Ladrillos en el Muro...

Un primer visionado este verano, que me dejó en shock. Otro anoche, junto a unos amigos. Les di un aviso: es la rayada más grande que hayáis visto en una película. Termina, quedamos todos en silencio. Ellos, flipados, sin saber muy bien qué acababan de ver. Yo, habiendo disfrutado esta pequeña joyita aún más.

Entre el videoclip más desvergonzado y comercial y el musical más puro y de calidad encontramos esta experiencia que nos ofrece Pink Floyd. No encuentro otro modo de describirla.

Es una película tan potente, tan arrolladora, tan brutal... El director, Alan Parker, la dota de un ritmo endiablado, que no da ni un segundo de respiro. Las retorcidas, controvertidas, demoledoras imágenes; ese constante simbolismo; las inolvidables y poderosas secuencias de animación.

Y, ante todo, la música, la grandísima música de Pink Floyd que cobra vida.

No encuentro más palabras. Es lo que pasa con las grandes películas. En este caso, enormes. No solo en lo visual, sino también en lo musical. La fuerza de The Wall es indescriptible, deja sin palabras. Y no es apta para todos los gustos.

The Wall nos ofrece una experiencia inolvidable, que deja huella. Difícil de comprender, abierta a todas las posibilidades, agobiante, claustrofóbica, terrible, horrible, desagradable, atractiva, impactante (tremendamente impactante), genial. Me encantan todas sus metáforas, su aire de rebeldía, su simbología, sus múltiples facetas, sus interpretaciones, sus significados, el modo en el que golpea la sensibilidad del espectador. Y, a pesar de ello, uno termina la película sabiendo que ha visto algo genial, que no olvidará. Siente ganas de volver a entrar en el Muro. De hecho, nunca volverá a oír la palabra "muro" con los mismos oídos.

Solo queda volver a entrar en un espectáculo que nunca cansa, que siempre sorprende. Eso sí, no penséis que os gustará entrar en él...

Y, como es lógico, las notas son inútiles para elículas que, en el fondo, son más que eso. Como en este caso.

Padres muertos, madres ausentes, profesores, amigos, médicos, soldados, amores frustrados, carreras totalitarias, esperanzas frustradas, drogas, violencia, sexo, traiciones, dolor, detrucción, fascismo, anarquía, música, alcohol, intolerancia, represión, terror...

Después de todo, solo son ladrillos en el muro.