final y sales con una sonrisa en los labios, pero sin la sensación de haber experimentado algo nuevo.

Detrás de toda esta pirotecnia se esconde un guión sólido, pero lamentablemente inferior al de Casino Royale. Indudablemente, quienes se hayan empapado de la película anterior comprenderán más esta película (ese fue mi principal problema ayer, cuando la veían; no me acordaba de la enrevesada trama de Casino Royale). Sin embargo, aun quienes no hayan visto la anterior podrán comprender ésta. El guión tiene un atractivo indudable, recupera algunos de los elementos de la mitología Bond que medio-obvió Casino Royale (como una tecnología que no llegue a fliparse, más lujo y elegancia y el humor clásico, aunque para nada absurdo).La muerte de Vesper se convierte en un hilo conductor que aparece de vez en cuando, para que no nos olvidemos del objetivo de Bond. Aun así, tiene algunas carencias: el villano es insulso, no llega a causar repulsión, su plan no está bien definido (llega un momento en que nos sacan la explicación del agua y nos da igual si quiere robar agua o arena); existen escenas que no guardan ningún sentido con la historia, que perfectamente podrían haberse ahorrado (el asalto de los SWAT, innecesario; la muerte del petróleo, a la que no veo sentido; el escudo humano, momento bochornoso). Por otro lado, en ocasiones citadas tanto despliegue de acción se flipa demasiado (en pocas palabras: no me trago lo del paracaídas).

El personaje de Bond actúa en esta película por cuenta propia, alejado de las órdenes de M. Es un personaje muchísimo más frío y salvaje que en otras películas, durante dos horas no deja de matar a diestro y siniestro. Por una parte esto es comprensible dentro de la historia (un Bond movido por la venganza), pero hay momentos en los que tanta frialdad no tiene sentido (¿asesinar a un agente de la misma organización? ¿qué pinta ese tío ahí?). La chica en esta película cumple una función simple; hacer de contrapeso a Bond, ayudarle y calmarle. Por supuesto, su relación no es eterna.

Hay una buena historia, hay un buen guión, hay fallos a tener en cuenta. Cumple como guión de acción, cumple como guión de Bond.


No voy a destrozar esta película porque me dio lo que me esperaba de ella: dos horas que me hiciesen desconectar y disfrutar de buena acción. A pesar de todas sus carencias.


Pero tiene un defecto gravísimo: después de verla, ¿qué queda? Vuelvo otra vez al ejemplo de la montaña rusa: una vez terminas de ver Quantum of Solace, todo queda igual. Es una película más, no consigue nada, no revoluciona, no da resultados fantásticos. Como me decía un compañero hoy: "está bien, pero no cuentan nada". Pues eso. Me entretengo, pero se me olvida rápido. Es, simplemente, una entrega más.

Obviemos la BSO que cabía esperar y el irregular doblaje y pasemos a la dirección: Marc Foster realiza un competente trabajo en las escenas de diálogo. Pero que nadie le deje al mando de las de acción: no me explico como puede ir de escenas tan bien acabadas como la pelea en el balcón (¿eres tú, Jason Bourne?), a otras tan competentes como la persecución aérea, terminando en desastres como la persecución por los túneles o la del comienzo. Sí, te enteras de lo que pasa, ¿pero de qué sirve si no ves ni un carajo? Mareantes, puedo decir.En las actuaciones, todas cumplen. Me sigo arrepintiendo de renegar de Craig. Es un buen Bond, no cabe duda: el mejor que podrían haber elegido para este reinicio de la franquicia.

Entretenida, divertida, emocionante, pero hueca. De modo que pagad por la entrada, subid en la trepidante montaña rusa, disfrutad de todas las emociones fuertes recién sacadas de un videojuego, repirad en los descansos y preparaos de nuevo para la adrenalínica caída. Luego la máquina parará, bajaréis de la atracción satisfechos, pero no con una sensación totalmente reconfortante. Tootal, ofrece lo que prometía: acción pura y sin descanso, dos horas por las que no te arrepientes de haber pagado. Cine comercial del siglo XXI puro. No os engañéis: me ha gustado, pero no es una gran película.

Nos vemos en Bond 23.

Lo mejor:

-Es tremendamente entretenida.

-Daniel Craig, de nuevo un genial Bond.

-La magnífica escena en la ópera y la escena final.

-La realización artística: espíritu Bond sin renunciar al realismo.

Lo peor:

-Momentos que no cuentan nada y escenas que se flipan demasiado.

-La confusa dirección en las escenas de acción.

-Salir del cine con la sensación de que la buena impresión que te deja la película se te va rápidamente.

TOTAL: