Sencillamente maravillosa

Poco a poco voy viendo los clásicos. Y estoy encontrando auténticas maravillas. Como ésta.

Y en qué mejor época que en Navidad.

No voy a extenderme demasiado, porque estamos hablando de un clásico imperecedero que muchos ya conocen, y porque para buen entendedor pocas palabras bastan; no hace falta tampoco extenderme durante páginas para hablar sobre una maravilla como Qué bello es vivir.

Un clásico instantáneo dentro de mi lista de cine. Desde ya una obra maestra. Desde ya una de mis películas favoritas, que no dudaría en ver una y otra vez. Es increíble el impacto que ha teido esta película en mí.

Porque rebosa emoción. Rebosa sentimiento. Durante dos horas asistimos al drama continuo de George, un pobre muchacho que ve cómo sus sueños se van desvaneciendo debido a sus obligaciones, a su sentido de la responsabilidad y de la generosidad. Cuando un problema parece superarle, su ángel de la guarda, Clarence, desciende de los Cielos para convencerle de que su vida vale la pena.

Y así, la película nos va "golpeando" continuamente con grandes dosis de realismo, de sueños frustrados, de desilusiones, de obligaciones, de decepciones. Pero también hay amor, esperanzas, buenas compañías, momentos felices y pequeños milagros.

Es la historia de una vida como cualquier otra. Es una fábula sobre el Ben, un precioso cuento de Navidad de buenas intenciones y acciones.

Todo gracias a perfectos diálogos, un guión colosal que se toma su tiempo en presentar pacientemente a todos los personajes y situaciones, momentos que dejarán tu corazón en un puño cargados de sentimiento puro (sorprendentemente, he estado a punto de llorar viendo el final) y fabulosas actuaciones.

En esta película he encontrad alegría, optimismo e ilusión. Porque claro que la vida es dura y triste, pero también hay momentos de felicidad. ¿Mensaje manipulador y falso? Para nada: siempre es necesaria la esperanza.

Ha comenzado siendo lenta; a medida que avanzaba, me conquistaba aún más. Posee un mensaje tan puro que se guarda en el corazón, en la memoria. Y se disfruta: se disfruta de toda su dureza, de todo el drama general, de su realismo, de su explosión de entusiasmo final. Conmueve, emociona. Si hay películas que llegan al alma, ésta es una de ellas.

Yo también quiero un ángel como Clarence.

TOTAL: