Pero cómo me gusta volver a ser niño...

SPOILERS IMPORTANTES: DESTRIPO LA PELÍCULA AL COMPLETO

 

Cuando hablamos de Toy Story podemos referirnos a una película que hizo historia por ser la primera cinta animada realizada por ordenador, a una excepcional y original película para toda la familia, o a la película de una generación a la que marcó para siempre.

Para la gente como yo, que tiene entre 16-20 años, Toy Story fue todo un fenómeno. Confieso que no es una de mis películas favoritas de cuando era niño, pero también tengo que admitir que siempre ha estado ahí. Es uno de tantos elementos de mi infancia, y eso hace que la recuerde con cariño: tanto a la primera parte, que me pilló con 3 años, como a la segunda, ya con 7. Toy Story es una saga cargada de nostalgia, tanto para mí como para cientos de personas que en algún momento de su infancia vivieron aventuras fabulosas cargadas de imaginación junto a sus juguetes, y quizá alguno de esos juguetes es parte de esta saga: muchos aún tenemos nuestros muñecos de Woody y Buzz.

Y ahí es donde actúa Pixar, esos maestros que una vez más no han defraudado, y que nos han dado una excelente película de dibujos, una conclusión brillante y un homenaje a nosotros, a todos los que fuimos niños. A aquellos que tenemos en el recuerdo a unos personajes entrañables que, tras 11 años, vuelven a la carga. Era algo complicado, e incluso arriesgado, traerlos de vuelta tras tantos años. Podía parecer hasta un estiramiento exagerado de la saga. Nosotros, además, habíamos crecido. ¿Podríamos volver a disfrutar de todos esos juguetes animados con la misma ilusión?

Y van y lo consiguen. Porque, al igual que han estado haciendo desde hace años, conocen al público: saben darnos historias maduras y hasta dramáticas, junto a dosis de excelentes aventuras que conectan con el niño que llevamos dentro. Y, en este cado además, utilizan una herramienta más: esa nostalgia por la infancia y por los momentos que pasamos en ella y que tenían su representación, de un modo u otro, en Toy Story.

Toy Story 3 es, ante todo, un inusual drama. Su espectacular comienzo es impagable: una impresionante e insólita aventura que representa a la perfección lo que era jugar cuando éramos pequeños, crear historias imposibles. Así, logran que esbocemos una sonrisa: en apenas cinco minutos nuestros recuerdos vuelven con fuerza, y están ahí en la pantalla. Volvemos a ser niños. Pero entonces la situación cambia. Andy ha crecido, hace años que no juega con sus juguetes y los ha abandonado en un baúl; algunos hasta han desaparecido. Nuestra infancia habrá regresado al cine, pero las cosas son diferentes.

Y es en ese terreno donde se mueve Toy Story 3, en la perfecta unión de diversión pura, recuerdos y fabulosos guiños a toda la saga (el gancho, que al final es de vital importancia) que cierran el ciclo, y drama. Muchísimo drama. Por momentos, la película es incluso hasta cruel: las miradas de odio de Lotso mientras Buzz ataca a sus amigos, la madre de Andy tirando los juguetes por error, los juguetes llamando la atención de Andy con el móvil, las menciones a juguetes perdidos o el terrible vertedero (que os dejará con el corazón en un puño: el plano de los juguetes cogiéndose de la mano para afrontar la muerte es lo más traumático y menos sensiblero de todo lo que ha hecho Pixar), son solo ejemplos de cómo Pixar ha ido más allá, y ha convertido lo que en manos ajenas podría ser una secuela sacacuartos es una película "crepuscular", en un auténtico drama sobre los recuerdos y el abandono, una historia en la que no todo es ya divertido; detrás de todos los chistes hay un deje muy profundo de despedida, de un adiós, de epílogo.

Así, mientas la primera película era una original historia sobre cómo unos juguetes cobraban vida y trataban de ganarse el cariño de su dueño, y en la segunda se prefería un tono más aventurero que dejaba preveer cómo el tiempo pasaba y la vida llegaba a su fin, ahora la tercera es una historia sobre el retiro (la guardería es como un asilo), la soledad y la necesidad de ser querido. Pero no se olvidan de la acción: y merece la pena. Hay emoción y entretenimiento de continuo, y además perfectamente escrito y contado: no hay más que ver la fuga de la guardería para comprobar cómo todo está calculado al milímetro para que encaje. Y eso que no estamos ante el guión mejor escrito de Pixar: ese payaso "sonriente" que está ahí por casualidad para dar una explicación vital, ese ojo perdido que no acaba de funcionar, ese Buzz andaluz que no termina de ser necesario (aunque garantiza las risas)... Pero son minucias: aquí no se trata de crear una obra maestra al completo, sino de que esta conclusión a la saga sea coherente, emotiva y entretenida. Y así es.

Una vez más Pixar nos trae auténtico cine: una historia que conmueve, pero que a la vez divierte. Juega sus cartas desde el principio, desde el momento en que revela que su verdadera intención es crear una película que sea un homenaje para su saga eterna y característica y un regalo para nuestro lado sensible e infantil que vivió esta historia desde el comienzo y que la tiene guardada en el corazón. Con motivos tan maravillosos y sinceros la perfección no es necesaria: se alcanza sola. No hay pretensiones, solo amor por lo que se hace. Amor por el cine (atentos a todos los guiños, desde El Retorno del Jedi hasta el homenaje al cine negro), por el espectador y por la película que están haciendo. Cuando algo está bien hecho desde el cariño, se nota.

Así, llegamos a un final perfecto: Andy se despide de sus juguetes, pero antes juega con ellos. Sigue siendo un niño grande. Nosotros, que también hemos crecido, tenemos que continuar y dejar la infancia atrás. Y los juguetes se despiden de él, pero también de nosotros: "hasta siempre". Los juguetes tienen nueva dueña, y serán felices.

Padres, jóvenes y niños verán cómo esta película está dirigida a ellos, de un modo u otro. La vida sigue, pero los buenos recuerdos nos acompañarán siempre. Por lo menos, Pixar ha saldado su deuda. Ha salido de este reto victoriosa. Ha traido de vuelta a esta inmortal saga de la mejor manera posible. La ha cerrado y ha demostrado una vez más su profesionalidad. Y nos ha dejado una inmejorable despedida, terminando lo que tenía pendiente: hacernos recuperar un icono de la infancia, disfrutar con él durante dos horas por última vez y dejarlo con lágrimas en los ojos pero una sonrisa en los labios donde debe estar: dentro de los clásicos inmortales. Y en nuestros recuerdos, como una despedida agridulce pero terriblemente satisfactoria. Toy Story 3 es una película perfecta, una conclusión lógica y magnífica. Una película excelente.

Ahora Pixar no tiene nada más que demostrar, pero yo confío en que este nuevo camino sea brillante. Han dado cierre a mi infancia de manera inmejorable. ¿Cómo no creer en ellos?

 

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