La perfección sin una introducción apoteósica es menos perfecta. Ya sea una película, un libro o un disco, si el comienzo no tiene la suficiente garra entonces ha perdido una gran parte de su fuerza. Hay comienzos arrolladores que luego decaen, o comienzos poco prometedores que esconden las herramientas necesarias para ir desarrollando un nudo espectacular o un desenlace inmejorable. Pero sea apoteósico, decepcionante, hipnótico, envolvente, hueco o imparable, todo comienzo tiene que ser capaz de atraer el espectador e invitarle a asistir al resto de la obra; luego ésta podrá ser más o menos buena, pero si consigue que el receptor esté atento a lo que tenga que venir desde el primer segundo, entonces ha cumplido el primer objetivo; debe involucrarse con dicho receptor y mostrarle las cartas más prometedoras sin que éstas sean las mejores, que ya tendrá tiempo de mostrar.
No voy a hablar de cine en esta ocasión, sino de música. La música es sin duda el arte más subjetivo de todos: la literatura te da las pautas, pero el paisaje que evoca es siempre diferente dependiendo del oyente; el cine y el teatro dan hasta la representación de acuerdo con la visión del director, dejando al espectador la interpretación de lo que ve; pero la música te ofrece libertad absoluta para que te inspire lo que sea. Es como un viaje; incluso si ya conoces un disco de memoria, todos sus pasajes te sonarán de haberlos escuchado antes pero esta nueva visita será distinta. Y es fundamental que el inicio del viaje sea prometedor.

No quiero decir con esto que todos los grandes discos tengan grandes comienzos, o que los grandes comienzos auguren grandes discos, pero hay ocasiones en que ambas posibilidades se unen. Pero no estoy aquí para hablar de mis discos favoritos (ya lo hice hace tiempo, y debería volver al tema pronto), sino de estos comienzos. Aquellos que me traen buenos recuerdos y que me animan a continuar con la escucha, aunque luego ésta sea terrible o de menor calidad. Aquellos comienzos que hacen a una obra maestra buena desde el principio, o que ponen un inicio de oro a obras menores, o que me mantienen atento de algún modo u otro.
Y no es este el lugar de los comienzos míticos, que los habrá, sino de mis comienzos favoritos, de discos que son, o no, mis preferidos. No es una lista fácil, porque no sólo son comienzos que me gusten, sino que para mí esconden o muestran una fuerza vital para el resto de la obra o que, en sí mismo, son obras maestras. Por supuesto, aún me falta por escuchar mucha música, y muchos clásicos: no habrá Beatles ni Rolling Stones en esta lista, ni autores de géneros que no me gusten. Todos conocemos la intro del Tubular Bells, pero a mí me cansa verlo en todas partes y, sinceramente, hay intros mejores de Mike Oldfield. Y esto por poner un ejemplo.
Y no me enrollo más. Aquí teneis unos cuantos. Disfrutadlos:
-Novus Magnificat, Pt. 1 (Constance Demby, Novus Magnificat)
No os miento; este es el comienzo más importante en mi vida. El impacto que me produjo este disco hace casi dos años no lo ha conseguido ningún otro. Decían que el disco homónimo era auténtica música espacial. Era verdad, pero era una música espacial totalmente distinta: una música atmosférica, de ambientes que llegan al alma. Y no exagero. Era una música tan poderosa en el sentido mismo de la palabra, que desde entonces ha condicionado toda la música que he escuchado. Constance Demby ha repetido la jugada con los discos Sanctum Sanctorum, Set Free, Faces of the Christ y Aeterna, pero nada como el océano cósmico en el que nos sumerge Novus Magnificat.
-Space Oddity (David Bowie, Space Oddity)
El primer gran disco de David Bowie comienza con una canción simplemente perfecta. La letra, trágica y cómica, con tonos de soledad y nostalgia realmente evocadores, que nos lleva directos al drama espacial del Mayor Tom, el mítico astronauta que realiza su última conversación con la Tierra, dedicando sus últimas palabras a su esposa. Una canción donde la voz de Bowie es fundamental, y que nos lleva de lleno al paso entre la psicodelia más pura y el glam más lujoso del que Bowie fue el rey.
-Anywhere out of the world (Dead Can Dance, Within the realm of a dying sun)
Dead Can Dance realiza con este disco su paso hacia músicas más oscuras y personales, y no hay mejor manera de comenzarlo. Se va creando una atmósfera oscura, represiva y, sobre todo, misteriosa, poco a poco, hasta que la voz de Brendan Perry surge de entre las tinieblas y nos lleva hasta el clímax, en el que su sola presencia es suficiente como para embaucarnos en un paisaje triste pero que, pese a ello, queremos explorar. El resto del disco es, simplemente, arrollador.
-The Host of Seraphim (Dead Can Dance, The Serpent's Egg)
Segunda aparición del grupo en la lista, pero, simplemente, lo merece. Si en el disco anterior era la voz masculina el eje principal del tema, en este caso es al revés. La monstruosa voz de Lida Gerrard nos da el tema más desolador y deprimente de Dead Can Dance. Un tema casi fúnebre, donde ya no hay lugar para la esperanza, donde los coros parecen sacados del mismísimo infierno y Gerrard expulsa desde lo más profundo de su ser un espeluznante lamento. Magistral.
-Incantations, Pt. 1 (Mike Oldfield, Incantations)
Para mí, el mejor comienzo de toda la discografía de Mike Oldfield. Incantations supuso la culminación de toda su etapa instrumental de los años 70, y de los cuatro Opus es el que presenta la composición más compleja y preparada, experimentando con los instrumentos y creando una atmósfera minimalista, hipnótica. Como el resto del disco, que necesita varias escuchas y una maduración especial, el comienzo de la Primera Parte nos mete de lleno en el hechizo de Oldfield, en la época en la que, literalmente, se creía Dios.
-Amarok (Mike Oldfield, Amarok)
La obra maestra de Oldfield comienza con un enloquecido riff de guitarra que nos lleva directamente a la locura desatada de Amarok, la obra más ambiciosa, desquiciada y genial de Mike Oldfield. Una vez uno "soporta" el caos ordenado con el que comienza Amarok, una suerte de collage de lo mejor de todo el disco, entonces, por muy difícil de asimilar que sea lo que viene a continuación, ya nos habrá atrapado. Y, aunque cueste entrar en su juego, si lo conseguimos merecerá la pena.
-Never let me down again (Depeche Mode, Music for the masses)
Depeche Mode abandona progresivamente el synth pop y lo hace con un enérgico tema del que uno nunca se cansa. El sintetizador (bendito sintetizador, un sonido que cambió mi vida) y la guitarra nos llevan de lleno hacia un triste tema de esperanzas desesperadas tremendamente épico, que llega a su clímax en el famoso momento que sirve a David Gahan en los directos para animar al público a agitar los brazos al son: auténtica música para las masas.
-I feel you (Depeche Mode, Songs of faith and devotion)
Otra incursión del grupo en la lista. El sonido de Depeche Mode se endurece, y Songs of faith and devotion comienza con un sonido de guitarra distorsionada que taladra nuestros oídos, justo antes de que comience un salvaje espectáculo, en el que Gahan se deja la voz y el ritmo es incesante, y las pausas solo sirven para coger fuerzas. I feel you, un tema incansable y brutal, que va cogiendo fuerza poco a poco, tanta, que si llega a durar la mitad no perdería nada de su calidad. Un temazo.
-Watermark (Enya, Watermark)
Ya el comienzo homónimo de The Celts auguraba una pequeña joya, pero Watermark se merece, por méritos propios, ser el mejor tema instrumental de la carrera de Enya. Un tema instrumental corto, donde el piano cobra todo el protagonismo (como es habitual en la obra de la artista) y desprende una melancolía y una sensibilidad inmensas, donde absolutamente todo es perfecto, donde la Enya instrumental alcanza unas cotas de sinceridad que no volverían a repetirse.
