Renovando la saga, y los ánimos del espectador

 

Piratas del Caribe es una franquicia que dejó de interesarme hace tiempo: tras una primera película que sin duda metería entre lo mejor del género de aventuras, llegaron dos secuelas que lo echaron todo al traste; una segunda que no era más que un insustancial prólogo de dos largas horas, y una tercera que era una estupidez enrevesada y caótica empeñada en conseguir la madre de todas las escenas espectaculares. Donde la primera fue sencillez y espectacularidad al mismo tiempo, las otras dos intentaron un "más difícil todavía" continuo, y si bien los fuegos artificiales fueron de órdago (todavía recuerdo la batalla final de "El el fin del mundo" como una de las más impresionantes que he visto en mi vida), estos no hacían más que eclipsar una historia con enormes lagunas y alargada en exceso: ojalá hubiesen realizado dos secuelas autoconclusivas en sí mismas, una segunda a mayor gloria de David Jones (personaje muy desaprovechado, en mi opinión) y una tercera centrada únicamente en los misterios de Oriente y el Fin del Mundo (como prometía en un principio).

Así que recibía la noticia de esta cuarta parte con mucha suspicacia. De entrada, la renovación del reparto ha sido casi total; después, la trama nos prometía un regreso a la sencillez inicial, a la aventura pura en forma de viejas leyendas marinas (sirenas, zombis y Barbanegra). Mis expectativas eran muy bajas, y me esperaba solo que me entretuviese durante dos horas y no me tratase demasiado como a un imbécil (¿cuántas veces habré dicho ya eso? Qué mal está el cine si mi único deseo es ese cuando voy a ver una superproducción).

Pues tal vez ha sido porque me esperaba muy poco, pero esta cuarta parte de la saga de los Piratas me ha gustado. Y sin tirar cohetes. Pero he de reconocerlo: lo han conseguido, han conseguido que recupere el interés.

Esta vez, la historia nos lleva a la búsqueda de la Fuente de la Juventud; españoles, ingleses y piratas emprenderán un viaje lleno de peligros hacia la vida eterna. Y, por supuesto, ahí está Jack Sparrow (tal y como anunciaba el final de la tercera parte), que en esta ocasión se las tendrá que ver con Angélica, un antiguo romance sedienta de ajustar cuentas.

Es un regreso en toda regla a la sencillez inicial. Y, si bien no es un regreso triunfal y completo, funciona. Tenemos mitología marina (sirenas, esta vez), la piratería, los escenarios paradisíacos, la búsqueda de un tesoro y el elemento sobrenatural propio de la franquicia (en esta ocasión el vudú y la magia negra, donde antes teníamos maldiciones de dioses paganos). Y no busquéis más que eso: no hay espectacularidad que ahogue el guión, aunque tampoco hay un guión lo suficientemente fuerte que sostenga a la película. La cuarta parte de Piratas del Caribe tiene solo su historia para seguir adelante.

¿Por qué? Pues porque el presupuesto es menor, porque se nota la crisis, y porque no pueden arriesgarse a cometer los errores pasados; en tiempos tan impredecibles para la taquilla como son estos, lo más sensato es no hipertrofiar la película que presentas, para evitar el descalabro económico. En Disney, han tomado una decisión que puede cabrear a quienes esperasen más entretenimiento, pero que a mí me ha parecido lo más lógico viendo los tiempos que corren: arriesgarse poco, apostar por recursos limitados sobre los que partir para un reinicio de la franquicia antes que ofrecer un producto exagerado que puede fallar; si fracasas, mejor con algo sencillo, ¿no? Y si lo que quieres es recuperar una saga a la que muchos daban por perdida, lo mejor es dar un paso pequeño pero seguro.

