(Continúa del post anterior)

Es así como ve la luz, en 1973, Tubular Bells. Una enérgica, original y electrizante ópera prima que consta de dos partes de cerca de 25 minutos de duración cada una. No es mi disco favorito, y no es de los que más escucho. Pero, demonios, calidad no le falta, su escucha siempre me resulta satisfactoria y lo que daría por encontrar un mínimo ápice de calidad similar en las últimas obras de Oldfield. Sencillamente, Tubular Bells es un trabajo excelente, una obra de "artesanía" pura, a medio camino entre la maqueta más sorprendente y la producción más perfecta.
La remezcla de este año ha hecho maravillas con su calidad de sonido, lo cual se agradece. Pero la magia de Tubular Bells reside en su imperfección: en las ideas de un muchacho de veinte años que llevaban años rondando en su cabeza, en su afán de experimentar con multitud de instrumentos, en su ímpetu de dar forma a algo propio. Todo ello se traduce en un disco en el que los instrumentos abundan, lo que ofrece un paisaje sonoro rico en variedad, y en melodías; sobre todo en la primera parte, las melodías cortas se suceden una detrás de otra: desde el hipnótico (y archiconocido) comienzo repleto de sonidos "juguetones" que van de aquí a allá, Introduction, hasta el gran final, en el que los instrumentos son presentados por el maestro de ceremonias Viv Stanshall hasta el clímax con la aparición de las campanas tubulares, Finale, pasando por la fuerza de Fast Guitars y Basses o la belleza de A mirror tune.
La segunda parte del álbum fue realizada en más tiempo (para la primera solo se dispuso de dos semanas), lo cual se nota en un resultado más tranquilo, ordenado y con melodías más extensas. ¿Tranquilo, digo? No del todo: esta parte combina la belleza de Harmonics y Peace con la brutalidad de Bagpipe Guitars (nota personal: prefiero el uso de esta melodía en el Mike Oldfield's Single) y Caveman (sin duda uno de los cortes más bestiales de Mike). Un corte ambiental con guitarras y el tema tradicional The Sailor's Hornpipe cierran el conjunto. ¿Resultado? Si este era el comienzo, la carrera de Mike estaba asegurada y habría que tenerle muy en cuenta.
Se dice que Tubular Bells es una obra más urbana, en contraposición con las siguientes. Su influencia rock, aunque también folk, ambiental, instrumental y muchas más, confirman este hecho, como si fuese una música heterogénea destinada a ambientar a grandes cuidades.
Tubular Bells es también la maldición de Mike Oldfield: su enorme e inesperado éxito catapultó a la fama a un muchacho que solo quiso hacer realidad la música que tenía en la cabeza. La presión del éxito hizo mella en su inestable personalidad y, refugiándose en la bebida y buscando la paz, se retiró a la colina de Hergest Ridge.

Es allí donde surge, en 1974, una obra totalmente distinta a su hermana mayor: la sinfonía rock pastoral Hergest Ridge. Mike toma el nombre de la colina para bautizar su nuevo trabajo, donde rompe completamente con el ambiente eléctrico de Tubular Bells. En medio del campo, verdes paisajes y mañanas nubladas, Mike busca inspiración, intenta dar forma musical a su frustración y a su deseo de encontrar tranquilidad. El resultado es, para mí, una de sus obras más grandes, la más personal y sincera, la más melancólica, la más evocadora, la más emocionante, la que nos ofrece sentimiento puro. Solo Mike expresando sus sentimientos por medio de la música.
Inexplicablemente, este es uno de los discos que Mike más odia, llegando a olvidarse de él y a menospreciarlo por completo: craso error por su parte. Hergest Ridge es su disco más intimo; en él alcanza momentos de la belleza más sublime junto a pasajes de la fuerza más desgarradora (la famosa "tormenta eléctrica"); por momentos consigue música simplemente celestial. Hablando vulgarmente, pone los pelos de punta. Esta desidia de Oldfield solo puede explicarse por las circunstancias en las que lo grabó, sumido en una brutal depresión: la genialidad surgió del modo clásico, por medio de la propia experiencia personal.
La Primera Parte comienza con un inicio tranquilo y pausado, que Mike rompe con un solo de guitarra para dar paso a la sección de viento (junto a una estupenda melodía y la guitarra hace maravillas). El bajo nos conduce hasta un final prácticamente celestial. La Segunda Parte vuelve con un comienzo también tranquilo, precioso; ya estamos de lleno en Hergest Ridge, con todos los problemas que eso conlleva, y la tormenta eléctrica nos lo recuerda de manera magistral. Se marcha de impoviso, y solo queda la paz: cielos despejados, el sol a través de las nubes, se dispersa la niebla, el viaje ha terminado.
Hergest Ridge tiene cierta fama de lento, aburrido, pesado... Para mi gusto, maravilloso: solo necesito cerrar los ojos y acabo transportado a las suaves y solitarias colinas de Hergest Ridge, envuelto en la niebla y acompañado de absoluta paz. Cómo le hace falta una remasterización en condiciones... Belleza y sentimiento puros.

