No se necesitan hadas ni polvos mágicos para crear un cuento.

El domingo pasado vi mi primera película realizada por David Fincher. El conocido realizador, autor de películas tan emble´maticas como Seven, El Club de la Lucha o Zodiac firma en esta ocasión un trabajo que puedo definir, sin entrar en opiniones propias por ahora, como... peculiar.

Bien es sabido que en la Academia predomina el peloteo frente al drama sensiblero de turno, la película histórica (si es un drama mejor) o el musical (preferiblemente drama). Las películas ignoradas, las sobrevaloradas, las ganadoras injustamente, las olvidadas tras su fugaz éxito, las menospreciadas pero reivindicadas más adelante... se cuentan a decenas.

Y este año, no sé por qué, me da a mi que ninguna de las nominadas a Mejor Película se encontrarán en esos apartados. Ni siquiera El Curioso Caso de Benjamin Button, película que por sí sola merece cargar con 13 nominaciones y un tremendo éxito internacional. Supongo que será la gran perdedora de la noche del 22 (a falta de ver qué tal está su gran competidora, Slumdog Millionaire, que se estrena estte fin de semana), pero sería algo injusto.

El Curioso Caso de Benjamin Button, sin ser una obra maestra, es todo lo que esperaba de ella: poesía en movimiento (y está muy, muy cerca de conseguir esa calificación, creedme).

Muchos creen que el tema de la película es la vida de un hombre que vive su vida al revés, que rejuvenece en ver de envejecer. Sí, este es el tema principal de la cinta, pero es un error pensar que todo el guión se estructurará en torno al drama que supone este hecho. Más que del hecho de rejuvenecer, la película trata sobre el hecho de morir. Button vive una vida con una condición diferente a la de los demás, pero no se lo toma a mal ni se automargina por ser diferente, e incluso raro (choca bastante el hecho de que tal fenómeno pasa desapercibido a ojos de la opinión pública y es tomado con toda tranquilidad por sus amigos y familiares). Sabe que morirá llegado el momento, y que los años que viva serán especiales y para nada casuales. Vive pausadamente, tranquilo, despierto a todo lo que le rodea pero sin meterse de por medio. Viaja por todo el mundo, como en una especie de respuesta al deseo de saber qué hacer con su vida, pero al final la respuesta está en su propio hogar. Se enamora, vive una vida loca, pero se toma las cosas con una prudencia asombrosa. No es para menos; si sabes desde el principio que morirás siendo un niño, si aquello que te hace diferente te marca aún más tu carácter mortal, ¿por qué preocuparse demasiado por las cosas de la vida? Button sabe que tiene solo una vida, y que debe aprovecharla pero sin ser egoísta. Debe salir, explorar, aprender, volver a sus raíces, asentar su vida como todo ser humano. Debe llevar una vida normal aunque no lo sea, porque sabe que un día esa vida se apagará. Algunos consideran esta personalidad como un error que hace a Button u personaje frío con el que es imposible conectar, pero yo la veo como una personalidad tottalmente acorde a las limitaciones y a la vida del personaje.

De este modo, la trama del rejuvenecimiento esconde tras de sí otra mucho más apasionante: la mortalidad.

Y Fincher, como el relojero que abre la película con un precioso cuento, nos mete de lleno en el mágico y fantástico mundo de Benjamin Button con todas las herramientas de las que se dispone. La historia de Button de por sí ya es asombrosa y especial: estamos hablamndo de una película sobre un hombre que vive al revés, desaprovechar las posibilidades fantásticas de esta base es de necios. Fincher nos quiere demostrar que es capaz de ellos por completo, y tanto él en la dirección como los responsables de los aspectos técnicos y el compositor Alexandre Desplat consiguen crear una de las mejores realizaciones vistas en una película en años. He de decir que en todo el año pasado no he visto ninguna película tan bien hecha como esta.

La fotografía ayuda, y mucho: tonos cálidos y dorados en muchas opcasiones se compenetran con el misticismo de la historia, y generan empatía y cercanía con el espectador. Fincher detrás de las cámaras realiza una dirección exquisita, digna de todo premio que se precie, y ha conseguido que me interese aún más por la filmografía de un director que en esta película otorga una personalidad propia a cada aspecto. La BSO acrecienta aún más el halo de cuento de la película gracias a una bellísima composición. Pero la mejor baza se lo llevan los efectos especiales: ACOJONANTES.

