El conocimiento es la luz en un mundo de sombras...

... así que pon un poco más de luz.

Este verano me leí El Nombre de la Rosa. Bueno, miento: meses antes vi en televisión los últimos minutos de la película que nos ocupa (sí, me fastidié el final). A partir de ahí tuve ganas de leerme el libro. Durante el mes de julio me lo leí (lo acabé, por cierto, durante un viaje en coche a Badajoz; una experiencia que no volveré a repetir jamás), y me encantó. Es, a día de hoy, el libro más complejo y completo que me he leído. Umberto Eco demuestra en cada página sus profundos conocimientos y se permite el lujo de ofrecerle al lector grandes parrafadas donde da muestra de sus enormes conocimientos en ua gran variedad campos. Juntando todo esto a una absorbente trama criminal y a una excelente redacción, teníamos un libro completísimo, algo lento en ocasiones pero muy enriquecedor.

Por eso mismo, por su complejidad y calidad, dudaba que la película me fuese a gustar. Es más, sabiendo ya al terminar el libro que los finales eran distintos, me esperaba una película como mínimo normalita. Y me he llevado una grata sorpresa.

Porque la película El Nombre de la Rosa es una excelente muestra de lo que significa la palabra adaptación. Cogiendo del libro los aspectos más importantes logra elaborar un guión sólido a atractivo, que puede disfrutar el esppectador que desconozca la obra original y, mejor aún, el lector de la misma.

Claro está, al hablar de el libro El Nombre de la Rosa nos referimos a un libro de casi 600 páginas, con profundas reflexiones de diversos temas, largos monólogos, cultísimas expresiones, soberbia redacción y poética y páginas de sobra para explicar historia, religión, filosofía, ética, conocimientos varios y describir los propios crímenes de la abadía. La película solo tiene dos horas. Tiene que simplificar y quedarse con lo básico. Tiene que hacer la novela cinematográfica.


Grata sorpresa. A pesar de ser parte del grupo de lectores del libro, puedo afirmar que la película, aunque lógicamente inferior al mismo, no me ha decepcionado.


Así, tramas como el Cónclave entre benedictinos y franciscanos o la historia de los dulcionianos quedan, tristemente, relegados a un segundo plano, desparecen personajes como Alinardo y Bencio, el laberinto es drásticamente (e injustamente) menospreciado y las interesantísimas y magníficas conversaciones religiosas, históricas y filosóficas ya referidas quedan a un plano más secundario aunque fundamental. Sin embargo, todos los aspectos de misterio y suspense se mantienen e incluso se magnifican: en ocasiones se le otorgan al espectador oportunas explicaciones para evitar que se pierda en el intrincado misterio de los asesinatos. Por ejemplo, en el libro no sabes hasta casi el final que Berengario robó las lentes de Guillermo, pero en la película te lo muestran desde el principio. Como es normal, hay que ofrecer una serie de sospechosos que acaban siendo eliminados uno por uno.

Por esa misma regla de que la novela ha de cambiar para adaptarse al género cinematográfico, tanto la historia de amor entre Adso y la muchacha y la trama inquisatorial de Bernando Gui se modifican. La primera es mucho más profunda y completa, mientras que la segunda sufre cambios poco satisfactorios: Bernardo acaba convertido en un villano poco carismático, tan aterrador como en la novela, pero que en ningún momento merecía el carácter de némesis. El simple hecho de que las ejecuciones se celebren en la Abdía, aspecto totalmente inventado para la película, sirve para aumentar la tensión del final pero, y aunque el villano era necesario en la película, Bernardo no acaba muy bien parado con la decisión de que sea él dicho villano.

Aun así, no son cambios tan graves, y responden completamente a su intención. El lector comprobará, satisfecho, como aquellas grandísimas conversaciones y discusiones teológicas y cuilturales se mantienen, resumidad, en el guión, e incluso puede sorprenderle el hecho de que dicho resumen sea perfecto y mantenga lo estrictamente esencial. Disfrutara viendo recreadas con total fidelidad todos las muertes y hechos ocurridos en el libro, incluso detalles y personajes que no esperaba (cito aquí la escena de éxtasis de Adso frente al pórtico esculpido; fue escalofriante en el libro, y no esperaba verlo en la película). Y se sorprenderá al darse cuenta de que algunas pequeñas conversaciones se mantienen tal y como están en el libro.

De modo que el guión se convierte en una magnífica adaptación. Coge lo más esencial y aquello con lo que te quedas nada más terminar el libro (nadie esperaría que la conversación sobre la lujuria entre Guillermo y Adso permaneciese en el guión, ¿verdad?).  Realiza cambios, justificados mediante el hecho de que estamos ante una película y hay que adaptarse a sus reglas. En el tramo final estos cambios se acentúan y el ritmo se resiente, pero ello no evita que el resultado final sea satisfactorio incluso para el público más exigente: los lectores.


Como es normal, la película nos ofrece sospechosos desde casi el comienzo de la película, sospechosos que en el libro se intuían y deducían pero que a los espectadores se les muestran. Todo ello responde a que el guión busca el misterio y la intriga clásicos y básicos.


Una adecuada BSO de James Horner (olvidemos el doblaje, que en este caso cuenta con un garrafal error: durante unos pocos minutos el doblaje cambia por uno sudamericano...) se une a una excelente realización. Sin fallos, sin problemas. Annaud filma con total seguridad y fluidez, sinque nada choque ni desentone. Igualmente, la soberbia dirección artística hace maravillas recreando con total acierto el ambiente oscuro y gótico de la Abadía del libro: paisajes cubiertos de nieve, rincones ocuros iluminados levemente por la luz de las velas, decadentes estancias, humillación moral por la parte franciscana, opulencia en los benedictinos, maldad en los dominicos, terroríficas escenas en los asesinatos, tensión en las ejecuciones... Todo el ambiente opresor y oscuro de la novela de Umberto Eco se traslada fielmente a la película. Solo el diseño de la biblioteca no acaba por convencer; en el libro dedican tiempo suficiente para explicar su distribución, pero en la película es ignorada y su aspecto no corresponde con el intrincado laberinto que diseñó Eco.

Sean Connery es la perfecta decisión para ser Guillermo de Baskerville; la barba sobra según la descripción del libro, pero la porta un aire de solemnidad y sabiduría necesarios. Connery derrocha carisma en su actuación. Christian Slater convence como el joven Adfso. F. Murray Abraham acaba muy limitado como Bernardo Gui: como ya he dicho, el propio personaje no tenía la fuerza suficiente como para ser el villano de la historia, y Abraham se ve limitado a una actuación, para mí, algo pobre para un actor de su experiencia.

Estoy realmente satisfecho; El Nombre de la Rosa no es solo una estupenda adaptación, simno una sólida y buena película. De acuerdo que se centra únicamente en la investgación de los asesinatos de la Abadía, pero era lo que cabía esperar. Incluso los cambios que se producen respecto a la novela en atención a este aspecto no me molestan en absoluto en su mayoría. El Nombre de la Rosa se vuelve cinematográfica, y convence por completo. Disfrutadla.

Lo mejor:

-Sean Connery en el papel que lo desencasilló de James Bond.

-Extraordinaria ambientación, totalmente acorde a la original.

-Una película que puede llevar sin tapujos el nombre de adaptación: toma los elementos imprescindibles y crea con ellos un guión excelentemente adaptado.

-La eficiente y excelente realización de Jean-Jacques Annaud.

Lo peor:

-F. Murray Abraham como un villano poco convincente; su personaje en ningún momento debió ser el malo de la función.

-Que se desprecie la idea original del laberinto, algo imperdonable.

TOTAL: