
Me quedo con la primera mitad; el resto es basura
AVISO: destripo la película.
Cuando llega a la cartelera una nueva película de superhéroes, los aficcionados estamos curados de espanto. En diez años hemos visto de todo, desde el esperpento más indefinible hasta el drama más profundo. Es un género que ha ido afianzándose con el paso de los años y que ha ganado, si no prestigio, atención por parte de grandes actores y directores. Y, seguramente, es el género que siempre podrá contar con el apoyo del público. Su supervivencia está asegurada.
Ahora, con tantos años de experiencia a su espalda, el género se atreve con propuestas más maduras o más ambiciosas. Para Marvel, su propuesta más grande será "Los Vengadores", que se estrenará el año que viene. Y ha estado preparando el camino hacia este gran evento por medio de películas que presenten a los personajes que compondrán el grupo: "Iron Man" y su secuela, "El increíble Hulk", esta "Thor" y "Capitán América" este verano.
Y ese es el límite en el que se mueve la película del dios del trueno, siguiente paso en el megaproyecto de Marvel. Seamos claros: ¿qué le puedes pedir a unas películas que están limitadas desde el mismo momento en el que su razón de ser está en dar pie a una película mayor, ante la que irremediablemente quedarán empequeñecidas? ¿Qué le exiges a una película que siempre mirará desde abajo a otra mucho mayor y en la que de verdad estará puesto todo el empeño del estudio Marvel? Tal vez ese sea el mayor escollo de Thor: creerse y mostrarse más humilde de lo que podría ser, verse muy limitada.
Porque, hablando en plata, Thor no deja de ser un prólogo más de un personaje con un destino cinematográfico futuro mucho mayor.
Me parece que estoy siendo demasiado duro. No es así. Como película de cómics, Thor cumple las expectativas mínimas y consigue lo que otras muchas no lograron: no molestar y ser digna. Aunque sea solo un proyecto de encargo con grandes nombres, una película destinada solo a hacer caja y a decirle al mundo que hay un superhéroe llamado Thor que aparecerá de nuevo el año que viene (como bien nos recuerdan los créditos finales del "film"). Aunque Branagh simplemente cumpla en la que es su primera superproducción (y realice una labor solvente, a pesar del molestísimo 3D, carente de definición). Aunque se mueva entre tópicos y situaciones ya vistas. A pesar de todo eso, es consciente de sus limitaciones e intenta superarlas; se queda a medias, pero su esfuerzo honra a una película simplemente correcta.
Empieza bien: sí, con situaciones manidas y personajes estereotipados que no pasan de ser "el padre sabio y anciano", "el héroe orgulloso y temerario desde niño" y "el hermano pequeño relegado al segundo puesto", pero precisamente por ello presenta unos personajes bien establecidos y que no necesitan desarrollos complejos. Desde el comienzo, sabemos que tenemos un héroe, un hermano en la sombra en el que no se puede confiar y un padre que intenta mediar entre ambos; no necesitamos más, todo queda bien dispuesto. Se vislumbra un drama familiar a partir de un triángulo al que dan base la estupenda labor de sus actores (qué decir de Hopkins; Hemsworth es una grata revelación que da la talla; Hiddlestone funciona bien como villano sibilino y traicionero).
Ya en el prólogo tenemos una trama establecida, un contexto asombroso (el diseño artístico y técnico de Asgard es precioso y, a pesar de los temores iniciales, encaja perfectamente) y una película que promete. Nos dan conflictos, sientan las bases para todo lo que queda de película. Y hay acción, y de la buena: ver a Thor dar golpes a diestro y siniestro es una gozada, es lo que de verdad quería ver. La violencia desatada y la magia de Asgard aparecen en todo su esplendor y consiguen atrapar al espectador.
Pero entonces comienza lo que es la trama principal de la película: el destierro de Thor. La historia se divide entonces entre una parte en la Tierra, en la que se nos narra el esfuerzo de Thor para volver a su hogar, y otra en Asgard, donde se intentan desarrollar los conflictor que ya estaban dispuestos en forma de revelaciones familiares y amenazas de guerra. ¿El problema? Que comienza a dejar de funcionar.
