Y la peonza gira sin parar...

SPOILERS: DESTRIPE DE PUNTOS CLAVE DE LA PELÍCULA

Después de días meditando la película, corrigiendo la crítica tras una tarde de incansable trabajo y días de relecturas de la misma, y con la sensación de necesitar volver a verla (y las ganas, también), por fin publico la crítica a la película que más he esperado del año. No voy a hacer una crítica al uso. Sinceramente, Origen no se la merece. Y con ello no quiero que se os suban las expectativas, o que penseis que nos encontramos ante la "segunda venida de Cristo" (gracias eternas a George Lucas por tan impagable sentencia). Origen no es la mejor película que se ha hecho en años, como se está escribiendo en Internet, o la maravilla de las maravillas.

Es la mejor película del verano. Y es, con permiso de Pixar, la mejor película de lo que llevamos de año, o de las mejores: ok, el nivel del 2010 está siendo muy pobre, y películas como ésta son un soplo de aire fresco en una cartelera anodina (entre la suciedad lo limpio destaca más, aunque lo limpio sea una nimiedad). Hasta ahí, no es un gran logro. Pero Origen es tan buena que de haberse estrenado el año pasado, o el anterior, habría entrado sin problemas en las listas a lo mejor del año; y, qué demonios, me remonto al año 2008, en el que la situación de aquel verano se repite ahora, pues tienen que ser Christopher Nolan y Pixar los que salven de nuevo esa cartelera (entonces fue con WALL-E y con El Caballero Oscuro).

Es la película más importante de Christopher Nolan, por fin ya uno de los grandes. Y atentos a los Oscar, pues este puede ser su año, si la competencia sigue siendo tan floja de aquí a Febrero. Nolan, que con Memento me dejó alucinado con su capacidad para complicar una historia, con Insomnia dejó clara su habilidad para crear atmósferas, con Batman Begins demostró una incipiente habilidad para los blockbusters de acción y las adaptaciones, con El Truco Final afianzó su habilidad para crear juegos de engaño e hipnotizar al espectador, y con El Caballero Oscuro dió un paso de gigante evolucionando en el pantanoso terreno de los blockbusters/adaptaciones de cómic y creando escuela. Pues en Origen encontramos el cúlmen de 12 años de carrera, de seis películas: la paranoia de Memento, la atmósfera de Insomnia, el mejor espíritu taquillero de la saga Batman, y el engaño al espectador de El Truco Final. Con Origen Nolan evoluciona, madura, por fin establece su estilo, realiza la catarsis de sus defectos, pone tantísimo mimo que nos ofrece un auténtico juego de sueños. Esta es la película más importante de Nolan, cuando creía que no sería posible. Es la obra de un artesano que ha escrito y dirigido con todo el esmero posible un ambicioso reto. Es un juguete en sus manos, un juguete de espíritu sencillo y personal pero con envoltorio lujoso y complejo.

Es la película más arriesgada que se ve en mucho tiempo. Porque viene con intenciones de ser un taquillazo: en contra de lo que predije, lo ha sido. Calidad y éxito se dan de la mano, en esas contadas ocasiones que se presentan cada año. Nolan por ello ha dado muestras de esa inusual inteligencia suya que le ha convertido en el protegido de los estudios: no solo ha creado un producto taquillero que ha dado éxito, sino que se ha permitido realizar en él todas las virguerías visuales y (ojo, que aquí llegamos al punto más peliagudo) narrativas que le han venido en gana, obligando al espectador a participar de este enigma; esto nadie tiene el valor de hacerlo en el panorama cinematográfico actual. Obliga al espectador a estar atento, a unir las diversas pistas y claves que deja en la historia para comprenderla. Con esto no quiero decir que la película sea incomprensible: no, porque para ello Nolan ya se encarga de volverse ciertamente reiterativo y dar las consabidad explicaciones, y éstas en ocasiones se vuelven algo repetitivas (aunque de no ser de ese modo no hubiese podido llegar al grueso de un público que no quiere ver paranoias ininteligibles en el cine comercial). Se nos explica siempre el "qué", pero no el "por qué". Así, solo el espectador que entre en el juego de Nolan comprenderá esta sencilla película, pero que Nolan se dedica a complicar cada vez más (de tal manera que me perdí en un par de ocasiones, aunque luego las respuestas me llegaron solas; creo), creando así su juego de realidades e ilusiones que dura desde el primer hasta el último fotograma. Y hacedme caso, este juego vale la pena.

Porque esta es de esas pocas películas, esas pocas "joyas" que presentan calidad en todos sus apartados, en las que nada sobra ni falta (ni debe faltar o el conjunto se vendrá abajo), en la que todo está calculado al milímetro de tal forma que todos esos elementos colaboran en enorme medida al resultado final, y que Nolan sabe manejar y orquestar con mano maestra: el equilibrio perfecto. Esta película es como un reloj, repleto de piezas unidas de tal modo que todo en él funciona y sirve a un bien mayor. O como un puzzle. Todas las comparaciones son válidas. En Origen todo es enorme, incluso hasta exagerado. No escatima en espectacularidad ni gastos.

Es un intenso ejercicio de imaginación. Tiene una ambientación de lujo, con decorados exquisitos: bebe del arte, de la arquitectura. En Origen he podido disfrutar de algunos paisajes que me encantan y que solo había visto en mis sueños: paisajes elegantes, majestuosos, sobrios, sombríos. Arquitectura moderna, acero y cristal. Atmósferas agobiantes. Una iluminación sorprendente que potencia el efecto de la dirección artística. Las escenas más visualmente poderosas de los últimos años. Y no necesita grandes florituras, porque sabe que el atractivo contenido de esas imágenes habla por sí solo. Es un alarde de creatividad: preparaos para sorprenderos con un despliegue visual fabuloso, que se apoya en unos impresionantes efectos especiales de calidad al servicio de la historia. Y atentos a la estupenda banda sonora de Hans Zimmer: estupenda porque encaja a la perfección con la acción añadiendo grandes dosis de espectacularidad y emoción, aunque por separado no ofrezca el mismo resultado; la música necesita a las imágenes, y viceversa.

Conjuga lo mejor del cine de espionaje, del cine de robos, del cine de acción, del thriller, del cine de corte surrealista, del cine "empresarial". Como bien he leído por ahí, una mezcla de James Bond, Ocean's Eleven y Matrix. No es una definición del todo correcta, pero nos sirve para hacernos a la idea de que esta película combina sofisticación, acción enrevesada, fantasía infinita, un reparto coral de personajes con distintas habilidades y un plan muy complejo.

En el guión Nolan desarrolla su mundo particular. Utiliza el mundo de los sueños para crear un universo en el que todo sea posible y que le sirva de excusa para realizar un thriller de acción y ciencia ficción: sí, una excusa; el mundo de los sueños es más onírico y surrealista de lo que nos lo presenta Nolan, que se centra únicamente en sus posibilidades estilísticas y argumentales más que en su espíritu. Pero no es competencia de Origen darnos una "rallada mental" incomprensible, sino entretenernos de la mejor manera posible. Y lo logra. Como he señalado antes, este es entretenimiento de primera clase, que no solo divierte y mantiene clavado a la butaca sino que también necesita de la involucración del espectador. Un blockbuster atípico.

Esta película es un lujo para el espectador corriente. Tras un comienzo vital, por la cantidad de información que ofrece, presenta a los personajes y el mundo en el que desarrollan sus vidas. Continúa planteando cuál será el quid de la cuestión, el centro de la historia, la planificación de la operación (y ahí es de donde más bebe del cine de atracos). Y, una vez planteados las bases, solo queda el nudo y el clímax del desenlace. Es curioso, porque de entrada todos tenemos presente que el nudo de la película no es más que un sueño, y que una vez los personajes despierten será como si nunca hubiera sucedido: ese es uno de los recursos más tramposos y sucios del cine, pues toma al espectador como imbécil y deja la coherencia de la historia por los suelos. Pero no en este caso. Desde que comienza el plan sabemos cómo puede acabar. La labor de Nolan en este caso es meternos de lleno en ese plan, en ese sueño en el que todo es posible, en prepararnos con las herramientas que ha presentado en la introducción y en hipnotizarnos y maravillarnos durante todo el tiempo que presenciemos ese sueño, en hacernos disfrutar de él aunque ya podamos prever el desenlace. Y lo consigue: juro que no aparté mi mirada de la pantalla en toda la película. Te absorbe, te atrapa. De hecho, una vez que los protagonistas despiertan del sueño, te sientes incompleto: te han sacado de bruces de un lugar que te había maravillado y, como en un sueño real, te duele volver a la realidad, aunque siempre la tenías presente (a todo ese frenético montaje hay que añadir que se encuentra condicionado por una cuenta atrás). No hay lugar para el aburrimiento, entre trepidantes escenas de acción (por cierto, Nolan ha mejorado muchísimo en este aspecto: ya son perfectas). Y en este nudo, es donde el guión se retuerce y nos ofrece decenas de giros. Llega un momento en el que se unen tres sueños a la vez, y en ninguna ocasión el excelente montaje decae, ni la comprensión se resiente demasiado. La historia se complica que da gusto, todo sigue funcionando y la maestría de Nolan hace que cuatro (¡cuatro!) corrientes argumentales se unan sin problemas, sin trastocar unas con otras. Ahí es donde esa maestría alcanza su cúlmen, en ese clímax inevitable en el que todos los elementos lo dan todo, en el que la emoción es continua: por Dios, la pelea antigravedad en el pasillo del hotel es un prodigio de realización, emoción, montaje y puesta en escena. La experiencia llega a ser apasionante.

Ahí, en ese nudo que condensa todo aquello por lo que esta película puede ser grande, se apoya más que antes en el reparto, pues es imposible que semejante laberinto se sostenga si no tiene actores que sepan representarlo, que vivan sus limitados personajes y entiendan por completo la clase de película en la que participan. Y menudo reparto. DiCaprio en una actuación contenida y sobresaliente (mejor que en Shutter Island, por meter polémica, cinta de corte algo similar que pecaba de tramposa y exagerada). Pero el resto (Cotillard, Page, Murphy, Gordon-Levitt, Hardy, Watanabe y hasta el cameo de Caine) no se queda atrás: todos en su lugar, ninguno destacando por encima del resto. El mejor casting del año, sin duda: desprende profesionalidad en todo momento.

Eso sí, tanta ambición pasa factura: en el momento en el que Nolan introduce un cuarto nivel de sueño la trama se resiente, y el ritmo pega un bajón que se hace notar. Tanta complejidad se vuelve reiterativa y hasta pesada. Por suerte, la situación se normaliza poco después, y llegamos a un clímax que a lo mejor hemos visto llegar: la escena inicial, si se ha prestado atención, dice ya mucho a mitad de película del desenlace, y volvemos al hecho de que conocemos ya los dos finales posibles del sueño también a mitad de película. A priori, es un error garrafal: Nolan nos ha presentado las cartas de su final sorpresa con demasiada antelación, cargándosela. Pues no es así, este tipo es un maestro, y nos deja el plano final.

El plano, Dios mío, ese plano. Cuando los detractores ya estaban afilando sus cuchillos ante lo que interpretaban como trampas del guión, y los defensores ya se relamían tras dos horas y veinte de película, Nolan nos trastoca todas nuestras ideas sobre la historia con un plano, con un solo plano, con el que demuestra que en esta película hay más de lo que parecía y que no nos hemos dado cuenta, que nos ha dejado un secreto a lo largo de toda la cinta que no hemos sido capaces de desentrañar. La peonza, girando sin parar. Una duda: ¿y si todo esto ha sido un sueño? Y entonces un fundido en negro. Ha torcido el final feliz. No hay tiempo para la decepción, pues la película ha terminado y, en realidad, Nolan lo único que ha hecho ha sido darnos la oportunidad de sacar nosotros nuestras propias conclusiones: eso sí, viendo la película de nuevo. Nolan nos ha metido de lleno en su juego, y cuando parece que todo ha terminado nos demuestra que todavía queda mucho por descubrir. Si de verdad nos interesa, investigaremos, le daremos vueltas, analizaremos todos los detalles una y otra vez para alcanzar una verdad que en realidad no existe. Nolan se ha atrevido a hacer lo que pocos: no solo obliga a que el espectador participe de su pelicula dándola toda su atención, sino que finalmente le anima a pensar, a llevarla a debate, a que ofrezca su propia versión de un final abierto que en el fondo no existe, a involucrarse en la película hasta el límite de hacerla suya. Todas esas versiones serán igual de válidas. Es como Blade Runner y la incógnita sobre si Deckard es un replicante. Y no me duele la mano con tal comparación. Con algo tan sencillo como dejar una puerta abierta en el último instante, y concluir su labor como director, nos deja a cada uno solo con nuestras ideas. Yo ya tengo hasta tres teorías sobre ese final, y todas son igual de válidas tras este primer visionado. Vendrán más: Origen me ha atrapado.

Todo el cine suspiró sorprendido con esa peonza girando. Había un regusto de decepción, de sorpresa, y hasta de ilusión. Ahora, la película es de los espectadores. Y el debate será largo. Origen es un título de culto, un clásico instantáneo vestido con ropas lujosas y espectaculares. Nos ha maravillado, nos ha hipnotizado: y no solo durante todo el metraje, sino que a la salida del cine seguimos dentro de ese sueño, intentando abarcar los recovecos de este fascinante laberinto. Como si de un sueño real se tratara. Y, ¿sabeis qué? Que después de todo es una película. No vamos a ser más felices discutiendo sobre ella, no vamos a recibir ningún premio. Pero aun así lo hacemos. Nos han metido esa idea en la cabeza, la de llegar al fondo del asunto. Y la seguiremos. Eso, amigos míos, tiene un nombre. El hacernos partícipes de un mundo completamente irreal, el hacernos soñar con lo imposible, el vivir con fuerza y ganas una historia de ficción. El arte de hacer soñar, disfrutar, emocionarse.

Se llama cine. Y en Origen hay cine a patadas: sorpresas de principio a fin (literalmente), emoción (a su manera, después de todo Nolan no es el director más "cálido" sobre el planeta), acción sobresaliente y montaje frenético, tensión, un guión elaborado, una música acorde por completo, actuaciones sobresalientes, realización excelente, ambientación soberbia, gotas de romance, buenos personajes, un montaje perfecto, y total compenetración con el espectador (un soñador más: la película no es más que otro sueño, el cine es sueño). Lo tiene todo en uno. Una gozada que he disfrutado enormemente. Bendita obra de relojería. Expectativas cumplidas, Nolan. Peliculón.

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