
Diario de Reven, 18 de Marzo de 2009.
Esta mañana mi chapa de Watchmen seguía sobre la cómoda. Una mancha carmesí cruzaba su ojo derecho. Se reía mientras me miraba.Y seguirá sonriendo siempre, al igual que hace una semana, que hace dos semanas.
Esa sonrisa no me teme, aunque haya visto mi verdadero rostro: se ríe de mí, me hace recordar cada momento del día que he sido víctima de una broma pesada, que mis expectativas se han visto satisfechas a medias en dos ocasiones diferentes.
Lo irónico es que la he llevado en esas dos ocasiones colgada sobre mi pecho, cual medalla, ruiéndome de ella, haciéndola saber que me daba igual lo que llegase a suceder.
Alan Moore dijo hace mucho tiempo que nunca apoyaría la adaptación cinematográfica de Watchmen. En su día llegué a afirmar que si la adaptación salía bien le veríamos darse cabezazos contra la pared. Hace dos semanas, a medianoche, todos los agentes seguidores de la colosal obra de Moore y Gibbons se lanzaron a la calle. Watchmen, por fin, se había hecho cine y estaba entre nosotros.
Ahora, por muchas opiniones buenas que tenga la película, la obra de Moore sigue en su pedestal de oro. Y Moore se ríe. Y todos los agentes alzarán la mirada y le suplicarán: "¡Sálvanos!"
Y él responderá: "No".
No, porque Watchmen es una obra inadaptable. Y aunque Snyder sale muy bien parado de la hazaña, el guión se queda corto a la hora de presentar la complejidad de la obra. No, porque los personajes principales quedan resultones, pero no llegan a alcanzar la profundidad tan compleja del cómic. No, porque los personajes secundarios son obviados. No, porque la película se basa mucho en trasladar viñetas a la pantalla, y eso no siempre funciona aunque garantice una fidelidad cojonuda. No, porque el conjunto no emociona cuando debería, y lo hace cuando aumenta el morbo y el gore.
Pero no me malinterpretéis: me gusta Watchmen, y es una buena película. Solo recalco los fallos que ya me esperaba atendiendo a una premisa muy simple: adaptar Watchmen era una misión imposible, pero esta película sale con la cabeza bien alta. Buena como película y buena como adaptación. Y voy a analizarla de cabo a rabo, parándome en cada página y escena.
Watchmen está pensada por un fan friki para fans frikis, eso de comienzo. Y tras un arrollador comienzo y los espectaculares créditos iniciales (euforia pura, uno de los mejores momentos cinematográficos que he vivido, ¡y encima en un cine y en pantalla grande!), uno se da cuenta de que no hay guelta atrás, de que Watchmen está delante de nosotros, en una pantalla de cine, ha trascendido el papel. Para un fan del cómic, solo ver los créditos sobre fondo amarillo ya me emocionó. Sí, soy friki.
Esa sensación de alegría friki se desvanece, pero no desaparece: sólamente ocurre que uno ya asume de que Watchmen se ha hecho película (y, qué demonios, que los créditos iniciales son bestiales), y entonces se percata de que le quedan 150 minutos de película restantes, y esa euforia es imposible de mantener tanto tiempo. Luego asistimos a la adaptación del primer número, que es perfecta, lo que debe de ser una adaptación en condiciones: coges lo principal, le das una coherencia y un lenguaje propio, no pierdes la fidelidad al original y te queda un resultado muy resultón. Solo falla en el momento en que Manhattan pierde los pocos sentimientos que tiene al echar a Rorschach por ofender a Laurie (en el cómic) y le convierten en un tipo que solo sabe ver el futuro y al que consultan los héroes cual pitonisa de teletienda (esa chispa del futuro es un atentado contra el personaje). No puedo hablar más del primer número, porque lo vemos prácticamete tal y como es en pantalla.
Pero ya tendré tiempo de hablar del Dr. Manhattan, porque antes de todo quiero hablar del verdadero personaje de esta primera parte de la película: el Comediante.
A tus pies, Jeffrey Dean Morgan, porque solo tú y Jackie Earl Haley os tomáis en serio la broma que es la película (entiéndase en el buen sentido) y actuáis en consecuencia: comprendes que la película es complicada, que se va a pegar un hostión en la taquilla y en la crítica, pero sales adelante con toda entereza y credibilidad. Y no solo eso, sino que tu personaje es de los mejores adaptados, conservando toda la mala leche y ese espíritu qque te hacía insoportable y odioso. Solo me gustaría, para mejorar, tener al Capitán Metrópolis en la reunión de los Crimebusters para darle a la escena más patetismo, y también ver dolor en el corte con la botella en Vietnam (si te rajan la cara te quejas de dolor, aunque la mierda de maquillaje haga que el corte original en el que le rajaban la cara cual cicatriz del Joker-Ledger se convierta en una simple cicatriz).
Y, por supuesto, mejoraría mucho que en vez de un Rambo seas un comediante, que te horrorices al ver el plan de Ozymandias no porque sea horrible, sino porque haga que tu vida carezca de sentido.
Muchos vigilantes en esta película son como los amigos ausentes: tienes buen recuerdo previo de ellos, pero cuando te los vuelves a encontrar en otro contexto han cambiado. Con el Comediante esto no pasa en gran parte, gracias a Dios.
Por cierto, ¿alguien más ha visto el homenaje a Blade Runner? Rorschach hablando en voz en off por la celle, ioluminada por luces de neón, llueve a raudales, la calle está llena de humo y suena una música idéntica a la de la película de Scott. Estupendo homenaje, sí.
A estas alturas de la película ya nos han presentado la trama de las energías renovables (y a un Ozymandias pijo e insoportable), pero es una licencia que puedo permitir, que encaja con el conjunto de la película y que me gusta. Pero Laurie comienza a causar problemas: no me creo su abandono a Manhattan, no se horroriza porque dos clones de Jon estén haciendo el amor con ella. No corta con Manhattan furibunda. No llora desconsolada cuando recurre al único amigo que tiene, Dan. Bueno, lo cierto es que ya tendré tiempo de despotricar contra Malin Akerman, pero ya en escenas donde deberíamos ver su fragilidad Akerman me sorprende con una actuación pésima..
El Dr. Manhattan, el juez de toda la Tierra, se prepara para su momento triunfal en Marte, pero deja tras de sí un eficiente momento en el plató de televisión: justo lo que cabía esperar, un buen montaje paralelo entre la brutal pelea en el callejón (en el mal sentido, porque es tan exagerada y violenta que no le veo sentido a tanto cuello rotos y a tanto "cuasidesmembramiento"; además, luego no vemos a Dan y a Laurie afectados por la pelea, porque les ha hecho volver a los buenos tiempos que odian pero a los que desean volver. Esta no era una simple pelea más dentro del cómic) y una entrevista con tensión adecuada (aunque el recurso de que Janey salga en el plató está ya más visto en el cine que las patadas a lo Matrix). No tenemos los Relatos del Navío Negro (y se nota, porque eran el peso fundamental de este número), pero ya llegará la Versión Extendida. Por ahora esa entrevista me deja satisfecho como lector. Se nota que falta el momento en el que Laurie y Dan descubren que Manhattan se ha marchado, pero sabemos que está rodado.
El tercer número del cómic preparaba al lector, comenzaba a introducir tensión. La película lo intenta; no llega al mismo nivel, pero presenta un punto de inflexión dentro del guión bastante correcto. Ahora es el momento de que la adaptación encauce y de al espectador un motivo para seguir en la sala.
Ahora es el turno del Dr. Manhattan. Llega el momento del mejor capítulo del mejor cómic de superhéroes: Manhattan está en Marte.
Aqui se la jugaban, eso estaba claro.


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