
El triunfo de un sueño
Stallone era un joven actor que no encontraba su oportunidad: ¿quién iba a confiar en un chico con ojos caídos, boca torcida y que hablaba raro? Y hete aquí que Sly guardaba celosamente un guión muy especial: un guión de marcado carácter autobiográfico en el que puso toda su confianza.
Por fin, en 1976 su ansiada película llegó a las pantallas. Había nacido Rocky Balboa, había creado un mito y había entrado en el pódium de los grandes triunfando en el público y la crítica.
Y se vende como lo que no es: no es una película de boxeo, es una película sobre un boxeador. Este es un drama tremendamente eficiente, una película dura y sincera como pocas, cargada de un realismo que se agradece.
Ciertamente no me pondré en el lugar de los que la alaban sin remedio, ni tengo interés en sus secuelas (salvo en Rocky Balboa, que me parece muy interesante), pero debo admitir que Rocky me ha sorprendido muy gratamente.
Esta es una película del público, porque sabe conectar estupendamente con él.
En mi caso, me ha encantado el personaje de Rocky, un boxeador demasiado buenazo y algo bobalicón, que lo único que busca es una oportunidad. Es el personaje más humano de toda la cinta, el único que nos conmueve porque sufre, se debilita y se esfuerza por seguir aunque caiga. Stallone no es un excelente actor, pero su imperturbable expresión la compensa con un derroche de carisma. La propia humanidad del personaje, su emnorme realismo y el carisma que le aporta Stallone lo convierten en alguien de quien uno se encariña. Rocky sufre, pero el público está con él.
Me ha gustado su realción con Adrianne, la única que le comprende y que le quiere. Me ha gustado cómo ella pasa de ser la muchacha tímidade la tienda de animales a una mujer segura que quiere a Rocky, porque están hechos el uno para el otro. Confieso que, en el principio, deseaba que Adrianne dejase de ser tan reservada y saliese con Rocky; de hecho, por poco no me levantaba a gritárselo.
Me ha gustado cómo el resto de personajes son unos simples aprovechados: desde Mickey, a manos de un inigualable Burgess Meredith (olvidad su papel de Pingüino en la serie de Batman de los 60), que acaba por dar lástima en la genial escena de su visita al apartamento de Rocky, hasta Polly, personaje al que acabé odiando, un infeliz que humilla brutalmente a su hermana (el momento en el que Adrianne y Rocky le ponen las cosas en su sitio también es imagable).
Me ha encantado toda la primera hora, y en especial el comienzo: simplemente la vida de Rocky, un fracasado al que no se le ha dado la oportunidad, un solitario en medio de un mundo triste.
Me ha gustado el sincero y profundo guión, lleno de estupendos momentos y frases, en el que Stallone muestra todo su talento.
Pero...
No me ha gustado Apollo Creed, un rival que sale poco, plano y simple; no me basta con que salga vestido de Tío Sam para saber que es un egocéntrico, tengo que verlo. Como personaje, muy simple.
No me ha gustado que pierda calidad en la última hora, aunque siempre se recupera cuando vuelve con la historia de Rocky y no con el boxeo. El entrenamiento, mítico, pero la preparación es corta, y desearía que hubiese más metraje.
El combate final, destacable, aunque me hubiese encantado ver completo ese tercer asalto que Apollo no creía que Rocky fuese a superar.
El desenlace, demasiado rápido: un minutillo de pausa y sería perfecto. Pero el plano final y los últimos diálogos, geniales: ¿para qué vencer, si lo importante es que Rocky por fin ha demostrado lo que valía y tiene a alguien que le quiere por cómo es y no por lo que puede conseguir?
Rocky me ha gustado como drama, como una película de personajes y diálogos. A la hora de afrontar el boxeo me ha gustado menos, le veo menos profundidad y ganas.
Una película muy setentera (en dirección, banda sonora y aspecto) que verdaderamente me ha sorprendido. Lo mejor de ella está en que no es lo que parece. No es una película de un boxeador que se esfuerce en ganar un combate, sino de un hombre que intenta demostrar que es capaz de más.
Y lo consigue.
TOTAL: 



