Si hay dos grupos que te comprometen a la hora de decir que les escuchas en charlas de música entre amigos, son ABBA Y Mecano.

Y sí, hay más (las risas que nos podemos echar cuando salen los Village People), pero con ellos he tenido la mala sujerte de que me señalen diciéndome que "no son música".

Pues sí, me gustan las divertidas canciones de ABBA. Y me gusta la música de Mecano.

Mecano: el grupo por excelencia de la Movida Madrileña. Esa grandiosa época en la que desearía vivir. Por Dios, en los 80 podías disfrutar de la buena música siendo nueva y sin que nadie te criticara por ello, porque era la música de moda por entonces.

Fue el grupo que cultivó muchas de las horteradas que hoy mejor olvidamos.

Ana, José y Nacho, tres jóvenes con las únicas ganas de hacer música fácil y divertida que se pudiese escuchar sin dificultad.

Nos dísteis canciones fáciles, más simples que un folio de papel y que repetían hasta la saciedad esos maravillosos sonidos de sintetizador.

Gracias a vosotros la música pop española está llena de canciones chorra, algunas de ellas rematadamente estúpidas. Y no hablemos de vuestros videoclips.

Porque las letras no tienen precio: "Hoy no me puedo levantar / el fin de semana me dejó fatal..." Incluso intentado ser serios: "Que aunque empeñados en soplar /hay llamas que ni con el mar..."  (???) O hasta cuando solo se quieren decir tonterías: "No hay archa en Nueva York /ni aunque lo jure Henry Ford". Bravo, en serio; perdonad mi ironía, pero bravo por vosotros.

Vosotros, un grupo de estilo confuso, dedicado únicamente a vender música sin seso e irremediablemente vacía. Es sonrojante hasta cuando os solidarizais con temas sociales como la drogadicción o la homosexualidad.

Porque detrás de esa cutrez, de esas canciones idiotas, de toda esa tontería monumental que teneis encima, se esconde el mito más grande del pop español de los 80. No es música: es un fenómeno.

Y os tengo que dar las gracias porque esas canciones facilonas se me pegaron en la cabeza y me gustaron enseguida, aunque luego pensase en ellas y, ¡horror!, descubriese que tenía motivos para despreciarlas.

Olvidemos las letras, olvidemos el estilo, quedémonos con las preciosas melodías, con los sonidos repetidos una y otra vez pero que llenan tus oídos.

Creásteis auténticos himnos: Mujer contra mujer, Aire, El fallo positivo y Cruz de Navajas no son grandes letras, pero supieron, y saben, llegar al corazón de cualquiera con el espíritu sensible. Y entonces sí que se convierten en grandes, y las mediocres rimas de Cruz de Navajas simplemente no importan, porque ya te ha conquistado.

Hace más de veinte años de vuestra primera aparición. Y me sorprende ver que vuestra música sigue siendo actual. ¿Cuántos consiguen eso? Pocos. Y vosotros lo lográsteis con el esfuerzo justo.

Me dísteis las cuatro mejores horas de musical que he recibido y recibiré jamás con Hoy no me puedo levantar. Bailé, canté, reí, lloré con vuestra música, y salí del cine feliz. Lo pasé en grande.

Me habeis hecho disfrutar, reír, cantar y hasta bailar. Sin importarme nada, me he puesto a cantar, consciente de la chorrada que era, No hay marcha en Nueva York. He intentado poner voz flamenca cantando Una rosa es una rosa. Me ha dado pena descubrir de qué trataba El fallo positivo. He disfrutado con el magnífico instrumental 1917. Me lo he pasado en grande cantando con amigos En tu fiesta me colé. He imaginado coreografías para Maquillaje. Me ha sorprendido la dureza y grandeza de Aire, por detrás de su letra. He ignorado algunas rimas de Eungenio Salvador Dalí y también la he disfrutado. He sonreído con la curiosa J.C. He cantado de seguido y sin confundirme Barco a Venus. Siempre me ha dado pena Cruz de Navajas. Casi lloro con vuestra mejor canción, en todos los aspectos, Hijo de la Luna. He cantado alegremente Los Amantes. Y celebro cada Año Nuevo con Un Año Más.

Os habeis convertido en un mito indestructible. Por encima de todos vuestros fallos, sois grandes, muy grandes.

Así que esto va por vosotros, Mecano. Gracias, muchísimas gracias por hacerme disfrutar con música que ya se ha convertido en un referente indispensable de nuestra cultura.

Y no me pondré pedante, por Dios. Gracias por hacerme disfrutar de esa música estúpida que, por raro e increíble que parezca, me conquisto desde el principio. Como a muchos de vosotros, supongo.

Va por vosotros, maestros.