Lo sé, Ron: querías un Oscar y no lo conseguiste, pero gracias por darnos esta película.

Solo me falta El Lector y habré visto todas las películas nominadas al Oscar, así que por primera vez en años puedo dar una opinión completa y fundamentada sobre mis favoritas.

A día de hoy, todavía sigue pareciéndome que la mejor película del 2008 fue la joya llamada WALL-E, que la Academia no se atrevió a premiar (y algo me obliga a poner The Dark Knight, tal vez sea mi espíritu friki o el hecho de que sea una estupenda película... xD). Sin embargo, si tengo que elegir una sola película de entre las cinco candidatas, por ahora elegiría la preciosa El curioso caso de Benjamin Button.

Frost / Nixon fue una película que entró por sorpresa dentro de las listas de nominadas, y en la que pocos confiaban. Finalmente se saldó como la gran perdedora de la noche. Ello, sin embargo, no significa que sea una mala película ni mucho menos. Ni siquiera es decepcionante.

Simplemente es una estupenda película que no ha llegado a encandilar a la Academia.

Ron Howard está considerado como uno de los directores más "odiados" de la actualidad: con Una mente maravillosa triunfó en los Oscar de hace ocho años, a pesar de que hoy en día dicha película esté considerada como una de las más sobrevaloradas de la década. Su último trabajo, la aburridísima El Código DaVinci, le había hundido. Necesitaba urgentemente un proyecto más serio y formal del que hacerse cargo.

La obra de teatro Frost / Nixon ha sido su vía de escape.

Howard se ha asegurado la realización de una adaptación seria, madura y elaborada, que a pesar de haber pasado desapercibida en premios y festivales muestra un resultado final realmente estupendo.

Eso sí, no esperéis que la película gire en torno a las entrevistas, o que se trate de una batalla entre un Nixon enfurecido y dispuesto para el ataque y un Frost acojonado pero que debe salir del embrollo. En primer lugar, las entrevistas no serán más que un hilo conductor, pero la película no gira en torno a ellas. Frost / Nixon es una película sobre dos personas que se enfrentan en una batalla final en la que no saben lo que se juegan. Nixon es un hombre acabado, que busca limpiar su imagen desesperadamente y que quiere una última batalla con un digno adversario. Frost es un ambicioso presentador que no sabe a qué se enfrenta hasta el final, que se juega su carrera en este ambicioso trabajo de entrevistar al ex-presidente, que surante toda la película intenta llevar su entrevista como mejor puede pero ve cómo se le va de las manos e intenta no exteriorizar esa preocupación a un equipo que prácticamene ha hecho todo el trabajo de investigación. Aun así, ambos personajes se respetan, se admiran y saber tolerarse. No hay una batalla épica entre dos titanes: solo dos hombres empleándose lo mejor que pueden hasta el clímax final.

Hasta que no comienzan las entrevistas la película no arranca en serio. Se muestra tópica y ligeramente torpe y manida. En cuanto empiezan las entrevistas comienza a funcionar, pero el que las mismas sean tan cortas e insípidas les quita emoción (prácticamente se reducen a que Nixon gana un golpe tras otro de Frost). El ritmo comienza a dar pequeños altibajos.Y cuando llegamos al tramo final, todas las partes de esta película se esfuerzan al máximo y dan un resultado inmejorable.

Porque si en las tres primeras partes de la película no se ha conseguido encauzar hacia un resultado totalmente satisfactorio, que produzca un interés suficiente, nada más llegar al momento de la conversación por teléfono entre Frost y Nixon comienza un clímax realmente soberbio. No solo esa escena en particular es magnífica (nada de música, solo dos hombres discutiendo y preparándose para el asalto final: Nixon para su ansiada batalla final y Frost, que en ese momento se da cuenta de la magnitud de su adversario, para a entrevista de la que depende su carrera), sino que la cuarta y última entrevista consegue lo que las otras dejaron a medias: emocionar, enganchar, atrapar. Por fin despunta esa batalla épica tan anunciada, por fin vemos a ambos contrincantes usar todo su potencial y mostrarse como son. Lástima que sea tan corta.

Aun así, el disfrutar de un Frank Langella en estado de gracia no tiene precio. Nada más acabar la última entrevista comienzan a aparecer declaraciones sobre un Nixon derrotado, tocado y hundido tras una cuarta entrevista que le ha ejado en evidencia. Podría ser solo un mero recurso fácil y lacrimógeno que intente producir pena en los espectadores. Pero es que en ese preciso momento, en esa parte en especial de la película Langella sí que se muestra derrotado, tocado y hundido. En ese preciso momento el actor ya no es actor, es un Nixon que ha perdido su última batalla y se muestra ante millones de espectadores completamente destrozado. Ese sentimiento de derrota Lagella lo sabe transmitir magistralmente. En ese momento Langella consiguió hipnotizarme. Así hasta un final que sonaba a dejá vù, pero que cierra dignamente una historia que gana enteros en su desenlace.

Y que esto no sirva para desmerecer a un genial Michael Sheen. Con actuaciones como éstas lamento no poder ver en cine películas en VOS.

Finalmente Howard ha conseguido salir del trabajo con la cabeza bien alta. Aunque su labor no sea tan estupenda, sí sabe dar ritmo y consistencia a una película que en manos de otro director hubiese sido muy diferente: aunque sepan a poco, las entrevistas están rodadas con un pulso estupendo, sin perder el buen ritmo. Siendo lo que son, podrían haber aburrido al espectador, pero Howard logra que esto no suceda.

Tras verla, tengo muchísimas ganas de ver tato las entrevistas originales como la obra de teatro. Si esa era una de las intenciones de la película, lo han conseguido, porque en lo que se refiere a los Oscars ha fracasado. Y qué nos importa, digo yo. Esos premios no deben impedir que disfrutemos de buenas películas como esta.

 

TOTAL: