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La Coctelera

Categoría: Crítica

ROCKY

El triunfo de un sueño

Stallone era un joven actor que no encontraba su oportunidad: ¿quién iba a confiar en un chico con ojos caídos, boca torcida y que hablaba raro? Y hete aquí que Sly guardaba celosamente un guión muy especial: un guión de marcado carácter autobiográfico en el que puso toda su confianza.

Por fin, en 1976 su ansiada película llegó a las pantallas. Había nacido Rocky Balboa, había creado un mito y había entrado en el pódium de los grandes triunfando en el público y la crítica.

Y se vende como lo que no es: no es una película de boxeo, es una película sobre un boxeador. Este es un drama tremendamente eficiente, una película dura y sincera como pocas, cargada de un realismo que se agradece.

Ciertamente no me pondré en el lugar de los que la alaban sin remedio, ni tengo interés en sus secuelas (salvo en Rocky Balboa, que me parece muy interesante), pero debo admitir que Rocky me ha sorprendido muy gratamente.

Esta es una película del público, porque sabe conectar estupendamente con él.

En mi caso, me ha encantado el personaje de Rocky, un boxeador demasiado buenazo y algo bobalicón, que lo único que busca es una oportunidad. Es el personaje más humano de toda la cinta, el único que nos conmueve porque sufre, se debilita y se esfuerza por seguir aunque caiga. Stallone no es un excelente actor, pero su imperturbable expresión la compensa con un derroche de carisma. La propia humanidad del personaje, su emnorme realismo y el carisma que le aporta Stallone lo convierten en alguien de quien uno se encariña. Rocky sufre, pero el público está con él.

Me ha gustado su realción con Adrianne, la única que le comprende y que le quiere. Me ha gustado cómo ella pasa de ser la muchacha tímidade la tienda de animales a una mujer segura que quiere a Rocky, porque están hechos el uno para el otro. Confieso que, en el principio, deseaba que Adrianne dejase de ser tan reservada y saliese con Rocky; de hecho, por poco no me levantaba a gritárselo.

Me ha gustado cómo el resto de personajes son unos simples aprovechados: desde Mickey, a manos de un inigualable Burgess Meredith (olvidad su papel de Pingüino en la serie de Batman de los 60), que acaba por dar lástima en la genial escena de su visita al apartamento de Rocky, hasta Polly, personaje al que acabé odiando, un infeliz que humilla brutalmente a su hermana (el momento en el que Adrianne y Rocky le ponen las cosas en su sitio también es imagable).

Me ha encantado toda la primera hora, y en especial el comienzo: simplemente la vida de Rocky, un fracasado al que no se le ha dado la oportunidad, un solitario en medio de un mundo triste.

Me ha gustado el sincero y profundo guión, lleno de estupendos momentos y frases, en el que Stallone muestra todo su talento.

Pero...

No me ha gustado Apollo Creed, un rival que sale poco, plano y simple; no me basta con que salga vestido de Tío Sam para saber que es un egocéntrico, tengo que verlo. Como personaje, muy simple.

No me ha gustado que pierda calidad en la última hora, aunque siempre se recupera cuando vuelve con la historia de Rocky y no con el boxeo. El entrenamiento, mítico, pero la preparación es corta, y desearía que hubiese más metraje.

El combate final, destacable, aunque me hubiese encantado ver completo ese tercer asalto que Apollo no creía que Rocky fuese a superar.

El desenlace, demasiado rápido: un minutillo de pausa y sería perfecto. Pero el plano final y los últimos diálogos, geniales: ¿para qué vencer, si lo importante es que Rocky por fin ha demostrado lo que valía y tiene a alguien que le quiere por cómo es y no por lo que puede conseguir?

Rocky me ha gustado como drama, como una película de personajes y diálogos. A la hora de afrontar el boxeo me ha gustado menos, le veo menos profundidad y ganas.

Una película muy setentera (en dirección, banda sonora y aspecto) que verdaderamente me ha sorprendido. Lo mejor de ella está en que no es lo que parece. No es una película de un boxeador que se esfuerce en ganar un combate, sino de un hombre que intenta demostrar que es capaz de más.

Y lo consigue.

 

TOTAL:

 

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DISTRITO 9

Sorprendente valentía

Distrito 9 (los traductores de este país son incomprensibles: ¿y ahora por qué puñetas no se traduce el título?) es, lo aviso desde ya, la propuesta más interesante, original y satisfactoria que he encontrado en este año (sí, la igualo a Déjame Entrar y a Los Mundos de Coraline).

Aún queda esperanza para el cine, damas y caballeros.

Pero no, no es un películón. Y no le hace ninguna falta. Esta película tiene todas las virtudes que una cinta comercial necesita.

Tiene coraje, originalidad e inteligencia.  Y lo más importante: calidad.

Aparte de una buena historia, mucha mala leche, efectos especiales sorprendentes, un tramo final de acción pura, cierta crítica social, actuaciones decentes y un ritmo endiablado.

Es decir, Blomkamp le ha puesto un buen par a la hora de hacer esta película: realizador novato, poca promoción, ambientada en Sudáfrica en plan apartheid, criticando a multinacionales y ofreciendo unas dosis de brutalidad y violencia enormes, como hacía siglos que no veía en una película decente de acción. Pero afronta todo ello dándonos un resultado final que justifica y ensalza toda esa valentía. Un film tan arriesgado como Distrito 9 la necesitaba, y vaya si se agradece. Seamos sinceros: ver crítica social en un film de ciencia-ficción / acción con detalles de documental y que sin tapujos pone a parir nuestra humanidad y el papel de las multinacionales es algo tan poco usual que uno se encuentra con una agradable sorpresa al ver esta película. Y si encima la aderezas con una nada gratuita, desagradable e inofensiva violencia cinematográfica (que, después de todo, es la única con la que se puede disfrutar) que realmente echabas de menos, pues entonces mejor. Distrito 9 te hace sufrir, te golpea una y otra vez con un conjunto de escenas y sucesos que consigue justificar el espectáculo de tiros, golpes, sangre, vísceras y cierta escatología sexual.

Acompañado de un planteamiento tremendamente original que responde a esa valentía anterior. Toma el tópico de los alienígenas y le da una vuelta completa; lo que veis en el primer trailer es lo que hay: alienígenas refugiados en Sudáfrica. Y aquí Blomkamp toma las riendas y nos cambia totalmente el mundo: sin salir de Sudáfrica, y con pocos elementos y explicaciones, nos queda claro que el mundo tal y como lo conocemos pega un giro en el momento en el que esa gigantesca nave nodriza aparece sobre Johanessburgo. Y crea un mundo nuevo: la vida de los aliens, sus relaciones con los humanos, la prohibición de tener crías, la explotación que sufren por parte de la MNU, el tráfico de armas, su relación con una sociedad tremendamente supersticiosa, la prostitución entre especies, la creación de nuevas armas alienígenas devastadoras, las revueltas, los grupos pro-derechos alienígenas... Todo queda perfectamente explicado y tiene su sentido, explicación y lugar en el momento dado. No veréis que un arma aparezca de la nada, sino que nos la habrán presentado antes, aunque sea de refilón; igualmente, tampoco veréis que el comportamiento de los aliens sea ilógico, porque previamente nos los han presentado con toda claridad. Esto se llama buen guión: todo tiene sentido antes o después. Y siempre desde esa originalidad que nos ofrece nuevas sorpresas a cada momento; una buena prueba es la enorme multitud de cámaras y diferentes formatos con los que está narrada y rodada la historia. Un lío, sí, pero necesario y curioso.

Y jamás, jamás os tomará el pelo. Si queréis buscarle falta de lógica o sacarle detalles, bienvenidos. Pero que sepáis de antemano que da lo que promete, y como he dicho antes, nunca se saca soluciones de la manga, sino que las obtiene de un guión que, si bien peca de demasiado adrenalínico, hay que reconocer que tiene excelentes ideas que sabe llevar a buen puerto con enorme acierto. Esta no es una película que se dedique a dejar al espectador con la boca abierta con imágenes espectaculares y la regla de que "todo vale". Este es de los pocos blockbusters de los últimos años que tiene calidad y un buen trasfondo por detrás de las imágenes espectaculares y la acción final. Y, encima, no es una superproducción.

Eso le honra muchísimo. Con apenas 30 millones Blomkamp crea una película tremendamente entretenida, con una buena historia en la que abundan los detalles y las explicaciones que dan forma a un mundo nuevo y en la que no falta la crítica social y las emociones, apoyada en efectos especiales que quizá canten a veces, pero que en otras consiguen un nivel de realismo impresionante, y en un tramo final con acción truculenta, realista, trepidante y genial.

Es que menuda maratón de hostias en el final. He de reconocer que si el drama social planteado en la primera mitad se desarrollase más ahora estaría hablando de una obra maestra, porque tiene potencial como para hacer un relato tan profundo como Blade Runner, y no exagero. Por desgracia, Blomkamp renuncia a ello en favor de la acción. Pero menuda acción. Un tramo final de peleas continuas, con un ritmo endiablado, constantes giros de trama y sorpresas siempre justificados, violencia nada gratuita, efectos especiales al servicio de la historia, una enorme mala leche, emoción continua y todos los cabos sueltos que se unen en un desenlace abierto a una secuela. Y que NO ABURRE. Eso es lo fundamental. Además, tiene los elementos suficientes como para que uno flipe (¡esa armadura, por Dios XD!). ¿Pegas? Que Blomkamp es un culo inquieto: sabe dar ritmo y qué escenas rodar, pero cuando se pone tembleque, marea al personal. Si a ello se suma que el guión va a toda leche (como ya he dicho antes) y que el montaje tampoco deja ningún respiro, pues estamos apañados. Contención, por favor.

Una vez termina la espectacularidad, ¿qué nos queda? Una grata sorpresa. Para un cinéfilo ocasional, una buena inversión. Para un amante de la acción, un tramo final con una calidad que no hemos visto en mucho tiempo. Para un cinéfilo, el recomendable debut de un director de spots y cortos ocasionales experto en efectos especiales. Para todos, una enrtetenidísima película que es buena por definición: buena música, buena historia, buen guión, buenos efectos especiales, buenas actuaciones, buena crítica social. Distrito 9 es lo que muchos esperábamos: una buena película. Y viniendo de un género como es la ciencia ficción, que últimamente necesitaba representantes dignos, bienvenido sea. No me muero por ver el Distrito 10 (¿futura secuela?), pero Blompkamp y Jackson me han sorprendido gratamente con esta entretenidísima y sorprendente historia.

Sí, la humanidad da asco. Y el cine de este verano también lo ha hecho, más que en otros años (solo dos excepciones remarcables, y ya dije cuáles eran). Pero siempre nos queda la esperanza, que nos recompensa. En este caso, la recompensa y la sorpresa han merecido la pena.

TOTAL:

PD: El protagonista, Wikus Van de Merwe. WIKUS- VAN DE MERWE. El alien, Christopher. Venga ya...

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La Trilogía del Dólar

Para muchos cinéfilos La Trilogía del Dólar es una obra maestra del cine, con la que Sergio Leone nos dejó secuencias, personajes y situaciones ya legendarias. Así que, como mi lista de pendientes cada vez es más larga y muchos clásicos aún me esperan, me hice con ellas y las he visto en estos días. Creo que el resultado no ha podido ser más satisfactorio.

Me he aficionado al western, ese género que injustificadamente dejé olvidado. Y ahora esta grandísima trilogía de Sergio Leone no solo me ha abierto los ojos a este género, sino que ha hecho que me arrepienta de no haberlo descubierto antes.

Las tres son, como mínimo, muy buenas películas, pero están salpicadas por auténticos momentos de genialidad en la dirección, en la música y en las actuaciones. E, incluso, llegan a ser películas excelentes; sus errores, porque los tienen, incluso se olvidan.

Son tres películas: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Las tres, clásicos del western (la última ya es clásico del cine). Las tres, entretenimiento puro de principio a fin. Las tres, magníficamente realizadas. Las tres, una nueva visión del Oeste más sucia, polvorienta, deprimente, árida y calurosa que nunca; más allá de la visión estadounidense del género como aventuras entre indios, vaqueros y el Séptimo de Caballería, Leone nos ofrece una visión completamente diferente, mucho más desoladora sin llegar a ser angustiosa, y que, sorprendentemente, no escatima en brutalidad. No mejor ni peor que otras (más que nada porque mi experiencia en este género es muy reducida y no puedo comparar), sino diferente.

En todas ellas, su excelente visión de los planos y la realización brilla con fuerza propia junto a las excelentes composiciones musicales de Ennio Morricone (mundialmente conocidas) y al carisma de un actor que por entonces era prácticamente desconocido y al que ahora admiro aún más, Clint Eastwood. Ellos tres son la piedra angular de la Trilogía, y sin alguno de ellos estaríamos hablando de obras totalmente diferentes, y tal vez incluso menores.

Por un puñado de dólares es la primera, y me alegro de que así sea, porque si hubiese sido la última la calidad de la trilogía en general se hubiese desinflado. No porque la película sea mala, que en absoluto lo es, sino porque en comparación con las otras sale perdiendo.

Aun así, tiene elementos de una calidad asombrosa. Como es normal en esta trilogía, el tema central es un tópico. En esta ocasión se centra en el tipo duro que llega a un pueblo dispuesto a salvarlo de la injusticia... siempre en beneficio propio, claro está. Es la típica historia del justiciero. No faltarán aquí diálgos tipo "Huye pronto o morirás", "Si no te marchas te matarán", pero Leone los trata con una elegancia y les dota de una calidad que para nada resultan manidos. No se escatima en brutalidad (nada más empezar asistimos a cómo pegan a un niño ante la mirada impasible de Joe), y esto es un aspecto muy positivo: Leone exagera las muertes y las peleas, pero estas a su vez están realizadas de una forma extremadamente realista. La película dura hora y media, y no necesita más: un genial Clint Eastwood da vida a la primera aparición de su clásico personaje de tipo duro callado, frío, cínico y de puntería prodigiosa. Y lo disfrutas; en cuanto suelta una frase, pone su mirada y echa mano a la pistola sabes que la va a armar.

Por un puñado de dólares no tiene una historia demasiado compleja, y todo se desarrolla de manera sencilla y altamente eficaz, ofreciendo aventuras de principio a fin. Claro que nuestro héroe, o anti-héroe, sufrirá de vez en cuando, pero aun así sabes que va a salir del aprieto. El guión no se daja nada al azar... o casi nada: temas como el secuestro del hijo del jefe de una de las bandas rivales, o la plana historia de la madre y el hijo, o el regreso final de Joe al pueblo, solo sirven de meras excusas para que el desarrollo de la historia siga un curso normal. Eso sí, la belleza y la fuerza de momentos como aquel en el que la casa de uno de los bandos es asediada, o el regreso de Joe entre el humo mientras resiste todos los disparos, no tienen precio.

