Los mutantes, ahora sí, han vuelto

 

Se ve que este año será para mí aquel en el que recuperé la confianza en sagas a las que ya creía muertas. Hace poco, confesaba que Piratas del caribe: En mareas misteriosas me había reconciliado con Sparrow y compañía. Ahora, la saga X-Men me ha demostrado que, siempre que caiga en buenas manos, aún puede dar guerra. Cuando hice mi crítica a la nefasta X-Men Orígenes: Lobezno, me lamentaba de que ninguna película de mutantes hubiese sido capaz de situarse a la altura de las dos de Brian Singer, y me preguntaba si era tan difícil hacer una precuela de la saga con un mínimo de calidad: muy bien, hoy me alegra saber que X-Men: Primera generación no es solo una película de superhéroes muy entretenida, sino que es una dignísima heredera de la obra de Singer y una precuela más que convincente.

Señores, X-Men: Primera generación es la mejor película basada en los mutantes desde X-Men 2. Han pasado ocho años; ya era hora. Es la película sobre los X-Men que llevo esperando tanto tiempo.

Y mirad que pintaba muy, muy mal. Un proyecto que se llevó adelante solo para mantener los derechos de los personajes en la Fox. Un vaivén de guionistas hasta que se termina el guión definitivo.Brian Singer anuncia que vuelve para luego verse obligado a marcharse, poniéndonos en su lugar a Matthew Vaughn (director de la preciosa Stardust y de la correcta Kick-Ass, pero todo indicaba que estaba ahí como solución "in extremis"). Reparto de caras jóvenes de revista quinceañera que nos hacen pensar en un "High School X-Men"; a ellos se suman actores consagrados como Kevin Bacon o James McAvoy, lo que aumenta nuestro desconcierto. Un rodaje que se tiene que realizar a marchas forzadas. Una post-producción que se tiene que hacer en apenas seis meses, y un equipo de FX que se ha visto sobreexplotado. Una promoción pésima, en la que el director no pudo meter mano y que nos ha dado pósters horribles e imágenes promocionales que parecían hechas por un niño de cinco años utilizando Photoshop.

Pues no sé si esa prisa ha ayudado, pero lo cierto es que me he tenido que tragar todas las pestes que eché sobre la película, y las bajas expectativas que tenía se han visto superadas de largo. Matthew Vaugh en su día iba a dirigir X-Men 3, y ojalá lo hubiese hecho y hubiese arreglado ese desaguisado final que fue la tercera entrega, porque es un tipo que sabe perfectamente qué tiene entre manos cuando realiza una adaptación de cómic: no es un director con personalidad, pero sí con ojo; aún le falta mucho que recorrer, pero nadie le podrá quitar su labor de artesano, tanto para sacar adelante proyectos personales (Kick-Ass, que financió de su propio bolsillo; o Stardust, hecha con enorme mimo) como para realizar encargos de última hora y bajo cientos de presiones, amoldándose a ellas. En serio, le admiro. X-Men: Primera Generación funciona perfectamente: Vaughn no solo sabe mirar con total respeto a la obra de Singer, sino que se desmarca de ella y logra darle a X-Men: Primera generación un estilo propio, cercano al desenfado del cómic de los años sesenta pero sin perder un tono actual.

Y es que X-Men: Primera generación vuelve con acierto a lo que hizo tan grande al cómic original y que Singer supo trasladar con gran acierto a la pantalla: X-Men es una historia de seres rechazados, que optan bien por la lucha por su aceptación por parte de la Humanidad, bien por la lucha contra esa Humanidad que les teme. Es un cómic de personajes, de seres que luchan por defender a quienes les temerán siempre. Y, a la vez, esos personajes se enfrentar a situaciones imposibles, a aventuras cargadas de acción gracias a la enorme variedad de poderes que les confiere su naturaleza mutante. En el cómic el espectáculo estaba servido, pero también el drama. Las últimas películas de X-Men no fueron más que un desfile de cameos inservibles y de efectos especiales sin sentido. Ahora, la cinta de Vaughn se convierte en una adaptación estupenda porque se esfuerza por crear un entorno argumental creíble, de desarrollar unas motivaciones para los personajes que les definan y justifiquen sus acciones: Erik odia a la Humanidad tras ser torturado en un campo de concentración, Xavier estudia a los mutantes por pura curiosidad científica, los jóvenes reclutas no son más que muchachos que deben enfrentarse a un mundo más hostil de lo que desearían. Pero también se habla de la aceptación social e individual, de parecer normal y luchar por ello. Es decir: la película funciona desde el guión porque se esfuerza en crear un reparto de personajes creíble y con el que podemos empatizar, cada uno con una personalidad propia y unos dilemas contra los que enfrentarse.

Y a ello ayuda el más que solvente reparto. James McAvoy, actor que me da siempre una de cal y otra de arena (insoportable, para mí, en Wanted, por ejemplo), me ha convencido como Xavier. Michael Fassbender interpreta a un Magneto que, de lejos, tiene las mejores escenas de toda la película: está enorme derrochando carisma, "magnetizando" (valga la redundancia) al público con su personalidad cruel y cabrona y un pasado doloroso que despierta empatía; su epifanía ya como villano tiene una fuerza arrebatadora, es una escena colosal, y en ella Fasbbender se vuelve Magneto (aparte, claro está, que es el personaje más alucinante en cuanto a poderes, ¿o no?). Y, sobre todo, Kevin Bacon: es el villano por excelencia, una especie de precuela de lo que será Magneto, un villano cargado de maldad que sabe aprovechar; Bacon se vuelve odioso, impone, es un villano con todas las de la ley.

No solo funciona a nivel de personajes e historia. La acción es buena, muy buena. No solo porque Vaughn dirija con ritmo y emoción, subiendo la intensidad poco a poco y haciendo que disfrutes con escenas explosivas y trepidantes (el comienzo de la película es brutal, desde los orígenes de Xavier y Erik hasta asalto al barco de Shaw); disfrutas del despliegue de poderes y de su variedad, es un auténtico gozo ver cosas imposibles y pasárselo como un crío. Pero también porque los villanos son una amenaza palpable y temible; son capaces de manejar el mundo a su antojo, pueden atacar a quienes quieran con resultados fatídicos (el asalto al cuartel de la CIA es trepidante, asusta de verdad, es un despliegue de poderes tal que te sientes impotente; aparte de que Vaugh maneja la escena magníficamente). Y porque el uso de los poderes en la película no se limita solo a ser una exposición de efectos especiales (que sí, que a nivel de FX es muy decente): los poderes sirven no solo para asombrar al personal, sino para enfrentarlos unos contra otros de manera inteligente. Si cada bando tiene a un telépata, pues la trama sigue su curso sabiendo que cada equipo podrá leerle la mente al otro; si hay personajes que vuelan, pues los combates entre ellos aprovecharán al máximo sus posibilidades; si se enfrentan un teletransportador y otro que es puro físico, tendré que hallar un equilibrio entre la agilidad y la fuerza bruta; si un personaje controla el metal, entonces tendré que explotar sus posibilidades al máximo si quiero que resulte espectacular (y, oh sí, lo es). Así, la acción es tremendamente entretenida y asombrosa y, lo principal, tiene sentido. Y así es como X-Men: Primera generación termina de convertirse en una película terriblemente inteligente y muy bien construida.

¿Fallos? Los hay. En primer lugar, el que ya arrastran de por sí las adaptaciones de Singer y el propio cómic: el aire de "buenrrollismo" que se respira en el bando de los héroes. Comprensible, pero los discursos de superación y de "qué estupendo es el mundo" terminan por cansarme. En segundo, que la película va a toda pastilla; tal vez por las prisas durante el rodaje y la post-producción, tal vez porque no quieren perder al espectador en ningún momento, pero eché en falta algunas pausas en momentos puntuales. Y, en tercero, que, volviendo al primer punto, la película pierde ritmo en cuanto se centra en los jóvenes mutantes: ahí tenemos falta de acción, discursos bonitos y romances que no vienen a cuento. Sinceramente, yo prefiero la película cuando entra en el meollo: cuando en los momentos de descanso los personajes evolucionan y las piezas se van colocando inteligentemente para el acto final, cuando la trama política (metida en la película y que queda como un guante) avanza aumentando la tensión, cuando los villanos atacan sin piedad, cuando Xavier y Magneto entran en acción, cuando los jóvenes se enfrentar a auténticos retos, cuando la acción no descansa, cuando la realidad del mundo les golpea de lleno; ahí sí que hay emoción, ahí sí que estoy disfrutando de lo que veo en la pantalla, clavado en mi asiento. Ahí es donde funciona X-Men: Primera generación, y yo lamento que haya una parte entre medias que falle en ese aspecto. Le quitaría también algunos detalles ridículos (Magneto y Mística, y paro de hablar) y un poco de la BSO, aunque en momentos determinados ayuda a aumentar la tensión que da gusto.

Dicen que van a hacer secuelas. Pero podrían, y deberían, quedarse aquí. Y, así, ser una precuela muy digna, repleta de guiños al lector de cómics, pero sin sobresaturarse de ellos, y de detalles que conectan perfectamente con la saga original (el casco, Cerebro, el hecho de que Magneto y Mística conozcan tan bien a Xavier y la mansión). Pero, claro está, han dejado algunos cabos sueltos que, bien entrelazados en futuras películas, podrían cerrar aún mejor esta historia previa; como fans, lo admito, queremos ver qué será de esta generación de mutantes, cómo llegaron a entrar en el grupo los que aparecieron en X-Men y X-Men 2, qué fue de esos primeros miembros de la Hermandad de Mutantes, cómo evolucionarán Xavier y Magneto ya como enemigos y si entre Mística y Azazel ocurrirá lo que muchos pensamos.

Ah, un último detalle. Dije que esta es una excelente adaptación. Lo es hasta sus últimas consecuencias. Estamos en los años 60, y la eficiente ambientación hace maravillas. Se respira un ambiente pop desenfadado que da gusto. Solo así pueden funcionar, sin parecer ridículos, los trajes, ciertos momentos de rebeldía adolescente y otros de violencia "camp", ese aire de nostalgia cutre-hortera y algunos detalles para el lector de cómic que no quiero revelar (justo en el plano final está el mejor ejemplo de esto, aviso). Porque la película utiliza sabiamente esta ambientación para ser lo más fiel posible al material original, el cómic: un material desfasado en el tiempo a nivel estético, pero precisamente esa estética se puede aprovechar para darle un toque más actual y, al mismo tiempo, permitirse algunas licencias artísticas que no quedarán ridículas. No es un Batman & Robin, no da vergüenza ajena: simplemente, X-Men: Primera generación es un ejemplo de buen cine de superhéroes, entretenido, ameno, bien planteado y con grandes personajes, un guión sin agujeros y un espectáculo de efectos especiales arrollador. Y es una película que se encuentra muy a gusto en la ambientación sesentera, porque sabe que le debe muchísimo: que el cómic actual, en realidad, nació en los años 60, con todo lo que eso conlleva. Y le realiza el mejor homenaje que he visto en una película de superhéroes: es la primera que respeta lo que es, simplemente, el espíritu del cómic de superhéroes clásico. Es la sorpresa del año, la película de superhéroes que ha ido de tapada y que auguro que envejecerá muy bien. He dicho.

 

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