I want to break free.

En 1984 Queen sacó uno de sus temas más famosos, conocidos y característicos de su historia: I want to break free. Su videoclip es ya un clásico (Freddie Mercury con vestido, rulos y aspiradora cantando es una imagen imborrable), el tema fue un éxito y personalmente es uno de mis favoritos del grupo británico. Y siempre he visto en su letra un mensaje de reivindicación gay; Mercury confesaba a todo el mundo su condición sexual a través de la música, nos declaraba que quería ser libre. Años después el SIDA se lo llevaría.

¿Por qué digo esto? Porque seis años antes hubo un hombre que también quiso ser libre. Y cuando por fin tuvo esa libertad, quiso compartirla con el resto de sus semejantes. Y también marcó un hito en la por entonces titubeante y tímida historia del activismo gay estadounidense. Su nombre era Harvey Milk, y esta es su película.

Avalada con unas cuantas nominaciones a los Oscar, entre ellas Mejor Película y Mejor Actor (Sean Penn), Mi nombre es Harvey Milk nos ofrece una sólida, interesante y bien llevada propuesta, excelentemente interpretada y eficazmente realizada.

Por medio de una fotografía que otorga a la película una estética totalmente setentera (filtros de color y de ruidos incluidos) y de una elaborada labor de dirección de mano de Gus Van Sant, más basada en la coordinación de escenas y en la planificación que en la elaboración de complicados planos, Mi nombre es Harvey Milk se presenta por medio de dos corrientes: la primera, la vida del propio Milk, excelentemente documentada y resumida, centrándose en su arriesgada y brillante carrera como político que hizo historia, su intervención en el movimiento gay estadounidense y sus relaciones con los políticos y concejales de San Francisco, así como su vida privda y sus amistades, parejas, ayudantes... en definitiva, su vida en el Castro, el barrio gay de San Francisco, y en el propio Ayuntamiento; la segunda es la historia del propio movimiento, narrada a través de acontecimientos como la cruzada de Anita Bryant y John Briggs, la Proposición 6, los disturbios de San Francisco y otros tantos sucesos que fueron el comienzo del movimiento homosexual de EEUU y las primeras manifestaciones de la comunidad homosexual en busca de respeto, igualdad y tolerancia.

Como biopic funciona estupendamente, pues cuenta lo justo y necesario como para que el propio personaje histórico de Milk nos resulte llamativo e interesante y no se vuelva una narración pesada y aburrida. Parte de ello es gracias a que la propia narración de la historia del movimiento gay se intercala de una manera tan eficaz en el relato de Milk que el interés del espectador por ambas tramas se mantiene siempre constante. Si se le puede achacar bastante duración general; aunque el principal error es el hecho de que se defiende en exceso el papel de la población gay. Que nadie me tache de homófobo por este comentario anterior: sé perfectamente que la cinta tiene como epicentro ese tema, pero veo un tanto exagerado su defensa a capa y espada a lo largo de toda la película, criticando salvajemente la opinión de los que estaban en contra tachándolos de intransigentes y discriminadores, cuando la realidad era más diversa (aunque bien es cierto que la actuación de individuos, porque no tienen otro nombre, como Bryant y Briggs es injustificable a día de hoy y totalmente deplorable y rastrera), y esa diversidad de opiniones la película casi la ignora: la cita, pero no se centra en ella. Y como relato en forma de documental del movimiento, funciona igual de bien, aunque la narración sea menor en calidad que la parte de la película centrada en el personaje de Milk.

Otro apunte a destacar es la excelente documentación y adaptación de los hechos históricos, verídicos en todo momento. Solo basta con acercarse a las fuentes escritas para comprobar que todo lo que vemos en pantalla fue real, hasta la más insignificante frase (como la que cierra la película: Si una bala entra en mi cerebro, dejad que esa bala rompa las puertas de todos los armarios).

La otra buena parte del éxito de la película son sus brillantes interpretaciones. Sean Penn se vuelve amo y maestro de la película, lo borda. Está enorme: da igual que su papel sea en extremo complicado, que su personaje vaya del amaneramiento más llamativo a la discrección más moderada sin perder en ningún momento espíritu, Sean Penn realiza una de las mejores interpretaciones del año, realmente sorprendente y asombrosa, capaz de reflejar con toda credibilidad y talento cualquier sentimiento. Y lo digo habiendo visto la película doblada, por lo que me pierdo la verdadera esencia. El resto de secundarios está a la altura, dando vida a complicados pero suculentos papeles para actores competentes: me chirría, eso sí, un en ocasiones insoportable Diego Luna a causa de su personaje. Mención a Josh Brolin, bastante contenido pero intenso en su interpretación de Dan White, el concejal de San Francisco rival de Milk, y a James Franco, que interpreta a la pareja de Milk.

¿Qué nos deja Mi nombre es Harvey Milk? Una buena película, sólida y eficaz, perfectamente acorde con los hechos reales. De esas películas realmente buenas que merecen una oportunidad. ¿Merece tantas nominaciones? Pue a mi gusto son mucho mejores Revolutionary Road, WALL-E o la mismísima The Dark Knight, pero lo cierto es que nominaciones como Mejor Director o Mejor Actor las entiendo y las apoyo (Sean Penn es un monstruo). Eso sí, tiene en contra su duración, tramas que no llegan a desarrollarse de todo (como el hecho de que Harvey quiera que todos sus amigos salgan del armario) y ciertos tópicos inexcusables (¿era necesario poner a Tosca el final?).

Eso sí, dejad los prejuicios que podáis tener algunos y vedla. Merece la pena. Bien hecha, genialmente interpretada, tiene momentos brillantes (el final, la conversación con el chico en silla de rudas, toda aquella parte en la que Milk luche desesperadamente por la tolerancia...), ¿qué mas se puede pedir?

 

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