Déjame ser un niño para siempre

LIGEROS SPOILERS

Por fin. El estreno estaba previsto para marzo, pero aquí en Cáceres no ha llegado hasta el viernes pasado, y me da a mi que poco va a durar: fui el único de la sala, mientras todo el mundo iba a ver Ángeles y Demonios. Bueno, ellos se lo pierden.

Déjame Entrar es una de las propuestas más originales de la cartelera de los últimos años. Aunque esté basada en una novela del mismo nombre. Aunque trate del ya sabido tema del monstruo como víctima. Solo por el hecho de su sencillez, su estupendo acabado final y su conmovedor relato, a medio camino entre la película de horror y el romance, merece todo elogio. Pocas veces disfrutamos al año de propuestas frescas y novedosas en cierto punto.

Que no os confundan: Déjame Entrar no es una película de vampiros. El tema del vampirismo es solo un medio para contar una tierna historia de amor pre-adolescente entre Oskar, un solitario niño de 12 años, y Eli, una triste y enigmática vampiresa. De trasfondo, temas como el acoso escolar, los problemas familiares, la muerte, asesinatos brutales y la amistad. Todo girando en torno a sus dos jóvenes protagonistas, interpretados por unos soberbios Kåre Hedebrant (Oskar) y Lina Leandersson (Eli), que nos hacer tremendamente creíble, cercana y cierta la relación de amistad y los primeros escarceos románticos propios de la pre-adolescencia, esa etapa de la vida llena de pequeños misterios, sustos, alegrías y sorpresas que uno descubre mientras él mismo y su entorno cambian para siempre. Esta magia de esa etapa se palpa en la película, que logra atraparnos y hacernos recordarla a través de esta encantadora pareja, que desprende química y simpatía por todos lados.

Así es: la relación entre Eli y Oskar, verdadero motor de la película, se ve simplemente aderezada por las otras subtramas, como el abuso escolar y el vampirismo (y, como ya he puesto antes, hay más, pero no tan importantes como estos anteriores). De este último tema, del vampirismo, merece hacerse un pequeño apunte: se agradece ese total respeto por el mito vampírico que muestra todo el guión, que recupera hasta elementos del mismo casi desconocidos por el público en general: detalles como el olor de los vampiros o, mucho más importante, su imposibilidad de entrar en casas ajenas sin permiso del dueño (origen del título) son detalles muy importantes que demuestran la seriedad y el puntillismo del relato. Incluso puedo perdonarles que la niña vampiro no se refleje en los espejos. Del otro aspecto, el acoso escolar, el hecho de relatarlo en su aspecto más psicológico y menos centrado en la agresión física lo vuelve mucho más terrorífico y aterrador, de tal modo que nuestra empatía por el pequeño Oskar aumenta.

Precisamente en relación a los tres temas principales de la película encontramos algunas de las mejores escenas del año: en el plano de la relación entre los dos niños, la tiernísima escena de Eli acariciando a Oskar mientras éste duerme, en un momento dulcísimo y conmovedor; en el aspecto del acoso escolar, la escalofriante escena de la nieve, que juega con un doble clímax realmente conseguido; en el aspecto del vampirismo, la escena final en la piscina. No me pareció la más grande de la película, pero está realizada de un modo realmente soberbio, jugando con la sutileza y el terror oculto, el horror puro.

Precisamente es esa sutileza la que se agradece: el director juega con lo que no se ve pero se sobreentiende, con lo que el ojo no percibe pero la mente capta, con el horror escondido. Un horror realmente aterrador, nauseabundo, asqueroso, escalofriante. No vemos desmembramientos en sí, pero sí el desenlace; no vemos los ataques vampiros, pero sí los intuimos entre las sombras.

Aun así, permitidme volver al tema de la escena final: perfecta en su ejecución, perfecta en su desarrollo (aunque tópico y previsible, hay que reconocerlo), perfecta en su acabado final... ero falla en el mensaje: no sé a vosotros, pero a mí me chocó el hecho de que toda la violencia, todo el horror de los asesinatos causan poca impresión y efecto en la gente: en un principio, afectan débilmente en los habitantes del ueblo, y fuertemente en la inocente Eli, obligada a realizar actos nauseabundos que no puede reprimir; más tarde, solo queda el horror vivido por los niños; al final, nadie se horroriza, es más, casi parece que se han habituado a ello. Lo malo es que en esa escena final los afectados son niños, y esa crueldad gratuita (merecida o no, aunque tiro más por la primera opción) pasa desapercibida.

Llegando a los aspectos negativos, he de decir que si la historia de Oskar y Eli resulta terriblemente emocionante y creíble, las tramas alejadas de ésta y del vampirismo y el bullyng no tienen tan buen acabado: no me llegaron a convencer. Por tomar un ejemplo, se nos presenta un amago de venganza por parte de algunos habitantes contra la misteriosa niña asesina que les aterrorice, pero pronto se olvida para centrarse más en Eli y Oskar: cuando, pasado el tiempo, se retorna a esa trama, ya es tarde, y no termina de cuajar. A favor está que gracias a ese espacio de tiempo que ha estado abandonada otras historias se han visto beneficiadas, pero por contra está que esa brecha en el ritmo repercute en el resto de la película, que había alcanzado cotas altísimas y baja ligeramente. Si nos vamos a otra trama, como los problemas familiares de Oskar o la vecina convertida en vampiresa, tampoco llegan a convencer, les faltan detalles que pulir.

Pero no me voya  cebar, porque esos son los únicos puntos negativos. Un guión al que aún le falta algunos retoques para mi gusto sí, pero a favor tenemos mucho: excelentes interpretaciones, realización muy bien aprovechada (aunque algún fallito en el rodaje: no me puedes cortar de ese modo el ángulo de la escena de despedida, alma de cántaro, que me rompes el drama de la escena...), eficaces golpes de efecto (me remito a la escena de la piscina: brutal), desarrollo lento y pausado con especial atención a los detalles y sonidos, diálogos realistas, respeto a las fuentes originales, sencillez con buenos resultados finales, un poco de todo en la historia (terror, romance, ternura, asesinatos, tensión, suspense, gore, cierto "erotismo" muy suavizado...),  escasez de diálogos en detrimento de las situaciones... y, por encima de todo, una de las relaciones más dulces, tiernas, sensibles, conmovedoras y atrapantes de los últimos años, perfectamente conseguida y acabada, capaz de atrapar al espectador.

Así es: esta es una película realmente buena. Sí, se resiente un poco en su tramo final, pero a cambio nos ha dejado muchísimo. Y, lo más importante, de calidad. A este paso desde Hollywood nos intentarán colar cualquier película del mismo género, o no dudéis en un remake, haciéndolo pasar por película de autor y/o de culto (definiciones que podemos aplicar a esta película).

Pues que se enteren de una vez: una de las mejores películas del año es europea (sueca, ni más ni menos). Y tiene la sencillez por bandera.

No quisiera compararla con Crepúsculo... oh, al cuerno: Déjame Entrar me ha conmovido, sorprendido, horrorizado y gustado más que la película de los neovampiros abstemios. Y gran parte de ello lo consiguen dos niños de doce años. Ale, manda narices: es casi vergonzoso que dos críos sean capaces de hacer creíble una preciosa historia de amor, al contrario que dos actores de la veintena y portada de cientos de revistas y carpetas adolescentes. ¿No se les cae el alma al suelo ante el hecho de que les hayan superado en todos los aspectos dos mocosos?

En fin, que ojalá hubiese vivido una historia tan bella como la de Oskar y Eli. Es más, no creo que me hubiese importado que ella fuese un vampiro. Al final, todo queda en un juego de niños, niños que crecen y que descubren un mundo demasiado grande, niños que se dan cuenta de que es muy fácil estar solos, niños que prefieren confiar en el otro... niños que se convierten en adultos en las gélidas y siniestras noches suecas. Ésa es el alma de Déjame Entrar: la negación a crecer, la inocencia perdida que nunca va a volver, la soledad de la infancia, el miedo a uno mismo, el terror a ser rechazado, los peligros del mundo exterior y la seguridad del hogar, el primer amor... el fin de la niñez. Esa niñez que muchos, yo incluido, añoramos, queremos recuperar vanamente para aprovecharla mejor de lo que lo hicimos. Que una película me haya hecho emocionarme y hacerme recordad mi niñez es como un mágico rayo de luz en una noche oscura. Bendita sea entonces esa mágica niñez.

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