Así que en Piratas del Caribe: en mareas misteriosas no hay batallas marinas, no hay efectos especiales explosivos, no hay tramas enrevesadas. Se tienen que conformar con los pocos medios que poseen (dirección artística, escenarios, acción con "los pies más en la tierra" al contrario que en las entregas anteriores) y con la historia de búsqueda del tesoro, que es la que los sustenta. Es decir, es una película que solo se puede valer del entretenimiento más puro y del devenir del guión. Pues me vale. Como ya he dicho antes, es una vuelta a los orígenes, pero sin conseguir el perfecto entretenimiento que cabía esperar; no obstante, aplaudo tanto esa decisión como el hecho de que han acariciado el nivel de La maldición de la Perla Negra: porque En mareas misteriosas es aventura sin pretensiones, que es lo más importante, y, aunque no cautiva como aquella primera entrega, es tanto una película veraniega justita y a la que no se puede pedir más como una secuela digna de la saga y un reinicio de la misma prometedor. Casi podríamos decir que esta cuarta entrega es la "hermana pobre" de la saga: mucho más sencilla, pero con ganas de volver a las raíces que tan bien funcionaron en el pasado y que nunca se debieron abandonar en pos del efectismo grandilocuente pero vacío.

Salvo el resto, pues dentro de esa renovación de la saga tenemos un Johnny Depp que, lógicamente, demuestra por qué era el centro de atención de las entregas anteriores, en una interpretación que nos da lo que era de esperar: queda a decisión de cada uno si eso es bueno o no. Barbossa sigue ahí en manos del impagable Geoffrey Rush. Y, para nuestro alivio, los dos lastres de la trilogía anterior, Bloom y Knightley (que cumplieron en la primera entrega, pero en las dos siguientes eran una molestia) han desaparecido para dar paso a nuevas incorporaciones: una Penélope Cruz que, sorprendentemente, encaja, y una historia de romance entre un misionero y una sirena que recuerda en empalagosería (y en momentos ridículos, véase "Sirenia") a la de Will y Elisabeth (y que, roguemos, no regrese en una futura quinta parte). Ah, y Barbanegra, en manos de un Ian McShane que se lo tuvo que pasar en grande: es un personaje que, si bien no alcanza un nivel adecuado para ser memorable, es todo lo mínimo que espero de un villano de Piratas del Caribe: poderes sobrenaturales, excelente presencia y cierto "hijoputismo", si se me permite la expresión. Aparte dejo la ESPECTACULAR secuencia de las sirenas y la impresionante primera aparición de Barbanegra, momentos que me devuelven al espíritu original y puro de la saga: el entretenimiento espectacular sin más.

Por lo demás, le perdono que Zimmer solo cumpla, que Rob Marshall sea solo un director que se dedique a cumplir un contrato de manera totalmente impersonal (es una película sin rutinaria en la dirección, Marshall no es más que un "mandado" del estudio), un inicio demasiado apresurado y en el que se dan demasiadas cosas por sentadas (y con salidas ilógicas y cameos innecesarios, ya veréis por qué) y algunos agujeros, sin duda debidos a una falta de un pulido final al guión, que hacen que el ritmo de la película se resiente. Y señalo el detalle religioso-político muy leve que tiene la historia, que ya faltaba; estamos en el siglo XVIII, señores, y junto a la piratería, lo sobrenatural y la Compañía de las Indias tenemos a naciones que se mueven únicamente por asuntos de fe (y, sí, los españoles en esta película tenemos un papel muy acorde al que hemos realizado en toda la historia: llegar con orgullo, arrasar y marcharnos, jejeje).

En definitiva, a mí esta película me ha convencido, me ha gustado lo justo (sin echar cohetes). No tengo demasiadas cosas a su favor, pero tampoco en su contra. Y tengo ya ganas de ver la quinta. Han sentado unas bases terriblemente jugosas para una continuación muy potente: una vez veáis la película, comprobaréis que la quinta parte (que tendremos, pues esta está funcionando muy bien) promete muchísimo. Solo espero que no se dejen llevar por ellas y nos den una birria hipertrofiada, como la segunda y la tercera parte.

Jack Sparrow, señoras y señores, ha vuelto. Y, si bien su regreso no ha sido por la puerta grande, sí que lo hace con la cabeza bien alta; esperando, eso sí, que el siguiente paso sea mucho más impresionante que este, un tímido cuarto paso. El siguiente puede ser o algo colosal o derrumbarse por su propio peso. Crucemos los dedos, pues.

 

TOTAL: