Segunda vez que una película de Peter Weir aparece en esta sección (la otra ocasión fue con El Shw de Truman), pero este director lo merece. Y, otra vez, con un final.

El Club de los Poetas Muertos. Una película simplemente demoledora, emocionante y especial. Un mensaje que nunca pasa de moda: "Aprovechad el momento. Haced vuestras vidas extraordinarias. Tenéis el poder para hacerlo. Carpe Diem".

Vi esta película hace un par de años, en clase de lo que entonces era Ética (en Bachillerato, Filosofía). Y me impactó. Como Ángel, nuestro profesor (y al que le dedico esta entrada, ya que es lector habitual del blog), nos dijo, esta película impactó más en generaciones anteriores que en nosotros: nosotros hemos perdido la inocencia, las ganas de esforzarnos, la ilusión de ser mejores, el ansia de ser nosotros mismos. Nosotros ya no tenemos los mismos problemas, las crisis de identidad no son tan fuertes, nuestra vida es mucho más cómoda y fácil; somos una generación de "chasquido de dedos", si se me permite la vulgar metáfora.

Pero nunca se pierde, ni se perderá, la emoción ante un desenlace tan magnñifico, tan colosal como este. Cinco minutos sobrios, dolorosos, que culminan en la épica más sencila, aquella que guarda un mensaje que no necesita ser adornado con artificios. Banda Sonora de Maurice Jarre incluída, excelente labor de Peter Weir en la dirección. Un jovencísimo Ethan Hawke y estupendo Robin Williams.

Cuando vimos este final en clase muchos salieron llorando; otros, como yo, emocionados.

Y tengo enormes ganas de volver a verla: es lo que tiene la adolescencia: tu forma de ver el mundo con 15-16 años no es la misma que ahora, cuando estás a punto de llegar a la mayoría de edad. Seguro que veo esta película con otros ojos.

En el fondo, todos seguimos soñando con vivir siendo fieles a nosotros mismos.