Pero ahí está Leone y su magnífico don para crear los planos con absoluta maestría, dotándolos de un ritmo endiablado y con una precisión y una composición magníficas. Ayuda también un montaje estupendo. Morricone firma la primera Banda Sonora de esta trilogía: el resultado es francamente genial, pero habría de mejorar aún más en las siguientes.

Escenas memorables, unas cuantas: la llegada de Joe al pueblo, Joe matando a tres secuaces de una de las bandas, el asalto a los soldados que vigilaban el dinero, la entrada furtiva de Joe al almacén, el reencuentro de la madre y el hijo, el duelo final de principio a fin... Excelentes escenas, me reafirmo.

Por un puñado de dólares inició esta trilogía con una calidad envidiable, que no haría sino mejorar; las siguientes partes no solo mejorarían los muchos puntos buenos de ésta, sino que eliminarían los flojos...

Porque La muerte tenía un precio (cuya verdadera traducción sería Por unos pocos dólares más) es un auténtico peliculón, y mi película favorita de las tres. Tiene otra vez al mítico personaje de Eastwood, esta vez con mejor puntería y mucha más mala leche que en la anterior: no hay más que ver su brutal presentación en la partida de póker (la impagable frase "¿Qué nos jugábamos?" "El pellejo", y el momento en el que utiliza su a primera vista inservible mano derecha para demostrar su impagable puntería). Pero la novedad con su silencioso personaje estaba ya agotada, de modo que aquí aparece un nuevo jugador: el Coronel Mortimer. Y por momentos El Manco y él se colocan al mismo nivel por el trono para el mejor personaje: no solo la actuación de Lee Van Cleef es excelente, sino que su personaje también es genial (su presentación también es prodigiosa; sin apenas palabras, él solo para un tren, va en busca de un forajido que le dispara, prepara su arma lentamente mientras los disparos se le acercan más y más, y de un único disparo le mata).

Se trata, más que nunca, de personajes duros, chulos, llenos de un orgullo innato. Saben que son los mejores y más duros de pelar de todo el Oeste, y nos lo demostrarán en una sucesión de escenas con las que uno goza ante tanta demostración de fuerza: os remito al duelo entre El Manco y el Coronel. Uno, un joven impaciente y fuerte; otro, un maestro inmejorable. No hay más que decir.

Este doble protagonismo se justifica por la trama: lo clásico, un bandido fugado por el que se ofrece una enorme recompensa, y esta vez serán dos los que vayan en su busca. Y menudo bandido... El Indio es uno de los villanos más cabronazos que he visto: ¡si nada más empezar mata a un bebé y a su madre, para luego rematar al padre! Se forma así una trilogía en la que los dos héroes se enfrentan a un ladrón que planea un gran golpe. Y a partir de ahí es una sucesión de aventuras donde no fala nada: peleas entre ambos héroes, robos espectaculares, tiroteos de infarto, infiltraciones, traiciones, grandes bandas de ladrones, mujeres que engañan a sus maridos, pueblos sometidos por el crimen, peleas en bares, mucho humor, odiosos villanos, jugosas recompensas, venganzas personales, cajas fuertes inexpugnables, y hasta el típico ancianco que lo sabe todo.

Todo ello para darnos dos horas de insuperable y excelente aventura, junto al excelente buen hacer de Leone (que aquí vuelve a lucirse con una maravilla de secuencias y planos bellísimos, perfectamente compuestos) y a un Morricone en estado de gracia: el tema principal es ya un clásico, y alcanza momentos de gloria en escenas como el duelo final: no puedo dejar de mencionar esa escena, es sencillamente gloriosa y emocionante hasta el extremo. Dos combatientes, una venganza antigua, la música de un reloj, una muerte anunciada, un héroe derrotado, se reanuda la música del reloj, el villano no tiene escapatoria, se recupera la esperanza y Morricone da lo mejor de sí. Maravilloso.

¿Fallos? El que repita el mismo esquema de la anterior (pausa y fundido a la mitad de la película, los personajes se meten en un aprieto que desemboca en una paliza, duelo final), y el que bandidos de importancia secundaria adquieran una importancia mayor justi en el final de forma injustificada, porque El Indio conciba un plan que no llega a encajar demasiado bien.

Una película excelente, casi una obra maestra, que se disfruta de principio a fin y que se queda en la cabeza de uno durante mucho tiempo. Con escenas como las presentaciones de los tres personajes (todo el comienzo de la película, en general), el duelo Manco-Coronel, el robo, los dos cazarrecompensas eliminando criminales sin parar en el pueblo, el último duelo y la escena final, imposible hacer una mala película. Encima, acaba con uno de los momentos más brutales que recuerdo: "Nada, viejo; que no me salía la cuenta". Bravo.

Y llegamos a film final, el más reconocido de todos. ¿A quién no le suena el nombre? El bueno, el feo y el malo es ya un clásico del cine en general. Hasta en su banda sonora: si digo ahora "tiruriruriiiiii" creo que la mayoría sabreis a qué conocidísima melodía me refiero.

En mi opinión, El bueno, el feo y el malo está un punto por debajo de La muerte tenía un precio, pero por encima de Por un puñado de dólares. Uno no termina de verla con la misma satisfacción que con La muerte tenía un precio, pero sí con la sensación de haber visto una película muy buena.

Ya agotados el tema del justiciero y de los cazarrecompensas, toca el turno de un último tópico más: la búsqueda de un tesoro en monedas de oro. Con esta premisa tan sencilla, Leone se "desmelena" y lo da todo: más personajes, más acción, escenas más espectaculares y más duración; todo en la mejor definición de "continuación de una película".

¿Más significa mejor? Mejor, en este caso, no. Pero tampoco peor. Y tampoco significa que estemos ante una mala película, recalco esto. Gracias a Dios, Leone abandona el esquema de las dos películas anteriores y realiza uno nuevo: toda la película será una sucesión de contratiempos y problemas que se les presentarán a los personajes en su búsqueda, en una sucesión del "más difícil todavía". Leone nos presenta a tres personajes totalmente diferentes: El Rubio, Clint Eastwood, "el bueno", otra vez en su conocido papel pero esta vez, por desgracia, más vulnerable y con peor puntería que antes, o por lo menos yo lo he visto más blando que en las anteriores; Tuco, Eli Wallach, "el feo", sin duda el mejor personaje de los tres, soberbio y arogante, un mal tipo del que acabas encariñándote; y Sentencia, Lee Van Cleef, "el malo", un villano a mi gusto desaprovechado, que a pesar de uns introducción que lo muestra como un ser sin sentimientos luego aparece en contadísimas ocasiones y no supone una auténtica amenaza.

Se presenta el primer problema de la cinta, la poca presencia de un villano en favor de la desmesurada atención hacia El Rubio y Tuco, dos personas que se odian  muerte pero que se ven obligados a colaborar. Junto con su desmesurada duración, que da importancia a temas menores como la Guerra Civil Norteamericana (y sin ella la película no tendría sentido, pero Leone le presta una atención desorbitada en mi opinión), estos son los dos fallos más contundentes de la película.

Porque todo lo demás es memorable. No tan emocionante como en La muerte tenía un precio (lo siento, me he enamorado de esa película), pero Leone vuelve a da una lección maestra de cómo hacer cine: miad la escena de la batalla, o la escena del desierto, o la primera aparición de Sentencia, o la presentación de Tuco, o la magnífica escena de la tortura con la música, o el momento de "cuando se dispara no se habla", o el duelo en el pueblo. Todas siguen siendo un prodigio técnico, aunque en esta ocasión con un toque de espectacularidad que resulta hasta impresionante. Morricone vuelve a firmar una excelente partitura, que llega a sus cotas más altas en el magnífico duelo final: con pocas palabras, los tres personajes preparados, haciendo gala de un montaje de imágenes perfecto, la música va "in crescendo", casi se masca la tensión, planos cada vez más rápidos... y uno de ellos dispara el primero.

