Flar-lar-lar: Tercera Parte

Tengo que ser masoquista. No le veo otra explicación.

He visto Eclipse. Aún me quedan por ver las dos partes de Amanecer. Y ni siquiera sé qué motivo tendré para pasar por todo esto.

Crepúsculo vuelve a las pantallas arrasando con la taquilla, en pleno Mundial. Imaginad la escena: la sala llena, adolescentes (chicas) delante y detrás, conversaciones continuas durante dos horas, chillidos varios cuando aparece Jacob sin camiseta, risas ante los chistes más tontos, aplausos en los momentos más emocionantes (para ellas). Vamos, que ir a verla es una auténtica odisea.

Sinceramente... no tengo mucho que decir de Eclipse que no dijese ya de las dos películas anteriores. Si la primera parte era un inconfeso telefilm en el que por lo menos se dejaban las bases para futuras entregas, y la segunda una cinta con aires de grandeza que solo nos daba un insulso telefilm en el que no pasaba nada hasta el final pero que en general estaba bien hecho, Eclipse es otro culebrón en cierto modo tedioso en el que la trama tampoco avanza pero que al menos técnicamente cumple.

Crepúsculo y derivados son películas prefabricadas, esté quien esté tras la cámara. Eclipse en realidad sí que tiene una buena premisa: una invasión de vampiros llevará a una alianza entre lobos y chupasangres abstemios contra el invasor, mientras que se desarrolla una historia de amor en su recta final. Lo malo es que no es una trama que dé para mucho, así que entre medias nos tenemos que conformar con... nada interesante.

Hay escenas de acción decentes (al final), algunos detalles truculentos (se agradece), el mismo triángulo amoroso que se estira inútilmente para servir únicamente de relleno, algunos chistes hacia la propia historia (también se agradecen si no le la estás tomando en serio), actuaciones flojas (para qué variar), una BSO que recuerda a la de El Señor de los Anillos (ni que eso sea malo; detrás anda Howard Shore), una fotografía destacable, diálogos que van de lo insulso a lo correcto, un romance que al menos ya no atraganta, escenas para ellas (nos entendemos, las fans), muchas canciones, y ya está.

 

Pero rompo una lanza a favor de la cinta: entras a la sala sin ganas, sales impasible, la película se olvida enseguida. Después de todo, no ha sido para tanto. No, no me ha gustado. Pero, ¿sabeis qué? Que tampoco la odio, no me ha indignado. Y tampoco me ha entretenido lo suficiente. Eclipse, como las anteriores, se mantiene en equilibrio entre la bazofia y lo decente, sin decantarse por ninguno. Al menos eso me permite ir a ver esta saga sin que luego me entren remordimientos.

Eclipse es, otra vez, cine de usar, no profundizar, ante el que mantenerse neutral e indiferente, y luego desechar. No le voy a pedir más. Tampoco me interesa.

 

TOTAL: