No decepciona, y es lo mínimo que le puedo pedir.
Hace un año Ridley Scott nos mostró una maravilla llamada American Gangster. Para mí fue la mejor película del 2007: una obra redonda, hecha con sumo cuidado, nada lenta y con unas actuaciones magníficas. El buen sabor de boca que me dejó me animó a ver la siguiente película del realizador británico: Body of Lies (o, como se ha titulado aquí en España, Red de Mentiras). Sabía que era muy difícil volver a encontrarme con una nueva American Gangster. Es más, sabía que era casi imposible.
El haberme hecho a esa idea ha conseguido que esta película no me haya decepcionado. Es más, no voy a compararla co American Gangster. Red de Mentiras es una cinta menor, pero una buena cinta, al fin y al cabo.
Ridley Scott se aventura con el problema del terrorismo islámico a través de los entresijos de la CIA en Oriente Medio. Leonardo DiCaprio encarna a un agente de la CIA bajo las órdenes de Russell Crowe, que deberá acabar con una peligrosa célula terrorista.
Tras el impactante prólogo, queda claro enseguida qué camino quiere tomar la película: no tiene un argumento compllejo, no se lía en exceso, sabe lo que quiere contar y lo hace con bastante acierto. Al mismo tiempo, se dedica a desgranar cada uno de los elementos del mosaico árabe-estadounidense, con mayor o menor acierto.
Acierta en el momento en el que describe a la sociedad musulmana, permitiendo múltiples interpretacuiones y visiones. Logra transmitir con auténtico realismo los efectos del terrorismo actual en el mundo occidental, cómo somos en realidad más débiles de lo que parecemos. Acierta enormemente al mostrar de qué son capaces los peces gordos de la CIA (y, por ende, de EEUU) para ganar "su guerra". Muestra la brutalidad y el horror dl terrorismo magníficamente.
Pero falla al sacar la acción de Oriente Medio (sinceramente, los momentos en los que DiCaprio está en Washington rompen con el ritmo de la película, y cuesta retomarlo). Falla al intentar unir dos mundos diferentes en la historia de amor. Y falla irremediablemente a la hora de criticar el papel de EEUU en la Guerra contra el Terrorismo.
No voy a compararla con el peliculón que fue American Gangster, pero sí seré claro y sincero: es una buena película, pero una película menor.
¿Por qué falla? me atrevería a decir que es por culpa del personaje de Russell Crowe. Un personaje relevante en la trama, pero que no resulta interesante ni está bien aprovechado. Por momento incluso parece un bufón. Se le quiere dar un aspecto de agente de la CIA demasiado ocupado en su trabajo en vez de a su familia, pero no llegamos a creernos esa faceta. No tiene una personalidad bien definida, lo único que sientes por él es indiferencia.
Sin embargo, y paradójicamente, es el personaje con mejores frases de toda la cinta. A medida que se va comportando de manera hipócrita suelta unas sentencias durísimas. Sentencias que te hacen pensar por completo en qué papel deberíamos tomar en el asunto del terrorismo. Sería muy fácil tirar una bomba y acabar con el problema, y de hecho llegué a pensar en ello mientras veían la película, para segundos después darme cuenta de que esa no era la solución. Entonces, ¿cuál es la solución? Que una película consiga hacerme meditarlo significa que ha conseguido, por momentos, ser más que una película.
Por otro lado, el personaje de DiCaprio está bien llevado, carga sobre sus hombros el peso de toda la historia: es a él a quien vemos como protagonista y sufridor de toda la barbarie terrorista. No tiene tan buenos diálogos como el anterior, pero sabe defenderse por sí solo como agente de la CIA que empieza a descubrir cómo amar a Oriente Medio.
A pesar de que trata en vano de criticar la labor EEUU, lo cierto es que esta película no adopta ninguna posición clara. Simplemente se dedica a hacernos saber lo que ocurre en EEUU. Con más o menos fantasía (¿será cierto lo de que la CIA nos vigila?), pero eficientemente. El guión ace en los tópicos, no es brillante y deja muchos elementos sin acabar, sin convencer. Pero su claridad es encomiable; no se aparta de la idea original en ningún momento, y sabe desarrollarla con mayor o menor fluidez y suerte, unas veces le sale bien la jugada y otras no. Cal y arena a partes iguales.
Aparte de la pasable BSO (de cortes árabes) y del insufrible doblaje para DiCaprio, Scott sigue dirigiendo con gran entereza y profesionalidad. Aunque en esta ocasión no tenga la oportunidad de lucirse con secuencias de acción, cierto es que en ningún momento duda en dónde colocar la cámara, qué ritmo tomar, dónde enfocar. Hubo, eso sí, pocos momentos en los que cortes breves del montaje chocaban bastante: esto es, por ejemplo, cuando Hoffman habla por teléfono, se corta la escena y enseguida vuelve a salir él, enfocado de nuevo en primer plano, pero con la cabeza en una posición diferente. No son errores graves, dónde vamos a paerar, pero sí extraños viniendo de un buen director.
Una película que consigue hacerte pensar sobre la dramática realidad del terrorismo fundamentalista islámico, pero deja algunos de los aspectos de esa crítica vacuos y sin garra.
Las actuaciones son todas remarcables, tanto Russell Crowe (casi irreconocible en su caracterización) dándole un necesario y excelente tono irónico a su personaje hasta un DiCaprio que sigue intentando sacarse esa imagen de niño que le dio Titanic (y que, sorprendentemente tras 10 años, aún conserva). Aun así, el mejor actor (y personaje) de la película es Mark Strong como Hani. Un poderoso millonario palestino (si no recuero mal su nacionalidad), por encima de la CIA, Al-Qaeda, Al-Salam o como quieran llamarse, inflexible, justo, con un fuerte don de la amistad. Un personaje que roba la atención y roba el protagonismo en la pantalla gracias a su magnetismo, sus modales, su personalidad, su impasibilidad. Siempre impecable, e implacable. La excelente actuación de Strong hace enteros.
¿Qué nos queda al final con Red de Mentiras? Una interesante propuesta, una película correcta y que se puede disfrutar sin problemas, pero a la que le falta trabajo. Si un defecto grave le veo es que parece hecha desde la lejanía, sin el "mimo" suficiente. Ridley Scott firma otro buen trabajo, menor en su filmografía. Red de Metiras fracasa a la hora de profundizar en el conflicto árabe-estadounidense en toda su fuerza, dejándose algunos apartados en el camino o desarrollándolos de manera simple o precipitada. Pudo ser mejor, pero Scott ha conseguido lo básico, primordial y lomínimo que le pedía: no decepcionarme.
Lo mejor:
-Sin duda altguna, y el primero de la lista, el personaje de Hani, interpretado magníficamente por Mark Strong.
-El retrato en general que ofrece sobre la realidad en Oriente Medio y la actuación de EEUU en el conflicto.
-Las opiniones de Hoffman sobre el terrorismo: no se adapta a ninguna corriente fija, dejando que el espectador piense por sí solo.
-Sus momentos de dureza: pocos, pero demuestran mejor que nadie la realidad.
Lo peor:
-Tramas como la crítica a EEUU o la historia de amor, que acaban siendo insípidas.
-Parece hecha desde la lejanía, sin la garra suficiente: le queda aún camino por recorrer.
-Demasiado larga, amén del bajón de ritmo que sufre en el momento que la acción sale de Oriente Medio.
TOTAL: 




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