¿Dónde? Multicines de Luz del Tajo, si no me equivoco, o de Puerta de Toledo (ambos son Grandes Almacenes, y recalco GRANDES).

¿Cuándo? Vacaciones de Navidad de 2004. Es decir, calculad la última quincena de diciembre de aquel año. Tenía 12 años.

¿Con quién? Mis primos y mi hermano.

¿Cómo? Sentado en mi butaca, sin cubo de palomitas.

¿Qué ocurrió? Estamos todos juntos en el cine, dispuestos a ver Ocean's 12. Apagan las luces y comienzan los trailers. Normalmente (qué digo normalmente, NUNCA) no recuerdo los trailers que ponen antes de cada película que voy a ver al cine. Pero suelo disfrutar con algunos, y me preparan para las próximas novedades que aparecerán por la cartelera.

Por aquel entonces no tenía Internet ni ordenador; el ordenador vino en 2005, el Internet en 2006. Si quería enterarme de los próximos estrenos tenía que hacerlo a través de la revista Metrópoli (del periódico El Mundo), de los pósters del cine, de alguna noticia suelta en prensa o televisión...

Y, sobre todo, a través de los trailers del cine.

Aquella tarde mi único objetivo era ver Ocean's 12 y pasar un buen rato, a pesar de que no había visto la primera (hoy en día Ocean's Eleven es una de mis películas favoritas, pero eso no viene al caso).

Apagaron las luces de la sala. Comenzaron los trailers.

Comenzó uno con el logo de la Warner en plateado, mientras sonaba de fondo una música casi siniestra. De imágenes, escenas de peleas en china, artes marciales, frases que recordaban a una película de serie B (tipo "la muerte de tus padres no fue culpa tuya" "¡te convertirás en algo superior!"), etc. Por un momento pensé: "¡Ya estamos con otra de artes marciales..."

Bueno, miento: poco antes había creado a un personaje llamado el Dragón que era un experto karateka. Mientras veía ese trailer pensé que me habían robado la idea...

Entonces una sola escena cambió mi cara.

Se me dibujó una sonrisa en la cara.

Y pasé el mejor momento que haya podido pasar jamás en una sala de cine.

En el segundo 46 podréis imaginaros la sonrisa de felicidad plena de un retaco de 12 años en el cine.

Más que felicidad, histeria. Los que me vieron aseguran que tenía los ojos como platos, que me había levantado levemente del asiento, que casi temblaba.

Y no exagero.

Cuando terminó el trailer, me puse a gritar: "¡Cuándo, cuándo, cuándo!" Sin importarme lo que dijesen las dos señoras que estaban en la sala. Por aquel entonces no tenía mi incipiente sentimiento friki (xD). Lo que sentía era emoción pura.

Vi la fecha, Junio.

Y dije: "¡Allí estaré!".

¿Por qué? Porque sabía que estaban haciendo una nueva película de Batman, pero no supe nada más de ella en casi un año hasta ese trailer.

Porque la película era para mí un completo misterio, y lo fue siendo hasta el mismo estreno. La vi en cines prácticamente virgen cinematográficamente.

Porque era fan de Batman y nunca había visto ninguna de sus películas en cine.

Y porque aquel trailer me moló. Es fabuloso. Es trepidante. Cuenta poco pero te deja con las ganas. Tiene la voz de Harrison Ford en la versión en español. Y un desenlace fabuloso: "Estoy aquí".

Luego vino este otro, en el estreno de La Venganza de los Sith:

Y ya había visto suficiente. Sabía poco, pero no necesitaba más como para que la Warner tuviese asegurada mi entrada.

Eso sí que era felicidad. Sí... ir al cine con sorpresas, disfrutar de cada película sabiendo lo mínimo de ella, disfrutar de trailers nuevos en una sala. Comenzar a escribir críticas de forma ingenua, pero sin haberme hech ideas preg¡fijadas de cada película. No conocer las opiniones de al otro lado del charco. No saber nada de recaudaciones mundiales. Solo yo, una revista de cine y una pantalla. Y las pocas veces que iba al ciber, buscar toda la información posible antes de que se me acabase el dinero.Comprarme el póster y colgarlo en mi habitación, y sentirme feliz. Ver los juguetes de la película un mes antes de su estreno, y desear comprarme uno. Querer un Batman planeador, pero dejar la idea al saber que se le rompía la capa con facilidad. Buscar desesperadamente el videojuego y ver que lo están alquilando una y otra y otra vez, sin que puedas catarlo hasta después de ver la película. Rememorar escenas que se habían grabado a fuego en mi mente, como Batman cayendo por el hueco de la escalera o acojonando al criminal colgado boca abajo. Comprarme revistas nuevas deleitándome con las fotos nuevas que salían en ellas. Y disfrutar con el aire de secretismo que rodeaba a la película y a mí mismo y que no quería, ni podía desentrañar. Y que ello no me importase en absoluto.

Y tener 12 años y la inocencia de entonces, coño.

Batman Begins fue la última película que disfruté de ese modo.

Tal vez por eso le tengo tantísimo cariño.

PD: Al final Ocean's 12 me pareció un poco pluf. Con el tiempo me ha gustado más, aunque es la peor de la trilogía. Lo mejor de la película fue, ¿lo adivináis?, el trailer de Batman Begins.