Leo el otro día que el campeón europeo de salto de trampolín, Tom Daley, se ha visto obligado a dejar el colegio por culpa del acoso escolar. Daley, de 14 años, llamó mi atención el verano pasado, pues era uno de los deportistas más jovenes que había pisado los Juegos Olímpicos en décadas. Y la verdad es que el caso era de excepción: el chaval había superado a todos sus competidores en las pruebas europeas con solo 13 años, y fue clasificado para las Olimpiadas junto con otros miembros de su equipo, adultos cómo no.

Vamos, te imaginas la presión del muchacho y desearías no estar ahí. Pero Daley lo aguantó, y quedó octavo en las clasificatorias. Ha tenido siempre el apoyo de padres y entrenadores, de compañeros y personalidades británicas. Se convirtió en el adolescente más famoso del año, en una joven promesa a seguir que había superado a otros grandes deportistas y siendo menor de edad.

Se ve que eso no es suficiente para librarte del acoso escolar.

Y es que sus compañeros le han sometido a continuas burlas, insultos y algunos que otros empujones, llegando a amenazarle con romperle las piernas. Daley, al verse solo y sin apoyos entre los profesores, ha tenido que dejar ese colegio apoyado por sus padres.

Dije hace tiempo que las opiniones iban a ser parte importante de mi blog. ¿Queréis saber mi opinión? Estis leyendo esto, así que supongo que sí.

Me parece algo lamentable, deleznable, detestable. Nunca entenderé el bulling y nunca lo apoyaré. Yo también fui víctima del mismo hace unos cuantos años, pero por suerte tuvimos enseguida un apoyo estupendo tanto en mi familia como entre los profesores, de modo que hoy puedo decir que quedó como una anécdota más en mi vida más que un trauma, Dios me libre.

Sin embargo, sé que la realidad no es siempre así. Sé que hay muchos jóvenes que se ven humillados, despreciados y atacados día a día. Palizas, insultos y vejaciones son una constante en nuestra sociedad. En ocasiones se llega al extremo del suicidio. Es entonces cuando nos damos cuenta de que nos enfrentamos a un problema grave.

¿Recordais hace seis años cómo el bulling era el pan nuestro de cada día en las noticias? Fue la época del caso de Jokin, el joven de 14 años que se suicidó, incapaz de soportar más las burlas de sus compañeros. Fue un caso realmente estremecedor.

Y se nos quedó grabado en la mente. A partir de entonces vimos cómo ya no podíamos darle la espalda; ya no solo eran niños que se metían con otros niños (cosa que ni así me parece normal), ya no eran cosas de críos. Ahora era acoso escolar, predemitado y con la intención de hacer daño.

Las víctimas ya no eran los niños gordos, o pequeños, o malos en el deporte: cualquiera podía ser el blanco. Cualquiera podía ser el maltratador. He visto muchos casos en mi vida: ninguno estaba justificado.

A día de hoy sigue siendo un problema más de la sociedad. Y tenemos que actuar todos: no solo los padres mediante una educación, o los profesores tomando cartas en el asunto. Es algo de todos: no puede consentirse que un niño acosado tenga miedo de confesarlo, miedo de las represalias, miedo de un maltratador que puede tener su misma edad. Si aceptamos que un niño tenga atemorizado a un compañero suyo, ¿a dónde vamos a parar?

No nos engañemos: el ideal de la inocencia infantil está desapareciendo. Y o intentamos que vuelva o nos enfrentamos a un grupo de niños casi deshumanizados, que disfrutan con la violencia y con el poder. Es triste, muy triste que se registren cada día casos de palizas grabadas con el móvil en chavales de 12 años. No solo es triste, es lamentable.

¿Qué sociedad estamos creando en la que no se actúa ante salvajadas como esta? ¿Qué niños hay ahora en las clases que muestran un salvajismo ya preocupante?

No hay que tener miedo a la acción, al castigo. No hay que temer a que un alumno se rebele por un castigo merecido. En ocasiones, y ahora más que nunca, la mano blanda no sirve, pero la dura puede ser peor aún. En mi opinión, un profesor y un padre nunca debe dudar ante imponer un castigo merecido. Ese es el gran fallo. Hemos pasado de una época de castigos continuos a una de castigos nulos. Eso no puede ser, hay que encontrar un punto intermedio. Y más aún ahora, cuando vemos hasta dónde pueden llegar los niños, que de "niños" tienen poco.

Como vemos, ni del acoso escolar se salvan las celebridades. Christian Bale también lo sufrió tras el estreno de El Imperio del Sol, cuando tenía 14 años. Tom Daley se une a una lista muy larga.

Padres, profesores: no tengáis miedo a vuestros hijos o alumnos, es hora de actuar antes de que sea tarde.

Alumnos maltratados: contais con todo mi apoyo; os entiendo y deseo que acabe pronto esto. Nadie os entiende, sois adolescentes o niños y veis cómo le restan importancia. Pero sabed que siempre encontraréis algún apoyo.

Alumnos maltratadores: me dais pena. Os creéis que podéis hacer lo que queráis, os regodeáis con ello. Es un asco. Dudo que deciros "poneros en su lugar" sirva de algo.

¿Mi opinión? El Blog de Reven dice NO al bullying.

Tom Daley busca ahora un nuevo colegio: la verdadera solución era que los alumnos que le han dejado en esa situación estuviesen ahora buscando otro centro, con un castigo adecuado por parte de sus padres. Y me temo que aún falta para que se den las soluciones adecuadas.

PD: Leo también que un niño de 11 años se ha suicidado en EEUU harto de las burlas de sus compañeros de colegio, que le llamaban "maricón". 11 años. Suicidio. "Maricón". La mentable. Un abrazo a toda la familia.