¿Me emociona esta película? No. Pero sé reconocer un trabajo bien hecho que, encima, entretenga con calidad. El bueno, el feo y el malo no solo entretiene como pocas (a pesar de su larga duración), sino que goza de una calidad inaudita. En cuanto El Rubio se pone el poncho al final de la película sabes que por fin ha llegado lo que estabas esperando. Un consejo: no dejeis de prestar atención a la escena final, con El Rubio, Tuco y la conocida soga. Angustia y tensión como pocas veces he visto.

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Bravísimo, como se suele decir. Que una película, o en este caso una trilogía, me deje con ganas de revisionarla otra vez tiene, para mí, su mérito. En la Trilogía del Dólar vais a encontrar acción y aventuras sin fin, exageradas pero entretenidísimas, un "más difícil todavía" continuo, personajes imagables, una realización insuprable, una banda sonora exquisita, una ambientación que te atrapa y te traslada a polvorientos y sucios parajes inhóspitos del Oeste, una brutalidad pocas veces vista salpicada de escenas violentas exageradas con toques de realismo, todos los elementos que forman una visión del Oeste impagable, el carisma de Clint Eastwood, momentos brutales que se quedan grabados a fuego en la memoria... Y mucho más. Una trilogía para disfrutar una y otra vez. Por un puñado de dólares, La Muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Para muchos, lo mejor que ha dado el clásico género del western que yo acabo de descubrir con tres peliculones, con lo más grande. Cine del bueno, de enorme calidad.

Seguro que si la vuelvo a ver sus errores los pasaré por alto.

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Literatura: LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS

En lo que se refiere a libros, este verano me he hartado: la Odisea Espacial de Clarke (excelente 2001, decepcionante 2010, entretenida 2061 y floja 3001), Memorias de una Geisha (entretenida), Los puentes de Madison (entrañable), Desayuno en Tiffany's (Truman Capote era un narrador extraordinario), Déjame Entrar (mejor la película, pero correcto el libro), Revolutionary Road (excelente), la Biografía de Audrey Hepburn (indispensable para todo admirador de esta grandísima mujer), El Señor de las Moscas (estremecedor) y Blade Runner (curioso).

Ahora estoy empezando Asesinato en el Orient Express antes de irme de lleno con Drácula y El Señor de los Anillos (¡por fin!). Pero entre medias le ha tocado el turno a un libro patrio.

Seré sincero: la literatura española la tengo muy pendiente. Soy de la generación de alumnos que solo lee libros españoles gracias a las clases de literatura (Literatura, esa asignatura olvidada de Lengua Castellana y que merece más que el mandar a los alumnos leerse libros que ni siquiera tocarán y que no van a entender...), así que no me podéis sacar de El Quijote, La Celestina o El Lazarillo: todas ellas obras inmortales de nuestra Literatura pero que, seamos sinceros, a mi edad no puedo disfrutarlas. Y es que acercarse a clásicos de esa envergadura exige conocerlos más que leerlos, algo que el 90% de la gente de mi edad no sabe hacer porque no lo han aprendido. Eso no quita que yo conozca autores y libros, pero no por leerlos.

Por eso mismo encontrarme con la agradable sorpresa de Los Renglones torcidos de Dios ha sido refrescante. La literatura española no se reduce a Cervantes, Quevedo, Clarín, Bécquer y otros tantísimos autores que han hecho de nuestra lengua una de las más ricas literariamente.

No; Torcuato Luca de Tena me ha enseñado con este libro una estupenda lección: también hay best-sellers españoles. Libros que enganchan, que te animan a leer, que ofrecen historias interesantes y atractivas para el público ofreciendo situaciones y personajes que llaman la atención. Libros que se leen rápido, fácilmente y a gusto. Y, además, que son buenos. No basta con que el libro enganche y se termine en cuatro días: debe tener un mínimo de calidad. Y Los renglones torcidos de Dios tiene calidad de sobra.

No solo porque sea un libro con alma de best-seller, con ánimo de atrapar lectores siendo entretenido. Luca de Tena consigue acercarte a unos personajes estupendos: para empezar, la propia protagonista, Alice Gould (o Alicia de Almenara), una mujer eléctrica, fascinante, compleja, altiva, señorial, cariñosa, orgullosa, algo pretenciosa, amable, amistosa, que se hace querer, uno de los mejores personajes femeninos de los que tengo recuerdo, que enerva ligeramente por sus aires de superioridad pero que sorprende y hechiza con su poderoso enigma; los médicos y enfermeros, desde Castell (¿tal vez demasiado cariñosa con Alicia?), hasta el insufrible Alvar (un villano que cojea en sus flojas malas intenciones, pero que se revela como un gran hijodesumadre), o el doctor Arellano (cae bien, es realmente entrañable), un cuadro de profesionales de topdo tipo; y los locos, esos renglones torcidos de Dios, sus faltas de ortografía de cuando aprendía a escribir, es imposible no encariñarse del pequeño Rómulo, o compadecerse del autor de la "teoría de los Nueve Universos", o ser amigo de Ignacio Urquieta, o reírse de la estupidez de Bocanegra, o asquearse con el comportamiento del "Gnomo", o enternecerse con "la otra Alicia", o rompérsete el corazón con el Sudamericano.

Todos ellos, personajes que conforman un cuadro agradable y ecrcano, que conecta con el espectador. El manicomio es horrible, pero de alguna manera lo ves cercano y familiar. Aparte, la historia no escatima en giros constantes, situaciones inesperadas, momentos de tensión, excelentes diálogos, un ritmo envidiablemente correcto y una narración en la que Luca de Tena demuestra sus conocimientos de la psiquiatría sin caer en la edantería, de modo que cualquier lector los entienda. No por nada él mismo se recluyó en un sanatorio mental para hacer más real su visión, y a fe mía lo consigue: jamás un manicomio me había parecido tan real y sincero, tan extrañamente familiar.

Claro que los intentos de internacionalizar la historia (con expresiones, apellidos y palabras extranjeras son sonrojantes (empezando por el hecho de que la propia protagonista es puramente inglesa), o que también los diálogos son de una entonación exagerada e inocente. No todo iba a ser perfección.

Esta es la literatura que también debería enseñarse: libros buenos de autores consagrados de nuestra lengua y que un estudiante no tenga problema en conocer. Esta es la literatura que deberí aprenderse: sencilla para los estudiantes, fácil de leer (porque explicar, hay que explicar los Clásicos, a los que un estudiante JAMÁS se acercará), entretenida y, por encima de todo, de calidad. Da gusto ver que hay best-sellers escritos en nuestra lengua. Da gusto leer Los renglones torcidos de Dios.

Y nada más terminarlo me salta a la cabeza la posibilidad de una película. Y no me parecería tan mala idea. La crisis del cine español obliga a la industria a ofrecer películas que le interesen al público. El éxito de REC, El Orfanato o Mentiras y Gordas no ha sido por ser buenas películas (REC para mí lo fue, El Orfanato no la he visto y de Mentiras y Gordas mejor no hablemos), sino porque interesaban al público.El cine es consumo de lo que al público le interesa.

¿Sería descabellado preparar una adaptación de Los renglones torcidos de Dios con todos los medios necesarios? El libro tiene suspense que incluso podría derivarse a terror, tiene diálogos estupendos, tiene grandes personajes, tiene toques policíacos, tiene una especia de triángulo amoroso, tiene engaños, tiene sorpresas inesperadas, tiene emoción, tiene incluso un poquito de acción. Se puede conseguir un drama con toques de thriller que, bien adaptado y bien rodado, atrape al espectador durante dos horas de duración: cuidando la fotografía para que resulte más acogedor el sanatorio que el exterior, preparando una estructura no lineal llena de flashbacks en el guión, cuidando el reparto, creando tensión... En un momento en el que el cine español está en crisis, hay que apostar por ideas que atraigan, ideas interesantes, ideas buenas. Y en los libros podemos encontrar un referente inmejorable. Por lo menos, Los renglones torcidos de Dios me ha enganchado como no creí que lo haría; la película sería un sueño que desearía ver cumplido.


PD: Ésta es la portada de la edición que leí. Y, como apunte, de Alicia veo a Mribel Berdú, porque es una gran actriz y daría con el aspecto afable del personaje, o a Paz Vega, porque nos daría el aspecto elegante y altivo de Alicia (y porque Alicia era una mujer bella, y eso le pega más a Vega).

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ENEMIGOS PÚBLICOS

Haciendo un mito real

SPOILERS

Ha sido una de las películas insispensables del 2009. Y su atractivo reparto prometía maravillas: Depp (un actor a la espera de su verdadera oportunidad de demostrar ese grandísimo talento que le sobra), Christian Bale (uno de los mejores actores de su generación), Marion Cotillard (actriz de moda gracias a su Oscar por La Vida en Rosa) y Michael Mann (famoso director de acción y responsable de películas míticas como Heat).

Los nombres, claro está, no aseguran nada. Solo por ellos Enemigos Públicos debería ser una obra maestra.

Seré claro: no lo es.

Aun así, y sin ser yo demasiado fan del género (más que nada porque me falta el 90% de la producción del mismo por ver, pero disfruto mucho con él), he de decir que Enemigos Públicos sí es una buena película: no abundará en elementos grandiosos, pero es que esa grandeza (relativa en este caso) hay que buscarla en elementos más sutiles.

Si ha habido un detalle que me ha llamado poderosamente la atención de Enemigos Públicos es que, en lo estético, no se parece a nada de lo que he visto antes. En gran medida ello se debe a la decisión de Michael Mann de rodar la película íntegrmente con cámaras de Alta Definición, decisión que me chocó en su momento y que le cuestioné en la Entrevista Digital que publiqué hace algo más de un mes. El Sr. Mann me respondió lo siguiente:

Precisamente lo rodé en digital para que no tengas la sensación de que no estás viendo una película histórica o de un tipo de género porque viendo la película así tendría la sensación de ser un observador y mi ambición aquí es meter al espectador dentro de la película, como si estuviera ocurriendo en ese momento. Por eso el digital.

He de admitir que lo ha conseguido, porque Enemigos Públicos es la experiencia más resalista que he visto en mucho tiempo, dentro de lo que cabe en el cine de acción y gángsters.

No solo porque la técnica usada por Mann haga que la película se vea más directa, real y cercana, como si fueses un espectador más (es lo que tiene grabar con cámara de vídeo), sino que se apuesta en todo momento con dar al guión un enfoque más realista: la acción es corta y dura, sin florituras; las fugas no pecan en la exageración; los robos son directos; las relaciones entre los personajes no están ni sobreactuadas ni edulcoradas. Todo lo que vemos es tal y como debió ser, tal y como debe ser: lejos de las exageraciones de las que peca el género, Enemigos Públicos apuesta por un enfoque mucho más sincero. ¿Por qué demonios adornar los diálogos con frases bellas y redundantes o las muerte con ciento y un planos del cadáver o con ataques demasiado espectaculares? Lo que se ve en Enemigos Públicos es lo que hay, lo que es.

En gran parte ello se apoya en el genial personaje de John Dillinger, interpretado por un genial Johnny Depp. Depp se aleja de histrionismos, de gestosy expresiones que le caracterizan y realiza una actuación natural, muy contenida. No debemos buscar grandes actuaciones en los actores que realicen un número de gestos, gritos o llantos superior a la media: una actuación de calidad también se encuentra en aquellos papeles que derrochen naturalidad, complicidad entre el actor y el personaje. Aquí Depp no se excede en ningún momento, simplemente se deja llevar. Prácticamente se cree lo que interpreta. Se comporta con naturalidad. Otra vez entra en juego la sensación de realidad a lo largo de toda la película: Dillinger no se comportaría como un loco, o lloraría exageradamente. Simplemente disfrutaba de su trabajo: Depp disfruta del suyo, no puedo pedir más. Y yo disfruto del personaje de Dillinger, repleto de buenos momentos (atentos a su entrada a la sala de apuestas, su conversación con Bale, su huída con una pistola falsa y, la madre de todas las escenas, su entrada en la comisaría de policía sin que nadie le reconozca; momento del año este último).

Y así el resto del reparto, desde Marion Cotillard totalmente entregada a un papel dramático, o Christian Bale igual de inflexible y duro que siempre.

Pero en estas dos grandes bazas, el toque realista y el personaje de Dillinger, sobre las que descansa el peso del film, encontramos también los dos grandes fallos. Y siempre en el intento de explotarlas demasiado.

En primer lugar, en ocasiones es demasiado realista: no le pongo pegas siempre y cuando ofrezca algo digno de ver. Pero es que llega un momento en el que la cinta aburre. Directamente y sin rodeos. No ocurre nada de interés por el simple hecho de que se centran en cuestiones inútiles a favor de ese realismo. Por suerte, llega el espectacular tiroteo en el bosque y la cinta retoma su fuerza por el buen camino. Gracias a Dios.

Por otra parte, aquí he de poner una pega a la BSO de Eliot Goldenthal por exagerada: si la película sirve a un realismo total, ¿por qué puñetas aumentar la fuerza de ciertos momentos con una magnificencia sonora que no viene a caso? Ya sabéis: el clásico exceso de cuerdas y coros en el momento más inoportuno. Goldenthal se luce en este caso, ciertamete.

Y, en segundo lugar, si el realismo recaía sobre el personaje de Dillinger, es que el mismo personaje es un lastre en determinados momentos. Centrarse demasiado en él es un fallo realmente grave, pues la película deja de lado a los secundarios: los miembros de la banda, los policías, la situación social de EEUU... Pierden importancia en favor de un Dillinger que, en algunas (y pocas) ocasiones, sobra. Es una lástima que llegue el final de la película y no sintamos empatía por la relación de Dillinger por sus amigos de la banda porque no conocemos como es debido a cada uno de ellos. Unid a eso detalles como que la captura por culpa de un incendio en el hotel de la banda se explica, ¿por qué?, por un cortísimo diálogo y no por ninguna imagen, o que de un minuto a otro Dillinger es Enemigo Público nº 1; esa ascensión criminal no tiene la fuerza suficiente.

Le sobra duración y situaciones que no aportan nada, pero a medida que llega al final mejora, hasta un desenlace a la altura de lo ofrecido al comienzo, un desenlace realmente emocionante. Enemigos Públicos no es la obra maestra que quise ver, pero es una propuesta muy interesante. Siempre y cuando uno no aborrezca el experimento visual de Mann (para mí muy atractivo, algo de aire fresco para el género en sí), esta película ofrece escenas de acción realmente buenas, una interesante historia, un acercamiento más realista a este género, un genial plantel de actores, toda la sinceridad posible en la forma de abordar cada situación, una ambientación muy cuidada y todo el atractivo de un icono del crimen estadounidense. ¿Peliculón? No. ¿Recomendación? líbrate de prejuicios estúpidos y disfruta de ella. Aguanta que baje de ritmo llegado el momento porque lo mejor está por llegar. Disfruta de las trepidantes escenas de acción. Y disponte a disfrutar, o no, de una propuesta sumamente interesante. No soy de dar muchos consejos, pero este es uno: Enemigos Públicos merece la pena. Y no solo como curiosidad.

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Christopher Nolan: EL CABALLERO OSCURO (THE DARK KNIGHT)

El triunfo del Caballero Oscuro

SPOILERS

A día de hoy puedo afrimar que he vivido el año en el que el cine de superhéroes se convirtió en algo más. He vivido desde el principio la moda superheroica en el cine, que está a punto de cumplir la friolera de ¡diez años! Y nunca, en estos diez años, he visto una película de este género tan profunda y tan dramática como The Dark Knight. Ya ha habido varios intentos antes, pero como alguien me recuerde películas como Daredevil o Spiderman 3 va apañado. No, jamás una película de superhéroes había llegado a emocionarme y a atraparme como solo lo hacen las obras maestras. Solo lo ha conseguido The Dark Knight y, en gran medida, Batman Begins. Dos excelentes películas gemelas.

Y no ha sido porque sea fan de Batman, o por la brutal y exagerada campaña de márketing, o por la muerte de Heath Ledger. Lo dije una vez y hoy lo repito: si esos fuesen mis motivos sería un imbécil.

Esta película conjuga todo lo que una película de superhéroes, debía ser. ¿De qué le sirve a Spiderman 3 tener unos efectos especiales impresionantes si luego la historia era una mierda? ¿De qué le sirve a Los Cuatro Fantásticos una campaña de márketing espectacular si luego toda la película es insufrible? ¿De qué le sirve a Daredevil ser oscura y sangrienta si luego es floja hasta decir basta? ¿De qué le sirve a La Liga de los Hombres Extraordinarios tener a Sean Connery si luego la película es un truño que desprecia la obra original? ¿De qué le sirve a Hulk tener a un director de prestigio y aparentar ser comercial si luego es un coñazo?

Ya en Batman Begins Nolan no solo demostró su pericia a la hora de realizar superproducciones, sino que también dio una vuelta de tuerca al género y lo revitalizó. Ese nuevo camino abierto, que no se volvió a retomar (bien por menosprecio o por medio) lo toma de nuevo Nolan, el hombre que lo abrió y el único que, hasta ahora, lo ha entendido. Y con The Dark Knight se ha superado. Conseguir que una película de un género tan menospreciado como el de superhéroes, que bebe de la fantasía, sea alabada por la crítica y arrase con todos los festivales de premios tiene un mérito indudable. Lograr que críticos y espectadores se pongan de acuerdo es otro. Y demostrar que una película de aspecto comercial puede llegar a ser excelente, también. No exagero si digo que esta película se ha convertido en un fenómeno.

Sé que ya publiqué hace tiempo una colosal crítica en cinco partes, que luego realicé otra tras verla por segunda vez y que publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre los efectos que tendría sobre el cine de acción posterior. Pero dentro de este Especial tengo que hacer, si me lo permitís, una opinión final, más de reflexión que de crítica. Con esta película acabo el Ciclo.

Los hermanos Nolan consiguieron crear uno de los mejores guiones del año pasado y del propio género. Toman una premisa muy sencilla: ¿qué pasa cuando un héroe se enfrenta ante una némesis que no busca un objetivo, cuando una fuerza irresistible choca contra un objeto inamovible? (frase que el mismo Joker pronuncia en la cinta). Esa premisa la llevan hasta extremos inimaginados dentro del género: tocan todos los dramas y conflictos existentes a través de una narración incansable y muy compleja, sin pausa pero con un ritmo realmente endiablado y envidiable, llevando nuestras emociones al límite de forma continua. Mezclando tramas policiales con elementos más propios del cine de acción, el guión desgrana toda la la moralidad de nuestros héroes, nuestras leyendas. Este complejísimo guión gana en cada análisis y visionado: no solo desarrolla inteligentes y cuidados dilemas morales, sino que se atreve a fragmentarlos e intercalarlos unos con otros, tomando cada uno una posición relativamente importante dentro del conjunto. Vuelvo a repetir lo mismo: la cantidad de tramas y detalles es enorme, y por desgracia demasiado. Pero, milagrosamente, saben abarcar todo ese grueso de detalles para combinarlos unos con otros y crear un guión en el que nada sobra, absolutamente nada. Claro que podemos quitar la situación de Coleman Reese, o simplificar la parte de Lau, o eliminar a Gamble, pero entonces eliminamos las bases para toda la película siguiente. Se autosatura con tanta complejidad, pero logra sacar homogeneidad y sentido de ello. Todo tiene su lógica y su lugar.

En The Dark Knight no encontramos héroes ni villanos, simplemente personas débiles, que se consideran capaces de cambiar el mundo, de modificar el estatus social y salir triunfantes en el intento. No hay blanco ni negro, por momentos la delgada línea entre bien y mal se diluye, y quienes se consideraban héroes se transforman en villanos. Ninguno de los personajes es capaz de asimilar que su combate contra el crimen o la justicia nunca tendrá fin, que sus esfuerzos son en vano y que con cada victoria perderán algo a cambio, que no hay victoria sin sacrificio. Ya en Batman Begins presentaron esta premisa, que ahora llevan un paso más allás: en la anterior, establecen por qué Batman actúa de esa manera y la legitimidad de sus acciones, y en ésta nos muestran las consecuencias de ello y cómo continuar cuando a lo que te enfrentas te glopea con la misma fuerza con la que lo combates, en cómo seguir adelante si la misma justicia a la que sirves puede corromperse, y salpicarte a ti también. Los héroes no pueden hacer frente al mundo tal y como es, porque corren el riesgo de vivir demasiado para desviarse en el camino; los símbolos, los que están por encima del bien y del mal, son los únicos capaces si pueden sobrellevar el enorme sacrifio que ello conlleva. Así de sencillo, en teoría.

Todo ello gracias a un personaje único: Joker. Heath Ledger está magnífico como Joker, aunque abuse de tics, y sigo defendiendo que para comprobar el alcance de su magistral actuación hay que verla en V.O.S. Pero sin el personaje en sí no sería nada: Joker es caos y anarquía puros. Nunca sabes qué va a hacer, y puedes tener por seguro que será algo que sacudirá por completo la moralidad de las personas. A lo largo de toda la película muestra una inteligencia y un control caótico, pero con un sentido propio: se trata de convertir el mundo en un reflejo de sí mismo, en una muestra del desorden, de la destrucción sin sentido. Se trata de eso mismo, de no tener sentido. Claro que planea cuidadosamente sus planes, pero los saca de la manga por así decirlo. Tomad cómo acaba con la mafia quemando una montaña de dinero, cómo acaba con Harvey Dent quemándole la cara y matando a Rachel, cómo trata sin éxito de demostrar la crueldad del mundo en la escena de los ferris (magnífica escena y punto de debate interesante). Lo unico que quiere es demoler los cimientos que forman a las personas y a la sociedad, sumirlos en el miedo y sacar a la luz lo peor de uno mismo. Es un villano colosal desde el momento en que no sabes cómo va a reaccionar, y un personaje único desde el momento en el que deseas volver a verlo para ver qué va a hacer, y un ser tremendamente cruel desde que se propone destruir por completo las convicciones de cada uno. Batman, como héroe, sabe resistirlo y enfrentarse a ello, pero paga un precio muy alto. Su tarea no era tan fácil ni divertida como parecía en Batman Begins, esta vez no hay final feliz, y el sacrifio ha de ser alto.

