Sencillamente fascinante

La madre que los parió a los hermanos Nolan. Christopher acaba de salir de una superproducción realmente buena como es Batman Begins y se une a su hermano Jonathan para crear un proyecto más sencillo, pero precedido por todo el peso del éxito anterior. Y de ahí surge El Truco Final. Y esta es, probablemente, la mejor película de Christopher Nolan.

Acabo de ver El Caballero Oscuro, y he de decir que sigue siendo mi película favorita. Pero gran parte de ello es debido a factores externos (lo que no quita que la película sea excelente). El Truco Final es lo contrario: es una absoluta y total maravilla en casi todos sus aspectos. Un truco de magia cinematográfica colosal, en el que abundan las sorpresas y los engaños, donde no hay nada claro hasta que no llega el gran final. Y es quizá la mejor película de Christopher Nolan porque es la más personal y equilibrada de todas cuantas ha hecho.

Comenzando, claro está por ese sólido, intrincado y fabuloso guión que se ha alabado en tantas ocasiones. Un guión que mejora por momentos, descubriendo cada vez nuevos detalles y convenciendo aún más al espectador de su enorme eficacia. Nolan vuelve a la estructura no lineal que desarrolló con Memento, en esta ocasión alternando hasta tres historias diferentes. Los hermanos Nolan dominan con toda pericia el desarrollo del guión, alternando flashbacks dentro de un flashback, a su vez inluído dentro de otro flashback. Y, si uno está atento (como se indica nada más comenzar la película), sabrá unir todos los cabos sueltos. Y la atención es fundamental para poder encontrar el secreto de la película: poco a poco se van soltando pistas determinadas que conducen hasta un acto final sorprendente, impredecible si uno se las ha saltado, lo cual es fácil.

Ahí reside la magia de El Truco Final. Es difícil describirla o criticarla. Al igual que Memento, me es muy difícil sacar las palabras adecuadas para hablar de ella. Christopher Nolan y su hermano Jonathan se trabajan un guión tan intrincado, tan rico en detalles y sorpresas que resulta una delicia. No escatima en escenas emocionantes o repletas de magnificencia: escalofriante la muerte en el tanque de agua, solemne la actuación final de Angier en el teatro, genial la interrupción de Borden (una escena brutal). Una vez te dejas llevar por el asombroso juego de los Nolan todo resulta muy sencillo: solo queda disfrutar, pensar y maravillarse ante una película que no es más que un complejo y satisfactorio juego. Gana con cada visionado; en un principio me gustó, ahora me maravilla. Quiero volverla a ver una y otra vez y dejar que me arrastren a este fabuloso truco colosal.

Porque en sí es un simple truco: te presentan un enigma indescifrable, y poco a poco van dejando las pistas necesarias mientras desgranan la historia y la complejizan para hacer que el espectador se maraville ante tanta complejidad y se pierda. Y, finalmente, sacan una solución fantástica, sorprendente, para acabar con un desenlace sobrio y contenido. Nada se deja al azar, siempre se procura que el espectador participe con la película (salvo en una explicación final que sobra; el espectador es capaz de sacar respuestas por sí mismo). Todo encaja.

Porque, en principio, queremos saber la verdad, qué esconden ambos magos, descubrir los porqués. Pero, en el fondo, esa explicación final preferiríamos no haberla conocido, porque queremos que nos engañen. Y tienes ganas de re-visionarla otra vez, y otra, y otra, para poder sentir de nuevo la emoción de la incertidumbre. Dejadme, por un momento, decribir este Truco Final con una palabra: flipante.

Fascinante, de verdad. Menudo películón se marcó Nolan. Su sobriedad en unos diálogos que no están ahí porque sí y que esconden una elegancia innata; su genialidad a la hora de jugar con elementos como la fama y el engaño; su moderación a la hora de contar con toda naturalidad y relativa sencillez una historia que engancha. Y, por encima de todo, la sensación de que Nolan realizó esta película con todas sus ganas, con todo el cariño posible. Está tan cuidada, tan elaborada hasta el último aspecto, como un gran puzzle, que no la concibo como una película "de encargo". Al igual que Memento, El Truco Final es una película con la que Nolan hace lo que quiere, usando el presupuesto necesario ("solo" 40 millones), pero sabiéndose rodear de auténticos profesionales. Ahí es donde supera a todas las películas de Nolan: El Truco Final es la película que Nolan quería hacer. Y así salió un film que es como un juego fascinante. ¿Qué digo un juego? Un fabuloso y gran truco. Con engaño incluido. Y, al igual que con todos los trucos, volverlo a ver conlleva el riesgo de perder la sorpresa; pero, qué demonios, aun así El Truco Final sigue siendo una película excelente, casi magistral.

Qué quereis que os diga: estoy deseando volver a disfrutar de este truco.

 

TOTAL:

 

PD: Y el papel de David Bowie es fantástico.