Porque la parte de la Tierra no cuaja. La verdad, me gustó la contraposición entre Asgard y la Tierra, en el sentido de que lo que en Asgard te parece completamente normal y asombroso, en cuanto lo trasladan a la Tierra se vuelve ridículo; como debe ser. Pero no necesito ver chistes cada dos por tres de cómo Thor no encaja en nuestro mundo, ni que la compañera científica esté soltando comentarios absurdos sin motivo; no necesito situaciones infantiles. Y tampoco a Portman: un personaje inútil, un estorbo, que se dedica únicamente a quejarse y a enamorarse perdidamente del gigante nórdico rubio y a convertir su bravuconería en empalagosería (y lo siento por Portman, porque hace lo que puede con un personaje más plano que un folio de papel, que no sirve para nada salvo ablandar al protagonista y dar el ¿necesario? contrapunto romántico en toda historia de superhéroes; y nada más). En el momento en el que confunden el heroísmo (que se supone que debía aprender Thor en su destierro) con poses a lo galán de cine, miradas perdidas, besos apasionados, los "mátame a mí en su lugar" a cámara lenta y amenazas a lo "voy a ir a por ella y la haré sufrir", algo está fallando: cuando confunden la humildad con servir platos con una sonrisa y un delantal puesto, la película se ha ido a tomar por saco.
Ante una película que no termina de funcionar en lo argumental, lo único que buscamos es lo que nos queda: acción, acción y más acción. Porque ahí está el Destructor, y Loki está haciendo de las suyas en Asgard (escalando posiciones, llevando a cabo un plan oculto que aún no se revela). Y aunque la cosa esté degenerando en la Tierra, aún podría solucionarse en el momento en el que Thor vuelva a su reino. Pero no es así. Nos prometen dos clímax: el primero es corto y frío, poco espectacular, así que depositas todas tus esperanzas en la típica batalla final de cómic entre el héroe (Thor) y el villano (Loki) que podría ser la madre de todas las batallas, que te deje pegado al asiento; de nuevo, gran decepción.
Al final, la Tierra acaba siendo un escenario de momentos cada vez más ridículos y giros forzados, y en Asgard todo lo que se había construido en un principio cae también en la mediocridad: nos quedamos sin villano, pues Loki, que prometía en un principio, revela un plan sin sentido y endeble, una amenaza que nunca se hace real (porque... ¿dónde queda la prometida guerra contra los gigantes de hielo?). Thor es una película con buenas bases sobre las que partir, que se acaba dividiendo en dos subtramas que podrían haberse aprovechado muchísimo más. Toda la parte final es mediocre, muy mediocre; aburre y no sorprende. Me quedo con la primera parte, en la que sí había acción, el humor no había caído aún en la vulgaridad, el romance aún prometía y se adivinaba un drama familiar potente; a partir de un momento en concreto, (el fracaso de Thor al querer recuperar su martillo, para ser más exactos), la película cae en picado: el romance se vuelve insufrible, el humor, tosco, la acción se da por perdida y el drama pierde sentido.
Para más INRI, el final, obviamente abierto, se deja llevar por lo sentimentaloide. No sé cómo sentirme ante esta película, que tiene sus cosas buenas, muy buenas, pero que acaba completamente perdida, como si los guionistas hubiesen perdido el control sobre la historia: no es tan sirvengüenza como Iron Man, por lo que no perdura, pero tiene un mejor punto de partida que, por ejemplo, El increíble Hulk. ¿Entonces? Entonces, bueno, me deja a medias. Vista en conjunto, no voy a ponerla a parir solo por su desenlace. Porque, por muy mediocre que sea, al final no me sentí insultado; simplemente, lo dejé estar. Tiene dos terceras partes de película que merecen la pena, satisfacen lo mínimo que se exige de este cine: buena historia, buena acción, buenas intenciones. Si luego justo en el final se les va de las manos, es una pena, pero todo lo anterior tiene lo que muchas películas de superhéroes intentan conseguir sin éxito: quedarse en la fórmula conocida pero despuntar pese a ello.
Thor ha podido ser mucho más, pero también mucho menos. No han dejado libertad absoluta; Thor está atada a Los Vengadores eso lo sabemos. Podrían haberse desmarcado un poco de esto, haber hecho una película más arriesgada, como parecía en un principio, sin salirse de sus limitaciones impuestas. Pero también podría haberse rendido y terminar siendo un fiasco absoluto desde el comienzo. Thor se queda a medio gas: no termina de ser valiente, de sacar su enorme potencial, pero tampoco se acobarda, no se convierte en un producto más; no tiene personalidad propia, pero tampoco es un calco vacío y plano.
A mí, visto el panorama del cine de suerhéroes, me vale. Thor no necesita desmarcarse y ser una película diferente y única, aunque un poco más de atrevimiento, pese a sus limitaciones, no le hubiese venido nada mal. Si quiero profundidad, ya me iré a X-men o El Caballero Oscuro; y si quiero diversión desenfadada, a Iron Man. Lo bueno es que, tras diez años, sé lo que me puedo esperar de cada nuevo estreno y, lo que es más importante, tengo variedad entre la que puedo elegir.
TOTAL: 




PD: por cierto, curioso cameo y buena escena tras los créditos, poniéndonos los dientes largos para El Capitán América y Los Vengadores.


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