"Todos esos momentos se perderán, en el tiempo... como lágrimas en la lluvia"

Sí, sé que poner esta escena no es ninguna novedad. Pero de una de mis películas favoritas, de esta obra maestra de la ciencia ficción, no se me ocurre otra que pueda representarla mejor, que resuma todo el potente contenido de la cinta y que se haya convertido en una referencia para miles de cinéfilos de todo el mundo.

Finalmente, la máquina descubre su humanidad. Roy Batty, sin duda el personaje más carismático y mejor de Blade Runner, deja de ser el villano, si es que alguna vez lo fue. ¿Ve en Deckard a un semejante engañado al que no puede dejar morir? ¿O en sus últimos instantes de vida comprende que no puede quitarle a otro lo que él está perdiendo? ¿O tal vez necesitaba un consuelo en su ya cercana muerte? Hay tantas respuestas posibles... Porque Roy, el replicante infantil, el ser artificial que soñaba con conocer a su padre, que anhelaba tener más vida, afronta su desaparición. ¿Despierta al final en él la compasión? Me gusta pensar que sí, que finalmente el ser humano ha caído tan bajo que una máquina tiene más humanidad que cualquiera de nosotros. Finalmente es Roy el que muestra sentimientos, finalmente es él el que soñaba con una vida mejor, finalmente es él el que salva la vida a alguien. Deckard solo puede presumir de dedicarse toda su vida a retirar replicantes y a forzar a mujeres para su provecho. Finalmente, los replicantes acaban siendo más humanos que los humanos: y esta lección transforma a Deckard, que ve cómo su vida puede cambiar. El Deckard humano, y también el Deckard replicante. Pero aun así el solitario Blade Runner asume que se enfrenta a una vida muy corta, perseguido por sus compañeros y llena de dolor, desengaño y muerte. Ni siquiera los replicantes pueden escapar a eso. Da igual que cambie su vida, será un esfuerzo en vano e inútil.

Siempre y cuando consideremos a Deckard un replicante.