-Oxygene, Pt. 1 (Jean Michel Jarre, Oxygene)
Si bien la Parte 2 es la más alabada (mi favorita sigue siendo la celebérrima Parte 4), Oxygéne es uno de mis discos favoritos por muchas razones. La Parte 1 creo que es el comienzo perfecto para tal disco: nos introduce de lleno en el ambiente electrónico de la obra de Jarre, gracias a sonidos espaciales envolventes que crean una atmósfera única y magnética. Una vez que escucho los primeros segundos de Oxygene, sé que voy a comenzar un viaje irrepetible.
-Ethnicolor (Jean Michel Jarre, Zoolook)
Podría mencionar Equinoxe, Magnetic Fields, Chronologie, Oxygene 7-13... como otros álbumes de Jarre en los que el músico francés muestre toda la espectacularidad de los sintetizadores para engancharnos desde el primer segundo, pero me decanto por Ethnicolor. El experimento vocal de Jarre, su álbum más original y rompedor, comienza con un tema en dos partes, una primera de espíritu triste, casi fúnebre, y una segunda aún mejor, donde la música se vuelve totalmente épica y los sonidos se vuelven locos. Una gozada.
-All soul's night (Loreena McKennitt, The Visit)
La voz de Loreena McKennitt es inimitable, pero si tuviera que elegir un único tema suyo escogería éste. Además, es el tema que abre uno de sus grandes álbumes, The Visit, y el comienzo no podría ser más prometedor. Un tema que nos habla de lugares mágicos, almas errantes, luces en la oscuridad, en el que la poderosa voz de Loreena sirve para embaucarnos y maravillarnos con el encanto de las noches árabes. Insuperable.
-A victory of love (Alphaville, Forever Young)
Para los aficcionados al synth pop, la ópera prima del grupo Alphaville es de escucha obligada. Forever Young, con clásicos como el tema homónimo, Big in Japan o It sounds like a melody, cuenta con un tema infravalorado para mi gusto, y que abre el disco estupendo. En A victory of love la voz de Marian Gold comienza poco a poco aumentando de tono, hasta estallar en una explosión de ritmos y alocadas secuecias de sintetizador. Una pegadiza canción y, para mí, una de las mejores del disco.
-Enchantment (Chris Spheeris y Paul Voudrois, Enchantment)
Conocí a Chris Spheeris hace ya unos años, y hay que reconocer que en su discografía hay auténticas joyas. Junto a Voudrois, firma Enchantament, otro gran disco que rompería todos los esquemas y se convertiría un éxito. Además, se abre con un tema de belleza y sensibilidad indescriptible, que transmite una sensación de calma y serenidad completas. Precioso.
-Can you forgive her? (Pet Shop Boys, Very)
Los irreverentes Pet Shop Boys, que pueden sacarte al año decenas de desvergonzados remixes de grandes éxitos o un álbum por el mismo estilo, sin perder nunca su sentido del humor, abren Very, estupendo disco de pop electrónico, con una canción sorprendente. Una auténtica fiesta, una canción desenfadada perfecta para meterte de lleno en la diversión de todas las canciones que siguen a continuación.
-Adiemus (Karl Jenkins, Adiemus: Songs of sanctuary)
Con un estilo que muchos confunden erróneamente con Enya, Jenkins explotó toda su vena sinfónica con el precioso, aunque algo tedioso, proyecto Adiemus. La primera parte se abre con el tema más conocido de toda la saga, una preciosa melodía llena de belleza y épica, en esas contadas ocasiones en las que ambos adjetivos van unidos, para dar lugar a una música de ensueño.
(Continuará)


15 oct 2010 | 04:26 PM
reven-entertainment
Habrá segunda parte, garantizado ;-)
16 oct 2010 | 09:31 AM
angel
Interesante selección y buenos maestros, Alberto. Sobre todo Bowie y DCD, je je je
16 oct 2010 | 04:28 PM
Warren Keffer
La mayoría los conozco y son igualmente mis favoritos: Oldfield, Bowie, DCD, Depeche Mode :D
16 oct 2010 | 11:24 PM
galeria
Buena música !!!
Imprescindible !!!
Saludos
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