Y el cine de superhéroes se convierte en un drama, y alcanza la madurez y complejidad que merecía. Christopher Nolan ha alcanzado la consagración definitiva: no solo como gran director y excelente realizador taquillero (madre mía cómo ha mejorado en la planificación, ejecución y realización de las escenas de acción), sino como director con una visión única para cada género. The Dark Knight falla en que Nolan, en su intento de superar a una película tan redonda como Batman Begins, va con la idea fija de que el siguiente paso es crear una obra maestra (y en la vergonzosa escena del juicio en la que presentan a Harvey Dent). The Dark Knight es una película magistral, pero Nolan ha demostrado que trabaja mejor haciendo lo que él quiere, con proyectos más personales que no le aten de manos, no con ese cierto aire pretencioso. El Truco Final en ese sentido mejor que The Dark Knight, pero The Dark Knight ha alcanzado una importancia mucho mayor.

No solo es una gran película de acción donde todo tiene sentido, sino que en sí es increíble como una película de superhéroes puede tener tanta carga moral y tanta complejidad. Si queréis verla como simple película de acción, os perderéis lo mejor de la película. The Dark Knight es trepidante de principio a fin (hay emoción y sorpresas a cada minuto, palabra jurada), tremendamente emocionante (me siguen manteniendo clavado a la butaca la muerte de Rachel, la paliza a Joker o la escena final), colosal desde el momento en el que dijo "vamos a ir a más". Y claro que llega a más: no solo en las tomas pioneras en IMAX, o en el aumento de explosiones, o en la creación del mejor villano del cine de esta década, sino en el momento en el que una película de superhéroes alcanzó el triunfo y nos demostró que podían llegar al Olimpo. Nadie dijo que fuese fácil, pero Nolan ya ha consagrado su visión de hacer este cine para que la tomen los valientes o los temerarios. Sinceramente, si la retoma por tercera vez no le va a quedar nada nuevo por contar. Ni falta que le hace: lo único que hace falta son mas películas como ésta. Películas con las que el cine de superhéroes alcanza lo que le correspondía: la espectacularidad fuera de miles de fuegos artificiales exagerados. La épica.

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Christopher Nolan: EL TRUCO FINAL (THE PRESTIGE)

Sencillamente fascinante

La madre que los parió a los hermanos Nolan. Christopher acaba de salir de una superproducción realmente buena como es Batman Begins y se une a su hermano Jonathan para crear un proyecto más sencillo, pero precedido por todo el peso del éxito anterior. Y de ahí surge El Truco Final. Y esta es, probablemente, la mejor película de Christopher Nolan.

Acabo de ver El Caballero Oscuro, y he de decir que sigue siendo mi película favorita. Pero gran parte de ello es debido a factores externos (lo que no quita que la película sea excelente). El Truco Final es lo contrario: es una absoluta y total maravilla en casi todos sus aspectos. Un truco de magia cinematográfica colosal, en el que abundan las sorpresas y los engaños, donde no hay nada claro hasta que no llega el gran final. Y es quizá la mejor película de Christopher Nolan porque es la más personal y equilibrada de todas cuantas ha hecho.

Comenzando, claro está por ese sólido, intrincado y fabuloso guión que se ha alabado en tantas ocasiones. Un guión que mejora por momentos, descubriendo cada vez nuevos detalles y convenciendo aún más al espectador de su enorme eficacia. Nolan vuelve a la estructura no lineal que desarrolló con Memento, en esta ocasión alternando hasta tres historias diferentes. Los hermanos Nolan dominan con toda pericia el desarrollo del guión, alternando flashbacks dentro de un flashback, a su vez inluído dentro de otro flashback. Y, si uno está atento (como se indica nada más comenzar la película), sabrá unir todos los cabos sueltos. Y la atención es fundamental para poder encontrar el secreto de la película: poco a poco se van soltando pistas determinadas que conducen hasta un acto final sorprendente, impredecible si uno se las ha saltado, lo cual es fácil.

Ahí reside la magia de El Truco Final. Es difícil describirla o criticarla. Al igual que Memento, me es muy difícil sacar las palabras adecuadas para hablar de ella. Christopher Nolan y su hermano Jonathan se trabajan un guión tan intrincado, tan rico en detalles y sorpresas que resulta una delicia. No escatima en escenas emocionantes o repletas de magnificencia: escalofriante la muerte en el tanque de agua, solemne la actuación final de Angier en el teatro, genial la interrupción de Borden (una escena brutal). Una vez te dejas llevar por el asombroso juego de los Nolan todo resulta muy sencillo: solo queda disfrutar, pensar y maravillarse ante una película que no es más que un complejo y satisfactorio juego. Gana con cada visionado; en un principio me gustó, ahora me maravilla. Quiero volverla a ver una y otra vez y dejar que me arrastren a este fabuloso truco colosal.

Porque en sí es un simple truco: te presentan un enigma indescifrable, y poco a poco van dejando las pistas necesarias mientras desgranan la historia y la complejizan para hacer que el espectador se maraville ante tanta complejidad y se pierda. Y, finalmente, sacan una solución fantástica, sorprendente, para acabar con un desenlace sobrio y contenido. Nada se deja al azar, siempre se procura que el espectador participe con la película (salvo en una explicación final que sobra; el espectador es capaz de sacar respuestas por sí mismo). Todo encaja.

Porque, en principio, queremos saber la verdad, qué esconden ambos magos, descubrir los porqués. Pero, en el fondo, esa explicación final preferiríamos no haberla conocido, porque queremos que nos engañen. Y tienes ganas de re-visionarla otra vez, y otra, y otra, para poder sentir de nuevo la emoción de la incertidumbre. Dejadme, por un momento, decribir este Truco Final con una palabra: flipante.

Fascinante, de verdad. Menudo películón se marcó Nolan. Su sobriedad en unos diálogos que no están ahí porque sí y que esconden una elegancia innata; su genialidad a la hora de jugar con elementos como la fama y el engaño; su moderación a la hora de contar con toda naturalidad y relativa sencillez una historia que engancha. Y, por encima de todo, la sensación de que Nolan realizó esta película con todas sus ganas, con todo el cariño posible. Está tan cuidada, tan elaborada hasta el último aspecto, como un gran puzzle, que no la concibo como una película "de encargo". Al igual que Memento, El Truco Final es una película con la que Nolan hace lo que quiere, usando el presupuesto necesario ("solo" 40 millones), pero sabiéndose rodear de auténticos profesionales. Ahí es donde supera a todas las películas de Nolan: El Truco Final es la película que Nolan quería hacer. Y así salió un film que es como un juego fascinante. ¿Qué digo un juego? Un fabuloso y gran truco. Con engaño incluido. Y, al igual que con todos los trucos, volverlo a ver conlleva el riesgo de perder la sorpresa; pero, qué demonios, aun así El Truco Final sigue siendo una película excelente, casi magistral.

Qué quereis que os diga: estoy deseando volver a disfrutar de este truco.

 

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PD: Y el papel de David Bowie es fantástico.

