Una deliciosa sorpresa

Sin haber visto todavía Pesadilla antes de Navidad ni James y el Melocotón Gigante, he de decir que Henry Selick ha creado una pelicula de animación magnífica.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien el el cine: riéndome a carcajadas, pasándolo mal, con la tensión a flor de piel, maravillándome, entreteniéndome, riéndome con ironías casi morbosas, esperando con ansia un final feliz, espectante ante un clímax casi aterrador... Esto, señoras y señores, es lo que comúnmente se llama cine.

Y en Los mundos de Coraline he encontrado cine a patadas.

De acuerdo, a historia es sencilla y ya la hemos visto en muchas ocasiones. No es esta una obra maestra comparable a WALL-E, que emcionó al mundo entero hace un año y nos hizo ver que una película de animación por ordenador podía ser entrañable, trepidante, madura y genial al mismo tiempo.

Pero no me esperaba encontrarme con una joya tan tímida y brillante como esta película. De verdad os digo que la he disfrutado de principio a fin.

En su sencillez está la genialidad, la diversión y la calidad. En una historia sencilla pero que sabe jugar muy bien sus cartas de clímax y nunca se hace pesada ni aburrida, que guarda múltiples sorpresas a cada momento. En unos personajes entrañables (en especial los vecinos de Coraline, que llegan incluso a superarla). En una banda sonora deliciosa, mágica, en la que Bruno Coulais deja un trabajo ciertamente emocionante (atentos a los coros). En una ambientación mágica y evocadora. En una animación excelente. En una película totalmente fascinante.

Y que nos da unas cuantas reflexiones adultas bastante llamativas: el papel de la madre tiránica (que me ha trastornado: ¿trauma del escritor Neil Gaiman? Por lo menos lo parece), la soledad de la protagonista, la muerte como una etapa que pasar, la amistad como una necesidad, los padres como una figura solitaria e insensible... Se aleja por completo de los cánones de la animación infantil. A esto también ayuda unas cuantas dosis de espeluznante terror (y los niños pequeños lloraron en el cine): la propia madre, la búsqueda de los ojos, los niños muertos, los propios botones... No es una película para niños, aunque lo parezca.

Esta es una película que a medida que se tienen más años se disfruta más. Yo lo he pasado como un enano viéndola: no habré botado en mi asiento ni he aplaudido, pero no me hizo falta. La sensación de plena satisfacción, de alegría y de felicidad que sentí al encenderse las luces no la sentía desde hace meses. Terminó la cinta y no encontré ningún "pero": simplemente estaba encantado ante la humilde y pequeña maravilla que nos ha dado Selick.

Como he dicho, Los mundos de Coraline ha sido una delicia de película, magnífica en todos los sentidos. Equilibrada, satisfactoria, convincente por completo. Hay películas mejores, pero pocas veces se ven películas que cumplan tan bien sus objetivos y que consigan un equilibrio de calidad en todos sus aspectos, de tal modo que ninguno flojee.

Y sólo por eso, qué demonios, se merece la puntuación más alta. ¿Que en un segundo visionado no aguantará tanto? Seguramente, pero la satisfacción que me ha dejado en el cuerpo no me la quita ya nadie. Es incluso más que satisfacción (de ese modo muchísimas películas de simple entretenimiento las habría sobrevalorado en exceso): es, si me permitís llamarlo así, magia. Y no se ve todos los días.

 

TOTAL: