
Para muchos cinéfilos La Trilogía del Dólar es una obra maestra del cine, con la que Sergio Leone nos dejó secuencias, personajes y situaciones ya legendarias. Así que, como mi lista de pendientes cada vez es más larga y muchos clásicos aún me esperan, me hice con ellas y las he visto en estos días. Creo que el resultado no ha podido ser más satisfactorio.
Me he aficionado al western, ese género que injustificadamente dejé olvidado. Y ahora esta grandísima trilogía de Sergio Leone no solo me ha abierto los ojos a este género, sino que ha hecho que me arrepienta de no haberlo descubierto antes.
Las tres son, como mínimo, muy buenas películas, pero están salpicadas por auténticos momentos de genialidad en la dirección, en la música y en las actuaciones. E, incluso, llegan a ser películas excelentes; sus errores, porque los tienen, incluso se olvidan.
Son tres películas: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Las tres, clásicos del western (la última ya es clásico del cine). Las tres, entretenimiento puro de principio a fin. Las tres, magníficamente realizadas. Las tres, una nueva visión del Oeste más sucia, polvorienta, deprimente, árida y calurosa que nunca; más allá de la visión estadounidense del género como aventuras entre indios, vaqueros y el Séptimo de Caballería, Leone nos ofrece una visión completamente diferente, mucho más desoladora sin llegar a ser angustiosa, y que, sorprendentemente, no escatima en brutalidad. No mejor ni peor que otras (más que nada porque mi experiencia en este género es muy reducida y no puedo comparar), sino diferente.
En todas ellas, su excelente visión de los planos y la realización brilla con fuerza propia junto a las excelentes composiciones musicales de Ennio Morricone (mundialmente conocidas) y al carisma de un actor que por entonces era prácticamente desconocido y al que ahora admiro aún más, Clint Eastwood. Ellos tres son la piedra angular de la Trilogía, y sin alguno de ellos estaríamos hablando de obras totalmente diferentes, y tal vez incluso menores.

Por un puñado de dólares es la primera, y me alegro de que así sea, porque si hubiese sido la última la calidad de la trilogía en general se hubiese desinflado. No porque la película sea mala, que en absoluto lo es, sino porque en comparación con las otras sale perdiendo.
Aun así, tiene elementos de una calidad asombrosa. Como es normal en esta trilogía, el tema central es un tópico. En esta ocasión se centra en el tipo duro que llega a un pueblo dispuesto a salvarlo de la injusticia... siempre en beneficio propio, claro está. Es la típica historia del justiciero. No faltarán aquí diálgos tipo "Huye pronto o morirás", "Si no te marchas te matarán", pero Leone los trata con una elegancia y les dota de una calidad que para nada resultan manidos. No se escatima en brutalidad (nada más empezar asistimos a cómo pegan a un niño ante la mirada impasible de Joe), y esto es un aspecto muy positivo: Leone exagera las muertes y las peleas, pero estas a su vez están realizadas de una forma extremadamente realista. La película dura hora y media, y no necesita más: un genial Clint Eastwood da vida a la primera aparición de su clásico personaje de tipo duro callado, frío, cínico y de puntería prodigiosa. Y lo disfrutas; en cuanto suelta una frase, pone su mirada y echa mano a la pistola sabes que la va a armar.
Por un puñado de dólares no tiene una historia demasiado compleja, y todo se desarrolla de manera sencilla y altamente eficaz, ofreciendo aventuras de principio a fin. Claro que nuestro héroe, o anti-héroe, sufrirá de vez en cuando, pero aun así sabes que va a salir del aprieto. El guión no se daja nada al azar... o casi nada: temas como el secuestro del hijo del jefe de una de las bandas rivales, o la plana historia de la madre y el hijo, o el regreso final de Joe al pueblo, solo sirven de meras excusas para que el desarrollo de la historia siga un curso normal. Eso sí, la belleza y la fuerza de momentos como aquel en el que la casa de uno de los bandos es asediada, o el regreso de Joe entre el humo mientras resiste todos los disparos, no tienen precio.
Pero ahí está Leone y su magnífico don para crear los planos con absoluta maestría, dotándolos de un ritmo endiablado y con una precisión y una composición magníficas. Ayuda también un montaje estupendo. Morricone firma la primera Banda Sonora de esta trilogía: el resultado es francamente genial, pero habría de mejorar aún más en las siguientes.
Escenas memorables, unas cuantas: la llegada de Joe al pueblo, Joe matando a tres secuaces de una de las bandas, el asalto a los soldados que vigilaban el dinero, la entrada furtiva de Joe al almacén, el reencuentro de la madre y el hijo, el duelo final de principio a fin... Excelentes escenas, me reafirmo.
Por un puñado de dólares inició esta trilogía con una calidad envidiable, que no haría sino mejorar; las siguientes partes no solo mejorarían los muchos puntos buenos de ésta, sino que eliminarían los flojos...

Porque La muerte tenía un precio (cuya verdadera traducción sería Por unos pocos dólares más) es un auténtico peliculón, y mi película favorita de las tres. Tiene otra vez al mítico personaje de Eastwood, esta vez con mejor puntería y mucha más mala leche que en la anterior: no hay más que ver su brutal presentación en la partida de póker (la impagable frase "¿Qué nos jugábamos?" "El pellejo", y el momento en el que utiliza su a primera vista inservible mano derecha para demostrar su impagable puntería). Pero la novedad con su silencioso personaje estaba ya agotada, de modo que aquí aparece un nuevo jugador: el Coronel Mortimer. Y por momentos El Manco y él se colocan al mismo nivel por el trono para el mejor personaje: no solo la actuación de Lee Van Cleef es excelente, sino que su personaje también es genial (su presentación también es prodigiosa; sin apenas palabras, él solo para un tren, va en busca de un forajido que le dispara, prepara su arma lentamente mientras los disparos se le acercan más y más, y de un único disparo le mata).
Se trata, más que nunca, de personajes duros, chulos, llenos de un orgullo innato. Saben que son los mejores y más duros de pelar de todo el Oeste, y nos lo demostrarán en una sucesión de escenas con las que uno goza ante tanta demostración de fuerza: os remito al duelo entre El Manco y el Coronel. Uno, un joven impaciente y fuerte; otro, un maestro inmejorable. No hay más que decir.
Este doble protagonismo se justifica por la trama: lo clásico, un bandido fugado por el que se ofrece una enorme recompensa, y esta vez serán dos los que vayan en su busca. Y menudo bandido... El Indio es uno de los villanos más cabronazos que he visto: ¡si nada más empezar mata a un bebé y a su madre, para luego rematar al padre! Se forma así una trilogía en la que los dos héroes se enfrentan a un ladrón que planea un gran golpe. Y a partir de ahí es una sucesión de aventuras donde no fala nada: peleas entre ambos héroes, robos espectaculares, tiroteos de infarto, infiltraciones, traiciones, grandes bandas de ladrones, mujeres que engañan a sus maridos, pueblos sometidos por el crimen, peleas en bares, mucho humor, odiosos villanos, jugosas recompensas, venganzas personales, cajas fuertes inexpugnables, y hasta el típico ancianco que lo sabe todo.
Todo ello para darnos dos horas de insuperable y excelente aventura, junto al excelente buen hacer de Leone (que aquí vuelve a lucirse con una maravilla de secuencias y planos bellísimos, perfectamente compuestos) y a un Morricone en estado de gracia: el tema principal es ya un clásico, y alcanza momentos de gloria en escenas como el duelo final: no puedo dejar de mencionar esa escena, es sencillamente gloriosa y emocionante hasta el extremo. Dos combatientes, una venganza antigua, la música de un reloj, una muerte anunciada, un héroe derrotado, se reanuda la música del reloj, el villano no tiene escapatoria, se recupera la esperanza y Morricone da lo mejor de sí. Maravilloso.
¿Fallos? El que repita el mismo esquema de la anterior (pausa y fundido a la mitad de la película, los personajes se meten en un aprieto que desemboca en una paliza, duelo final), y el que bandidos de importancia secundaria adquieran una importancia mayor justi en el final de forma injustificada, porque El Indio conciba un plan que no llega a encajar demasiado bien.
Una película excelente, casi una obra maestra, que se disfruta de principio a fin y que se queda en la cabeza de uno durante mucho tiempo. Con escenas como las presentaciones de los tres personajes (todo el comienzo de la película, en general), el duelo Manco-Coronel, el robo, los dos cazarrecompensas eliminando criminales sin parar en el pueblo, el último duelo y la escena final, imposible hacer una mala película. Encima, acaba con uno de los momentos más brutales que recuerdo: "Nada, viejo; que no me salía la cuenta". Bravo.

Y llegamos a film final, el más reconocido de todos. ¿A quién no le suena el nombre? El bueno, el feo y el malo es ya un clásico del cine en general. Hasta en su banda sonora: si digo ahora "tiruriruriiiiii" creo que la mayoría sabreis a qué conocidísima melodía me refiero.
En mi opinión, El bueno, el feo y el malo está un punto por debajo de La muerte tenía un precio, pero por encima de Por un puñado de dólares. Uno no termina de verla con la misma satisfacción que con La muerte tenía un precio, pero sí con la sensación de haber visto una película muy buena.
Ya agotados el tema del justiciero y de los cazarrecompensas, toca el turno de un último tópico más: la búsqueda de un tesoro en monedas de oro. Con esta premisa tan sencilla, Leone se "desmelena" y lo da todo: más personajes, más acción, escenas más espectaculares y más duración; todo en la mejor definición de "continuación de una película".
¿Más significa mejor? Mejor, en este caso, no. Pero tampoco peor. Y tampoco significa que estemos ante una mala película, recalco esto. Gracias a Dios, Leone abandona el esquema de las dos películas anteriores y realiza uno nuevo: toda la película será una sucesión de contratiempos y problemas que se les presentarán a los personajes en su búsqueda, en una sucesión del "más difícil todavía". Leone nos presenta a tres personajes totalmente diferentes: El Rubio, Clint Eastwood, "el bueno", otra vez en su conocido papel pero esta vez, por desgracia, más vulnerable y con peor puntería que antes, o por lo menos yo lo he visto más blando que en las anteriores; Tuco, Eli Wallach, "el feo", sin duda el mejor personaje de los tres, soberbio y arogante, un mal tipo del que acabas encariñándote; y Sentencia, Lee Van Cleef, "el malo", un villano a mi gusto desaprovechado, que a pesar de uns introducción que lo muestra como un ser sin sentimientos luego aparece en contadísimas ocasiones y no supone una auténtica amenaza.
Se presenta el primer problema de la cinta, la poca presencia de un villano en favor de la desmesurada atención hacia El Rubio y Tuco, dos personas que se odian muerte pero que se ven obligados a colaborar. Junto con su desmesurada duración, que da importancia a temas menores como la Guerra Civil Norteamericana (y sin ella la película no tendría sentido, pero Leone le presta una atención desorbitada en mi opinión), estos son los dos fallos más contundentes de la película.
Porque todo lo demás es memorable. No tan emocionante como en La muerte tenía un precio (lo siento, me he enamorado de esa película), pero Leone vuelve a da una lección maestra de cómo hacer cine: miad la escena de la batalla, o la escena del desierto, o la primera aparición de Sentencia, o la presentación de Tuco, o la magnífica escena de la tortura con la música, o el momento de "cuando se dispara no se habla", o el duelo en el pueblo. Todas siguen siendo un prodigio técnico, aunque en esta ocasión con un toque de espectacularidad que resulta hasta impresionante. Morricone vuelve a firmar una excelente partitura, que llega a sus cotas más altas en el magnífico duelo final: con pocas palabras, los tres personajes preparados, haciendo gala de un montaje de imágenes perfecto, la música va "in crescendo", casi se masca la tensión, planos cada vez más rápidos... y uno de ellos dispara el primero.
¿Me emociona esta película? No. Pero sé reconocer un trabajo bien hecho que, encima, entretenga con calidad. El bueno, el feo y el malo no solo entretiene como pocas (a pesar de su larga duración), sino que goza de una calidad inaudita. En cuanto El Rubio se pone el poncho al final de la película sabes que por fin ha llegado lo que estabas esperando. Un consejo: no dejeis de prestar atención a la escena final, con El Rubio, Tuco y la conocida soga. Angustia y tensión como pocas veces he visto.
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Bravísimo, como se suele decir. Que una película, o en este caso una trilogía, me deje con ganas de revisionarla otra vez tiene, para mí, su mérito. En la Trilogía del Dólar vais a encontrar acción y aventuras sin fin, exageradas pero entretenidísimas, un "más difícil todavía" continuo, personajes imagables, una realización insuprable, una banda sonora exquisita, una ambientación que te atrapa y te traslada a polvorientos y sucios parajes inhóspitos del Oeste, una brutalidad pocas veces vista salpicada de escenas violentas exageradas con toques de realismo, todos los elementos que forman una visión del Oeste impagable, el carisma de Clint Eastwood, momentos brutales que se quedan grabados a fuego en la memoria... Y mucho más. Una trilogía para disfrutar una y otra vez. Por un puñado de dólares, La Muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Para muchos, lo mejor que ha dado el clásico género del western que yo acabo de descubrir con tres peliculones, con lo más grande. Cine del bueno, de enorme calidad.
Seguro que si la vuelvo a ver sus errores los pasaré por alto.