 

 

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Christopher Nolan: BATMAN BEGINS

Alcanzando la madurez

Sí, ya tengo hechas dos críticas a Batman Begins, una en el antiguo blog y otra en este, pero dejadme criticarla otra vez más. Esta vez no como una película de Batman, por lo que tendré que dejar de lado momentáneamente mi espíritu batmaníaco, sino como una película más de Christopher Nolan: después de todo, para eso es este Ciclo.

Recapitulemos: una curiosa Following, una sorprendente Memento, una convencional Insomnia. La Warner llevaba años queriendo relanzar su franquicia de Batman, hundida tras el fiasco de Batman & Robin. Tras rechazar a multitud de directores y proyectos, dan luz verde a Christopher Nolan para que se haga cargo de una nueva revisión cinematográfica del Caballero Oscuro. Confían en que la habilidad de Nolan para explorar psicológicamente a sus personajes y vista en sus anteriores películas sirva para dar un enfoque nuevo al superhéroe: después de todo, estamos hablando de una franquicia multimillonaria que tenía que resucitar como fuese.

Tuvo que ser difícil para él: empezó con 6000 dólares con Following, 9 millones en Memento y 46 millones en Insomnia. Ahora la Warner le depositaba total confianza y le daba 145 millones. Nolan se enfrenta no solo a su primera superproducción, sino también a un mito de una magnitud popular enorme como es Batman. No podía defraudar. No lo hizo.

Apartándonos de Batman Begins como película de Batman y centrándonos como película de superhéroes, el análisis sigue siendo igual de satisfactorio. Nolan se caracteriza por su originalidad a la hora de presentar sus películas: hasta en Insomnio, remake de guión ajeno, logra que la personalidad de sus personajes sea única. En Batman Begins Nolan coge un género tan manido y poco tendiente a arriesgar como es el cine de superhéroes y le da un enfoque nuevo, sorprendente y genial.

Batman Begins juega con la mitología de 70 años de un personaje popular y la narra desde un punto de vista realista, totalmente nuevo. Se aleja de los típicos convencionalismos del cine de superhéroes desde el momento, desde que muestra un origen y unas causas para el personaje. Durante la primera hora, Nolan y Goyer muestran el origen de Batman, una hora que sentará las bases no sólo para el resto de la película, sino para toda la saga que continuaría con The Dark Knight (pero de ella hablaré en otro momento). Esta es una primera hora más que interesante, en cuanto que es un auténtico lujo ver el mimo con el que ambos guionistas nos enseñan cómo se origina un superhéroe en todos sus aspectos, buscando siempre un por qué a cada pregunta, a cada detalle. Cierto es que el fragmento del entrenamiento en el Tíbet cae por culpa de su propia pretenciosidad y misticismo: llega un momento en el que odias a Ducard hablando del coraje de los ninjas, la importancia de aspirar los miedos y algo parecido a alcanzar el yo interior. Pero, sorprendentemente, luego toda esa parafernalia algo exagerada esconde cierto sentido, un significado especial: el propio personaje de Batman/Bruce Wayne se ve beneficiado por esta parte del entrenamiento porque introduce conceptos morales y psicológicos que construyen la propia personalidad del superhéroe. En este entrenamiento se nos habla de la justicia en lugar de venganza, del dolor por la pérdida de seres queridos que cambian tu vida, de la pérdida de la personalidad propia, de la necesidad de equilibrio, de la importancia e inmortalidad de los símbolos... Se trata del viaje de un personaje humano que trata de ser superior a sus posibilidades, vencer a un enemigo que nunca desaparecerá: Nolan y Goyer se lucen aportando estos aspectos a una película a priori simplemente de acción, introduciendo nuevas formas de afrontar el cine de superhéroes. Tanto la parte del entrenamiento como la de la preparación son ya un hito en el cine de este tipo: su frescura y originalidad dan a Batman Begins un aspecto diferente y prometedor.

La segunda mitad sigue más o menos por el mismo camino. Aquí es donde Nolan se ve envuelto en una cinta de acción, en la que la moralidad en teoría no importa a favor del entretenimiento. Por suerte, ignora esa regla. Batman Begins se convierte en un fascinante relato policial, en el que no faltan policías corruptos, mafiosos, secretos, traiciones, enemigos a la sombra... Poco a poco los pequeños detalles de la anterior parte van cobrando una importancia inimaginable en un principio a medida que avanza la película. Esto es lo que se llama un buen guión: no te conformas con dar lo que el público quiere, sino que poco a poco vas dejando pequeñas pistas, pequeños elementos que acaban dando sentido total a la historia y atan todos los cabos sueltos. Incluso Nolan y Goyer se permiten meter algunos dilemas interesantes: si Batman pretende seguir a la justicia, ¿qué derecho tiene a saltársela por un bien mayor? ¿No querrá en el fondo reestructurar a la justicia para que acepte las acciones de un justiciero enmascarado, el único capaz de hacer lo que ella no puede? Batman Begins ya comienza a plantear la legalidad, el por qué a los superhéroes, tipos con complejos que necesitan esconderse tras máscaras por un bien mayor. Rachel y Ducard hablan de que "la justicia es equilibrio", pero ella se refería a imparcialidad, y él a la venganza. Batman está en el punto medio, saltándose las normas y haciendo lo que le viene en gana (e incluso disfrutando con ello) pero sirviendo a una justicia personal, en la que el crimen debe de ser castigado sin rodeos. Esto se llama dar un nuevo enfoque más humano y real a los héroes de acción, se trata de darles personalidad.

Se trata de darle la vuelta al género y ofrecerle una nueva ruta: la ruta de la profesionalidad. Batman Begins se alejó tanto de los convencionalismos que su éxito fue dispar. La forma en la que se arriesgó se alabó u odió. Pero ese nuevo camino estaba allí, listo para tomarlo. Christopher Nolan supo darle un enfoque nuevo, más acorde con su estilo personal: luego en las secuencias de acción no se desenvolverá muy bien y nos da tanto confusión como un resultado solvente. Especialmente los últimos minutos dejan de lado todo lo atractivo de antes (un entrenamiento que da que pensar, una preparación detallada, un desarrollo de la acción repleta de elementos del cine negro) por un final más palomitero, pero a ver cuántas películas de superhéroes saben dar un espectáculo con la calidad, la madurez, la seriedad, el buen gusto y la elegancia que esos últimos quince minutos de Batman Begins. Bueno, lo cierto es que no por nada estamos ante una de las películas más serias, elaboradas y maduras del género. ¡Si es que hasta tiene frases que son un lujo! Encima, con un reparto sorprendente (salvo Katie Holmes) y una ambientación cojonuda (deudora de Blade Runner en el escenario de los Narrows). ¿Qué mas pedir?

Como dice hasta el título, no solo comienza una nueva franquicia de Batman, sino que comienza una nueva etapa para Christopher Nolan. Una etapa en la que las películas más personales quedan atrás, la crítica ya le tiene en el punto de mira y las superproducciones serán en pan suyo de cada día. Aún podrá rodar una película más sencilla como es El Truco Final. Pero ya nada volverá a ser como antes. ¿Final feliz? Aún queda mucho por ver. Batman por ahora disfruta de su trabajo (no hay más que verle como un niño pequeño en el Tumbler), pero pronto se dará cuenta de que ha entrado en una lucha en la que derramará muchas lágrimas. Hasta entonces, nos queda una estupenda película con la que Nolan demuestra que puede hacer sus propias historias hasta en una superproducción a la par que da un soplo de aire fresco al género. Otra cosa es que también satisfizo a los fans del personaje. Como yo. Es que joder. Qué buena es Batman Begins.

 

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