En 1975 se cierra la trilogía: Mike Oldfield lanza un trabajo aún más ambicioso, en el que se atreve con estilos musicales de todo el mundo, Ommadawn.
Para muchos, uno de sus mejores discos, si no el mejor. Ommadawn es, indudablemente, uno de los más complejos y misteriosos. Mike vuelve, por tercera vez consecutiva, a realizar una sinfonía multi-instrumental de dos partes largas. Esta vez, con mayor riesgo. La crítica comienza a darle la espalda: nota curiosa y contradictoria, pues éste es uno de los discos más admirados por los fans, sino el que más. Justificado, por supuesto. Un Mike mucho más centrado realiza un trabajo con el que se siente más a gusto, con el que ha seguido un rumbo determinado, a medida que va superando sus traumas.
Ommadawn experimenta con sonidos más etéreos, casi espirituales: como caminar por paisajes envueltos en niebla gris, fríos, gargantas de piedras grisáceas, paisajes propios de un sueño. La música de Mike vuelve a destacar por su carácter evocador; Ommadawn no llega, para mi gusto, al poder de emoción de Hergest Ridge, pero contiene momentos realmente sublimes.
El comienzo de la Parte 1, sin duda uno de los más hipnóticos y siniestros de Mike; le sigue una sección alegre, que diría que deriva al folk; luego, un solo de Mike que merece mi respeto, pero que brilla aún más en el Director de Kembley; y el final, realmente potente y que contiene uno de los solos de guitarra más desgarradores que haya hecho nunca Oldfield (grabado, si no me equivoco, cuando su madre falleció en extrañas circunstancias). La Parte 2 comienza, desgraciadamente, con uno de los fragmentos que nunca he soportado de Mike: una imitación de la tormenta eléctrica que será brillante a nivel técnico, pero que no me dice nada, me parece hasta ruidosa. Por suerte, el resto mejora, y ahí tenemos la sección de la gaita o los minutos finales, probablemente lo mejor que haya compuesto Oldfield jamás (y me remito a este post). Cierra el disco el bellísimo y dulce On Horseback, una de sus canciones más personales y recordadas por los fans. Y cierra su trilogía, esa fantástica trilogía que le encumbra a lo más alto y le asienta como un compositor rebosante de talento y creatividad, casi un genio, para desaparecer de la vida pública durante tres años.
En estos tres años intenta dar una solución definitiva a sus problemas psicológicos, acumulados durante años y ahogados en alcohol y depresiones. Mike contaba por entonces con 22 años. únicamente aparece para remezclar sus tres trabajos anteriores y colaborar con artistas como David Bedford en el recopilatorio Boxed (1976) y singles varios (los conocidos Indulci jubilo y Portsmouth).

Tras estos tres años de silencio, en 1978 aparece la que, en mi opinión, es su obra más compleja y arriesgada, por lo menos hasta entonces: Incantations.
Mike en esta época estaba loco, como un cencerro. Seamos claros. No ayuda su actitud chulesca y pretenciosa. Mike asistió a la terapia de la exégesis, creencia que le ayudó a afrontar suys problemas y aumentar su autoconfianza. Suponemos que su amor propio y sus ganas de comerse el mundo aumentaron en exceso: cambia radicalmente su aspecto, se casa con la hija del fundador de la exégesis y se divorcia a las pocas semanas, y en entrevistas declara que es un genio absoluto y perfecto, casi un Dios. Para Mike, es un nuevo comienzo.
Incantations es el ejemplo más claro de esta nueva etapa: es el disco más complejo e inaguantable de Mike, con permiso de Amarok. Llegué a detestarlo: es lento de narices, aburrido en muchas partes. Necesité tiempo para adaptarme a él, a una propuesta arriesgada y mágica. Encontré una maravilla, casi su mejor disco: le sobra soberbia, por decirlo de algún modo, pero calidad le sobra.
Incantations son 73 minutos, en cuatro partes, de magia pura, de poesía, si se me permite la pedantería. Hipnótico, complejo, estremecedor, emocionante, repetitivo, soporífero, pesado, bellísimo... Es casi una experiencia con la que hay que dejarse llevar. Comenzando con la misteriosa Primera Parte, seguimos con la aburridísima Segunda Parte (todo hay que decirlo, no la aguanto), la sorprendente Tercera Parte que rompe con la monotonía anterior y la asombrosa Cuarta Parte: con esta Mike consigue el clímax, la genialidad; la última parte del disco, la segunda mitad de esta cuarta parte, es un final apoteósico, evocador, belleza pura, magia. No hay palabras para describir el que es, sin duda, lo más bello que ha hecho Mike jamás. Incantations finaliza; como su propio nombre indica, su música es todo un hechizo.
Y así, tras cuatro obras maestras, el genio de Mike Oldfield descansa, dormita... En cinco años y cuatro discos Mike ha demostrado una técnica y un talento inauditos para un chico de 25 años, que ya habá ofrecido cuatro obras maestras llenas de una inspiración y una técnica asombrosas, casi prodigiosas.
Lamentablemente, estos niveles de genialidad no se repetirán en mucho, mucho tiempo. Comienza una nueva etapa para Mike; una etapa más "descafeinada", pero no por ello exenta de calidad.
(Continuará)


30 dic 2009 | 01:30 AM
reven-entertainment
Siento las molestias; borré sin querer el post anterior de este Especial y he tenido que publicar ambos ahora.
Venga, volvamos a la normalidad :-P
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