Watchmen fue decepcionante en algunos aspectos, y lo que pudo haber acabado como una película decente terminó cagándola de mala manera en un tramo final decepcionante siendo un poco blandos: jamás había visto tanto descaro por unos personajes totalmente diferentes a sus homólogos del cómic (y me refiero a Ozymandias y a Espectro de Seda, cuyo parecido con los originales es por casualidad) y por ¿adaptar? un final tan profundo quitándole toda la emotividad y dejando un resultado final frío y patético.

Sí, el destrozo que hacen con el final hace que cada vez que he visto Watchmen salga con un gesto de desagrado. Estamos hablando de uno de los finales más chocantes e impactantes del cómic, en el que se supone que tendrían que haber dejado a la audiencia en un puño. Pero no: la película va cayendo poco a poco, el ritmo se resiente y ya todo lo que ocurra en pantalla me parece monótono y, lo peor de todo, fallido.

Pero he de decir a favor de la película que tiene un comienzo brutal. No solo por la escena de la muerte del Comediante, con un ritmo endiablado y perfectamente realizada, y con la que disfruté y me sorprendí como un enano. Luego vinieron los créditos iniciales, y se hizo la luz.

Qué maravilla... decenas de pequeños detalles con los que un fan puede disfrutar, menciones a la historia real que sacarán a más de uno una sonrisa, hechos del cómic mostrados tal cual los leímos, el origen de los personajes hecho realidad... Watchmen cobraba forma, y nosotros empezábamos a creérnoslo, a creer que era un sueño hecho realidad. Pensábamos que íbamos a ver una película excepcional; lo que salía en pantalla era algo emocionante, un gozo para todos los espectadores, el resto de la película tenía que ser igual de bueno. Prometía una experiencia inolvidable. ¡Estábamos viendo Watchmen, maldita sea!

Los felices años 40, la decadencia de los superhéroes, los nuevos EEUU... todo el mundo Watchmen se presenta de manera inmejorable, espléndida, en unos 5 minutos gloriosos y que han entrado parte de mis escenas favoritas.

Y con la canción The times they're changing, del maestro Bob Dylan. No se puede pedir más.

Luego esa euforia se desvanece y se reduce a una sensación tipo "ya he visto lo mejor, ya no estoy tan eufórico, ya me he dado cuenta de que la película es una realidad; ahora a ver si mantiene por lo menos un nivel bueno durante todo lo que queda".

Y lo consigue... hasta que llega el tramo final.