Es simplemente asombroso ver cómo el Benjamin Button anciano es completamente CGI, y apenas se nota (y digo apenas). Si hace dos años consideré a Transformers como un punto de infliexión en la realización de efectos por ordenador, ahora afirmo que El Curioso Caso de Benjamin Button ha establecido otro punto muy superior, harto difícil de igualar o incluso superar. Se involucran por completo en la historia, se convierten en una herramienta más para contar cosas imposibles con artes tradicionales, se convierten en un ejemplo sin igual de la evolución del CGI en el cine. Si no se llevan el Oscar por el que están nominadas, afirmo sin lugar a dudas que hay tongo. Y lo mismo afirmo del impresionante maquillaje, capaz de hacernos creer de veras que tanto Cate Blanchett como Brad Pitt son más jóvenes o más ancianos a medida que la película avanza.

Ya que menciono a Brad Pitt, su nominación es exagerada. No puedo hablar de mala actuación, pero sí puedo calificarla de pasable. Se vuelce creíble a lo largo de toda la película, pero parte de ello es gracias al espectacular maquillaje. Eso sí, la escena en la que le vemos rejuvenecido, casi al final de la película, es de lejos uno de los prodigios técnicos más asombrosos de la década; es Brad Pitt con 20 años, de nuevo. Y te lo crees. Cate Blanchett se vuelve reina de la función, como es normal en una actriz de su talento.

Toda la película está llena de simbolismos: el puerto, el colibrí, las buenas noches, el reloj, el piano, la ópera, el rayo, el huracán, los botones... y la propia película sabe darles a cada uno un significado propio y profundo para que funcionen con total certeza; es una película que cuenta con una simbología ejemplar como otro de sus pilares. Es admirable la solidez del relato, en especial la de una historia de amor que tampoco se vuelve la protagonista de la historia, sino una herramienta más de la historia para narrar la vida de un hombre peculiar y mortal. Olvidad posibles prejuicios acerca de una historia pastelona y endeble; ¿pretenciosa, suena a dejá vù? No os quito la razón, pero no por ello es mala. Es oro sólido y bello pilar sobre el que se levanta la película.

¿Cuál es el problema? Es larga, demasiado. No es aburrida en ningún momento, pero tanta duración acaba por hacer mella en el aguante del espectador.

Y que tampoco nos encontramos ante la maravilla del séptimo arte que nos han querido vender. El Curioso Caso de Benjamin Button tiene papeletas de sobra para convertirse en una de las fábulas más bellas que se hayan visto en el cine en la decada del 2000 que ya se acaba, en una joya de estos diez años, pero no llega a la perfección. Entré esperando una película sobresaliente, comencé a verla como una auténtica obra maestra, pero llega un momento en el que los minutos pesa, el ritmo se resiente y no todo es tan asombrosamente perfecto como antes. Y salgo con la sensación de haber visto una película absolutamente excelente. No es como para menospreciarla.

Tengamos en cuenta que tiene muchos puntos a su favor, encabezados por una realización magnífica. Si el guión se encargase de añadir algo más de ritmo, perfecto, porque emoción tiene de sobra (el final es sobrecogedor).

Venga, id a verla sin miedo. Tal vez la tachéis de pretenciosa o aburrida, pero a mí me ha parecido una de las mejores películas de lo que llevamos de año, y no creo que muchas la superen en estos diez meses que quedan. No me importaría un segundo visionado. En lo que a mí respecta no se ha colado de lleno en mi lista de películas importantes y/o perfectas y, por tanto merecedoras del 10, pero no me importaría darle esa nota. Aun así, seré objetivo por esta vez.

El Curioso Caso de Benjamin Button es una película reciosa, como pocas veces he visto en el cine. Casi alcanza la perfección y la emoción que solo las grandes obras maestras consiguen.

Por cierto, ¡quiero alguna película mala! Llevo una racha de películas sobresalientes acojonante...

TOTAL: