Épico, espectacular y emotivo final de la saga

 

NOTA: Esta crítica se realiza sobre la versión extendida de la película.

Recuerdo claramente la noche anterior a la Gala de los Oscars del 2004. Se hablaba de quién podría ganar, qué películas serían las grandes perdedoras y toda la parafernalia propia de la Alfombra Roja. Y en boca de todos estaba una película: El Retorno del Rey. Para la mayoría podría ser la gran perdedora: no en vano las dos anterior consiguieron un total de 6 Oscars, cuando estuvieron nominadas en total a 20. El Retorno del Rey recibió 11 nominaciones, precedida de un espectacular éxito de crítica, pero le pesaba la etiqueta de "plícula fantástica".Claro que los premios técnicos eran suyos, y muchos programas bien lo airearon esa noche previa a la Gala, pero poco más se esperaba.

A la mañana siguiente, recibí la noticia: El Retorno del Rey había hecho historia.

11 Oscars de 11 nominaciones. Un auténtico récord, a la altura de films como Titanic y Ben-Hur. Y toda la polémica siguiente. Pese a todas las críticas y alabanzas posteriores, nada podrá quitar el aplastante triunfo de la saga de Jackson y su lugar en la Historia del Cine.

Yo también pienso que fue un triunfo exagerado, pero justo si lo vemos como premios que no se dieron a una película sola, sino a toda una saga ninguneada anteriormente. El Retorno del Rey presenta fallos, como toda película, y no es la mejor de la trilogía (honor que corresponde a La Comunidad del Anillo). Pero sí que mejora a Las Dos Torres. Y, sí, es una película realmente buena.

Claro está, no me voy a dedicar a sumir en alabanzas a una película que en su tiempo entró en mi lista de películas favoritas para luego salir, porque con el tiempo le veo errores. Comenzando por lo argumental y rescatando el gran error de la película anterior: el montaje de historias paralelas.

Parece que aprendieron la lección, y en esta parte las tres historias que componen la trama (Frodo, Sam y Gollum camino a Mordor; Gandalf y Pippin en Minas Tirith; Aragorn en Rohan) comienzan muy bien intercaladas unas con otras, de manera que en un principio no se logra el tedioso aburrimiento de Las Dos Torres que suponía ver tres tramas insoportablemente vacías que no contaban absolutamente nada interesante. Ahora hay interés desde el mismísimo principio, con la aterradora historia de Gollum (excelente prólogo, he de decir) y el final de Saruman (y me pregunto, ¿cómo demonios ni la incluyeron en la versión cinematográfica? ¿cómo querían darle coherencia al guión sin esa escena?). Poco después la historia de Frodo acaba desapareciendo prácticamente, con apariciones esporádicas, pero po suerte, y aunque la echamos en falta, las dos restantes cumplen de sobra. Por un lado, Gandalf en Minas Torith en silenciosas y embriagantes escenas que nos preparan para la batalla posterior; por otro, Aragorn junto a Théoden y entrando en la Gruta de los Muertos.

Volvemos a encontrarnos entonces con el viejo problema de una trama que aparece poco y no interesa, pero por suerte las otras dos son lo bastante amenas e interesantes para que la atención no decaiga. Un punto negativo para la historia del Anillo, si a eso sumamos que Gollum en un principio es más un bufón que la criatura patética de Las Dos Torres: su discurso reflejado en la laguna es ridículo. Si lo analizamos bien, vemos cómo en las dos otras historias hay un personaje o un aspecto que no cuadra (olvidad a un Frodo que directamente no convence desde el comienzo, y cuya caída a la oscuridad no convence tampoco hasta esta película): Arwen en esta parte es un personaje de relleno, cuya enfermedad es ilógica e incoherente por mal explicada, y la forja de la espada de Isildur no tiene apenas fuerza; y la sub-trama de Sauron creyendo que Pippin es el poseedor del Anillo es también chocante por no volver a mencionarla o desarrollarla en toda la película.

Y, de nuevo, a partir de un momento justo la película mejora enormemente: este momento es la batalla de Minas Tirith. A partir de entonces la historia de Frodo y el Anillo adquiere milagrosamente toda la fuerza que tuvo que tener a lo largo de toda la trilogía, sobretodo a partir de la traición de un Gollum que asusta en su lado traicionero y de una parte en la Guarida de Ella-la-araña realmente escalofriante. La batalla es realmente impresionante, en ejecución y efectos especiales. Tengo que admitir que se flipan por momentos (esos ejércitos imposibles y esos planos aéreos que se repiten una y otra vez, así como frases grandilocuentes e irónicamente vanas), pero momentos como la carga de Rohan, la defensa de la ciudad, la llegada de los Espectrosy la lucha contra los Olifantes tiene una carga de espectacularidad inédita en la saga: si se hubiesen eliminado esos detalles tan exagerados diría que es una batalla mejor resuelta que la del Abismo de Helm, pero he de decir que la de Minas Tirith me gusta más precisamente por ese lado espectacular, que no escatima ni en recursos ni en sucesos: y sí, me gusta el ataque de Legolas al Olifante. Juntad a una batalla realemente colosal, donde la crudeza de la guerra aparece en imágenes de campos llenos de muertos que sobrecogen, a un Senescal realmente escalofriante y a un score épico hasta más no poder, con fragmentos ralmente colosales, y tenemos una de las batallas fantásticas más memorables de esta década y de la historia del cien fantástico.

A partir de ahí la calidad sigue en su línea: el montaje de tramas convence y mantiene el interés tras la colosal batalla anterior, y poco a poco se nos prepara para el desenlace. Un desenlace, a mi juicio, excepcional.

Si la película comenzó siendo interesante, y poco a poco fue mejorando, todo el final es excepcional, y el desenlace es una obra maestra. Poco a poco se presentan las piezas del tablero, se prepara la batalla final, y Frodo y Sam se encaminan al Monte del Destino. Y ahora sí los errores de toda la trilogía se subsanan: ¿por qué es ahora cuando la historia de Frodo y su destino realmente me llegan, me convencen, está bien contado? ¿Por qué Aragorn realmente es un buen personaje y un buen rey en la batalla de la Puerta Negra? ¿Dónde estaba esa calidad, ese ingenio en las dos partes anteriores? Todo es emoción pura: la batalla en sí, realmente desesperada y llena de arrojo y fuerza, y los diálogos entre un Frodo agotado y un Sam rendido, cargados de sentimiento y pena, donde la amistad entre ambos es realmente sobrecogedora; y así debió ser desde mucho antes, donde la ruptura entre ambos no me dolió para nada, sus confesiones de dolor y nostalgia me llegan. Claro que Suron es un Ojo estúpido por no darse cuenta de que un par de Hobbits disfrazados han entrado con su Anillo (¿disfrazados? joder...), pero tampoco ha sido el villano remarcable que debió ser. Así hasta llegar al regreso de un Gollum cargado de maldad y odio como nunca antes (ahora sí vemos toda su maldad), en los fuegos del Monte del Destino. A partir de ahí la épica se acrecienta, la posesión de Frodo es más real que nunca, la escena de la destrucción del Anillo es fantastica (y Gollum se asegura en ese momento su condición de personaje mítico) y la victoria de Gondor (en una pelea que contiene auténtica garra y fuerza, auténtica y emocionante épica) y posterior descanso para el espectador logran agotar los últimos coletazos de espectacularidad para la película más cargada de ella de toda la trilogía.

Todo lo restante, sosiego, felicidad, paz y emoción pura. Tras la coronación (beso hollywoodense incluido), desde la llegada a la cercana Comarca, que echábamos de menos, hasta el triste y melancólico final en los Puertos Grises, que sobrecogen, asistimos a toda la emoción que cabía esperar en el desenlace de esta saga, y de ningún otro modo puede ser. Un final realmente maravilloso, al compas de la banda sonora en la que Shore utiliza todo el sentimiento posible. Y, por fin, la trilogía acaba, y descubrimos que estamos en silencio, que estos últimos minutos han sido realmente magníficos y que, por primera vez, sentimos pena a la vez que una extraña satisfacción. Into the West, sin duda la mejor y más emotivacanción de la trilogía y colofón insuperable, se encarga de poner las últimas y emocionantes notas a este mágico, triste y sosegado desenlace.

Este desenlace contiene por sí mismo todo lo bueno de lo que carecieron las anteriores, este desenlace no cae en sus errores, este desenlace de por sí es una obra maestra. Claro que ya no se pueden salvar los errores anteriores de El Retorno del Rey: su elevado ego, sus pretensiones a veces insoportables, sus coreografías repetitivas, sus exageraciones en múltiples aspectos, sus fallos a la hora de contar historias como Frodo o Arwen... pero sí se eleva el listón.

Mención aparte tienen los ya de por sí estupendos efectos especiales, dirección artística y vestuario, que merecen todas las alabanzas y honores porque logran crear un entorno realmente evocador, en especial en Minas Tirith, ciudad y entorno que me encantan (buen apunte el contraste blanco y negro). Y por Howard Shore, componiendo la mejor Banda Sonora de la trilogía, capaz de aportar más a escenas como el ataque de Legolas al Olifante, Sam cargando en brazos a Frodo, el final en los Puertos Grises, la carga de Rohan... una auténtica maravilla. Peter Jackson sigue con una labor en la misma tónica que la anterior, volviendo a caer en escenas videocliperas que le restan calidad al conjunto, pero consiguiendo otras bastante buenas, y aportando su labor a la espectacularidad de las batallas.

Así acaba la trilogía, con un capítulo final que ofrece lo esperado y que pudo ser mejor, pero que concluye con un tramo final realmente emocionante y maravilloso, créditos finales incluidos. La saga ha terminado. El viaje ha llegado a su fin. ¿11 Oscars? Exagerado. Pero sirvieron de premio a una saga a la que tuvieron que ponerle mucha valentía, de reconocimiento a sus partícipes y de colofón a un final más que convincente.

De modo que El Retorno del Rey, sin ser una obra maestra, sí goza de espectacularidad por todas partes y un final inmejorable, que logra subir la nota; lástima que los ya consabidos errores no hagan que una película que debió ser redonda en su total lo sea.

El viaje concluye entonces, y tal y como yo me esperaba y recordaba: atrás quedaron los tiempos en los que El Retorno del Rey era de mis películas favoritas, pero puedo alegrarme de que, en lo que se refiere a calidad, para mí no haya perdido.

 

TOTAL: