Solo con ver esas preciosas imágenes de Londres y escuchar esa música que me ha acompañado toda la vida entro de lleno en el mismo viaje mágico que cuando era pequeño. Vuelvo a ser feliz.

Obra maestra sin ninguna duda. La película de mi infancia, la que recuerdo con más cariño e ilusión y de la que no me avergüenzo de decir que es de mis cinco películas favoritas.

Y, cuando la película acaba, vuelvo a sentir la misma pena, y espero a que Mary Poppins, la niñera que todos queríamos tener, vuelva. Solo por una vez, aunque sea... Un sueño imposible, pero me he pasado dos horas y media soñando, siendo feliz. El niño que llevo dentro y que acaba de salir al exterior de nuevo me lo pide. No se lo voy a negar.