En lo que se refiere a libros, este verano me he hartado: la Odisea Espacial de Clarke (excelente 2001, decepcionante 2010, entretenida 2061 y floja 3001), Memorias de una Geisha (entretenida), Los puentes de Madison (entrañable), Desayuno en Tiffany's (Truman Capote era un narrador extraordinario), Déjame Entrar (mejor la película, pero correcto el libro), Revolutionary Road (excelente), la Biografía de Audrey Hepburn (indispensable para todo admirador de esta grandísima mujer), El Señor de las Moscas (estremecedor) y Blade Runner (curioso).

Ahora estoy empezando Asesinato en el Orient Express antes de irme de lleno con Drácula y El Señor de los Anillos (¡por fin!). Pero entre medias le ha tocado el turno a un libro patrio.

Seré sincero: la literatura española la tengo muy pendiente. Soy de la generación de alumnos que solo lee libros españoles gracias a las clases de literatura (Literatura, esa asignatura olvidada de Lengua Castellana y que merece más que el mandar a los alumnos leerse libros que ni siquiera tocarán y que no van a entender...), así que no me podéis sacar de El Quijote, La Celestina o El Lazarillo: todas ellas obras inmortales de nuestra Literatura pero que, seamos sinceros, a mi edad no puedo disfrutarlas. Y es que acercarse a clásicos de esa envergadura exige conocerlos más que leerlos, algo que el 90% de la gente de mi edad no sabe hacer porque no lo han aprendido. Eso no quita que yo conozca autores y libros, pero no por leerlos.

Por eso mismo encontrarme con la agradable sorpresa de Los Renglones torcidos de Dios ha sido refrescante. La literatura española no se reduce a Cervantes, Quevedo, Clarín, Bécquer y otros tantísimos autores que han hecho de nuestra lengua una de las más ricas literariamente.

No; Torcuato Luca de Tena me ha enseñado con este libro una estupenda lección: también hay best-sellers españoles. Libros que enganchan, que te animan a leer, que ofrecen historias interesantes y atractivas para el público ofreciendo situaciones y personajes que llaman la atención. Libros que se leen rápido, fácilmente y a gusto. Y, además, que son buenos. No basta con que el libro enganche y se termine en cuatro días: debe tener un mínimo de calidad. Y Los renglones torcidos de Dios tiene calidad de sobra.

No solo porque sea un libro con alma de best-seller, con ánimo de atrapar lectores siendo entretenido. Luca de Tena consigue acercarte a unos personajes estupendos: para empezar, la propia protagonista, Alice Gould (o Alicia de Almenara), una mujer eléctrica, fascinante, compleja, altiva, señorial, cariñosa, orgullosa, algo pretenciosa, amable, amistosa, que se hace querer, uno de los mejores personajes femeninos de los que tengo recuerdo, que enerva ligeramente por sus aires de superioridad pero que sorprende y hechiza con su poderoso enigma; los médicos y enfermeros, desde Castell (¿tal vez demasiado cariñosa con Alicia?), hasta el insufrible Alvar (un villano que cojea en sus flojas malas intenciones, pero que se revela como un gran hijodesumadre), o el doctor Arellano (cae bien, es realmente entrañable), un cuadro de profesionales de topdo tipo; y los locos, esos renglones torcidos de Dios, sus faltas de ortografía de cuando aprendía a escribir, es imposible no encariñarse del pequeño Rómulo, o compadecerse del autor de la "teoría de los Nueve Universos", o ser amigo de Ignacio Urquieta, o reírse de la estupidez de Bocanegra, o asquearse con el comportamiento del "Gnomo", o enternecerse con "la otra Alicia", o rompérsete el corazón con el Sudamericano.

Todos ellos, personajes que conforman un cuadro agradable y ecrcano, que conecta con el espectador. El manicomio es horrible, pero de alguna manera lo ves cercano y familiar. Aparte, la historia no escatima en giros constantes, situaciones inesperadas, momentos de tensión, excelentes diálogos, un ritmo envidiablemente correcto y una narración en la que Luca de Tena demuestra sus conocimientos de la psiquiatría sin caer en la edantería, de modo que cualquier lector los entienda. No por nada él mismo se recluyó en un sanatorio mental para hacer más real su visión, y a fe mía lo consigue: jamás un manicomio me había parecido tan real y sincero, tan extrañamente familiar.

Claro que los intentos de internacionalizar la historia (con expresiones, apellidos y palabras extranjeras son sonrojantes (empezando por el hecho de que la propia protagonista es puramente inglesa), o que también los diálogos son de una entonación exagerada e inocente. No todo iba a ser perfección.

Esta es la literatura que también debería enseñarse: libros buenos de autores consagrados de nuestra lengua y que un estudiante no tenga problema en conocer. Esta es la literatura que deberí aprenderse: sencilla para los estudiantes, fácil de leer (porque explicar, hay que explicar los Clásicos, a los que un estudiante JAMÁS se acercará), entretenida y, por encima de todo, de calidad. Da gusto ver que hay best-sellers escritos en nuestra lengua. Da gusto leer Los renglones torcidos de Dios.

Y nada más terminarlo me salta a la cabeza la posibilidad de una película. Y no me parecería tan mala idea. La crisis del cine español obliga a la industria a ofrecer películas que le interesen al público. El éxito de REC, El Orfanato o Mentiras y Gordas no ha sido por ser buenas películas (REC para mí lo fue, El Orfanato no la he visto y de Mentiras y Gordas mejor no hablemos), sino porque interesaban al público.El cine es consumo de lo que al público le interesa.

¿Sería descabellado preparar una adaptación de Los renglones torcidos de Dios con todos los medios necesarios? El libro tiene suspense que incluso podría derivarse a terror, tiene diálogos estupendos, tiene grandes personajes, tiene toques policíacos, tiene una especia de triángulo amoroso, tiene engaños, tiene sorpresas inesperadas, tiene emoción, tiene incluso un poquito de acción. Se puede conseguir un drama con toques de thriller que, bien adaptado y bien rodado, atrape al espectador durante dos horas de duración: cuidando la fotografía para que resulte más acogedor el sanatorio que el exterior, preparando una estructura no lineal llena de flashbacks en el guión, cuidando el reparto, creando tensión... En un momento en el que el cine español está en crisis, hay que apostar por ideas que atraigan, ideas interesantes, ideas buenas. Y en los libros podemos encontrar un referente inmejorable. Por lo menos, Los renglones torcidos de Dios me ha enganchado como no creí que lo haría; la película sería un sueño que desearía ver cumplido.


PD: Ésta es la portada de la edición que leí. Y, como apunte, de Alicia veo a Mribel Berdú, porque es una gran actriz y daría con el aspecto afable del personaje, o a Paz Vega, porque nos daría el aspecto elegante y altivo de Alicia (y porque Alicia era una mujer bella, y eso le pega más a Vega).