Hoy me siento triste. Hoy, nos ha dejado Alfred.

Michael Gough, sin duda un excelente intérprete británico, ha muerto hoy a la edad de 94 años.

Gough nos ha dejado un intachable recorrido a través de más de cien películas, como Dracula (1958), El Fantasma de la Ópera (1962), Los niños del Brasil (1978) o Memorias de África (1985).

Pero por lo que yo siempre le he tenido un cariño especial y por lo que quedó en mi memoria fue por su inolvidable participación en la saga de Batman en el papel de Alfred, el inseparable mayordomo del Caballero Oscuro.

Gough supo transmitir a su personaje la seriedad impoluta del mayordomo inglés junto a la más fina ironía. Y, sobre todo, convirtió a Alfred en un personaje cálido, cercano, entrañable. Para un niño, Alfred era el mayordomo cariñoso e inflexible que todos admirábamos y deseábamos tener en nuestra casa. Y por eso mismo, por su personalidad única, me caló hondo.

Alfred en Batman era inflexible. En Batman Vuelve, simpático. En Batman Forever, el consejero. En Batman & Robin, la figura casi paterna (y lo único bueno de la película, lo único que transmitía humanidad y sentimientos). Era el aliado siempre fiel, atento, servicial, familiar.

Era ya muy mayor, y ya se había retirado del cine. Sus últimas participaciones fueron escasas, anecdóticas, en dos películas de Tim Burton, dando su voz a personajes animados: La Novia Cadáver y Alicia en el País de las Maravillas. Su relación con Tim Burton fue casi constante.

Alfred fue quien metió a Vicky en la Batcueva en Batman. Sus golpes de humor cínico eran únicos. Sus consejos a un Bruce atormentado eran la única chispa de humanidad en las pésimas películas de Schumacher. Y ahí estaba Gough, dando vida de manera inmejorable al personaje. Aportanto una enorme profesionalidad. Siendo Alfred.

Siempre, para mí, será Alfred. Se le echaba de menos.

Descansa en paz, Michael Gough. Hasta siempre.